6 de Ocubre: Salimos de Madrid sobre las 18.30 en dirección
a Montejo de la Sierra. Como puse el coche en doble fila y no estuve atento,
me han clavado una multa de 300€, por lo que he salido calentito de Madrid.
Al menos me ha reafirmado en mi idea de dejar de usar el coche, salvo lo estrictamente
necesario.
Hemos llegado al pueblo y buscado un par de refugios que había en el
mapa, pero únicamente había una casa para un retén anti-incendios.
Al final nos hemos colado en un camping, que parecía un poco abandonado.
Avanzamos en plena oscuridad sin poder ver tres en un burro Por fin, tras mucho
dar vueltas en busca del refugio, encontramos los baños pertenecientes
al camping, dónde decidimos quedarnos a domir ya que así tendríamos
un tejado. La verdad es que a ambos nos daban bastante mal rollo esos baños,
quizás por las historias que me contaba Luis sobre la heroinómana
que murió en los baños, del camping de Peguerinos. Nos hemos tomado
dos botellitas de vino, mientras cenábamos con queso Flor de Esgueva.
Nos acostamos, pero ha empezado a rugir el viento y a llover y nos hemos tenido
que desplazar más cerca de los baños para no terminar calados
hasta los huesos. Nos surgieron un sin fin de paranoyas con los baños
abandonados y mientras Luis dormía, creí oír a un perro
que vino adónde estábamos nosotros. Oí un ruido metálico,
como el de un collar y luego como si alguien olisqueara cerca. Cogí el
cuchillo e intenté despertar a Luis, poniéndole la mano en la
boca, pero se puso a gritar y casualmente el animal no pareció reaccionar
o salió corriendo. Poco más tarde oí ladridos. Apenas pude
dormir con esos ruidos, sustos y fantasías. Una noche horrible. Y lo
mejor, fue ponerme a contarle una historia a Luis y a los 30 segundos se había
quedado frito. Debió ser hijo pequeño ideal. Por la mañana
hemos recogido para partir al siguiente sitio.
7 de Octubre: Nos dirigimos al hayedo de Montejo de la sierra, pero no podemos entrar poque hace falta reservar. Decidimos tomar un camino paralelo, realmente largo. A mitad de camino nos dimos cuenta de que no llegaríamos de día al coche. Pero lo importante era tomar la cumbre para ambos. Era una cuestión de honor. Mientras ascendíamos envueltos por la niebla hacia la última cumbre de decenas que habíamos coronado antes pensando que sería el pico del Lobo, el viento desplazó momentáneamente las nubes y apareció de repente un edificio en ruinas en la cumbre, que nos sobrecogió. Era una estación de esquí abandonada. Entramos en el edificio y estaba parte del tejado derruido, las vigas dobladas y curiosamente a Luis le entró un extraño pánico, a pesar de que llevábamos un rato dentro y quiso salir a toda prisa. Nos hemos tomado un par de fotos ateridos por el frío y el viento y hemos descendido. Para intentar atajar, hemos ido por una parte sin camino. Hemos saltado por brezos, por poco nos caimos al río y por fín hemos encontrado el camino de vuelta, aunque ya de noche. Había muchísimas vacas que salían de la oscuridad. Luis les gritaba o les tiraba piedras para no tenerlas nunca en su flanco al pasar cerca de ellas. Al llegar al coche, estaba matado, tras doce horas de caminar con viento, lluvia, frío e indigestión por mortadela y flor de esgueva. Hemos cogido el coche unas dos horas para encontrar el siguiente destino, yendo por carreteras secundarias. Por fin hemos llegado a un pueblo, hemos tomado unas galletas y hemos dormido en el coche, mucho mejor que la noche anterior.
8 de octubre: Nos hemos levantado bastante descansados, aunque
algo tarde. Hemos visto una hermita algo siniestra, pues había un pájaro
incrustado en la pared (tengo alguna foto). Luego visitamos un monasterio abandonado
y en ruinas, dónde a su vez encontramos huesos de algún perro.
Luis se puso con sus paranoyas esotéricas. Luego nos hemos dirigido a
un monasterio cisterciense, perdido en el bosque, completamente en ruinas. Ascendimos
por las escaleras hasta lo alto del tejado. Había algunas vallas para
impedir que entráramos, pero nos colamos igualmente. Luego seguimos el
curso del río Jarama, muy bonito con las hojas de otoño. Nos bañamos
en el río como Dios nos trajo al mundo con fotos y vídeos de nuestra
gesta, pues el agua estaba helada. El baño nos vino bien, pues estábamos
realmente guarros. Luego Luis, ha intentado subir a los nidos de los buitres
para hacerles fotos. Salimos por fin de ese valle, cogimos el coche y nos dirigimos
a la siguiente hermita, cerca de la cual había pequeñas cuevas.
Fuimos al siguiente pueblo (Valverde de los ríos) y para poder bañarnos,
dormir tranquilamente y cargar los móviles, pillamos una habitación
en un pequeño hotel, bastante caro, por lo turística que es la
zona. Nos hemos hecho unos espaguettis, como en los tiempos del viaje por Europa,
en el cuarto del hotel y hemos caído rendidos. Tras, eso sí, un
magnífico baño tras dos días de dormir en el suelo, en
el coche y no conocer otra ropa.
