JORDI VIDAL REYNÉS
Vive en Palma de Mallorca. Historiador, músico e investigador.
Aprendiz de
escritor. Ha publicado poemas y relatos en revistas literarias como POR,
La Bolsa de Pipas, Etcétera, Esclat y otras. Desde el año 2001
colabora
con regularidad como columnista en El Mundo-El Día de Baleares.
Aficionado
a la edición, en 1983 fundó la editorial "Rollos Macabeos",
a
base de fotocopias. Y se ha autoeditado algunos libros, entre los que destacamos
"Treinta años y un día en las aulas" (2000), "Los
aviones que voló mi padre"
(2001) y sus antologías de artículos en prensa "Dentista
de cocodrilos" (2001)
y "Lo que quedaba del año" (2002).
Su página web es www.saludos.de/jordi
POR
TIERRAS DE SISSI
Poema
cursi de Jordi Vidal (*)
El Emperador-Rey, gran príncipe, margrave, duque y señor
de viejas tierras de opereta está triste.
Vomita la Sacher sobre las alfombras de Palacio y maldice su destino
Los valses enmudecen al paso de la desgracia,
en tres por cuatro
mueren los hijos,
muere la esposa violada que estudiaba griego y húngaro
y el peluquero peina el ébano con sonrisas y lágrimas.Gentes políglotas y trilingües han perdido ya el tranvía,
todo se deshace junto a San Esteban,
y una lección de Historia resbala en las ventanas de mi vagón de segunda,
de Bratislava a Viena,
el Danubio Negro,
la lluvia gris,
y un hotel de habitaciones arrugadas que velarán mi insomnio.
(*)
De un viaje a Eslovaquia, abril de 2003
Publicado
en "La Bolsa de Pipas" nº 43 (2003) p. 15
EN
LA MUERTE DE MI PRIMA CUANDO YO TENÍA CUATRO AÑITOS
Y ELLA SIETE (*)
© Jordi Vidal Reynés
Mece con furia la Parca sus hilos,
amanece con terror un día gris.
Y todos lloran, la Rambla entera llora.La visten de blanco, la entierran de blanco,
en comunión con el dolor
no me han dejado despedirme de ti.Roban los dioses una vida,
esparcen su injusticia y el dolor entre nosotros, los mortales.Eres mi primita que espera en el cielo,
sólo tú sabes lo que yo sufrí cuando nos dejaste.
(*)
Poema publicado en el Periódico Literario Etcétera (Zaragoza)
n. 41 (marzo de 2003)

A la
izquierda, Catalina Reynés Antich (1962-1969).
El autor del poema, justo en el centro de la foto, entre sus hermanos.
Base Aérea de Son San Juan, 1968.
LOS PORTAVIONES
© Jordi Vidal
Hace años, cuando el enemigo era la Unión Soviética, China todavía no compraba Coca Cola y del Islam, ni flowers, era frecuente ver en la Bahía de Palma unos mamotretos grisáceos que me tapaban el horizonte desde la ventana de casa. Pero a mí eso no me importaba, sabía que esa tarde iríamos al muelle a suplicar que algún marinero nos llevara en lancha hasta el portaaviones y que nos enseñara sus entrañas.
My name is George, do you want...? así, dando la paliza a uno y a otro, que ahora supongo que venían de algún desahogo, y si estaban de buen humor, ok, ok, come on. La fiesta consistía en subir a la barcaza y partir mar adentro. Entonces se te abría un mundo fascinante de gorras, zippos, bates de béisbol, gafas de de sol, un inglés macarrónico, a veces un castellano de telenovela de las de ahora. Te podías montar en un Phantom o sentarte en la cabina de un helicóptero, incluso un día te invitaban a comer en plan bufete, con la bandeja a cuestas, olor a salchichas, crema de cacahuete y donuts sin agujero, así me escapaba por un momento de los tres platos de rigor y del pan. Unos niños acurrucados y alucinados en un ruidoso comedor, siempre con el remordimiento de no haber dicho nada en casa, que yo conozco a los americanos, me decía mi padre. Había cierto temor a algo que entonces yo desconocía y que mi madre explicaba con eufemismos. A mí lo que me gustaba era poderlo contar en el colegio. Ayer estuvimos en el Forrestal, desde la cubierta se ve la Catedral, es más grande que un campo de fútbol, bla, bla, bla.
Cuando entramos en la OTAN para luego estar sin estar se pretendía hacernos creer que estas gabarras desconectaban su armamento nuclear al llegar a Palma, como dictaba la papeleta del sí y luego se iban al Golfo Pérsico. Por el camino se rearmaban, y todos nos lo creíamos.
Luego descubrí lo de Vietnam, los poemas de Hilario de Cara, y dejé de ir a los portaaviones. Seguramente porque ya no era un niño, y el juguete se había convertido en arma.
