Inglaterra y Polonia

3-VIII-08 Me he pasado la mañana entera tocando el piano en pos de grabar las melodías y publicarlas. Era consciente de que si no lo hacía ahora, perdería ya el ritmo al volver. Aunque desgraciadamente, por diversas interrupciones no he podido grabarlo todo al final y encima no ha salido muy bien lo que sí. Nunca consigo grabar algo que haya llegado a tocar perfectamente, y el sólo hecho de hacerlo ya me pone tenso.
Mi esclavo Guillermo me ha llevado al aeropuerto. Con lo que le suele costar quedar es algo realmente bonito y destacable. Para no variar le he hablado del trabajo y de mi casi segura fallida entrevista con Praga. Una pena, porque tanto la ciudad como el proyecto me interesaban mucho.
Ahora estoy en el limbo Accenture, al haber negociado que me echen de proyecto tras muchas llamadas y alguna reprimenda. Tras mi breve encuentro con Guillermo, he facturado con Jesús y me ha llamado Raquel. Aunque nos despedimos el sábado, nos fuimos de compras el viernes y por la mañana me llamó para despedirme o acompañarme en caso de que fuera sólo, me ha querido llamar por última vez. Es una persona que siempre consigue animarme. No se cómo lo hace.
He sacado mi lado más amargado, sólo para que me consuele un poco contándole el fracaso de mis últimos viajes y cómo el viaje a Polonia lo tenía planeado de otra forma, con otra persona y cómo pensaba en todo ello ahora que habían cambiado tanto las cosas aunque no consiguiera olvidar.
Por un lado tenía enormes ganas y por otro… que pereza y sobre todo, que fastidio estar adaptándome y dependiendo. No poder ir a mi bola. No disfrutar de soledad y tranquilidad. Quizás ya en Polonia. Ahora toca adaptarse.
Despegamos desde la T1 con easyjet. Voy con un cantamañanas de Accenture llamado Jesús.
Se me ha indigestado mi última ración de comida basura en Madrid y lo he pasado fatal en el vuelo. Por poco termino, eso sí, el primer volumen de “Ana Karenina”. Lo empecé a leer al poco de volver de Alemania, tras terminar por cuarta vez “El Lobo Estepario”.
Aterrizamos, un amable tipo se acerca a preguntarnos que a dónde vamos para indicarnos el autobús. Llegamos a la residencia y conocemos a otro compi. No tardamos nada en irnos de fiesta.
Las inglesas, son feas y gordas. Incluso las que están buenísimas tienen algo que no me atrae. Quizás sus ojos son demasiado azules, quizás su tez muy pálida. No sabría decir, pues las polacas y las rusas me fascinaban.
Nos tomamos unas cuántas pintas. Cantamos “Yesterday” en un Karaoke (hay varios. Les encanta cantar). A Jesús le entra una gorda y este le sigue la corriente. La chica le pega un azote en el culo. Yo miro a otro sitio fingiendo que no les veo. Nos acercamos tímidamente a todos los grupos de tías buenas que vemos. Curiosamente se largan sin siquiera haber cruzado palabra.
Otras nos miran, nos saludan y cuando nos acercamos, se piran. Es de lo más curioso.
Entran tres tías. Dos guapas, una increíble. Lleva un vestido rosa ajustadísimo de falda ultra corta. Sus amigas se quedan a un lado, se pone en el centro de la pista dónde no hay nadie. Baila de la forma más sensual que he visto nunca, subiéndosele la falda todavía más. Tiene piernas larguísimas. Baila sola. Es un espectáculo. Sus amigas la miran. A los cinco minutos se van. No he entendido el mensaje. ¿si no le ofrezco cien libras nada más llegar se va a buscar a otro sitio?
Tras varios garitos nos vamos a casa. Nos encontramos españoles por todas partes. No duermo muy bien y he tenido un sueño raro, pero se me ha olvidado. Creo que tenía que ver con una casa blanca, llena de puertas, a lo largo de pasillos laberínticos. Esa pesadilla se repetirá a lo largo de mi viaje.

