Hola, soy Vero
Verás, después de mucho pensar, quiero compartir algo contigo.
Creo que me
estoy enamorando de un chico. Parecerá absurdo, pero ya no me molesta
como
antes su físico. Me fascinan sus ojos, su voz y su forma de ser. El otro
día
leí un breve texto, que debió escribir para su chica y me emocioné.
Transmite tantos sentimientos, tanta ternura y al mismo tiempo, tanto odio
hacia si mismo. No solo le quiero por lo que es, sino que me veo obligada a
ayudarle y sacar lo mejor de él. Podría llegar tan alto si quisiera.
Ya se
que no es guapo, pero tiene ese algo que me vuelve loca y que he ido
descubriendo ultimamente. Esta misma noche he deseado besarle, pero no me he
atrevido. Al fin y al cabo se comporta de una forma tan distante conmigo,
casi como si me temiera y yo necesito abrazarle, darle todo mi cariño.
No se
si es el hombre de mi vida, pero creo que es lo más parecido al paraíso
que
pueda encontrar ahora mismo en el amor. Sigue demasiado pillado con su ex,
pero no pienso desanimarme y voy a pelear por él. Quiero ser la chica
que
aparece en sus textos. Quiero ser su inspiración. Aquí te mando
su escrito,
que tanto me ha hecho pensar y la dirección de su página, para
que deduzcas
quien es.
Besos
Vero
Su texto:
Puedo imaginarte en una habitación casi vacía, sola con un piano
y una cama.
Por la ventana, se ven las hojas de otoño moviéndose al son del
viento y de
la música. Una música, que tocas en tu piano, desnuda. Desnuda
y complacida
de tu belleza, de tu talento. Sonríes levemente mientras te observo.
La
melancolía invade la sala. Esos nocturnos que tocas con tanta gracia
mientras se ve el Otoño. Y en mi mente, no hay lugar para el placer o
la
felicidad. Ante tanta belleza, no puedo por menos, que sollozar,
entristecerme, porque no puedo formar parte de todo eso. Me veo incapaz de
crear, de ser feliz, de hacerte feliz. En mi corazón solo existe la duda
y
el rencor. Una duda que demuestra mi debilidad ante los demás. Una sensación
de incapacidad, para hacer nada de lo que me proponga. Un remordimiento, el
de no poder darte nada, excepto palabras bonitas, que solo posponen la
triste realidad. Por esa razón, decido irme, mientras tocas, sin decir
palabra, para recordarte en toda tu belleza personal y creativa. Y quizás,
por pura vanidad o crueldad, para que no puedas tocar un nocturno desnuda,
sin acordarte de mi.