Eran las 7.1O de la mañana y yo aun no me había levantado. Entraba a las 8 a clase pero había decidido por la noche no ir a la primera hora. Total- me dije- eso ya me lo se del año pasado.

Sin embargo mi cerebro, como un reloj, se había despertado a la hora de siempre y cuando mire el reloj de la mesilla, satisfecho de haber dormido una hora mas de lo habitual, me di cuenta de lo equivocado que estaba. «Bueno; todavía me queda una hora para dormir». Otro error: estaba tan despierto que ni tan siquiera conseguí cerrar los ojos.

- Las 7.20... las 7.20... Aún me da tiempo a ir a clase.

Me levanté de prisa y me arreglé lo mas rápidamente que pude y al salir a la calle fue como un segundo despertar; volví a enterar en contacto con la realidad. Era una mañana fría, de invierno. El viento gris parecía derramar su plomo entre las esquinas, y las nubes, bajas, querer caerse sobre nuestras cabezas. Ya había empezado a amanecer pero las negras nubes filtraban la luz de la mañana convirtiéndola en tinieblas. A pesar de todo me pareció un bonito día, propicio para pasear, si no hubiese sido por el aire gélido y embravecido que me hacía lagrimar.

Cuando llegué al instituto ya había empezado la clase. Era mi último año por segunda vez y quería que esta vez fuera de verdad. Avanzaba por el pasillo hacia mi clase pensando si debería entrar, ya que solo llegaba diez minutos tarde, cuando se abrió la puerta del aula y asomando la cabeza el profesor dijo:

- ¡Vamos Sr. M! , llega tarde: el examen ya ha empezado.

« ¿¡Examen?! ¿Que examen? ¡Pero si aún falta una semana!»

-¿No era la semana que viene?- contesté-. El lunes 22.

- ¡Hoy es lunes 22!- me respondió el profesor.

« No puede ser, hoy es día... ¿qué día es hoy ?»

-Siéntese rápido -continuó diciendo- y empiece cuanto antes. Aquí tiene las preguntas.

Así lo hice, mas cuando empecé a leer el examen creí estar volviéndome loco: leí palabra tras palabra, una y otra vez, pero al terminar la frase no me había enterado de nada. Al fin, tras mucho esfuerzo, conseguí comprender lo que decía y mi sorpresa fue todavía mayor. Nunca había oído hablar de nada parecido y, desde luego, en clase no lo habíamos visto. « Y si no lo hemos visto, ¿por qué mis compañeros están respondiendo? Lo mismo me ha dado una hoja que no es. Si, eso debe ser.» Tercer error. Al mirar a mi compañero de alante me cercioré de que tenía el mismo examen que yo.

- ¡Sr. M.! ¿Qué está mirando?- berreó el profesor.- ¡Fuera de clase!

Yo, que todavía estaba intentando comprender algo, me sobresalté al oír mi nombre reverberando por todo el aula., pero incapaz de entender nada mas conteste la única palabra que mi boca fue capaz de articular: ¡hostia!

Por suerte la comunicación alumno-profesor nunca ha sido muy buena ya que él tampoco entendió lo que dije.

- Vamos -volvió a decir -, entrégueme el examen y váyase fuera.

Así hice, con la hoja tan en blanco que no tenía escrito ni mi nombre. No hacía ni cinco minutos había hecho el trayecto inverso por aquel pasillo, pensando si ir a clase o encaminarme, como ahora hacía, hacia la cafetería de enfrente del instituto.

Me tomé un café. Tenía la creencia de que todavía estaba un poco dormido y por eso no había podido hacer frente a las sorpresas que aquel extraño día me estaba deparando. Pensando esto se me ocurrió preguntarle al camarero que día era.

- Miércoles 24- me dijo.

-¿Cómo?-. Me repitió: "Miércoles 24 de Febrero de 199-"

- Y, ¿qué hora es?