4-VIII-08  Me despierta Jesús para pedirme champú. Me cago en sus muertos aunque sólo faltaran unos minutos para que lo hiciera mi móvil. Nos vamos a la academia, Jesús, Marc y una francesa silenciosa que nos sirve de guía, llamada Isabel.
La recepción es de lo más simpática, con bastante humor por parte del director. Nos hacen las pruebas y termino en el nivel upper intermediate. Una pena que no sea advanced. Conozco a españoles de lo más majos. Cada vez veo más difícil hablar inglés con alguien. Bueno, al menos hablamos inglés en clase.
Llevo un solo día de vacaciones y todos los recuerdos que pensé que había dejado atrás, vuelven. Vuelve la canción de Radiohead, quizás por viajar, por asociar todo con una persona.
Hasta asociaba cada maldita taza de té sin azúcar que tomaba en Madrid. Da igual el tiempo que pase. No lo cura todo. Ahora pienso en que he retrasado un año visitar a mi familia por hacer caso de los caprichos de una persona. Y el viaje que ahora hago sólo y que planeamos hacer juntos. El haberla eliminado sin darle ninguna explicación.
De todos modos, llevo cuatro años dándole explicaciones para que luego se forme la idea que más le plazca, para así poder encasillarme en la teoría que se formó previamente. Pero aún así, me siento culpable.
He de sacarme por huevos el CCNA en Septiembre para tener una oportunidad de huir a otro país y dejar todo atrás. Es la única solución que veo, aunque no haga más que seguir sus pasos y buscar consciente o inconscientemente estar más cerca de ella.
Pronto iré a Polonia, dónde no hay tanta frialdad en los ojos de las mujeres. Dónde me espera la dulce Ania. De las pocas personas que no han tenido una momentánea fascinación conmigo para luego olvidarse. Nos vimos hace dos años, sólo dos días. Y fui feliz a su lado. Veremos esta vez.
Pero en el fondo se, que aunque me tire a mil inglesas o me enamore de alguna polaca, seguiré buscando a la otra y esperando una respuesta suya. Y es un sin vivir.
He ido con mi grupo de clase un rato por la ciudad. Ha sido agradable. Luego me he separado y tras hacer compras vegetarianas me he ido a la impresionante catedral del S XX de Liverpool, dónde, haciendo gala de mis costumbres, me he quedado bastante tiempo, esperando escribir mi diario. Pero me he dejado el boli para mi fastidio y he de dejar mi querida catedral para dirigirme a la residencia que se encuentra bastante muerta.
Supuestamente Marc y Chus habían quedado en “The Cavern” (la réplica del tugurio donde empezaron los Beattles) con alguien. Pero pasaron por un casino y se liaron. Estuve un rato con ellos pululando entre cientos de chinos enganchados al juego y haciendo grandes apuestas.
Me piro a la resi y les dejo jugando. Luego me enteré que Marc había perdido 10 libras y Jesús ganó 4.
Camino de noche por Liverpool. No me quito de la cabeza esa puta canción de Radiohead para gafapastas depresivos.

5-VIII-08  Martes. Toca doble ración de clase. Ya conozco a mi nueva profesosa, Gemma, que había sido sustituida ayer por un tío simpático. Entre clase y clase solo consigo hablar con Hubert y mirar algún correo. Sin noticias de Praga ni de Amsterdam.
He hecho buenas migas con mis compis de clase (a veces, hasta puedo parecer simpático) y me han dicho de quedar. No he prometido nada, por si Jesús y Marc tienen algo más interesante y sin tanto español. Posiblemente sean un montón de tías (el grupo de españoles que me ha invitado), pero no quiero pensar únicamente en eso (lo cual no deja de ser curioso).
La clase de 1 a 16, con otra gente y otro profesor. También casi todo españoles o de Arabia Saudí.
Al salir, me pillo raviolis y me voy a la residencia. Mientras como, hablo un buen rato con Isabel, la francesa, sobre política, historia o dónde comprar una maldita manta para no seguir helándome.
Llega Marc con un Suizo que vi el primer día y una francesita que se pretende tirar. Tiene 16 o 17 años. Se ríen mucho. El suizo prefiere hablar español por lo que hablo más con la francesita. Marc siente celos y se pone a contarle pequeñas trolas sobre mí. La tarde pasa volando y soy feliz de poder hablar un poco de inglés aunque no sea con nativos. Ambos tocan el piano. La francesita sabe algo de ruso. Por poco me enamoro.
Me piro a la “Coach Station” a ver los horarios a Londres. La broma de ver a mis conocidos de infancia me saldrá por unos 37€. Veremos sin me llaman.
Vuelvo y salgo pitando a quedar con los compis de clase, con la esperanza de que se traigan guiris (claro, que ahora los guiris somos nosotros). Resulta que es un grupo de un montón de tías de Madrid, Canarias, Extremadura. Está también la tía, a la que plantó Marc para irse al casino, con su hermosa, pero apática hermana.
Nos vamos a unos billares cercanos. La pinta es más cara que en otros sitios. 2.5 libras.
Conozco a un italiano que resulta ser compi nuestro de la residencia (se llama Giacomo). Me cae bien y hablo todo lo que puedo con él sobre su hermosa tierra y su vida.
En los billares, la conversación pasa de temas laborales a literarios. La chica de Extremadura empieza a contarnos que quiere ser escritora y como no para de hablar de sí misma, le preguntamos un poco si conoce a algunos escritores representativos. No ha leído a ninguno. Apenas conoce a los clásicos. No puedo evitar reírme en su cara.
Cuando se larga a fumar un cigarro, intento derivar la conversación a temas más mundanos como borracheras. Me harta hablar de literatura, sobre todo si alguien sólo lee cosas actuales. Poco antes, cuando Jesús habló de Sartre por enésima vez, huí a por otra pinta.  Al final casi todos se van y nos dirigimos al casino con el italiano.
Unas inglesas nos saludan desde su ventana e intentan hablar con nosotros. Yo encantado de conocer a nativos. Jesús se pone tozudo en ir al casino, porque sólo son gordas y no tienen cerveza. Yo le pido que piense a medio plazo. Además…¡quiero hablar inglés!
Estamos un rato en el casino. Le explico al italiano las bases de la ruleta. Luego intentamos empaparnos con el black jack pero no nos enteramos bien. Dejamos a Marc y Jesús y nos vamos a la resi, discutiendo sobre coches, el sentido de estar en Liverpool y la sensación que produce ahora que ya no somos estudiantes. Radiohead sigue presente. Una canción que me juré no volver a escuchar, unas fotos que traté de olvidar.
Será la ciudad con su lluvia y sus avenidas, será el gris del cielo. Será por seguir sus pasos. He conocido a tantas y tan fantásticas y no les he hecho el suficiente caso sólo por girar en torno a ella.
Me acuesto. Estos huevones llegan haciendo ruido y me despiertan para pedirme una chorrada. Vuelven más tarde casi gritando, sin pensar que la gente se ha acostado hace horas.

