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POEMAS Y PROSAS

 

© Maga Suárez

 


Es el Otro

 

 

Es el OTRO
el que me habita.

Sin dejar de dudar de mí mismo
no puedo, sin embargo,
dejar de creer en él.
Sombra materializada
en voz que habla desde dentro,
que golpea mis sienes
y no tiene dios ni patria
ni alma
en la que yo no crea.

Extraño
y al mismo tiempo
yo mismo.

Frente al espejo
no encuentro mi rostro.
No se refleja,
se descompone
en otros rostros
en otras figuras
ajenas o desconocidas.

Vuelvo a reírme de la nada.
Vuelvo a escupir sobre los seres
que no me importan
porque soy yo mismo
y porque definitivamente
NO EXISTEN

 

 

 

 

PUTA

 

 


Voy en su busca,
llena y sumisa.
Cuando vuelva
y regrese vacía
y griten mi nombre desde los balcones,
entonces,
será noche a finales de verano
y buscaré rastro del perfume
en el ánimo
para que me devuelva
una respuesta inútil
a mi eterna pregunta.
Los verdugos
Que levanten el dedo
señalarán
más allá de los placeres
mientras cae la noche
y el taconeo de mis zapatos
enmudece...

 

 

 

Madre

 

 

MADRE,
aquí no existen paraguas.
Si la lluvia hace presencia,
sencillamente corremos...
No existe nada
con qué guarecerse
de lo inevitable,
ya sea agua, viento o desidia...

 

 


 

Llega la noche

 

 

LLEGA LA NOCHE
la hora pactada.
Tanteo con el coche
los caminos,
algunos de ellos
no son más que desagües.

"A white cross
in a big stone"

y encuentro la piedra
y encuentro la cruz blanca
como un cementerio de árboles
frente a la luz larga
de mi coche.

A lo lejos los contornos
de una casa.
Hay una luz púrpura
palpitando
en la ventana del segundo piso.

La puerta cede,
silenciosa me acerco a tu vida
bajo el resplandor
de una bombilla desnuda.

Caigo en tus brazos
sobre ese lecho de sangre.
Hago el amor como un niño.
Me dejo inocente partir
Y MIRO EL TECHO.

Casa, muros, ramas...
Un búho acecha
ahí donde falta una piedra.

 

 

 

 

Y Si Nieva

 

 

Y si nieva
que se hiele todo
que corrientes heladas
arrastren del alma
toda inquietud
que se lleven
mi nombre
y mis máscaras
mis juegos de azar
y mis rutinas
que todo quede
en la panza del glaciar
y sean solo
las pequeñas piedras
las que avancen
                               hacia el valle

 

 

 

 

 

Una mañana de Domingo
le corto el pelo a mi padre

 


Camino los surcos de tu nuca
donde otro destino se dibuja,
y otras líneas se trazan
y otros secretos se ocultan en el jeroglífico de tu espalda.
Hallo la manera de no temerte
mientras paso la maquinilla
y te rasuro la cabeza.

El viento esparce tus canas sobre la hierba
y las margaritas viejas
de un verano que se extingue.
Y siento Piedad y Poder
sobre ese cráneo
que no quiero ver morir.


 

 

 

Esto parte del alma rota

 

 

Esto parte del alma rota. Esto parte del sumo dolor. De la enfermedad, de la locura, de la fotocopia de una ficción. Esto parte de lo peligroso y el absurdo. Esto no es sino un levantarse de la conciencia, mientras el resto del cuerpo disfruta de las patinadoras sobre hielo en la televisión.

El desencanto, compañeros, el desencanto que resbala como gota en el cristal.. y se pierde definitivamente entre otras gotas y otras humedades y no regresa más que como infancia prostituida y definitivamente corrupta que roba nocilla y se sienta a masturbarse en el últmo pupitre para solventar la dictadura del frío noviembre y los catecismos, los catecismos que nunca recuerdo.

