Al ver esta película me afloran los recuerdos y las experiencias. Todas las monstruosidades que he visto y que ahora me están haciendo llorar. Nada más monstruoso que el recuerdo de mis compañeros de vigilancia, con más de cuarenta años, sin esperanza, alcohólicos, sin nada bonito que recordar. U otros casos de vividores, que tanto mal hicieron a costa de placeres y anécdotas que contar, cuando es lo único que les queda, aparte del suicidio. Supongo que ya he hablado muchas veces de esto, pero no se me borra de la cabeza todo lo que he visto y me ha conmovido. Los amigos que tuvieron que trabajar para mantener a su familia y a quienes obceca el desprecio por una vida distinta. Otros que no conocieron a sus padres o cuyos más íntimos familiares murieron antes de que estuvieran preparados(si es que alguien lo está). Recuerdo las prostitutas que deambulaban alrededor de mi coche cuando salía a las 7 de la mañana de mi garita. Recuerdo como una de esas noches mataron a una a hachazos. Recuerdo al yonkee que se ponía al lado de mi puesto y al que eché con ayuda de mi jefe. Recuerdo su voz, su horrible voz, que no parecía humana. Recuerdo la vuelta a casa todas las mañanas, mientras compartía el atasco con tantos infelices que se dirigían a trabajar con más cojones que nadie, por humillarse en su puesto, con tal de llevar algo a casa, en vez de mendigar. Recuerdo los gritos por la noche de alguna mujer a quien su marido pegaba(o quizás fue producto de mis pesadillas) y también como oía los llantos femeninos, casi cada noche. Recuerdo todas mis esperanzas y toda la fe, que he puesto en cada una de las personas que he conocido. Me ha fallado tanta gente y he fallado a tantos. Especialmente a mi familia, que a pesar de su celo, me ha querido incondicionalmente, a pesar de que me largué de casa. Dejé de hablar a mi madre, a quien estuve torturando con mi indiferencia y a mi padre y a mi hermano a quien levanté la mano. También torturé a mi chica, a quien constantemente reprochaba que no quisiera ser feliz, que solo se fuera muriendo poco a poco. He torturado, a todas las personas de quienes he esperado demasiado, en vez de aceptarlas y amarlas. Me torturo a mí mismo cada día, por no hacer nada y esperar que se me haga caso, en vez de hacérmelo yo mismo. ¿De qué me sirvió irme de casa o irme solo al camino de Santiago?¿Estoy buscando amor, ser un mártir, encontrar a Dios? Viajar, no hará que me encuentre a mi mismo. Lo cierto es, que el que viaja, o lee o se emborracha o sale siempre de fiesta con un montón de amigos, solo intenta huir esperando esa verdad. Una verdad, que solo se puede encontrar en la amistad, en el amor y ante todo, en la satisfacción por algo bien hecho. Estoy lleno de rencor y frustración, por todas las personas a quienes he sido indiferente y especialmente, de quienes he esperado algo. Casi siempre ha venido, porque las amaba demasiado y quería poseerlas. En verdad, no se de qué me quejo, pues nada me falta y sencillamente decido todo cuánto me ocurre. No soy víctima de nada, quizás porque he nacido en una situación privilegiada. Sufro y no se por qué y es de lo más patético.
No se lo que quiero, imagino, que ser querido, pero cuando tengo amor, no lo valoro, es más, me escondo de él, porque necesito una constante libertad y soledad.
Por lo visto desprecio a casi todo el mundo, por esperar un grado de sinceridad o lealtad, pero realmente quien soy para exigir nada. He odiado, he robado, he sentido rencor, he hecho daño, he tratado con desprecio, he sido vengativo, he deseado el sufrimiento ajeno, incluso como una cuestión de justicia entre mis seres queridos. Soy un monstruo, sin nada que ofrecer, víctima de sus contradicciones que le llevan a la mentira y la hipocresía y a estar solo constantemente, aunque nunca me falte compañía. No hay piedad en el mundo, no hay perdón, no hay sinceridad. Solo desprecio, hipocresía, apariencias y autoengaños. Todo el mundo se queja de sus problemas y se ve a distancia, cuál es la fuente, pero nadie la dice o si la dice, no es escuchado, al igual que no nos escuchamos a nosotros mismos. Conozco, casi todos mis errores y no soluciono ninguno. Largo es el camino del que cree conocer la verdad sobre uno mismo y los demás, pues le lleva a la soberbia, al desprecio y a la ceguera. Ese es mi caso.