6-VIII-08  Me levanto como puedo, habiendo pasado frío y dormido mal. O me pillo una manta o duermo vestido. También he de mejorar mi almohada (que es un cubre almohadas relleno de ropa usada). Voy a clase. Nos piden escribir una carta de protesta a alguna compañía. Se me ocurre escribir una carta a Walt Disney por el trato recibido en su hotel  ya que no hablaban español y Mickey Mouse el pato Donald no fueron educados conmigo. Comienzo un alegato sobre pagar mejor a los trabajadores y tratarles con más respeto, para que den un mejor servicio. Además del contraste existente entre los mundos que reflejan sus películas y la realidad a la someten a sus trabajadores.
La profesora se ríe, pero al instante me pregunta si no me gusta escribir estas cosas. Me quedo un poco cortado. Desde crío, siempre me gustó meter alguna nota graciosa en todo lo que escribía en clase.
Aún recuerdo como hace dos años, en inglés, con mi peor depresión, yo era el gracioso. Incluso la profesora me pedía que hablara o soltara alguna reflexión si ese día había decidido callarme. La única vez que recuerdo que me negué a hablar, es porque me pidió que disertara sobre la amistad. Y alguna compañera me halagaba, diciendo que estaba tan de acuerdo con lo que yo decía, que no tenía mucho más que añadir. Y otro compi fue a contar a un conocido común que yo era un rojo a lo que Peyón me vino ilusionado pensando que yo no era tan facha como pensaba (dichosos espías, me lo fastidian todo).
Tras la salida a ver la ciudad con la clase, me piro a la galería de arte adyacente a la estación de tren. Es pequeña y gratuita. Me ha gustado. Hay un par de cuadros de Napoleón. Uno cuando se retira de Rusia y otro cuando le van a pencar en Waterloo. Significativo.
He hecho fotos de muchos más cuadros que me han gustado. No han salido muy bien por la luz (y la falta de trípode, y mi incompetencia para hacer fotos…). Uno me ha llamado la atención. Es una referencia al Fausto de Goethe pero situada en España. Dos Guardias Civiles acompañan a una mujer arrestada por haber matado a su hijo concebido fuera del matrimonio, en un acto de locura.
Luego me he ido a casa, he tomado raviolis de espinacas y he ido a por Jesús para visitar Albert´s Dock. No me he mirado su historia, pero es un puerto muy singular con altos edificios. Hemos ido con el suizo (al que Marc y Jesús llaman “pipa”) y con la francesita (Charlotte).
El día anterior que estuvimos charlando con ellos, Marc preguntó que por qué eran tan famosos los relojes suizos y le respondí que porque los suizos todo lo hacen bien. A lo que Marc contestó…¿todo bien? ¡Mírale a él! Refiriéndose al chico suizo. Gracias a Dios, aunque habla español, no se entera demasiado.
Nos colamos en el museo de los Beattles. No es excesivamente fascinante, pero quizás porque no teníamos los audífonos (o como se llamen) esos. Salimos y se ponen a compartir canciones con el móvil. El suizo vuelve a mostrarnos su rap en el móvil. Marc, a pincho con la francesita. Yo, como soy un rallado, le pregunto que si le gusta Radiohead. Me ha dicho que sí. Pero no me he atrevido a querer pasársela por blue tooth. De todos modos, me estaba riendo de mí mismo y ya me parecía muy repetitivo lo de mandar musiquitas.
Nos despedimos de ellos y nos vamos a la residencia bajo una fuerte lluvia. Luego nos bajamos al sitio de siempre a quedar con los españoles y se vienen Isabel y Giacomo.
Nos tomamos una  pinta en el sitio que me recomendó Hueso, “The flute” y nos despedimos. Me voy con Chus, Marc y Giacomo a la discoteca del pibón de rosa de la primera noche. Un poco aburrido todo por lo que nos salimos. Vemos dos inglesas solas y las entro con un “soy español, ¿podemos hablar?” Aunque recelosas, nos conceden su tiempo hasta que lleguen sus novios.
Estoy muerto de sueño y me piro. Duermo como un bebé. Más tarde me entero de que usaron mi frase el resto de la noche para entrar a varios grupos.

