Sólo

Frente a mi escritorio, frente a mi soledad, frente a mis demonios. El único momento de mi vida, en que no finjo, en que no convivo con las mentiras de mi entorno. Frente a una ecuación, un problema, una idea, presa de obsesiones, de recuerdos, de amargura, pero también de momentos hermosos, a los que tme enfrento de forma más fría. Todo ello conjugado con la tensión, con el reto, con el terror a fracasar. Volviéndome loco entre esas paredes, pensando en todo lo que he dejado de lado por ese sueño megalómano. Siendo consciente de que no es tan difícil, pero que aún así me cuesta. Sintiendo, que si hiciera mejor las cosas, no habrías tenido que sacrificar tanto y a tantos. Sin embargo, la vida es así y todo lo que sacrifiqué, en el fondo, no valía tanto la pena o no lo habría dejado ir. Así de simple, así de fácil y así de cruel. El único momento en que me siento vivo, en que toda mi energía se concentra en un sólo punto. El esfuerzo de semanas, meses y años, para ser plasmado en apenas dos horas. Todo mi conocimiento, mi forma de pensar, mi fuerza de voluntad puestas a prueba en una fecha límite. El único momento sincero de mi vida, dónde la decepción es únicamente con uno mismo aunque me duela más decepcionar a los demás. Porque no hay fracaso cuando has hecho lo que has podido y no hay decepción si piensas que podrías haberlo hecho mejor, pero no has querido. Es el momento en que reflexionas sobre tu vida, sobre tu pasado, sobre tus planes de futuro. Cuándo más cosas deseas hacer, aunque luego, la muerte que surge tras el enfrentamiento, te lleve a la total pasividad y decadencia. El momento en que más amas tu entorno, la naturaleza que te rodea, sus misterios, su magia y su lógica, en esa intimidad de tu escritorio. Esos momentos que nadie te puede quitar, cómo cuando besabas a quien amabas, aunque todo terminara en una mentira más. Los momentos en que más sufres, en que más vivo te sientes y dónde alcanzas el éxtasis. Una nueva oportunidad, un reto, una pasión redescubierta y un ansia por vivir, que nadie más puede comprender en ese instante, porque nadie está en tu cabeza, en tus emociones. Cuan hermosa parece la vida, cuando todo parece llegar a su fin. Cuánto anhelas todo aquello por lo que no has luchado. Cuan fácil es lamentarse por lo que no se tiene sin haber hecho un verdadero esfuerzo por ello. Tan fácil es echarle la culpa al entorno, al destino. Y sin embargo estás ahí, porque quieres y nadie te quitará esa libertad, ese momento en que tú te enfrentas a tu destino únicamente mediante tu mente, tu tenacidad e importándote muy poco lo que tantos sabios consejeros hayan intentado inculcarte, sin tener la más mínima idea de nada. Nadie para consolarte, para entenderte, para liberar un poco tu mente. Ahora toca no mentirse a uno mismo, dejar los anhelos, los rencores y las frustraciones. Matar una parte de uno mismo para seguir creciendo, para triunfar, para ser mejor persona. Ahí cuando se acerca el fin, es cuando renace la vida.