- Las 22:30

« Anoche era domingo 14. Hace un rato lunes 22. Ahora miércoles 24. ¿Estoy loco? O será que el tiempo pasa muy de prisa. O yo vivo muy despacio. Sin duda es eso: mi alma vive ralentizada.»

Salí a la calle donde ya era noche cerrada. Aquellas nubes plomosas se habían apropiado del cielo y ahora, sin luz a penas, se veía una convulsa maraña que se entrelaza retorciéndose sobre si misma. Mi reloj pitó; marcaba las 9 de la mañana del lunes 15. "Mi reloj vive a mi ritmo". ¡Las 9 de la mañana! Aún estaba a tiempo de ir a mi segunda clase. Sin embargo era de noche. El instituto estaba abierto... De nuevo en aquel pasillo:

- Sr. M. -retumbó detrás de mí. Era el profesor que me había expulsado de su examen.- ¿Dónde ha ido?- inquirió.

- Salí a desayunar.

- ¡A desayunar! ¿No sabe que esta prohibido salir del centro en horas de clase? Acompáñeme

¿Por qué mi profesor gritaba tanto al hablar ? ¿Y por qué habría de salpicarme? Me llevó al despacho del director. Era un señor mayor que ya empezaba a chochear pero todo el profesorado respetaba y tenía en gran estima por haber sido en su juventud un ilustre académico. Sin embargo había una fuerte división entre ellos poniéndose en duda su capacidad para regir el centro.

Mi profesor llevaba un buen rato hablando, contándole lo que yo había hecho, mientras yo pensaba en que las nubes, allá afuera, habían empezado a mojar las calles. Clareaba el alba de dedos de rosa. Pensé en como las nubes tapiaron el cielo en las horas que llevaba despierto." Un momento; las nubes también van a mi ritmo. Pero los astros no. Las personas llevan un tercer ritmo. Personas...personas...”

- ...y me va a traer para mañana, Sr. M., escrito mil veces "No volveré a salir del instituto en horas lectivas" -dijo el director.

-¿Cómo? ¿Sólo eso?- escupió el profesor, cabecilla de. movimiento contra aquel encantador anciano. Él seguramente esperaba que me expulsara, al menos, una semana. Pero el viejo aún contaba con el respaldo de la mayoría del maestrazgo, así como con el de los propietarios.

- ¡Va a criticarme! ¡Va a poner en duda mi capacidad y mi experiencia!- contestó feroz. El profesor torvó su mirada agarrotado por su ira y su impotencia.

El director meditabundo farfullo entre dientes: "Está bien...le impondré otro castigo...Pero eso a usted no le ataña. Ya puede irse a dar su clase; gracias por informarme del comportamiento del joven." ¡Que maestría la del abuelo! Vio, humilló y echó. Pero, ¿qué castigo me impondría?

-Así que se te da malla historia- dijo limpiándose las gruesas gafas manchadas por las palabras del profesor.

Me condujo a un aledaño del despacho en el que había una enorme maqueta que parecía reproducir una batalla. Yo ya no me extrañaba por nada. Sacó dos chaquetas que tenía guardadas y me dio una diciendo que era de mi talla: ¡eran las chaquetas de los uniformes de los ejércitos de la maqueta! Nos pusimos a jugar con aquello como si fuera el Risk® e, incluso, disparamos los cañones de la maqueta.

Volvía a anochecía. Mi reloj marcaba las dos de la tarde. Perdí la batalla, pero no todos los días se puede ser Napoleón.

- Ahora te destierro a la isla de Sta. Elena, que es tu casa. Mañana tráeme escrito lo que te dije.

- Por cierto- comenté con la confianza que me había dado la lucha en el campo de batalla con ese hombre-, puedo traerlo escrito a ordenador para que esté mas limpio.

-¡Ese es el espíritu que a mi me gusta! Sigue así, muchacho. Y si tienes alguna duda no dudes en preguntarme: tengo mi casa llena de maquetas.