7-VIII-08  Hoy ración doble de clases. El chico pijo de Arabia Saudí nos ha contado que antes tenía un caballo y que su casa está construida a la española. Ha insistido en que salgamos de fiesta. No me siento muy tentado, influido por mis prejuicios. Aunque es encantador. Al terminar, me he ido de compras a un super que me ha recomendado Marc. Hay una tienda con todo congelados dónde he comprado una bolsa de hamburguesas, galletas y bebida.
En casa, lo he preparado en el horno añadiendo una lata de ensalada. Luego he ido a la estación a comprar billetes en un pequeño paseo. Al volver, estaban Jesús y Giacomo. Con Juanjo el arquitecto, no ha podido ser al final lo de quedar con él y su amiga. Me quedo hablando con estos dos de música, de cine y de literatura italianas.
Tras la amigable charla salimos a “The cavern”. Hoy tocan imitadores de los Beattles. Estamos allí un buen rato. Viene Isabel algo más tarde comentándonos que en otro bar llamado “Cavern” había cantantes mucho mejores. No duró mucho y se fue. Los españoles éramos los únicos que bailábamos, saltábamos, gritábamos pidiendo canciones. Los demás estaban estáticos. Incluso uno de los encargados nos grababa en vídeo.
Marc llega mucho más tarde presumiendo de que se ha liado con la francesita. Luego cuando suena “yellow submarine” Mario se pone a hacer una conga, se le une un montón de gente y de repente un inglés le tira una cerveza en la camiseta, Marc se pone en medio, el inglés amaga con darle un puñetazo. Todo porque al pasar la conga le habían derramado algo de cerveza. Una de las españolas habla con el inglés para apaciguar las cosas. Luego él y su amigo se quedan mirándonos y hablando, se van a la barra, sin quitarnos el ojo de encima. Yo, pasado un rato, decido irme con Giacomo pues ya estoy cansado.
Salgo a la calle y un tirado con su guitarra me grita algo. No le hacemos ni caso, porque no le entendemos. Entonces se pone a gritar más y a tirarnos cosas (monedas creo). Ya por fin entiendo que me está preguntando por la jodida hora (cito textualmente). Me doy la vuelta, me acerco a él, saco el móvil, se la digo y me largo. Sigue soltando alguna cosa, pero ya no nos tira nada más.
Esta gente está loca. En una sola noche he estado a punto de darme de hostias dos veces.
Llego a mi casa con ganas de haber abierto un par de cabezas, teniendo remordimientos el resto de mi vida, o haber terminado en un hospital.
Mi clase de esa tarde fue genial. Nos preguntaban si nos gustaban los reality shows y yo dije que bastante tenía con mi vida, las personas y situaciones que me acontecen. Todos rieron. Luego escribimos una redacción sobre los famosos y otra en la que tuviéramos una nueva vida. A mi me tocó ser una chica guapa y con pelas. Hablé de mi fantástica y promiscua vida y el profe al leerla me pidió que la leyera para toda la clase. Así que hubo más risas.

8-VIII-08  Me cuesta un huevo levantarme y parto a clase. Me siento con Juanjo y más gente. Nos partimos de la risa. Incluso consigo varias veces que la profesora se ría. Todo por jugar con prefijos y combinaciones de ellos. También me habla de un restaurante ruso y Juanjo dice querer ir, aunque con tías, porque sino se sentiría violento. Yo le miro con ojitos.
Me piro a casa a comer y luego me reúno con María (de Deloitte), Mario y demás para ver el World Museum.  Hay una exposición sobre el holocausto que sólo habla de judíos por supuesto.
Hago cábalas para salir esta noche y luego coger de empalmada el autobús a Londres para ver a Hubert y Ania. Va a ser un encuentro curioso tras estos años en que nuestras vidas han cambiado tanto.
Por alguna extraña razón prácticamente nadie quiere salir esta noche. Casi todos van al partido del Liverpool. Nos reunimos con los árabes y unos cuántos franceses y vamos a la discoteca de la chica de rosa. Aparece la francesita, deseosa de estar con Marc. Me cuenta que a su novio le molesta que salga. Empiezo a entender por qué. Los ingleses le quitan la gorra a Ahmed (el chico de Arabia Saudí que tuvo un caballo) y se ponen a tirarla por ahí. Tercera vez que podemos tener problemas. Menuda ciudad. Marc desaparece con la francesita (con la que decía no querer ya nada, puesto que estaba interesado en otra). Salgo con Jesús y Luis a un par de garitos y veo a Jesús entrar a la mujer más fea de la historia. Creo que se da cuenta de que laintenta vacilar y no le hace ni caso. Pero al menos nos reímos con la ridícula situación.
Yo únicamente intento hablar con una belleza que está con una amiga. Con el ruido y el dialecto, creo entender que su novio está cerca. Aunque se amiga se larga para dejarnos solos.
En otro bar, Jesús entra a una tía mayor. No podemos parar de reírnos y más tarde a una tía que está bien y con la que entabla una amigable conversación. Yo me aburro y le digo que me voy. Me pide cinco minutos. Como siempre me hace lo mismo, me piro sin siquiera contestar o despedirme. En la vuelta pillo un kebap, servido por un amable árabe. Creo que le agrada que yo no sea como los otros borrachos que le amargaban mientras estaba esperando.

