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ABDUCIDOS EN NOCHEVIEJA
Esta historia hace referencia a un hecho acaecido en la Nochevieja del 99, y a unos acontecimientos que merecerían ser estudiados por el mismísimo Dr. Jiménez del Oso o por J. J. Benítez.
Corría por aquel entonces la Nochevieja del 99, y como casi siempre hicimos la fiesta donde siempre (es decir, no hicimos, sino que fuimos amablemente invitados a realizarla). La cosa empezó ya mal por que había invitados que no aparecían, como por ejemplo la “élite” de todos los impresentables de Villa, y no quiero citar a Cabezas ni a Fernando ni a nadie más para que permanezcan en el más absoluto anonimato.
Pues eso, algunos llegaron tarde y no era nada buena señal. Hacía frío, que tampoco es buena señal (joder, a ver cuando se celebra la Nochevieja en Julio). Tras unos cuantos viajecitos hasta el lugar de encuentro con los invitados y, por fin, encontrarlos a todos, tras una hora de vuelta pá arriba, vueltas pá abajo, me pude sentar en mi silla y tomarme mi primera cerveza. A partir de aquí el resto de la noche se volvió muy borrosa. Lo más seguro es que una serie de extraterrestres introdujeron alguna sustancia química, diferente al lúpulo y al agua, en mi cerveza, lo que me produjo esa sensación de mareo y el no acordarme de muchas cosas. Poco a poco fue haciendo efecto esa sustancia en mi cuerpo, lo que me produjo un estado de euforia “controlado”, lo que me llevó a hablar con una bella señorita de Gijón (más que bella, estaba buenísima y de la cual no quiero decir su nombre, y además no me acuerdo) y tras mucho palique ¿enrollarme con ella?. Nos fuimos a una estancia de dicho lugar y tras ¿enrollarnos? durante un cuarto de hora o así, a mi cabeza vino el nombre de una ex de malos recuerdos (todo debido a esa sustancia introducida en mi única cerveza ingerida durante toda la noche, aunque algunos digan que fueron algunas más). El cañonazo que me arreó tras confundir su nombre fue de esos que hacen historia, ¡cómo golpeaba la tía! y sólo por llamarla de otra manera. Bueno, tras esto volví a la cocina con la carina caliente, y algo más. Seguí hablando con diferentes chicas, pero no sé por qué estas se marchaban al poco rato. Sería por algún tipo de rayo alienígena que salía de mis ojos, que las hacía irse de la fiesta.
Así pasó la noche hasta las seis y pico, y a partir de aquí no me acuerdo de casi nada, sólo flashes de mucha gente a mi alrededor en una gran habitación; pero a la mañana siguiente aparecí en mi casina, durmiendo en mi camina, mientras mi mochila, linterna y otros artilugios aparecieron en la cochera de un amigo. Algo había pasado.
Pero yo no fui el único, a otro amigo mío le ocurrió lo mismo, pero él sólo tomó un cacharro de Habana 7, por lo que se confirma por tanto mi hipótesis de la abducción.
Y no fue esta la única vez que me pasó algo parecido, así que:
EXTRATERRESTRES,
¡¡DEJAD DE ABDUCIRME ECHANDO COSAS RARAS EN MI BEBIDA!!