Desterrado a mi Sta. Elena me miraba en un espejo. Miré mis ojos; en lo profundo de mis ojos. Miré ahí detrás, donde se pierde la mirada en la mirada.

-Mírate, ¿te ves? Ese eres tú. ¡Mírate!- dije. Mi imagen especular contestó:

-No. No me veo.

- ¿Quién eres tu?

- Yo soy tu.

-Entonces... ¿quién soy yo?

-¿Tu? Tu eres tu.

Aparté la mirada de mis ojos. Medité sobre lo-que me pasaba pero era incapaz de pensar nada por lo que me fui Será mejor que me acueste». -¡Eh! ¡Espera!- saltó del espejo y me siguió hasta mi cama. Se acurrucó a mi lado.

-¿ Qué haces? ¿Por qué me sigues?

-Yo soy tu.

Me revolvía en mi cama. "Sentí que mi imagen se integró en mi y ya no sentí nada.

Al despertar me derivé y mi segunda derivada. Tenía dos yos enfrente mía empero por mas que eran yo, no eran yo ni iguales entre ellos.

-¿Quiénes sois?

-El es tu alma y yo tu intelecto- dijo la segunda imagen.

-¿Y qué queréis ?


-No queremos nada. Que estemos aquí es culpa tuya: te estás conociendo. Haz tu vida normal que a nosotros sólo nos ves tu. Nos vestimos, desayune, y nos fuimos a clase.

-¿Qué lleváis en la mochila?-les pregunté.

-Yo llevo tu memoria.

-¿Y tu, alma mía?

-Tu conciencia y tus pesares. y te aseguro que pesa.

-Dime, intelecto: ¿por qué los días pasan tan aprisa?

-¿Por qué me haces esa pregunta? Sabes que no conozco la naturaleza del tiempo.

Así conversábamos cuando me acordé de que tenía que entregar mi castigo impreso al director .

-No fue así como sucedió.

-¿Qué?

-Lo estas contando mal.

-Déjame, ¿quieres? Está historia es mía.

-Lleva razón intelecto.

-¿Tu también, alma? ¿Os habéis conchabado contra mi?

-Solo digo que intelecto está en lo cierto: no fue así.

-Está bien; cuenta: ¿cómo sucedió?

-Yo te recordé lo del castigo. Nos condujiste al despacho del viejo y se lo diste. Me fijé en sus ojeras y en las persianas cerradas por lo que le pregunté, a través tuya, si se encontraba bien.

» -Si, estoy bien- contestó.- Sólo que he dormido mal esta noche con tantas amanecidas.

» -¿Necesitas algo?- dijo alma.

» -¿Has desayunado?

» -No- contesté al darme cuenta que el también veía los astros como nosotros.

- Ahora te estás confundiendo tu: respondí yo que no, sensibilizado por la patética imagen del buen anciano.

- No, alma. Fui yo el que le mintió para perder clase. y así fue:

Nos llevó a la cafetería en que estuve el día anterior. Le contamos que también nosotros vimos varios días en un día. Algo mas tranquilo, con un nuevo brillo en los ojos, nos confesó que creía que se estaba volviendo loco, o aún peor, senil, como afirmaban sus detractores.

« Pero tu ves las mismas cosas que yo y eso me da esperanzas.»

Dijo que creía saber quien nos podía ayudar.

Lector: en este punto me planteo como ha de seguir la historia, que le va a pasar a su protagonista. No se como terminarla ni cuando. Me estoy preguntando lo que opinaría el "Sr. M.". Me diría:

-Que acabe bien. y que dure mucho: quiero vivir muchas páginas. Quiero estar mucho tiempo en las cabezas de quienes me lean, que es la única forma en que estoy vivo.

-Pero, ¿qué tonterías dices?- le contestaría yo.- Tu no puedes estar vivo: eres invención mía.