9-VIII-08  Por la cerveza, o el sueño o lo que sea, pongo mal el despertador. La paranoia hace que me despierte justo a tiempo, compruebe el móvil y lo ponga bien, aunque quede sólo un rato.
Mientras estoy en pelotas, meditando cuando atacar la ducha, Marc me pega un susto porque estaban él y Jesús espiándome a través del cristal. Camino hacia “Coach Station” preguntándome cómo habrán cambiado Hubert y Ania tras estos años.
Tras un viaje en el que no consigo dormir casi nada, llego a Londres. Me recibe una Ania, que ahora es rubia y un Hubert con barba. También vienen otros dos amigos suyos de lo más majos. Tomamos unas cerves. Ania, cómo desde que somos críos habla mucho, rápido, pero esta vez parodia su vida de forma salvaje, con una sinceridad que me deja preocupado. Aunque yo mismo tienda a hablar así de las cosas. Aún recuerdo cuando me cogieron en Accenture y brindé ante todos, con lágrimas en los ojos, por ser un trozo de carne.
El encuentro dura poco y no puedo hablar apenas con ella porque no estamos a solas y no me atrevo a decir lo que pienso, delante de más gente. Llevamos años sin vernos, pero en varias ocasiones me dice que la visite en el aeropuerto intentando hacer escala por allí. 
También comenta de ir a Madrid, se disculpa por no haberme contestado a tiempo. Ambos siguen siendo las correctísimas personas que conozco desde crío. Mi total apatía ante muchas cosas y mis descuidos siempre me han hecho sentir un poco, que no estaba a su altura.
Me despido de ella, pues ya no la veré más. Trabaja sábado y domingo. Así, como si tal cosa me cuenta que el inútil de su marido está en casa por baja y que antes sólo ganaba en torno a seiscientas libras al mes. Vamos, que le mantiene. Todo de manual y me jode un montón que sea así.
Nos vamos a casa de Hubert. Vive con más polacos. Me montan una barbacoa con salchichas polacas y cerveza polaca. En la zona, hay un montón de tiendas. Incluso los árabes venden y compran productos polacos.
Un rato antes conseguí emocionar a una de sus amigas, contándole que entendí mucho de mí mismo y de mis orígenes eslavos, al leer el final de “Crimen y castigo”.
Tras una agradable charla con Hubert en la cocina, acerca de sus planes de futuro, de lo mejor pensados, nos vamos a la cama. Habiendo dormido tres horas, se me cerraban los ojos mientras hablábamos.
Me cede su cama para dormir él en el suelo. No acepta mi protesta. Duermo mejor que nunca con una almohada real y una manta real, en una habitación con tres personas más. Como en los viejos tiempos.

10-VIII-08  Como en esencia he ido a verles y más o menos ya vi en su día lo importante, no le pido ver nada. Lo de hacer un viaje sólo para ver a alguien, me trae constantemente demasiados recuerdos. Como el nombre del hotel que me encuentro cada día al ir a la academia.
Andamos mucho, por parques, por su famoso mercado y luego más parques. Me dice que le relaja. Es lógico. Siempre vivió rodeado de bosques y lagos maravillosos. Hablamos mucho de su trabajo y está claro que le encanta. Le envidio mucho.
Hay muchos silencios, creo que quiero que hablemos de su hermana, pero no me parece educado meter las narices. Ellos, como mi familia, no hablan de la vida de los demás por puro respeto o educación. Pero no se, quiero que ella venga a Madrid como dijo que haría y que él la convenza. Creo que lo necesita. Me pregunto si no lo necesito yo.
Es de las pocas mujeres que raja sin parar sin conseguir cansarme. Quizás la única.
Los amigos de Hubert vienen al parque a estar con nosotros. Por lo visto, suele costarle a Hubert moverles. No se si lo hacen por reglas de hospitalidad, pero vienen. Aunque luego estamos demasiado callados y a mí me cuesta mazo sacar tema. Les pongo la canción de Radiohead de mi móvil, ya que estábamos todos sacando canciones.
Nos despedimos. Por apurar tiempo y problemas con el metro, pierdo el autobús.
Una amabilísima negra nos cobra sólo cinco libras extra como si fuera un cambio de reserva aunque la norma sea pagar  el billete de nuevo. Hubert se ha estresado mucho con la situación. Yo le digo que no pasa nada, aunque intuía que no llegaríamos, pues soy muy exagerado con los márgenes de llegada. Hemos corrido bajo la lluvia. Espero no enfermar.
Un rato antes me llamó Ania. Se puso a contarme cualquier cosa, como que no había dormido. Yo apenas hablaba. Creo que hasta me temblaba un poco la voz. Entendí que ella tenía que cortar y me despedí. Pareció que ella había sido interrumpida. Hablamos de mantener más el contacto, de vernos y escribirnos.
De mí, creo que ya no depende. Colgué un poco turbado. No hemos hablado en casi cuatro años. Y quizás no volvamos a hablar más.
Me despido de Hubert, con un abrazo. Con Ania lo hice el día anterior, siempre con besos, a pesar de que ella siempre me da la mano.
Esta vez sí que me quedo frito en el autobús y llego a Liverpool a las 3 de la mañana, caminando en la fría noche hasta la residencia.

