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CLAVIJO ON IGNOMINIA TOUR
VALENCIA, JULIO DEL 2000
Lo que se cuenta a continuación, lejos de ser ficción, es la más cruda y dura realidad, así que el que lo quiera llevar al cine que sepa que todas las situaciones vividas y que son contadas a continuación son ciertas, así que tendrá que cambiar algunos nombres para que ciertos personajes no se den por aludidos.
Viernes 14 de julio (S. Camilo)
Por fin el tan ansiado y planeado viaje a Valencia iba a convertirse en realidad. Lo habíamos planeado en un principio ya para la Semana Santa, pero ya se sabe, que si por esto que por si lo otro, pues quedó aparcado en el baúl de los planes a realizar para el verano.
Mientras Chef y yo (el Creador en adelante) estábamos en el curso de verano por la mañana, el Dog y el Plablo se fueron a Oviedo a por el coche que íbamos a alquilar para el viaje. Que durante los días anteriores en la agencia de coches de alquiler RVH (suena a enfermedad, no?) les dijesen que nos iban a dar un coche distinto cada vez que íbamos a preguntar, pues nos dejó con la mosca tras la oreja. Cuando llegaron a la empresa primer sobresalto: nos querían dar un Fiat Punto sin aire acondicionado ni radio (ni que fuésemos unos moros que andan todo el día por el desierto y les da lo mismo 40 que 60 grados). El Dog abandonó durante unos segundos esa apariencia de turista alemán tranquilo que tiene él, para sacar la bestia que lleva dentro (algo peliculero, pero es que así queda mejor y con más énfasis) y soltarle a la tía de la empresa de coches:
- ¡¡¡Nos queréis tangar o qué!!!
- ¡¡¡Vaya bola que metéis!!!
Esta reacción debió poner algo nerviosa a la nenita, por lo que le dijo amablemente a Dog:
- Tranquilízate, chico
Esto puso a nuestro “chico” aún más cabreado.
Tras estas pequeñas tiranteces apareció lo que parecía ser el encargado de la empresa y tras una conversación, encontró en el parking ¡oh, milagro! el Ibiza que nos habían prometido en un principio. Tras examinar milímetro a milímetro la chapa del coche, le encontraron un rayonazo, que Dog mandó a la chica que lo anotase en el contrato,(¡¡mira tú también, que para eso te pagan!!) es decir, que el rayonazo venía de antes y no era nuestro.
Tras este pequeño “incidente” se dirigieron a Ciaño a recogernos del Curso, para casa, a hacer la maleta, pillar la comida (que luego iba a resultar más necesaria a unos que a otros) y a las 16:30 delante de casa del Chef. Tras la típica foto del antes, fuimos a la Pomar a por algo de bebida para amenizar la noche valenciana de los días siguientes. Una botella de Poncheti y unas de San Miguel (esta insuficiente cantidad de priba hacía necesario comprar provisiones en la capital del Turia).
A las 17:00 nos pusimos en camino, pero no sin antes pasar por casa de el Plablo para coger el ambientador de la Santina, que más adelante iba a hacer notar su presencia. Cuando embocábamos la recta del parque nos encontramos al padre del Chiqui, que muy sorprendido no se creía que nos íbamos a Valencia, con lo cual su hijo lo más seguro que tampoco se lo creía y al enterarse se estaría comiendo las uñas de los pies. Y hala¡, pá Valencia.
Por motivos de nuestra precariedad económica, entramos en la zona de reconquista, es decir CAZURRANDIA, por el Pajares. En el paso por Mieres quedó claro nuestra simpatía por la zona y sus gentes, je,je. Se notaba que el coche era nuevo, ya que le costaba algo subir esas empinadas cuestas. Lo que más nos extrañó era que la temperatura del aceite no pasase de los 900 y que la aguja del gasoil tampoco se movese. En el Parador de Pajares nos posamos a hacernos la primera foto mongola y ¡coño!, el coche olía mucho a quemado (no confundir con que los de dentro del coche somos unos quemados, que es diferente).Aquí hubo el primer cambio de chofer, Chef cogió los mandos de la máquina.
Lo que en un principio era: - No ensuciéis mucho el coche, pasó a un segundo plano cuando se abrió la primera bolsa de Chetos y Filipinos. Poco a poco la bandeja de atrás se fue convirtiendo en zona vertedero. Y cuando nos quitamos los zapatos, bueno, sin comentarios.
Entre una cosa y otra nos plantamos en la capital de Cazurrandia, León, porque el Plablo se quería comprar el disco homenaje-tributo a LOS FLECHAZOS. Como unos camaleones nos transformamos de Ignominiosos On Tour, en unos despistados TÚRISSS para dar con la calle de Chelsea (la tienda de discos de Los Flechazos). Mira que no hay coches en todo León, que nos pusimos al lado de un Kadet Gsi con dos lugareños con cara de malos malísimos y collarines: -Oye, la calle de Chelsea?
- Ahí al lado lo tenéis.
Los lugareños, pese a su pinta de malos, fueron muy amables pero debido a la rigidez de sus cuellos no nos miraron cuando les dimos las gracias. Menos mal, porque nos estábamos partiendo el culo de ellos.