-Exacto: soy invención tuya. Soy palabras, manchas en el papel; pero soy. Las palabras no existen como tu, ni yo tampoco: es existencia intelectual. Mírate dentro, y tu también, lector; buscadme donde se pierde la mente en la imaginación y decidme si allí estoy vivo.

-Eso no es estar vivo, ni tan siquiera existir. Y aunque así fuera, puedo hacer que seas efímero en las mentes: puedo matarte ahora mismo y así, cuando alguien te lea, morirás al acabársele esta historia. Sólo vivirás lo que tarde en leer.

-Al menos estaré a ratos vivos. Cuando tu mueras morirás, pero yo seguiré volviendo a estar vivo. Y aunque al final muera seré mas que tu: seré alguien que vivió en ellos y tu sólo alguien que vivió de verdad, pero hace tanto tiempo, que ya nadie conocerá sino tu nombre. De mi sabrán algo mas, estaré

menos muerto que tu.

-Voy a tirarte al contenedor de papel para que te reciclen.

-¡No! ¡No lo permitiré!

- ¿No? y ¿qué piensas. hacer?

- Clavarte este puñal en tu pecho ...¡así...!

- ¿Qué has hecho, desgraciado? Estoy sangrando ...creo que muero...

- ¡Qué he hecho! ¿Qué será de mi, qué de mi historia ?

- Tendrás que terminarla tu. Hazme un favor: por la vida que te di y por la que me quitaste, haz que te mueras al final. Ahora vete ...déjame morir en soledad...

- ¿Qué he hecho? ¡Que haré ahora! He de inventarme mi vida y sólo tengo segura una cosa: el final. ¿Cómo puedo seguir mi vida si se murió mi creador, si ya no hay quien me guíe?

El director nos llevó a ver a un vidente que, según él decía le había aconsejado en innúmeras ocasiones y siempre con acierto. Era un anciano de cano pelo largo, y de aspecto y vestuario místico. Saludó efusivamente al director, no mucho mas joven que él. Nos hizo entrar en su casa, imagen del Maestro (como así le llamaba el director): anciana, canosa, mística.

- Veo que vienes bien acompañado-le dijo.- Buenos días, Sr. M.- me saludó. ¿Cómo sabía mi nombre? ¿Le habría hablado de mi el director?

- Buenos días, Maestro- respondí observando sus profundos ojos zarcos.

He de confesar que siempre he sido un tanto escéptico con estos temas ( y personas); pero después de tan raras experiencias en los ¿dos? últimos días se habían tambaleado los cimientos de mi filosofía, por lo que me sentía ilusionado y con una nueva esperanza, que me ayudaron a no reírme del viejo cuando comenzó a danzar artríticamente y a contonear su pelvis convulsivamente. También me ayudó la presencia del director que, debidamente atuendado, comenzó a realizar los mismos movimientos, como dos almas que en el dantesco infierno arden junto a Ulises. Extasiados al fin, sin duda por la falta de riego sanguíneo en el cerebro, se derrumbaron en sendas sillas en torno a una inquietante mesa bruñida y con ricas incrustaciones iridiscentes que la daban un aspecto tenebroso. Yo también estaba allí, sentado con los mismos ridículos ropajes. El "Maestro" se puso entonces a exhalar fuertemente, emitiendo extraños sonidos.

- ¿Que le pasa?- pregunté.

- Está entrando en trance- contesto el director .

-¿Y el bailecito?- dijo intelecto.

- Es para crear la atmósfera espiritual adecuada.

- ¿Quienes son ellos?- me interrogo el "Maestro", con los ojos abiertos como platos.

- ¿Quienes?

- ¿Tus hermanos gemelos?- replicó señalando a alma e intelecto.

- ¿Los ves?

- ¿Quienes son?

- Yo soy su alma.

- Y yo su intelecto.

- Esto es muy extraño... ¿por qué no estáis dentro suya?

- ¡Usted es el adivino!- increpó intelecto.