11-VIII-08  Mi primera clase en el grupo avanzado. También se han cambiado Josephine y Juanjo. La profesora le da dinamismo a la clase y también hay un sevillano  con la clara idea de aprender, por lo que habla siempre en inglés, incluso fuera de clase.
Hay muchos debates y eso me encanta. Me piro a hacer la colada y zampar. Tiendo la ropa por todo el cuarto como buen costras. Luego voy donde quedamos para hacer algo. Deciden irse a hacer la colada. Engaño a Marc y Giacomo para ir a ver un trozo del puerto.
Vemos el ayuntamiento y algo más. En la vuelta, Marc se acerca a dos inglesas (que parecen menores) y las convence para que se vengan a la residencia. 
Se zampan la cena que me preparé y se ponen tibias a cerveza y cócktels que fabrican.
Marc va a pincho con una. Curiosamente necesita mi aprobación y me pregunta que qué me parece. Le digo que Charlotte le da mil vueltas. Ve que Jesús baila con una y se empieza a quejar, como hizo conmigo cuando hablaba con Charlotte. Jesús la deja, Marc se lanza, la magrea y le die que es la chica más guapa que ha conocido en Liverpool (luego, riéndose, me comenta que se lo ha dicho a todas). Yo me meo al oírle pero intento no fastidiar. Jesús parece rallado. Una de ellas juega a filósofa y empieza a sermonearle.
Jesús intenta parodiar todo, pero se pone demasiado filosófico. Yo la cago traduciendo y les suelto algo que quizás pensaba yo y no lo que dijo Jesús, diciéndoles que se vayan. Al fin y al cabo es de mal gusto enrollarse delante de gente que está hablando. Una se ofende, la otra no se entera. Jesús intenta explicarse. Yo las acompaño e intento darles una explicación. Jesús viene detrás a volver a intentarlo. A él le ha afectado. A mi curiosamente no y puedo tener mucha culpa. Me debo estar insensibilizando.
Me piro de fiesta con la demás gente y al rato vienen Jesús, Marc y Luis. Vamos a un garito guay de la muerte y viene también Isabelle. Hay un concurso que luego me dijo Hueso que se llamaba “la más puta de todas”. Consiste en que algún voluntario se desnude y haga todo tipo de cosas ridículas para que le regalen una cerveza o una camiseta. Me aburro al rato y me largo sin despedirme de los que quedan. Al salir, me encuentro a Charlotte, sola en la calle. Posiblemente siga mandándole mensajes a Marc (que poco antes me pidió consejo acerca de qué hacer con ella, pues estaba harto de tanto acoso) y la veo jodida. Llevo días diciendo y diciéndome que me parece estúpida si ha caído con alguien tan evidente, pero algo me jode verla así.
Me pregunta que por qué me voy y le intento explicar mis pajas mentales acerca de lo harto que estoy de exhibicionismos, apariencias y obsesión por gustar. Hablamos de sexualidad, amor, dolor. Quiere darse un paseo conmigo. La llevo al puerto y nos quedamos sentados.
Hablamos de nuestras respectivas vidas. Como suponía, es una persona que sufre mucho. Intento darle mis consejos triviales que tan poco parecieron ayudar a la persona por la que lo hubiera dejado todo… meses atrás.
Pero es agradable. Es una conversación racional. Yo le hago escuchar la canción de Radiohead y ella me envía otra que me sorprende agradablemente. Parecemos encontrar mutuo consuelo.
Nos volvemos al centro. Yo le intento buscar un taxi. Parece entenderme mal, porque me dice que si no encontramos taxi se viene conmigo a la residencia sin problemas (o eso creo entender). Me quedo confuso pero hago que nos dirijamos a dónde se que hay taxis. Ella parece dudar en cogerlo, pero al final se va. Me ha hecho feliz hablar con ella. Me hubiera despreciado a mí mismo si me la hubiera tirado.

12-VIII-08  Doble ración de clase. Nuevas incorporaciones a ambos turnos. Me piro a la resi y vuelven las inglesas. Jesús aparece pero apenas habla. Todos parecen agradecérselo. Yo hablo bastante con ellas y otra vez empieza el magreo. Marc me pide que me quede hasta que vuelva Luis. Le explico que sencillamente no empiece con una hasta que no llegue el otro. Él no había caído en esa idea. Me piro con la gente. Vienen las nuevas incorporaciones. Tres chicas bien majas. Me siento a hablar con ellas y lo paso genial.
Estoy realmente risueño, provocador y no parecen enfadarse. Me vicio a decir tonterías. Juanjo se viene un par de veces, intrigado por las risas. Me fascino con una. Me sigue las gracias, las hace a su vez. Me siento genial, coqueteo en broma o en serio.
Soy feliz al ver que puedo hacer reír tanto a alguien, en contraste con la última vez que lo intenté y sólo obtuve bostezos.
Lo más gracioso está por llegar. Las chicas ven a un chico sólo. Piensan que es uno de los franceses, que se ha puesto ahí porque todos hablábamos español. Me piden que le traiga. Resulta que no es de los nuestros, es un inglés.
Se queda maravillado de nuestro gesto. Tiene buen acento y se le entiende mejor. Me dedico a presentarle a todo el mundo. Me cuenta que es economista y curra en Londres. Sólo ha venido un día para trabajar. Le comento mi intención de trabajar en Inglaterra y se ofrece a buscarme trabajo. Hablamos, como no, de mujeres. Un tío encantador. A todo el mundo le dije que me había enamorado.
Me largo sólo a casa parando en un kebap al que ya había entrado otro día. Estoy tan contento que me pongo a hablar con el vendedor. Resulta que es Sirio y le comento que tuve un amigo que lo era también. Me pregunto a mí mismo, mientras camino zampándome el kebap, por qué no seré siempre así.

