"Viva Camarón"

15-VIII-2004

Buenas noches. No debiera estar a estas horas escribiendo, sino durmiendo para ponerme a estudiar mañana tempranito, pero me ha ocurrido algo curioso, algo vitalista;). Estaba yo comiéndome unos gajos de sandía mientras veía las noticias del plus(hubiera visto las morbosas noticias de Antena 3, pero ya se habían acabado) cuando de repente me llamó un amiguete de Concepción. Me propuso salir de fiesta. Rehusé como buen espartano, pues en general procuro no salir (bueno, a excepción de ese día que fui a por libros y un psicópata me embaucó terminando multado por maniobras peligrosas y sin test de alcoholemia porque les pillé de buen rollo) para poder estudiar y todo eso. Pero me habló de un local de flamenco en la latina. Dudé y dudé, pero me di cuenta de que mi familia estaba en el otro lado del Pais y que ya había estudiado suficiente cuántica. Por lo que salí y valió la pena. Allí estábamos payos, gitanos y muchos que parecían ex presidiarios y sin embargo fue genial. Nunca había vivido el cante jondo en directo. Jamás había sentido su esencia y alcancé el éxtasis. Tantas historias feas que había oído o vivido acerca de los gitanos, y sin embargo sentí que su cultura(gitana, andaluza o española, me da igual) era parte de mí. Mi amigo se puso a dar palmas y a llorar emocionado(lo que hace el vino), porque en verdad os digo que el flamenco es drama y poesía. De repente un puñado de personas de distintas condiciones sociales o raciales, encontraban un punto en común, un respeto, un código que seguían como una religión. Pensé con tristeza, en que generalmente no llevamos ningún código y todo nos da igual, haciendo lo que nos apetezca, aunque el de los gitanos, me pueda parecer horrible en muchos sentidos. Daba gusto ver su dignidad, su presencia, su respeto y el corazón que ponían. Pero no solo eso, ver a algunas mujeres(algunas payas) entrar, con zapatos de tacón ornamentados. Ojos grandes y negros, cabellera sensual. Vestidos también negros y modestos, pero sin ocultar la sensualidad de sus piernas o su figura. Representando la ya casi olvidada esencia femenina española. De repente sentí más amor que nunca por las raíces que todos tenemos, por esa cultura que va siendo poco a poco invadida. Puede que fuera el vino, pero ver a ciertas personas poner tanto sentimiento en algo que no les reporta ningún beneficio económico, me emocionó profundamente y me hizo olvidar, por un momento, todas las miserias y mentiras humanas.

Me voy a dormirla