|
LA BUHARDILLA |
Holanda en flashes. - Jesús Saiz, Dep. Lengua y Literatura - |
|
|
Del 3 al 15 de marzo de 2002 estuvimos en Nimega. Tulipanes, vacas, quesos, bicis, Ana Frank, Van Gogh, etc, iconos todos ellos de la cultura holandesa, nos acompañaron durante nuestra viaje a este país de la tolerancia que es Holanda.
La alfombra verde Cuando viajas por Holanda, dos colores se adueñan del paisaje: el gris del cielo más o menos encapotado y el verde que tapiza las extensas llanuras encharcadas. Hoy es un día parcialmente nublado, con lo que el sol aparece y desaparece de manera fugaz mientras nuestro autobús avanza a una velocidad uniforme a través de la maraña de autopistas sin peaje que parcelan la llanura y que se alternan con multitud de canales que, interconectados, regulan el nivel de las aguas. Los holandeses tienen una compleja relación con el líquido elemento: no en vano más del 30% del territorio se halla por debajo del nivel del mar.
Nimega (Nijmegen) A la orilla del río Waal, una de las bifurcaciones del Rhin, se encuentra esta apacible población holandesa, muy cerca ya del límite con Alemania y a unos 200 kilómetros de Amsterdam. Recortado sobre el caudaloso río, aparece el perfil de la ciudad, del que sobresale la alta torre de la imponente iglesia de San Esteban. El centro de Nimega es peatonal y sólo las bicicletas tienen licencia para «turbar» la tranquilidad de sus calles anchas y empedradas. La principal de ellas rebosa de tiendas y un día a la semana se convierte en un hormiguero de gente que va de shopping, consumiendo hasta la náusea. Uno de los paseos más bonitos de la ciudad bordea la margen izquierda del Waal. Varios acogedores restaurantes y hasta un casino se ubican en esta calle, que en los primeros días está inundada por la crecida del río.
El instituto El SSgN es un instituto cómodo y acogedor, muy espacioso. Destaca el enorme hall de la entrada que, según las necesidades, se une a una gran aula con escenario y hace las veces de salón de actos. Hay una cantina en la que se sirve comida y refrescos a los alumnos a la hora del break para el lunch. El edificio está distribuido de tal forma que no se producen aglomeraciones. Las distintas aulas son espaciosas, con sus pupitres ordenados de dos en dos. La moqueta gris (que es el color predominante) hace más amena la estancia. En las mesas no aparecen los típicos letreritos, tan característicos de nuestro Centro, manifestación endémica de la terrible desidia de algunos de nuestros educandos. También alucinamos con las instalaciones deportivas: se trata de tres pistas contiguas y separadas por enormes estores que las pueden dividir en caso de necesidad. Toda la instalación está cubierta. En ella se suele celebrar, además, el festival del último día, la stage night.
Las bicicletas son para todo el año Miles, cientos de miles, millones de bicicletas desplazándose o aparcadas en prietas e informes masas ferruginosas componen el cotidiano paisaje de las ciudades. No importa que haga frío o calor o que caigan chuzos de punta. En todas las estaciones de año es el vehículo más utilizado. A ello contribuye el relieve y, sobre todo, la conciencia ecológica que desde la más tierna infancia desarrollan los holandeses. Ocurre lo mismo en otros países europeos, por ejemplo, en Alemania. Y así, mientras nosotros nos asfixiamos en medio de ciudades pestilentes y nos desesperamos a la búsqueda de imposibles plazas de aparcamiento, nuestros vecinos rubios solucionan de un plumazo, con el uso de tan elemental vehículo, numerosos problemas: en lo personal, mejoran notablemente la salud, todo el mundo está en forma; en lo social, más espacio en las ciudades, menor contaminación, mayor ahorro energético. ¿A que mola? El instituto mismo está lleno de plazas de aparcamiento para las bicis, a las que se destinan el sótano entero y parte del patio. Tal uso masivo y cotidiano de la bici nos sorprende, ya que en España sólo se utiliza en plan deporte u ocio, y poco más. Por ello, para nosotros, este hábito tiene un doble riesgo añadido: el de las agujetas y el de la integridad física. Por eso, a quienes tengan pensado participar en futuros intercambios, un consejo: que aprendan y se habitúen a manejar la bici con soltura. De este modo evitaremos dejarnos los piños en el asfalto.
