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Caranaval te quiero (Avilés 1999)

    Carnavales de 99, Avilés, 4:30 P.M. (es decir, cuatro y media de la mañana). Volvíamos al coche tras un noche de esas donde el sexo y la lujuria se desbordaron, claro está, para los demás, por que lo que es nosotros, ná de ná, y lo único que corrió a raudales fueron las San Miguel que nos sobraron de la fiesta de Nochevieja, que por cierto fueron muchísimas, también el Martini y algo de Pocheti. Nuestro atuendo era el típico de todos los Carnavales, es decir, vestidos de colegialas con nuestras respectivas carpetas y las mochilas, que nos servían de mueble-bar a la espalda, y era donde iban adecuadamente camufladas las San Miguel. Volviendo a las 4:30 P.M., nos dirigíamos al coche aparcado donde siempre, cuando en mitad de la calle el Capitán Vinilo se encontró un típico contenedor metálico verde donde se tira la basura. Por historias suyas contadas de sus juergas por Oviedo nos temimos que se metiera dentro de él, pero para suerte de sus ropas no lo hizo, sino que lo cogió por sus asas y lo empujó calle arriba. El chaval, al ser de letras, no sabe que cuando empujas un cuerpo provisto de ruedas en un plano inclinado pá arriba, lo más normal es que cuando pare, pues baje de nuevo hasta su posición inicial, o más allá aún. Y así fue, tras alcanzar su altura máxima en el plano, dicho cuerpo inició una trayectoria descendente contraria a la inicial, es decir, empezó a rodar calle abajo. Y como suele ocurrir en estos casos necesitó de un objeto para que se detuviese, y como os podéis imaginar paró contra lo que tenía que parar. No contento con esto y debido a la baja tasa de sangre en su alcohol, comenzó a correr calle arriba en pos del ansiado vehículo que nos transportase de vuelta a casa, pero inexplicablemente tropezó consigo mismo, se cayó, y al igual que el contenedor (pero sin tener ruedas) rodó calle abajo hasta la posición inicial de salida de su carrera. Toda la calle hizo gggggrrrrrrr (onomatopeya utilizada al mover una multitud de gente el cuello y cabeza, como un mismo bloque, hacia un lugar determinado normalmente dónde está pasando lo referido) y se quedó mirando hacia "eso" que rodaba calle abajo (el Capitán Vinilo) para posteriormente reírse a carcajadas. Sus amigos, o sea nosotros, nos escondimos rápidamente tras lo que pudimos para que no nos reconociesen como acompañantes de aquel individuo. Gracias a Dios y a nuestra ayuda por fin llegó aquel chaval al coche en cuestión y pudo volver sano y salvo a su casa.