9 de Octubre: Nos despertamos en el hostal, bastante descansados.
Nos hemos dirigido al pueblo, que es precioso y que está siendo reconstruído.
Todo él, construido con tejados de pizarra y piedras muy oscuras. Luego
hemos avanzado a la cascada que hay a las afueras, realmente bonita. Hemos vuelto
al coche, dónde he sido atacado por avispas, a las que he tenido que
matar una a una. Luego nos hemos dirigido al hayedo, dónde nos hemos
echado en la pradera y ya atardeciendo, comenzamos a adentrarnos en el bosque.
Cuando llegamos a una cumbre, mientras Luis hablaba con su padre, hemos avistado
unas vacas que se nos han quedado mirando desde lo alto de la montaña.
De repente, han empezado a bajar al trote o al galope(nunca he visto correr
tanto a una vaca). Luis se ha puesto a gritarme que corriera hacia el bosque,
yo he cambiado de dirección y la vaca ha seguido detrás de mí.
Luis se puso a gritar a la vaca para llamar su atención mientras yo me
estaba ralentizando en los arbustos y la vaca estaba a punto de alcanzarme.
Tras el susto inicial, se han ido y hemos esperado un rato para recuperar la
mochila. Luego Luis ha insistido para quedarnos en la cima hasta anochecer y
poder observar animales. Tras un buen rato, hemos descendido por el bosque completamente
a oscuras y en el hayedo no entraba ni la luz de la Luna, por lo que caminábamos
prácticamente a ciegas. Hemos encontrado un jabalí en el río
y Luis ha salido corriendo tras él sin tener en cuenta que éste
podía tener la feliz idea de atacarnos o huir en la dirección
en que estaba yo. También hemos visto corzos corriendo por el bosque.
Mientras volvíamos confundíamos cada bulto con vacas y hacíamos
un rodeo. Está claro que el peor enemigo del hombre es la vaca.
Por fin llegamos a los prados, con la Luna bañándolos con su luz.
Llegamos al coche y nos dirigimos al pueblo de al lado para tomar algo en un
bar. Luis en un principio no quiso entrar porque había un perro en la
entrada (por traumas de infancia, Luis no teme casi ningún peligro o
animal, pero a los perros les tiene pánico). El perro se ha solidarizado
con Luis y se ha apartado de la entrada. Por poco no cenamos por culpa de ese
chucho. El bar, curiosamente estaba lleno de rusos. Incluso los que nos han
servido parecían serlo. Había coches, como en Rusia, con las lunas
tintadas y de gran cilindrada.
Nos hemos dirigido a Sigüenza y hemos encontrado un claro. Allí
ha preferido dormir Luis a la interperie y la temperatura ha bajado mucho (hasta
2º). Cada vez que respiraba sentía como si se me helaran los pulmones.
No he dormido muy bien. Luis en cambio estaba como un capullito envuelto en
su saco y ha dormido estupendamente.
10 de Octubre: Nos hemos dirigido a Sigüenza, dónde había un magnífico castillo convertido en Parador. También me ha encantado la catedral. Ahí, sorprendemente me he puesto a rezar, a pedirle cosas a la virgen para que me ayude este año. Supongo que debo ser un inmenso hipócrita. He prometido ser mejor persona, dejar mis odios y rencores, ayudar más a quienes me rodean. Lo de siempre, supongo. A lo que incita la desesperación de los últimos meses, con tantas pérdidas, fracasos y frustraciones, sin ninguna certidumbre acerca de mi futuro. Hemos comprado unos dulces hechos de hojaldre. Nos han gustado tanto que hemos comprado dos cajas para nuestras familias. Nos hemos cebado a comerlos. Sigüenza es una ciudad medieval preciosa. Dan ganas de vivir allí.
Conclusión
Un viaje breve, relajante, dónde Luis y yo hemos tenido perfecta convivencia a pesar de que a veces mosqueara su carácter algo inconsciente. Hemos tenido debates sobre la vida y la muerte, sobre el amor, sobre la amistad. Normalmente siempre discutimos las mismas cosas, pero esta vez ha sido algo distinto. Creo que hemos conseguido entendernos un poco mejor. Hemos hecho grandes planes, que por supuesto no se cumplirán. Hasta Luis me ha estado llamando un par de veces tras el viaje, porque me echaba de menos (algo que me ha sorprendido en alguien tan independiente como Luis). Y de alguna forma, me he tomado todo de forma distinta. Sin prisas, sin agobios, con total libertad. Normalmente, siempre quiero aprovechar al máximo, pero esta vez ha sido distinto. Estaba en armonía conmigo mismo y solo pensaba en cosas agradables a pesar de todo el estres y la incertidumbre que tenía acerca de mis problemas. Pero aún así, tenía asumido, que ahora nada podía hacer, por lo que solo podía relajarme, disfrutar del paisaje, la compañía y pensar en anécdotas vividas. Necesitaba salir de casa y gracias a Luis lo he conseguido. Este será un buen año.