Breves apuntes sobre educación, democracia y conciencia

- Alberto Hernández de Frutos, 2º Bach. -

 

Opiniones


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La educación es fundamental para la salud y el buen funcionamiento social y democrático, se mire desde donde se quiera mirar. Es posiblemente la única forma de asegurar la integridad y libertad intelectual de las personas, requisito más que necesario si se quiere vivir en una sociedad verdaderamente democrática. ¿Cumplen su labor el edificio de la educación y la sociedad a día de hoy? Rotundamente, no. ¿No vendrá, por tanto, muy bien pensar acaso sobre ello?

La democracia promulga la igualdad y el gobierno de todos. Esto implica al conjunto de la sociedad y le impone la obligación de elegir un gobierno que tome las riendas de la misma. La sociedad, por tanto, será directa responsable de lo que derive del gobierno elegido, sin excepción. No en vano, consecuencia de la responsabilidad ciudadana no sólo es poner farolas, o subir el precio de los parquímetros, sino promulgar leyes que atañen a millones de personas, al futuro de los trabajadores, empeorar o mejorar la sanidad, fomentar las guerras o no... Cualquier persona suficientemente consciente de su responsabilidad se dará cuenta de la importancia que tiene una fuerte base cultural e intelectual que le permita elegir la mejor opción y entender lo mejor posible su entorno. Será, pues, tanto mejor elegido el gobierno y mejor encaminada la sociedad democrática cuanto mejor preparadas estén las personas y mayor capacidad de entendimiento tengan; tú y yo. ¿No sería entonces lógico que se exigiera una capacidad intelectual a todos los miembros de una sociedad democrática para asegurar así la propia democracia y las vidas de las personas?

En mi opinión, la democracia, complejo gobierno colectivo, requiere unos miembros a su altura. ¿Cuál es, posiblemente, la única forma de asegurar que todos los miembros de una sociedad democrática son capaces y conscientes? Una educación de calidad. De ahí que la educación sea tan necesaria e importante. Colegiremos, pues, la necesidad de exigir a la sociedad que esté a la altura debida, asegurándolo con la educación. ¿No se debe exigir esto a los ciudadanos de una sociedad democrática como la nuestra? Sí, siempre que no queramos una democracia elidida.

Sin embargo, muchísimas personas no son conscientes de la importancia que tiene la educación en una sana democracia; se permiten el lujo de no superar con éxito una fructífera educación, lo que, por otro lado, es permitido por un gobierno interesado. ¿No será que éste no sea el sistema social idóneo para las características actuales? No. Viendo la reputación de la democracia y el enorme interés internacional por mantenerla, promulgarla e imponerla (véase Iraq), no. Ajustémonos entonces a los requisitos de ésta.

La educación debe ser obligatoria para todos los individuos de una sociedad democrática. Debe ser un programa académico fuerte y de calidad, que asegure que todo aquel que acaba el «ciclo académico mínimo» sea totalmente capaz de entender y analizar su entorno histórico y pueda ser un librepensador con una fuerte base histórica y lingüística que le salve de manipulaciones o engaños. ¿Lo cumple acaso la actual educación? Clarísimamente, no. No lo cumple puesto que las personas al acabar sus ciclos académicos no tienen la suficiente base para desenvolverse óptimamente en esta sociedad democrática. Pero la responsabilidad no es sólo del exiguo edificio educativo carente de un proyecto académico bueno, que está además decayendo en la actualidad, sino también del altísimo número de estudiantes y adultos que obvian la importancia educativa y no estudian, literalmente pasan.

Para concluir, decir que la educación es el sustento para una larga vida sana de la democracia, y por ello debe ser obligatoria, si es que verdaderamente se quiere la democracia, algo que, a la vista de las actitudes de los ciudadanos y gobernantes, es ampliamente discutible. Eso sí, resulta de primera necesidad una radical reforma del edificio educativo en todos sus aspectos. A principios del siglo pasado era excusable la situación educativa; hoy, en el siglo XXI, no. A todos los haraganes jóvenes y no tan jóvenes les diría que dejen de patalear, abandonen la necedad, y tomen conciencia.

 
 

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