Love Story (f)

Un coche avanza por la ciudad. El conductor se para frente a un bloque de viviendas y hace una llamada perdida. Al poco tiempo baja una chica y se sube. Ambos han quedado para ir a una exposición. La idea, curiosamente partió de ella a pesar de que llevaban mucho tiempo sin verse. Primero fue un leve tanteo. Ella dijo que estaba algo interesada en ir, pero no dijo si podría y que confirmaría más tarde. Él se quedó como un tonto durante horas delante del ordenador esperando a que llegara algún correo o un mensaje instantáneo. No quería que el encuentro no ocurriera porque ella no tuviera su teléfono o perdiera el interés por esperar su respuesta en el ordenador. Así pues, ocurrió que él estaba delante de la pantalla, mordiéndose los nudillos por la espera y ella confirmó al fin. Tras dar muchas vueltas para aparcar, salen del coche tras una charla más o menos agradable. De repente, él se da cuenta de que tiene la bragueta bajada y se la sube impulsivamente delante de ella. Luego piensa en el terrible aliento a ajo que debe tener tras la comida. Todo parece conspirar en su contra.
Mientras avanzan por la exposición, intentan hablar de cualquier cosa, pero él, en vez de decir algo inteligente, sólo sabe meterse con ella. También sus nervios le juegan una mala pasada y todo lo que dice parece sonar mal o despectivo. Al salir, ambos parecen querer tomar algo. A él se le queda la mente en blanco y no se le ocurre ningún maldito bar de esa maldita ciudad donde llevarla. Sólo conoce cutre bares atestados de viejos y otros demasiado ruidosos. Cogen el coche y tras mucho deambular encuentran algo. Se sientan y a él se le retuercen los brazos sin poder tenerlos quietos. Se pone nervioso mirándola a los ojos y tampoco sabe decir nada excesivamente inteligente.
Su tiempo se acaba. La lleva a casa y se despiden. Ha tenido su oportunidad y la ha desperdiciado. Se pone a pensar en todas las veces que ha hecho el ridículo esa tarde y ríe por no llorar.

Se despierta. Está en un hospital, conectado a varias máquinas. Se mira los brazos y ve algunas cicatrices. Comienza a pensar en lo ocurrido. Lo del encuentro no es algo reciente, ha sido un sueño, una pesadilla más bien, de lo que hubiera ocurrido si hubiera quedado con la mujer de su vida. Pero no ocurrió. Nunca se dio esa cita. ¿por qué está en un hospital? Poco a poco va recordando la noche anterior. Cómo quedó con ella, como la humilló, como traicionó todo lo que fue por una estúpida venganza. Y ahora sí, recuerda ir en el coche y tener un momento en el que perdió el control y todo se volvió oscuridad. ¿cuánto tiempo habrá pasado? - se pregunta.
Siente vergüenza de sí mismo, vergüenza de estar vivo. Ella no se merecía eso. Nadie se merece algo así – piensa. Además, es la mujer a la que ama, no a la que odia. -dónde estará? ¿qué habrá sido de ella?. Se pone a gritar para que alguien acuda. Aparece una enfermera...

-¿cuánto tiempo llevo aquí?
- Tres meses. Ha estado en coma todo este tiempo
- ¿me recuperaré?
- Los médicos pensaban que no tenía muchas posibilidades, pero quizás le ayudó la devoción de su novia
- ¿mi novia?
- Sí, la chica que estuvo viniendo cada día a verle. Aunque desde hace un mes ya no aparece
- ¡tengo que encontrarla!
- Aún no se puede mover de la cama hasta que le den el alta
- ¡Y yo digo que sí puedo! - e hizo amago de levantarse y salir de la cama, pero sus músculos debilitados le fallaron y cayó estrepitosamente al suelo, haciéndose mucho daño. La enfermera gritó del susto y aparecieron más auxiliares que le levantaron. Hubo que volver a cerrarle algunos puntos y curarle una contusión.