How much fiestas? Cuando se vive en un país como el nuestro, tan secularmente dado a mirarse el ombligo, ajeno a lo que sucede más allá de sus fronteras, un país que tradicionalmente «ha hablado en cristiano», es normal que la gente pase de aprender idiomas. ¿Para qué narices sirve el inglés? Para nada, es una pérdida de tiempo. Y, claro, luego nos acordamos de Santa Bárbara (o de Shakespeare) cuando truena. Y es que no se puede ir por el mundo sin saber idiomas, y sobre todo, inglés, que es el que manda. Hemos podido comprobar cómo, mientras en España a duras penas pasamos del what´s your name?, en Holanda la gente habla, además de su propio idioma y con la misma soltura, también el inglés, como mínimo. Y nuestros alumnos las han pasado moradas, ante las dificultades de comunicación con que se han encontrado. Para muestra, algún botón: -¿«How much fiestas» es «cuántas fiestas» en español? -pregunta una holandesa curiosa. -Sí, creo que sí -contesta alegremente su partner española. -En mi vida he hablado y he aprendido tanto inglés como en estos días -asegura otra entusiasta villalbina. Algunos padres holandeses nos han comentado que lamentan mucho no poder comunicarse apenas con los compañeros españoles de sus hijos, a causa del bajo nivel de inglés. Así es que ahí va otro consejo para los interesados en futuros intercambios: learn English!, facilita muy mucho las cosas.
Programa de actividades Durante casi dos semanas aprendemos lo que está en el papel y lo que no. Visitamos algunas pinacotecas, como el Rijksmuseum, en el que hay importantes obras de Rembrandt, o el Kröller-Möller, que contiene una notable colección de cuadros de Van Gogh; igualmente, paseamos bajo la lluvia en dirección a la casa de Ana Frank, donde recordamos los horrores del nazismo; recorremos los lugares céntricos y emblemáticos de Amsterdam y admiramos su arquitectura y sus canales. Compramos quesos, tulipanes, cerámica de la barata para souvenirs... En el instituto nos reunimos todos los días para coordinar la estancia; hay dos sesiones de discoteca, una macrocena (dinnerparty) con los ocho centros participantes en los intercambios, en la que los padres traen ingentes cantidades de comida. Recorremos en bicicleta las tierras bajas de los alrededores y la misma Nimega para realizar el fotoproject y muchas cosas más. Y por las tardes, tiempo de libre disposición. El último día muchos lloran de pena al tener que marchar de vuelta a las Villalbas. Todo pasa, en fin.
Ventajas de participar en intercambios Por si os sirve para animaros de cara a próximos cursos, en un intercambio se goza de los siguientes, llamémoslos, privilegios:
Tal vez me deje alguna idea importante en este apartado. Si es así, puedes sugerirla tú mismo/a.
En olor de multitudes El viernes 15 de marzo, una muchedumbre expectante esperaba con impaciencia nuestro regreso. Volvimos en olor de multitudes, o dicho correctamente, en loor, que no es que se ponga en entredicho la higiene del personal, es que se dice así. Apenas el autobús asomó, se produjo una avalancha de amigos, padres y otros familiares del grupo. Este recibimiento multitudinario nos sorprendió verdaderamente. Parecía que veníamos de ganar la copa del mundo de fútbol o que habíamos descubierto un nuevo continente para el Imperio de Su Majestad. Picas en Flandes aparte, el ser humano es pura emoción, y tantos días por esos mundos se habían hecho eternos. Besos, abrazos, lágrimas... todo fue emocionante. A los pocos minutos, la calle quedó desierta y el relato incontenible del viaje continuó en los hogares de cada cual. La Buhardilla, revista digital
del IES María Guerrero http://centros5.pntic.mec.es/ies.maria.guerrero/revista |