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LA BUHARDILLA |
La fiebre del oro negro - Adaísa Orelom, 2º Bach. - |
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Opiniones <·· Índice ··> |
Iraq nos evoca en su pasado el país del exotismo, de la brillantez sensorial, de Las mil y una noches, del lujo y la ostentación del Oriente. Iraq era célebre por su sensualidad, por sus eternos desiertos y por ocupar la fértil Mesopotamia de Nabucodonosor, tierra codiciada por su gran valor agrícola y cultural. En el siglo XXI, las tierras del Tigris y el Éufrates continúan siendo célebres, aunque no por los mismos motivos. El Nabucodonosor de la era espacial tiene por nombre Sadam Husein, y aunque al igual que sus antecesores es ambicioso, desleal y terriblemente despiadado, no ha podido vencer al gran enemigo, a los grandes y prepotentes Estados Unidos, empeñados en globalizar un mundo que al parecer les pertenece y en aniquilar al enemigo con el fin heroico de salvar el universo y lo que está más allá. La moderna Mesopotamia fue transformada en Iraq por el colonialismo británico, que creó un reino con tres territorios del Imperio otomano: Mosúl, en su mayoría kurdos, Bagdad, con mayoría suní, y Basora, en el sur, con mayoría chiíta. Sadam Huseim se hizo con el poder tras varias traiciones y golpes de Estado contra el régimen establecido, de una manera tiránica e indeseable que caracterizará el resto de su política. Invadió Kuwait, razón por la cual se desató la Guerra del Golfo, y fue posteriormente acusado de desarrollar armas de destrucción masiva, químicas, biológicas y nucleares, que ponían en peligro el bienestar del mundo. Huseim permitió el aislamiento comercial y la hambruna de su pueblo al negarse a acceder a los pactos de la ONU, llevó a cabo un proyecto de aniquilación de kurdos y prefirió la miseria extrema antes que las revisiones de armamento exigidas por el mundo occidental. Ahora bien, Iraq fue privado de una salida a las aguas del Golfo Pérsico en la reunión en la que un alto comisario británico trazó las líneas que se convertirían en las fronteras de Iraq, Arabia y Kuwait. Por otro lado, el mismo mundo occidental y sus redes le proporcionaron armas de alta tecnología en su guerra contra Irán, especialmente EE.UU. y Gran Bretaña, mientras se proclamaban neutrales frente a la contienda. ¿Acaso es esto justicia? ¿Acaso estos hechos muestran ansias de restaurar la paz universal? Al parecer, los intereses van mucho más allá del humanismo y la protección del mundo, y paradójicamente más allá de los límites del poder y la codicia. En los últimos días retorna la idea de que el Nabucodonosor de la era espacial, hombre sin escrúpulos y con ansias de poder, posee las armas más peligrosas y amenaza gravemente la vida en la Tierra. Según Bush, Sadam es el primero de un «eje del mal» por su colaboración con el terrorismo, aunque quizá lo que olvida mencionar, y posee más interés, es que la disputa con Iraq incluye el agua, el petróleo y el panarabismo, tres elementos esenciales que no presenta ningún otro país islámico. Lo que en los últimos días se intensifica simultáneamente a las manías obsesivas con respecto a las armas de destrucción masiva de Huseim es el posible agotamiento del oro negro, el petróleo, abundante en el subsuelo de Iraq e indispensable para el funcionamiento del mundo occidental. Aunque Mesopotamia ha cambiado en los últimos milenios, el oro negro la convierte en una tierra codiciada y célebre como en sus tiempos de gloria. La Buhardilla, revista digital del IES María
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