Pasó otro mes más hasta que se pudo levantar. Le desesperaba no saber nada de ella. Llamó una y mil veces a su móvil, pero estaba siempre apagado. Llamó a la universidad, llamó a los supuestos amigos comunes que tenían, pero ninguno tenía noticias de ella. Se habían vuelto a sus respectivos países, le habían dejado el piso a ella y no tenían contacto desde hacía un tiempo.
Se atormentaba a cada minuto sobre su destino. Era culpable de todo lo ocurrido. Lo sabía de sobra. Lo sorprendente, es que ella le hubiera visitado durante dos meses. No podía entender el por qué tras la terrible humillación a que la sometió. Desearía volver hacia atrás. No hacer lo que hizo. Disfrutar de ese amor que tanto esfuerzo le había costado conseguir.
Nada más salir del hospital se dirigió a su piso. Llamó a la puerta y nadie contestó. Se quedó horas esperando en las escaleras, pero nadie aparecía. De repente se acordó que también tenía una copia de las llaves, que ella le dio para los breves momentos en que le dejó ausentarse del piso. Se sintió muy estúpido al acordarse tras esperar tantas horas. Abrió la puerta con nerviosismo, costándole acertar en las cerraduras. Entró con presteza para observar un dantesco espectáculo...
Ya no era el piso de antes, sino una pocilga. Por todas partes había basura, restos de comida, botellas y jeringuillas. Miró desolado todo eso en busca de ella. Vio una figura rociada por la tenue luz que entraba por las persianas, tirada en el suelo. Se acercó a ella, con los ojos llenos de lágrimas. Estaba completamente dormida, o borracha o drogada. La cogió en sus brazos con ternura y la llevó a la cama. La recostó lentamente y la tapó bien, como a una hija. Cada vez se sentía peor al verla. Al ver el resultado de lo que hizo.
Para hacer tiempo mientras dormía, se puso a recoger el piso y mirar lo que podría comprar de comida. Seguro que no había comido nada normal desde hacía tiempo. Miraba con horror las jeringuillas, pensando en cómo debía haber sido el único modo para que pudiera olvidar, dormir, dejar de pensar obsesionada en todo el mal que le habían hecho. Él era el culpable de todo. Y lo que más le angustiaba es que ella hubiera pasado de visitarle y preocuparse por él, a destruir por completo su vida sin importarle ya nada. Una chica ambiciosa, valiente, que lo tenía todo en la vida y decidió destruirlo por una humillación, por una frustración amorosa. No tenía sentido que una chica de su carácter abandonara todo por lo que luchó y se hundiera en la auto compasión... no tenía sentido.
Mientras recogía, oyó una voz débil que no consiguió reconocer:

-¿quien hay ahí? - dijo una voz que parecía de ultratumba
- soy yo
- ¿has despertado?
- si – y se acercó a la cama de ella, poniéndose de rodillas a su lado
- me alegro de que estés aquí – dijo la muchacha, mientras caía una lágrima de su demacrado rostro, y le acariciaba los ojos y los labios al origen de su desgracia
- ¿cómo puedes decir eso? ¡Soy el responsable de todo lo que te ha ocurrido!
- No. Tú me mostraste quien era realmente
- Sólo mostré tu peor lado. Pero tienes mucho más
- No lo se – dijo ella mientras volvía a dormirse

Él le besó las manos en silencio, desconsolado por el fruto de su obra. Siguió recogiendo para intentar no pensar tanto. Tras horas que pasaron volando con todo el trabajo que había, ella se levantó. Se encontró el piso un poco distinto y comida preparada en la mesa. Él la observaba en silencio. Había perdido en estos meses toda su belleza. Tenía la piel reseca, enormes ojeras, manchas en su rostro y una palidez que asustaba. Sin embargo, en sus caídos y tristes ojos brillaba algo distinto, como una mayor agudeza cuando miraba algo o pensaba. Le miró agradecida por la comida que tenía preparada. Es entonces cuando le brillaron los ojos y él se quedó mudo ante esa mirada.
Se puso a comer vorazmente. Todo parecía ser exquisito a pesar de lo poco que sabía él de cocina. No se molestaba en disimular su hambre y toda la elegancia de sus formas de antaño se había perdido. Él esperó a que ella terminara de comer antes de hablar de nada. Prefirió que empezara ella.