Aparcamos el coche y el Plablo y yo nos fuimos a la tienda a por el disco. Nada más entrar, al Plablo casi le da un síncope y es que estaba Elena Flechazos atendiendo (tampoco era para tanto la tía). Tras rebuscar entre los discos y no encontrarlo, se fue a preguntar por el disco, pero para su tremenda tristeza aún no había salido (y eso que los de Radio 3 habían anunciado su lanzamiento hace ya algún tiempo, este Ordovás). Pos ala, pál coche y rumbo a Valencia.
Debido a lo aburrido del paisaje y como no había otra cosa que hacer nos fuimos memorizando dónde estaban los putis o casas de alterne desde León a Madrís. También debido al aburrimiento empezamos a sacar los pies por las ventanas (esto se estaba empezando a convertir en un verdadero viaje ignominioso).
La siguiente parada fue en una estación de servicio un poco antes de Madrís donde hicimos merienda-cena. Debido al aburrimiento decidimos comprar una de esas revistas para camioneros, y no era el CAMIÓN, sino más bien una de esas en la que las chicas van ligeritas de ropa y nos cuentan con todo detenimiento y fotos sus experiencias más guarras. Pero cuál sería nuestra sorpresa al no encontrar una sola jodida revista porno en todo el viaje de ida (para el viaje de vuelta sí que las había, pero debido a la compañía que traeríamos no era de recibo comprarla). En esta gasolinera el Plablo se dio cuenta que las vigas están hechas de un material más duro que su cabeza. Este descubrimiento, como todos los científicos, se produjo de casualidad, cuando tras ir a tirar la bolsa de basura a una papelera y levantar su cabeza, ésta, en su trayectoria ascendente se encontró con un obstáculo en forma de viga. El golpe fue considerable, con lo que el chichón que le salió le duró unos cuantos días. Como venganza dejó su huella en los baños de dicha gasolinera (tanto hablar de los putos jarcorianos que joden las paredes con sus pintadas para convertirse al rato en uno de ellos).
El viaje continuó sin ninguna incidencia hasta la siguiente gasolinera desde donde llamamos cada uno a nuestros respectivos hogares. Aquí se produjo un hecho reseñable. Chef vio en el parking un coche con matrícula de la O, es decir, matrícula de Oviedo, a lo que se apresuró a decir: -Eh¡ mirar un coche de Oviedo¡. No le dimos mayor importancia hasta que vimos que dicho coche pertenecía a una familia de peruanos o bolivianos que estaban hablando con media comandancia de la Guardia Civil, ya que estaban allí con tres coches de la Menemérita (risas y carcajadas a la salud del Chef). Por supuesto también aquí dejamos un pequeño recuerdo en forma de pintadas en un letrero.
Sin nada más que contar llegamos a Valencia. A unos 15 kms. o así le enviamos un mensaje al Richard y otro al Puto para que nos vinieran a buscar. A medida que nos acercábamos a Valencia una extraña sensación iba inundando el coche, que a estas alturas era más bien una patera con cuatro ruedas debido a la cantidad de mierda que había tirada por él. Un extraño olor iba haciéndose cada vez más fuerte, y no eran los pies del Plablo. Pensamos que sería por alguna empresa de las proximidades, pero cuanto más nos acercábamos a Valencia cada vez era peor. ¡Joder, olía peor que la Ría de Avilés¡. Nos empezamos a impacientar ya que no recibíamos contestación ni por parte del Richard ni por el Puto. Algo nos olía mal, y no era sólo por el olor extraño de Valencia. Como unos turisss extranjeros intentamos dar con la calle Reus, pero nada. A eso de las tres de la madrugada por fin llamó el Richard, menos mal, ya creíamos que nos iban a dejar tirados después de 10 horas de viaje.
Nos encontramos en el nuevo centro comercial, y tras los típicos saludos p´al domicilio del Richard. Pero había un pequeño problema, los padres de este individuo estaban en su casa por lo que alguien se tendría que sacrificar e ir a casa del Puto. Mierda, los corderos que irían al matadero éramos Chef y yo. El Puto se hizo esperar una hora (como siempre) y tras un poco de cháchara cada uno para su casa, y Dios a la de todos. Antes de llevarnos a su casa y para que nos fuésemos imaginando lo que nos iba a esperar al día siguiente nos llevó a unos antros, a una playa a 20 kms. de Valencia. Vaya antros, con música pachún, pachún, tíos con cara y pinta de malos malísimos, las tías cojonudas, los coches con pastilleros con la música de bacaladero a todo volumen y tías cojonudas. No se puede describir con palabras, había que estar allí para verlo, y tías cojonudas, ¿lo he dicho ya?.
Tras esto para casa. Lo que en un principio nos pareció una casa cojonudísima pronto se convirtió en un cuchitril. Los grifos del baño perdían agua, y esta le caía al vecino de abajo, las persianas no bajaba ninguna hasta abajo, el suelo más que ignominioso era una mezcla de arena, suciedad-polvo-pelusillas, las habitaciones todas sucias, un baño lleno de trastos, la nevera vacía, el pan integral pasado y con moho, en fin, si lo ve cualquier madre le da allí mismo un patatús.
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