
Día y noche (1938)
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Ejemplo de las teselaciones tan queridas por el autor.
En la parte central superior el plano se divide en losetas blancas y negras con forma de ánade, perfectamente encajadas. Sin embargo aquí se introduce otra dimensión, conforme bajamos aparecen otras con formas más amorfas que terminan en rombos. El color se difumina hasta un gris pálido. Al desplazarnos lateralmente el mosaico se disuelve en un paisaje sobrevolado por las aves: diurno a la izquierda y nocturno a la derecha. Se ilustra así el paradigma de la complementariedad: no existe blanco sin negro, ni día sin noche, aunque todo puede confundirse en tonos de gris. |