Obra de Mark Rothko

 

 

© Alejandro Duque Amusco

 

 

LIENZO VIVO



Rothko: Subjects of the Artist

 

Este es el amarillo glauco,
con su silente vértice de hielo.

Este el malva, plano y letal,
entre el rojo que olvida y el negro que
        recuerda.

Sabe a tristeza y pensamiento el ocre.
El pulso late en suaves geometrías.

No sé si más alegre, pero más encendido
el bermellón chorrea como un vino de años.

Embriaguez. Aridez.
Rectangular: el mundo.

Aquí siembra su noche
el morado estelar.

El blanco finge una ráfaga láctea, de fugaz
        meteoro
a su paso veloz por las hondas distancias.

El gris es gris.

Y este color desnudo, que es la suma y la
        resta
de la idea del hombre y de la nada:

el color sufrimiento.


 

 

 

 

PARA DESPUÉS DEL HOMBRE

(OYENDO A SCELSI: OKANAGON)

 

 

Un grito gélido
en el verano de la muerte.

La llama es una voz
de cenizas sonoras.

Rocas, desgarraduras —

Duerme la piedra junto al tiempo.
Negror.

Yace la soledad en un jardín
de aguas estancadas.

Túnicas a los pies,
las ramas negras.

El hombre estuvo aquí —¿en dónde?

La negrura que oscila.
La conciencia que roe.

Formas, aluviones, esquirlas.
La carne ha muerto.

(Un grito gélido.)

En el reloj del fin del mundo
ha sonado la hora de nacer.

Oigo la tierra respirar.
Es incierta esta lucha.

Pureza.
El negro intenso.

 

 

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