El Punto, El Mundo - El Día de Baleares. 16.2.2003
Recuerdos
© Jordi Vidal
¿Recuerdas cuando íbamos a ver anochecer a la montaña? El cielo rojo, el frío en la cara, la mirada al horizonte. ¿Te acuerdas aquel día que vimos el arco iris desde la cueva? Sí, llovía y habíamos pasado toda la tarde. Eran siete colores; los contábamos y tú siempre confundías el añil con el violeta. Siete notas musicales y la mirada al cielo todavía iluminado y que luego se tachonaba de estrellas. ¿Cuántas llegamos a contar? ¿Y no te acuerdas de aquel lago en el que nos reflejábamos y arrojábamos piedras para desfigurarnos? Tú te deformabas bajo las ondas producidas por un guijarro que siempre te mojaba. Y reíamos. Las puestas de sol, junto a ti. Dos jóvenes recostados en la playa. Solos tú y yo ante un océano de espuma. Y los dibujos en la arena. ¿Y la feria? Globos y algodón de azúcar. ¿Y en la noria? Te daba vértigo asomarte y contemplar aquel resplandor que era el pueblo iluminado por la noche.
¿Cómo puedes haber olvidado todo eso? ¿Y por qué lloras?
Hace ya años que perdiste los ojos en la siderurgia.
Publicado en POR 6 (1986) Relato original de "Historias para no leer" (1983)
TRIÁNGULO DE PALMA
© Jordi Vidal
LOS PATINES
En el ducado de cuyo nombre no quiero acordarme se remodeló la plaza que nadie ha llamado nunca Bisbe Berenguer de Palou, en el solar de la primitiva plaza de toros. La orientación de la pista se alteró y desapareció la grada, pero se ganó un lugar de recreo, un lugar que ahora se llena de variopintos personajes. Cada tarde se ve a gente mayor con su perrito, a papás y mamás que cansan a sus hijos con arena y toboganes se dormirán antes-, a borrachos que se reservan los bancos de sombra. Por la esplanada corretean alumnos del hoy rosa Eugenio López antaño gargajo verde- que incordian a pelotazos a los sufridos ciudadanos que cruzan la plaza. De vez en cuando, en un gesto cariñoso o piadoso, sufridos no ciudadanos de color realizan algún malabarismo con la sandalia y el balón, que yo sé que se entrenan los domingos en un descampado. Adolescentes que aprenden a fumar sentados sobre un extractor de humos hablan de tarifas y consolas. Cada tres palabra se oye puta o joder.
Todo ha cambiado. Hasta los patines, que han pasado de tener cuatro ruedas a tener solamente tres. El hockey se ha americanizado a base de cascos y protecciones. La bola es un disco.
Y el hielo hay que imaginárselo.El punto, 26.6.2001 El Mundo - El Día de Baleares
Pobre Rambla
Mi madre la definió como un triste paseo en el que sólo te podías encontrar soldados, monjas o un cortejo fúnebre, muy diferente a Es Born, lleno de gente y de parejas, con su cine y todo. Para mí fue sinónimo de Palma cuando era muy pequeñito. Ahora es casi un árbol genealógico. La verdad es que lo que nació como un arenal -ramla- y cauce de la Riera, que medía cuatrocientos pasos desde la Puerta de Jesús a la Plaça Major y que era atravesada por tres puentes, es hoy un eje importante en nuestra maltrecha ciudad. La Rambla ha sido amputada varias veces, la han rebautizado otras tantas, es paso obligado para entrar en un aparcamiento privado que produce atascos constantes y nos cuesta no sé cuántos municipales de mal humor. De baratillo y feria pasó a mercado de flores y de antigüedades, un casi barrio donde la gente se saluda a lo García-Delgado, con un suave y disimulado movimiento de barbilla, es hogar de dos emperadores pintarrajeados, un tenderete de monedas, una tienda de música cas pianos-, una pajarería cas canarier-, mucho convento y un despacho de abogados con zapatos nuevos. Su nombre popular se resiste a desaparecer: es atacado por gonellas que la salan por creer que la hacen más nuestra, los hay que la pluralizan como si esto fuera Barcelona, e incluso existe la modalidad esquizofrénica, que es salarla y pluralizarla a la vez; en el siglo XIX se le intentó castellanizar como alameda, pero fue un fracaso, por supuesto; durante el franquismo se dividió y un extremo fue Carrero Blanco, el otro pasó a llamarse Vía Roma, en honor al fascio; con la democracia se recuperó parcialmente su denominación secular y el almirante desapareció gracias a un baile de placas; la última gracia es un nombre tan largo que deja sin aliento a mis tías, que todavía miran de vez en cuando a ver si pasan los duques esos.
La Rambla también es objetivo de los estorninos, pausa para turistas que se paran en un falso semáforo y últimamente nido de atascos y nervios a las horas puntas desde que le descubren sus ruinas particulares para construir aparcamientos. Atrás quedó el rajarla para la recogida neumática de la que supongo ya será basura espacial o el cambio de pavimento que impedirá para siempre mis entrañables patinazos ante las floristas.