Padre nuestro que estás en los cielos... un día entero fingiendo que no soy yo, solo ese pedazo de carne dócil y sumiso que lo soporta todo, que os dá todo, que ya ha vendido su alma al diablo y un anillo de boda por 20 euros.

Papa, ya te he dicho que no puedo con tus palos de golf, que te busques un caddy que te aconseje la mejor madera para darme con él el golpe de gracia. Vamos.... Apunta bien, no me dejes sufriendo como una perra, se más certero que si te fuera en ello ganar la royal cup.

A mami la veo cada día. Me la imagino preparando café a las siete a.m, escuchando las mentiras de la radio que ya son religión y pan de cada día y sé que planchas con el pensamiento en mí y el cuidado de no quemar el encaje de las bragas. Mami, qué tesoro inmortal que repele todos los defectos. En mi oficio de juventud sé que juraste por mí y ahora que soy adulta e indescifrable y me dejo los huesos en una barra de onanistas, te prometo, una habitación de hotel para que veas las montañas del atlas y el cielo, mami, el cielo que envenenó mi alma.

 

 

 

 

 

Desaparecen los Pájaros

 

 

 

DESAPARECEN LOS PÁJAROS
en las horas de la tarde
y cientos de moscas
viene a posarse sobre la vida.

Vienen y descienden juntas.

Se enfurecen juntas.

En los viñedos dejan sus larvas
y el vino sale amargo
sabe a muerte.


Este dolor
que es el dolor de todos.
Esta peste
que es final de todos.

Nos seduce
la dulce y mezquina victoria
pero nos bebemos el vino
nos bebemos toda gloria y soberbia
toda larva...

 

 

 

Hay un Anochecer

 

 

Hay un anochecer
en algunas mañanas.

Cuando se resiste
el zoom del iris
a la dictadura
del sol
y cuando el otro,
el que duerme a nuestro lado,
no ha estado ahí NUNCA.

 

 

 

 

Qué tremendo, Madre

 

 

  Qué tremendo, madre, que todos te vieran así. Sobre todo porque yo no vi nunca lo mismo, porque la grandeza de tus senos eran entonces todas las certezas posibles y porque era niña e inexperta en las viejas artes del disimulo. Qué tremendo, verte hundirte como un viejo barco en la piscina, verte luchar contra la vida, huyendo de mí, de ti, de mi padre, de lo inevitable. Qué tremendo ver como tus cabellos dorados se volvían tristes y oscuros bajo el agua y ver como el rímel y el carmín siempre excesivos iban dibujando a tu lado una escena grotesca y exagerada en un intento infantil de pedir que alguien hiciera de tu vida un pequeño infierno por el que mereciese la pena seguir peinando canas.

Pagué un precio muy alto para haber sido escogida al azar entre tu público selecto. Porque podrían haber sido otros, pero no. Era yo, madre, quien suplicaba tras el muro de piedra del jardín que todo acabara en remolino de agua, en desagüe al final de los mosaicos azules, ahí donde la estela de blancos dibujaba el último extremo de la cola de un delfín.

Y desapareciste al final por un instante, y por un instante de longitud astral desapareciste de mi vida y un gran vacío agujero-negro repitió mi nombre por decenas y decenas de reencarnaciones y muertes.

Por un momento, volví a tu vientre sin luz y desaparecí en esas cavernas escuela donde todo lo aprendí y al mismo tiempo, todo lo olvidé.

Y por un momento, madre, me dejaste más huérfana que nunca. Maldije todas las tartas y todas las velas que ahora , justamente diez años después de mi nacimiento se volvían injustamente frívolas e innecesarias.

Te salvaste, madre o te salvó el vodka, o tu propia inutilidad. Pero supe que nadie podría devolverme toda la inocencia que se ahogó frente a los árboles y los rosales, los abrazos sin estrechar y las promesas, aún por cumplir.
 

 

 

 

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