13-VIII-08  Camino hacia la academia de lo más feliz. Sonriendo, riéndome yo sólo. Empiezo a pensar que me he enamorado. Será el lado tierno, la inocencia, será con cuánto interés escuchaba lo que decía.
Empieza la clase. Hay debate sobre la lucha de sexos. No puedo parar de hacer bromas. Incluso Mario usa mis frases para argumentar, intentando que sea yo el que parece opinar así. Todos creen que estoy fumado, porque no paro de reír, ni de hacer reír. ¿pueden las mujeres inspirar tanto? Algunas sí.
Una vez, hasta improvisé versos para una en el Messenger (y no leo nada de poesía). Pero está claro que no valora nada.
Salgo de clase y mi piro a comer. He quedado con Josephine para ir al museo marítimo. A la vuelta me topo con Náyade, Edurne y Sonia. Y las acompaño al museo, aunque haya quedado con Josephine más bien.
Resulta que Josephine, es una apasionada del cine, por lo que nos ponemos a hablar de pelis y recorremos todo el museo sin enterarnos de casi nada. Es una chica increíblemente risueña. Le gasto bromas sin parar y pica siempre, asumiéndolo con una tierna sonrisa.
Me quedo con ella, mientras la demás gente va a su ritmo. Me encuentro con Isabelle, que nos acompaña el resto del camino.
Al subir, me encuentro a María, Mario & co. Caminamos un rato juntos y nos separamos. Josephine me lleva a una especie de cine, que tiene exposiciones y una sala de relajación.
Me tumbo con ella en una alfombra de distintos volúmenes, mientras suena una música y diversas imágenes se suceden en una pantalla en el techo.
Nos echan de allí y me voy con Isabelle (que ha venido más tarde y nos ha fotografiado tumbados) a la resi. Josephine se queda a ver una película. Me preparo una especie de cena en la residencia y me quedo a hablar con Isabelle. Preferiría estar con el diario por miedo a olvidarlo todo, pero no quiero ser maleducado y además, así practico inglés.
Contacto con María para otra noche de cañas y me largo. Algo más tarde viene Jesús. Nos vamos a los billares. Juego de culo pero gano una vez y pierdo otra. Charlotte me ve y viene casi pegando saltos y sonriendo. Me toma un par de fotos.
La convenzo para que juegue al billar, pero sólo se atreve un par de tiros y lo deja. Aparece Marc, ve que la rondan los franceses y se acerca a ella para volver a “marcar el territorio”. Yo me largo pronto. Charlotte me insiste para que me quede (no entiendo para qué, si está hablando con Marc, temblando y sin importarle que este la vuelva a usar a pesar de que está obsesionada con él). Le digo que me piro, casi de forma brusca. Me da pena, por mucho que piense que ella se lo busca.
Estoy en la resi, hasta la una escribiendo y caigo de sueño. Me ha jodido que no vinieran hoy las tres nuevas.

14-VIII-08   Doble ración de clase. Más lucha de sexos. Josephine es mi enconada rival. Concluye que considero que las mujeres sólo le quitan la libertad al hombre. Casi me hace sentir mal. Con las españolas no parece haber conflicto. Son más críticas que yo. Álvaro, joven y tierno, es el que las suelta mejores sin tonterías de lo políticamente correcto.
En el segundo turno, me siento con mi adorada Sonia y con una suiza muy maja (llamada Vera). Hablamos bastante inglés hasta que llega Ahmed quien consigue ahora desagradarme un poco. Quizás porque me dijo que le gustaba Marbella por los “conejitos calientes” (o eso le entendí) o porque su amigo iba a pincho con Charlotte, que le dijo que estaba con Marc y él le decía que no pasaba nada, porque no se enteraría. Puede que sean sólo mis prejuicios.
Ayer Marc me preguntó si sería de mala persona tirarse a Charlotte otra vez y le dije que lo fue para mí desde que le conocí. También me interrogó sobre lo que hablamos Charlotte y yo y le dije que no hablamos de él.
Le comenté que había dos tipos de tías (lo primero que se me ocurrió). Las que follan por gusto y las que lo hacen porque son inseguras. Y encima me preguntó que cuál de ellas era Charlotte.
Tras la segunda sesión dónde nos tocó escribir un currículum (mira tú por dónde), luego me piro a la resi, dónde Marc me intenta abrir su corazón, mientras a mi me da la risa y Charlotte no para de llamarle para volver a entregarse a pesar de que Marc empieza a sentirse culpable (o a cogerle asco) y a rechazarla, aunque siempre jugando y se haya liado con varias en las narices de ella.
Salgo hacia el karaoke con Giacomo. Está todo el mundo. Canto con Mario  “girl you will be a woman soon”. Luego cantamos todos juntos una de Aerosmith. He comentado de cantar la de Radiohead con Mario, pero al final no me animo. Un árabe vestido de gala y con ganas de llamar la atención no para de incordiar mientras cantamos. Descubro a más españolas liándose con árabes (teniendo novio, si no me equivoco, en el país).
Me encuentro con Charlotte, que ha venido deslumbrante. Un español la sedujo esa noche y Marc por poco se dio con él. Luego, más tarde se encontró a dos lesbianas dándose el palo (que anteriormente se habían liado con Jesús y Giacomo) y Marc, delate de Charlotte, dijo que era su fantasía y se lanzó a comerles los morros a las dos a la vez. Y luego, por supuesto, se volvió a tirar a Charlotte, de la que decía, que era una loca, porque no paraba de llamarle y temblaba cuando él estaba cerca. Le expliqué que eso era amor y no quiso creerme.
Seguimos cantando todos juntos “macho men” y fue un espectáculo ver a treinta españoles saltando en el local (luego se dedicaron a hacerlo con todas las que pasaban por la calle). Me termino aburriendo. Quizás me deprime a las tías con chulo putas (árabes o no), traicionando muchas cosas.
Supongo que la gente intenta ser feliz.

