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LA BUHARDILLA |
Poema |
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¡Anoche se repetía el sueño donde todo era ayer, cuando mis ojos no alcanzaban piedras y mentira…¡ Esta historia que Dios creó no se puede comparar con Romeo y Julieta, en la que indudablemente se desarrolló una verdadera historia de amor. Empezamos siendo dos niños que arriesgaron hablar con el corazón, sin saber que el orgullo sería el cruel desencadenante que de mentiras inundó nuestro corazón. Yo que sellé un único destino a mi alma y, ciega de amor te lo entregué, vivimos nuestras vidas con el fiel juramento de compartir eternamente el lenguaje del corazón. Poco duró, aunque para algunos sea demasiado; y mis ojos no pueden ver más allá que tristes recuerdos en los que se refleja el dolor, amargo y frágil. Tampoco sé si pude ver en ti un sueño o tal vez una lamentable equivocación. Ahora bien ¡¿qué me deparará?! si mi entristecida vida divulga entre el gentío como si la de un muerto se tratase, inmersa en la oscuridad y de rostro apagado, imperceptible a cualquier sentido e insensible a cualquier sentimiento, sólo porque fue tan inexplicable y auténtico ese amor, insano y desenfrenado, fugaz como un suspiro, que nosotros dos al querer jugar con sagradas palabras, no alertamos que Cupido, nuestro temeroso juez, nos condenaría con un peor castigo que la propia muerte: decidió robar de nuestras débiles vidas la palabra «olvido», arrastrando nuestro pasado durante mil días e infinitas lunas; y pese a ello, congeló mi corazón imperecederamente sin poder volver a sentir y a escuchar más la lluvia, fría y abandonada. Aquella fue la historia, más compleja que el propio destino y, sin duda, una ingenua importancia al orgullo contra la que no supo luchar, y tampoco llegó a entender el porqué. Fue mi papel de enamorada, es más, fue lo que me llevó a amar en silencio y a la vez llegar a idealizarlo. «¿Todo fue un hechizo?» me atreví a decir, y ella me contestó: «No, amiga mía, yo hice que superara los límites de lo real, quedándome anclada en ese tan pronunciado ayer del cual dependía a cada paso que daba; y también he sido yo la que he aprendido a discernir entre un sueño y una realidad, entre una mentira y una verdad. Y ahora, amiga mía, doy gracias a ese amor tan sufrido por haberme dejado escapar, dándome la oportunidad de entregar el amor tan fuerte que ardía inquieto en mi pecho, a la persona que sin saberlo la estaba esperando, y por la que hoy empiezo a vivir». «¡NO MIRES ATRÁS!» La Buhardilla, revista digital
del IES María Guerrero http://centros5.pntic.mec.es/ies.maria.guerrero/revista |