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LA BUHARDILLA |
«Mamá, quiero ser famoso» - Julia Pousada , Dep. Lengua y Literatura - |
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Opiniones <·· Índice ··> |
Todos conocemos la expresión «Mamá, quiero ser artista». Se trata de un dicho bien conocido que asociamos habitualmente a la figura del joven aspirante a artista que, deseoso de pasar a formar parte del mundo del espectáculo, se lanza a la aventura en busca de la realización de un sueño tan hermoso como incierto. Al mismo tiempo, asociamos esta expresión con unos determinados valores, tales como el esfuerzo, el afán de superación y la constancia, valores que nos hacen incluso llegar a concebir la figura del joven aspirante a actor casi como una especie de héroe. Está claro que una visión del mundo del espectáculo de este tipo puede pecar, y con razón, de cierto romanticismo e idealización un tanto falsas. Pero, no obstante, algo de verdad subyace en todo esto. Por el contrario, frente a lo dicho hasta el momento, la situación del mundo del espectáculo en nuestros días dista mucho de esa visión romántica ya mencionada. Así, la expresión «Mamá, quiero ser artista» se ha desvirtuado por completo, transformándose en la de «Mamá, quiero ser famoso». Asimismo, ha cambiado también el sistema de valores asociado a la misma. En la actualidad, nuestra sociedad está llena de programas televisivos cuyo único objetivo es generar «nuevos famosos» que resulten rentables, hasta que pasen de moda y sean sustituidos por otros. Se trata de la pescadilla que se muerde la cola, de un círculo vicioso que no acaba nunca. Así, programas como el ya clásico Gran Hermano no para de generar famosos, al servicio de los cuales existen o se crean otros programas. Del mismo modo, las personas que acuden a estos programas vienen ya con el chip puesto, conscientes en todo momento de cuál es su papel. Son en su mayoría personas a las que no les importa perder su intimidad, sabedores de que la cuestión está en conseguir que ésta pase a ser del dominio público. Lo peor de todo esto es, sin duda, la doble moral que genera: estos nuevos famosos son muy conscientes de su función, la de «actuar» ante un público que los critica pero que, al mismo tiempo, los necesita. La realidad, pues, es que todos estamos inmersos en este círculo vicioso, ya que contribuimos a su mantenimiento. Somos «consumidores» de algo que en el fondo sabemos que no nos beneficia, es decir, casi como si de una «droga» se tratase. Así, la televisión se puede considerar hoy como el opio del pueblo, la droga por todos consumida y por todos tolerada, y cuyos efectos, no por el hecho de que no sean físicos, dejan de ser preocupantes. De la misma forma que una droga destruye a la persona, así la televisión está destruyendo progresivamente la sociedad actual, pues ataca su pilar básico: el sistema de valores bajo el que se sustenta. Es por esto que, ante esta situación, conviene dar la señal de alarma y trabajar conjuntamente para recuperar nuestra sociedad de la crisis de valores por la que está pasando, labor que incumbe especialmente al sector educativo, donde profesores, padres y alumnos deben trabajar codo con codo. La Buhardilla, revista digital del IES María
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