Canto de trovador
- Gonzalo Álvarez-Alija, Bach. -

 

Relatos


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Trovador

Dibujo de Gonzalo Álvarez-Alija, Bach.

 

Nací en la luz y en la ignorancia de la felicidad que sólo se le da a los dignos, pero no era digno ni por asomo. Me dieron un reino para vestir con las prendas de mis costillas y mi corazón. Un reino para insuflar la arena de los sueños.

El dios Demonio estaba allí.

Cuando la luz se marchó, mis ojos quedaron acostumbrados a la oscuridad. Encontré entonces a los camaradas de batalla, que olvidaron mi risa y se marcharon sin llenar sus jarras de hidromiel. Después, las damas que limpiaban con algodones y agua mis heridas tras las batallas, lo hicieron con vinagre y azufre. Luego, vi cómo los lacayos que antes hacían sonar sus trompetas a mi paso se volvieron estatuas de sal en vida más que en muerte. Más tarde mi reino fue devastado por las Gárgolas de mis pesadillas venideras.

El dios Demonio sonreía tras mi sombra.

Todo se veía vencido en las brumas del norte del Tártaro, hasta que la más bella de las criaturas surgió del mar de la esperanza que dormitaba en el lecho de los que sueñan.

La princesa Hada de cabellos nacidos de las tinieblas de los inocentes y sonrisa selecta, que nació del Alma de los caídos para, al descubrirme ante sus dones, ser borrado su bello rostro de cristal ante mis cansados ojos.

El dios Demonio reía ante mi débil espíritu.

Un débil espíritu donde antes fueron aposento del animo de los ancestrales héroes y reyes de los relatos mitológicos.

El dios Demonio me volvió loco.

Flotaba en la sangre que lloraron las esperanzas de los muertos en mis brazos. Saqué la espada de mi corazón vacío y rugí a los cielos de aquella noche eterna. Donde antes vi pájaros de colores inciertos ahora batían alas los murciélagos del Desdén

El dios Demonio se enfureció.

Ahora apoyo mi armadura quemada en el seno de la diosa Oro, la Amante Victoria, la del cabello de amanecer para, con las manos melladas, rotas y la espada devorada por los cuerpos de mis ángeles guardianes, hacer frente al enjambre de sombras que antes eran un reino creciente, inexperto.

El dios Demonio maldijo y resonó.

Reniego de mis camaradas, reniego de mis lacayos, reniego de mis damas, pero nunca renegaré de mi reino. Mi reino no es un reino, es Adán confiado que permitió a la Serpiente entrar al Edén. De mi boca surgen mundos y de mi pecho el Vacío.



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La Buhardilla, revista digital del IES María Guerrero http://centros5.cnice.mecd.es/ies.maria.guerrero/revista