Poemas

 

© Graciela Wencelblat

 

 

Desencuentro

 


No encuentro la palabra que atenúe,
la caricia que aliviane,
el golpe que deshaga.
Tengo miedo de que el tiempo acorrale
nuestros sueños.
Eras un hombre reinventando historias.
Acumulábamos la risa para los días de lluvia.
Te quedaste jugando juegos que no entiendo.

 

 


Ignorancia

 

No sé dónde esta dios
ni sé si existe.
Por eso lo escribo con minúscula.
A veces creo que está en todo y aun así
seguiría escribiéndolo igual.
Cada vez entiendo más la profundidad
de las pequeñas cosas.

 

( Ambos poemas pertenecen al libro La que dibuja los bordes de los cuerpos, 1994 )

 

 

Grito

( Inédito )

 

Quiebro el orden
altero el lenguaje

Estoy en fuga permanente

Por eso me duele la tarde
y caigo en el silencio
gota a gota,

que tiembla en la palabra
y quiebra
la desmemoria

Grito

 


Abrí las puntas

( Inédito )

 

Abrí las puntas del color
para teñir el aire
Abrí las puntas del olor
para desviar la tristeza
Abrí las puntas del abecedario
para que las letras respiraran mejor
Abrí las puntas de la esperanza
para que la savia despertara
Abrí la punta de los corazones heridos
para que la sangre - gastada -
dejara de obturar el placer

y en el centro de cada uno
empezar, otra vez,
el juego

 

 

Noche enfundada

( Inédito )

 

La noche enfundada
no deja mirar


Tengo miedo,
me abrazo como puedo
para dejar de temblar


El miedo le quita
peso a
la mirada

 

 

No soy de nadie

( Del libro Poesía Argentina de Fin de Siglo, 1997 )

 


Me apretaste en la noche
como si fuera tuya.
Yo no soy de nadie
ni siquiera mía.
Me arrinconaste
en un costado del tiempo: yo siempre palabras
vos siempre silencios.

El aire sostiene las sombras
otra vez nos precipita al juego.

 

 

 

Equivocación

 


Partir.
Para no ver la destrucción,
el olor sofocante,
la inexistencia de la mirada.

Aceptar,
que él estaba ausente
aunque estuviera allí.

En cambio,
se quedó mirando
cómo el silencio acuchillaba
el tiempo.

 

 


Domicilio

 

Entre tanta tristeza
perdió el domicilio
del crepúsculo.
Y se puso más triste.

Ahora camina con la mirada
apretada entre los dientes.

 

 


Horadar

 

Asomarse al rostro de la vida
arrancarle los velos
mirar hasta cansarse.
No importa que salgan
los corazones rajados
la cripta donde descansan
los sentimientos.
Llegar al hueso
horadarlo:

detrás todavía un latido
el rumor de la carne.


( Estos tres poemas son de Travesía del Desierto, 2002 )

 

 

 

VESTIDO ATORMENTADO


descosí el vestido rojo
lo convertí en harapos y
me fuí a dormir.
amaneció entero , laxo
sobre mis piernas.

muestra evidente que de ese amor
atormentado,
siempre quedarán restos.

 


LA MUJER DISTRAIDA



caminó sin zapatos ni reloj
por las calles
por el campo de petunias
por las paredes de la casa
por la línea de agua
que serpenteaba en el zócalo.
enjuagó sus manos en la niebla
para escribir su mejor poema.
cedió cada músculo de las palabras
al perfil de un conjuro,
y se perdió por la grieta de la puerta
.

 

 


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