- ¿Que mas da dentro que al lado?- preguntó alma intentando desviar la atención de las impertinencias de su compañero.

- Esto es muy extraño... ¿a que habéis venido?

- En uno de nuestros días vemos amanecer varias veces- intervino el director -; es como si viviésemos mas despacio.

Se levantó el adivino entre confundido y pensativo, y ojeando uno de los muchos libros que por allí había respondió:

- Es eso, pero no lo es. Vivís despacio: lo que es un día os parece tres horas. Pero vivís deprisa: en una mañana os suceden varios días. Es un caso común e inocuo. Pero si lo sumamos, Sr. M., a su extraña trinidad... ¡creo que está en peligro!

- ¿En peligro? ¿Y no hay alguna solución... ?

- Existe un brebaje, pero no es una buena solución. Os hace uno, pero a ti te vuelve ellos. ¿Estas dispuesto a probar? - ¿Y si no?

- La muerte.

- Probaré.

- Está bien: ¡démonos prisa! Bajenme a comprar estas cosas que necesito- dijo dandome una lista.

- ¿Garbanzos, morcilla... ? ¿Estos son los ingredientes del brebaje?

- No, es la lista de la compra. Mientras me van a ese recado, para hacerme mañana un buen cocido, yo preparo la poción de receta secreta.

- ¡No somos sus criados!; si quiere...

- Vamos, Sr. M.- me interrumpió el director-, es el procedimiento habitual.

- No, está bien- dijo el brujo-.Él se puede quedar; baje usted.

- Lo que Ud. diga, Maestro.

- Está bien, chaval: quédate sentado y no me interrumpas-. Comenzó a trajinar, de acá para allá, cogiendo hiervas de frascos, vertiendo líquidos de matraces, todo bien mezclado y machacado, según la antigua receta; hervir, filtrar ...unas gotas de esto, unos polvitos de aquello ...agitado y bien flameado. ¡Y ya está!- Rápido, has de beberlo mientras aún esta caliente.

- ¡Ud. está loco! Hace una infusión de hiervas y pretende decirme que es mago o brujo o ...timador.

- ¡Cállate, cosa que piensa! Basta de impertinencias.

-Pero, ¿no ves que es un fraude?

- ¡Callaros los dos!- dije muy enfadado -.Soy yo quien se lo va, o [COMMENT1] no, a tomar .

- No te lo tomes...

- ...antes de que se enfríe... no hagas caso... te callas...

cállate tu...

- ...¡Silencio! Mira, chaval: a mi me da igual lo que hagas; pero hazlo ahora. Si decides no tomártelo, perfecto. Pero si decides que si, ahora es tu ultima oportunidad.

- Traiga acá: una infusión no me va a hacer daño.

Me lo bebí. Sabía a infusión. Aunque ya casi no estaba caliente noté arder mi estómago. Entonces alma e intelecto se me empezaron a integrar ( m), volviendo yo a ser uno. Cuando culminó este proceso empecé yo a "ser ellos": rompí a hervir y mi cuerpo así a evaporarse. Iba de fuera hacia dentro: primero la piel, luego los músculos y las vísceras, y lo último los huesos. Volvió el director a tiempo de ver el final de tan horrendo espectáculo.

- ¡Sr. M., , Sr. M., ...M. ...M. ...despierta M., despierta!

- ¿¡Eh?! ¿Qué?

- Te habías vuelto a quedar dormido. Levántate que ya llegas tarde a clase.

- Si, mama. ¿Qué... qué hora es?

- Las 7:30.

- ¿De qué día?

- Lunes 15 de Febrero de 199-.

- ¿Lunes 15?

- Si. ¿Qué día quieres que sea?

- ¡Lunes 15!

- Deja de repetir "Lunes 15" y levántate.

«...había decidido por la noche no ir a la primera hora».

-Hoy entro una hora mas tarde. Deja que me vuelva a dormir...