TOMAR DISTANCIA

 

© Morelliana

 


Me cuesta hablar
en este blanco otoño

(sin pájaros que canten en el aire
se han quebrado
los nombres de las cosas)

callo,
sin vértigo ni asombro,
royendo el silencio
que se cubre de polvo.

Estoy aquí,
como podría estar
en cualquier parte;
amordazando llantos,
mutilando latidos
sin retorno.

Entre ritos mortales
recupero
la presencia
que habita en la memoria,
por medio de señales
que apenas reconozco.

(Indicios, pormenores,
evasivas palabras
de aquella primavera
indescifrable
desfilan ante mí
y luego se rompen)

Su límpido hospedaje
de agua clara
ya no alberga mi sed;
acepto
vivir sin demostrarlo
ahogada en la aridez.

No me llega su voz
-ese remanso-
que abre al espacio
las palabras.

Desde esta lenta
sucesión de horarios
comienzo a entender
las circunstancias;
apenas me sostengo
en el borde finísimo del caos.

Aunque el azar
-enemigo del tiempo-
disponga, algún día,
el reencuentro,
nada será de nuevo
como entonces
ni el ardor, ni el olvido,
ni el recuerdo.

(Hace bien esta paz,
este desorden manso;
hace bien detenerse
en el rumbo indeciso
del presente;
hace bien, este otoño,
guardar silencio).



(c) Morelliana
Marzo de 2001

 

 

La Última Herida

 

En el cuarto, en vigilia,
te mueves en tinieblas

(la sombra más temible
siempre será la tuya)

Allí no hay silencio;
ni ha quedado en los muros
el nombre que has tenido
tanto tiempo en los labios.

En la jaula de signos
que no traen respuestas
se marchitan tus noches.
Partidas en el alba
las flores que regaste
naufragan en sí mismas.

Y cuando llega el día,
abrazada a ese sueño
que despertó tardío,
escribes contra el miedo
de saber que has perdido
para siempre el anhelo.

 

(c) Morelliana
Marzo de 2001

 

 


Los Cuatro Elementos

 

Deshago el equipaje
-la rutina
posa su polvo violeta entre mis manos-

Concluye el viaje que abrigó la noche,
en otro cielo
me aguarda el secreto de tu aire.

Tu imagen
-azar de la memoria-
se ve mejor ahora
entre huellas y chispas olvidadas.

(La ausencia es,
a veces,
el mudo espacio
de los pájaros que habitan en el alma)

En el hueco entre la tierra y el abismo
tu figura se mueve,
solitaria.

Echo al fuego las cáscaras en ruinas
y nado en aguas de la madrugada

Nazco al lenguaje nuevo de tu cuerpo
-descifrarlo es quedarse sin palabras-

(Despierto a la sed,
desnudez pura,
tu reflejo
y el silencio en llamas).


(c) Morelliana
Junio de 2001

 


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