En definitiva, que uno puede observar el paso del tiempo en esos incómodos bancos diseñados por Bennàssar y rememorar viejas glosas del Archiduque que la midió, pesó y evaluó-, de Miguel de los Santos Oliver que la evocó en su Rambla vella- y de Zaforteza Musoles, que nos la historió, se puede ver pasar a Gaspar Valero con sus leyendas, y quizás haya suerte y se repita el habitual encuentro del demonio con Sor Joana Borràs, que le muestra el infierno, un mar tempestuoso en el siglo XVII, una conjunción de oras, vaps, cargas y descargas, claxones y humo en la actualidad.El Mundo - El Día de Baleares 5.7.2002
Es/l Born/e
No se turben por este estrambótico título, o ríanse al volante cuando lean esa aberración toponímica que es el cartel de Via de Cintura Est/e o ver escrito dos veces en la Policlínica la palabra Hospital/Hospital, que aquí o somos bilingües, o tontos de remate.
Lo que fue en su día cala y desembocadura de la Riera, plaza del Born en el siglo XVII, de la Constitución en el XIX, jamás llamado Paseo del Generalísimo ni por los más franquistas del lugar, siempre Es Born o en todo caso un vacilante El Borne para las gentes de la capital, lugar pensado para justas caballerescas, que antaño cumplió funciones sociales de primera magnitud, que erigió y derribó reinas y fue paraiso del Rey León, es hoy una sombra pisoteada por turistas, mototeca consentida y olor a McNuggets en cajita de cartón.
Durante la guerra dio de comer a los niños pobres, triste actividad que sustituyó las alegres máscaras, la venta de caramelos y el alquiler de sillas para el carabineo. En los cincuenta vivió su mayor auge como sueñódromo de palmesanas que iban a la caza y captura de marinos y aviadores. Un paseo y un vino en Coto, en el Miami, o mejor aún, en el Tritón. Acercarse hasta Apuntadores también era buena señal. El anzuelo de la ansiada y hoy tan venerada mezcolanza de culturas, tan sabia ella, había cumplido su función.
Fruto de esas juergas nací yo. Y todavía recuerdo mi primer apóstrofo, el del anuncio de Campari, laperitive, allá an lo alto, en el chaflán de la Veda, iluminado por la noche y que me despertaba extrañas fantasías.
El Punto, 15.7.02 El Mundo - El Día de Baleares
MOBBING DICK
© Jordi Vidal
Iscariote de oficina,
me vomitas
en forma de quejas y lamentos
tus chivatazos de chistera.
Y siempre delante de los jefes.
Judas que me besas sólo a mí,
quieres escalar sobre mis vértebras,
lecherita.
Algún día tu mala leche te salpicará.
Y será delante de los jefes.
Publicado en Etcétera n. 34, agosto 2001
EPIFANÍA
Cuando yo era pequeño Melchor, Gaspar y Baltasar hablaban en castellano y la cabalgata era en blanco y negro.
Primero nos pasábamos la misa entera pensando en los regalos que les habíamos pedido, luego íbamos hasta el Paseo Sagrera y mi madre nos volvía a contar que una vez se le quemó la barba a Melchor por acercarse demasiado a una vela al ir a adorar al Niño Jesús. Mis hermanos me decían que a Baltasar le habían pintado la cara. Mi raciocinio me obligaba a cavilar, y me planteaba la posibilidad de que los Reyes Magos de verdad llegaban a Belén, y que ese cortejo que bajaba de una golondrina formaba parte de una red de emisarios de Sus Majestades.
En casa dejábamos los zapatos en el salón. Y entonces escuchábamos en el tocadiscos "Regalo de Reyes", un cuento de Gonzalo Vélez Zapico. Mi hermana y yo nos tapábamos los ojos con un cojín, y es que ese niño enfermo que no tendría tiempo de jugar con los juguetes que le traería la caravana de Oriente nos hacía llorar a lágrima viva, sobre todo cuando su padre, desesperado, salía a la calle toda nevada para robar y así poder comprar una medicina muy cara y se encontraba con un mendigo (Daniel Vindel). Se lo llevaba a su casa y tras compartir un humilde fuego y un mendrugo de pan les decía que se tenía que ir, que su camino era largo, tan largo que casi no tenía fin. Cuando el pobre habíase ya marchado los padres descubrían que una plácida luz iluminaba el rostro del niño, que dormía plácidamente en su mísero camastro. El que les había visitado no había sido un rey mago, había sido el Rey de los Reyes, Jesucristo en persona, todo ello aderezado con unos coros que nos anudaban la garganta. Aquello era irresistible. Llegaba la hora de dormir la noche más esperada, y no nos costaba madrugar. Primera luz del día y nadie se acordaba del desayuno y corríamos al salón. Decenas de juguetes esparcidos por el suelo. La locura se desataba y vestirse era un suplicio. Siete hermanos amontonados en pijama y descalzos. Eso no se olvida nunca.
¿Y dónde estarán ahora el coche de bomberos, el Picassín, los madelmans, el Exin Castillos, el Lego y el balón de fútbol?
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