EL ÁRBOL DE LA VIDA

 

© Juanjo de la Asunción

 

 

Vengo del pecado original.
De romper el remanso del ser

con la piedra de la pregunta.

Entre ensordecedor ruido, navego al porvenir.
Y temo detener la travesía,

para ahondar este ánimo.

El reto continúa:
No desisto en esta pugna con el Demiurgo.
Que arrepentido se consuela

en extraña malicia.

Dejaré mi piel y las lágrimas, como los santos,
en el altar del silencio primigenio.

Pero antes, dispararé la ultima flecha
de esta experiencia envenenada.

 




 

 

HAMBRIENTOS IN ETERNUM

 

 

 

¿Olvidar?
Tendrían que llegar de nuevo los diluvios.
Y aún así, quedarían pellizcos de memoria
despertando al tigre adormecido.

Imposible.
Totalmente imposible.
Arrumbar el dibujo que dejaron
las orillas tenebrosas y accesibles.

No escuchar
los sonidos desgarrados del gemido.
Reclamándolo todo al instante,
y para siempre.

Nuestro destino:
Rodar insaciables a la luz.
Que tentadora destella,
impidiendo vincularnos.

 

 

 


VÉRTICE

 


Todo vértice es un punto de llegada.
Desde él divisamos el pasado
e intuimos temerosos el futuro.

Siempre venimos a encontrarnos en un ángulo,
abismo del camino que nos depara
la incógnita de la vida.

Por ello, seguir en el filo de los vértices
es hablar del latido de nuestros corazones.

 

 

 

Voluntad y escritura

 


Yo decido la escritura.
Y me impongo a cualquier rumor
de nefastas palabras decadentes.

Mi voluntad se coloca firme, en jarras,
ante el mar rugiente.
Y desde su atalaya de piedra,
dispara sentencias como flechas.

Los versos fluyen...
¿Qué dios me lo impedirá?

Asentado estoy en la vida:
inserto en la naturaleza de las cosas
vivientes y frescas,
que me hablan de la fuerza
con la que el Universo empuja.

De esta voluntad vencedora, soy parte.
Y festejo con Dionisos su furia,
el nacimiento de una vida aceptada.

 

© Juanjo de la Asunción

 

 


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