- Pensé que no te recuperarías -dijo con una leve sonrisa, mientras él no cabía de su asombro
- ¿por qué viniste al hospital? ¿por qué no me has golpeado nada más verme?
- Vaya preguntas más idiotas que haces
- ¿idiotas?
- ¿no es obvio?
- No, claro que no, sino no te lo preguntaría – dijo él nervioso
- Porque te quiero – y le miró, observando divertida su reacción
- No creo que sea momento para bromas
- No estoy bromeando
- ¿y por qué dejaste de ir al hospital?
- porque perdí la esperanza de que despertaras
- ¿cómo puedes amarme?
- De todos los hombres que he conocido eres el único que ha demostrado un sentimiento sincero hacia mí y lo ha probado con esfuerzo
- ¿llamas la venganza y el odio un sentimiento sincero y probado?
- Claro que lo es
- ¿ y cómo puedes valorar algo así y amarme?
- Porque si no me hubieras querido tanto, no podrías haberme odiado y encima, con tu “lección” me mostraste lo vacía que estaba mi vida – él se quedó en silencio, esperando a que ella continuara – Mi vida parecía ser perfecta con una carrera, muchísimos amigos, viajes, fiestas y pretendientes. Pero siempre parecía fallar algo y no entendía el por qué hasta que te conocí. Sobre todo tenía amigos, pero no amigas con las que pasara el suficiente tiempo, cosa fácil para una chica mínimamente vistosa. Siempre me apoyaban en todo lo que hacía, me reían las bromas, acompañaban a todas partes y no parecía que nada tuviera que cambiar en mi vida. Sin embargo, muchas veces me sentía triste. Todo era encantador, pero al mismo tiempo, tenía mis dudas de si era algo real. Algo fallaba en todas esas amistades que me adulaban y comprendían y en cambio eran tan críticas hacia otras personas o al mismo tiempo, me sentía vacía si nadie me decía lo que hacía mal. Eso lo descubrí gracias a ti. Antes no podía describirlo. En conclusión: no fui capaz de hacer autocrítica y creyendo ser perfecta no me dí cuenta de todos mis errores, del daño que podía hacer, del peso de mis palabras algunas veces, de las consecuencias de mis actos. Y topé contigo, me descubriste mi lado más oculto. Ese que clamaba salir tras una vida de amistades ficticias y superficiales, de luchar por sueños interesantes pero insulsos en comparación con el amor. ¿lo comprendes?
- Si, pero no entiendo entonces por qué te drogas
- Porque la verdad no siempre ayuda al individuo y tras ese descubrimiento, vi que mi vida no tenía sentido, que nada de lo que había hecho hasta ahora tenía valor alguno. Sólo tú habías tenido relevancia en mi vida y no parecías despertar.
- ¿cómo puedes insistir en el valor que tengo tras lo que te hice?
- Obviamente actuaste mal, pero no sólo te motivó una venganza. Si no me hubieras querido, no me habrías intentado enseñar algo.
- Yo diría, que fue mezquino imponerte una enseñanza. Ni yo ni nadie es quien para someter a los demás a una visión de la vida
- Eso es cierto, pero sólo lo hiciste porque yo te lo permití. Así que tengo parte de culpa.
- ¿me lo permitiste?
- Claro, siempre pude haber parado. Fue saliendo de mí. Tú sólo me ayudaste a motivarlo. Uno siempre tiene el control sobre sus acciones
- Me sorprende tu claridad de ideas, sobre todo cuando has echado tu vida a perder desde entonces
- Mi claridad de ideas implicó mucho dolor, pesadillas, taquicardias y necesitaba dormir o me volvería loca
- Tienes que dejarlo
- Ya no hay solución para mí, mi amor
- Siempre la hay
- Quizás yo no quiera que la haya
- Tienes que intentarlo
- ¿por qué?
- porque has dicho quererme
- hay muchas formas de amar y el amor no siempre es suficiente
- tiene que serlo
- yo – dijo con voz queda y con la mirada perdida - ya soy sólo un despojo humano y espero tranquilamente mi muerte.
- Me horroriza tu determinación
- Es lo que hay
- por favor, déjame ayudarte
- ¿por qué? ¿sólo para que no te sientas culpable?
- Si es una forma de motivarte, que sea por eso
- ¿sólo por eso?
- Ahora eres tú la que hace preguntas retóricas
- ¿si?
- ¿no dedujiste por qué tuve el accidente?
- Sí, quizás por eso fui durante un tiempo al hospital – dijo ella bajando la vista
- Ambos nos hemos hecho daño, ambos hemos destruido mucho de lo que fuimos, lo bueno y lo malo, pero podemos intentar reconstruir algunas cosas. Perdonarnos mutuamente y a nosotros mismos. Redescubrir ese amor que no sólo fue deseo o perversión, sino algo más. Ningún deseo haría que yo me dedicara en cuerpo y alma a seducirte, aunque fuera por venganza. Te quiero, pero estaba ciego por mi orgullo y ahora sólo puedo sentirme mal por todo lo que te he hecho. Pero se, que si ahora nos perdonamos, si empezamos de cero, podremos salir adelante, aunque seamos ruinas humanas, estaremos juntos y eso bastará. Lo demás llegará, o quizás no, pero nos tendremos el uno al otro
- ¿crees que con eso basta? - dijo ella mirándole con lágrimas en los ojos
- Hay que intentarlo, siempre hay que intentarlo. La vida se sostiene en eso. Aunque fracasemos, aunque uno de los dos muera, sólo por ese breve instante de tiempo, en que intentamos reconstruir nuestras vidas, nuestro amor...habrá valido la pena y habremos triunfado aunque sea brevemente.
- No se si quiero intentarlo ya. Sólo quiero un pico, para no pensar
- Deja que yo sea tu narcótico. Sálvame de mí mismo, ayúdame a ser mejor persona, a amarte, a comprenderte, a disfrutar más de la vida
- Creo que yo poco te puedo aportar ya. Estoy demacrada y he perdido todo mi atractivo
- ¿crees que eso me importa? Sólo quiero estar contigo. ¿es que no lo entiendes?
- Sí, pero no quiero creerlo, suena demasiado hermoso
- Por favor, perdóname, déjame amarte, ayudarte, simplemente estar a tu lado

Ella se quedó en silencio, mirando el suelo. Poco a poco, se fue acercando a él. Se abrazaron con ternura y se besaron lentamente. Aquella noche durmieron juntos y no volvieron a separarse jamás. Los años fueron pasando y ambos reconstruyeron sus vidas. Mil veces discutieron, se enfadaron, pero se conocían tan bien, se comprendían tan bien, que jamás dejaron de sonreírse, hasta el fin de sus días.