15-VIII-08 Mi última clase. Continúan las discusiones sobre la lucha de sexos, pero esta vez nos toca entrevistar a gente con preguntas acordadas anteriormente. Lo más chocante es entrevistar a un árabe, que parece estar a favor de la discriminación positiva, dando a las mujeres un 30% de representación en el parlamente, pero eso sí, que jamás sean ministras. Y por supuesto, las tareas de la casa, todas para las mujeres. Me largo con los huevos hinchados a otra clase.
La panameña me deja a cuadros afirmando que hombres y mujeres de todas las capas sociales gozan de igualdad en su país y está en contra de la discriminación positiva. Tampoco acepta mi palabra al decirle yo que el número de infartos ha aumentado desde que la mujer se incorporó al mundo laboral. Me dice que los hombres mueren antes porque se estresan y no exteriorizan sus emociones (y lo cachondo es que hizo un par de años de medicina). Curiosas teorías. Pero un poco cerriles a mi entender.
Me largo a Chester con Sonia, Edurne, Náyade, Vera, un francés, un catalán, una chica de Cádiz y Josephine. La ciudad es preciosa y me lo paso genial. Casi me saturo de tanto reír y tanto vacilarlas. Consigo cansarme de mí mismo. En la vuelta, un joven inglés entabla conmigo una interesante conversación acerca de filosofía, historia, los problemas de encontrar empleo por culpa de la inmigración y su admiración en algunos aspectos de Hitler.
Me despido de él y de mi agradable grupito. Acordamos quedar el sábado para despedirnos.
Hueso contacta conmigo para que vaya a casa de su polaca. Conozco a un grupo variopinto. Una inglesa que hace un máster en diseño de videojuegos, un árabe liado con una inglesa y un portugués. Salimos a tomar algo. Hueso me lleva a sus sitios favoritos y paga casi todo. Lo paso bien aunque me emborracho rápido. El árabe nunca baila y no le gusta la música. Su inglesa baila sin parar. Menudo cuadro. Veremos lo que ocurre si se casan. Cuando veo que todos han desaparecido, me largo sin pensarlo. Estoy cansado. Visito a mi Sirio a tomar un Kebap.

16-VIII-08  Me levanto tarde, decidiendo no ir a Manchester con estas chicas. Es la primera vez que duermo hasta hartarme desde que llegué. Salgo por segunda vez a correr por los suburbios de Liverpool , con largas hileras de casas abandonadas. Me choca ver iglesias convertidas en domicilios particulares o tiendas.
Al terminar, salgo hacia la tienda de congelados que está al otro lado de Liverpool. Al volver me topo con Juanjo que lamenta no haberme visto el viernes para despedirnos. Le comento de vernos esta noche. No caigo en pedirle el teléfono de Josephine que me dijo de vernos hoy para despedirnos.
Jesús come conmigo. Vuelve a pellizcarse los pezones como hizo la noche anterior sólo para darme arcadas. Se larga a ver el partido. Yo me quedo ordenando las cosas y escribiendo. Luego me voy con ellos. Estamos en un inmenso bar con muchas pantallas.
Torres marca un gol poco antes de terminar el partido. Un inglés me abraza al saber que soy español. Vamos al punto de encuentro, llueve a cántaros y tras dar muchas vuelvas terminamos en “The flute” en Hardman St. Somos pocos. Lamento no poder despedirme de todos.
Me he puesto una de las camisas que compré con Elena para estar elegante el último día. El encuentro es breve. Sonia, Edurne y Náyade aparecen en el último momento. La verdad es que es un detalle que me llega a emocionar.
Todo son besos y abrazos en la despedida. Como me pasó en el Camino de Santiago cuando di mi correo a diversas personas (ni me tomé la molestia en apuntarme el de los demás, sabiendo como son estas cosas). Me pregunto con cuántos mantendré el contacto.

17-VIII-08  Domingo. Me acosté algo triste, casi sin ganas de irme. Es raro. Siempre me canso pronto de todo. Debe ser que me he enamorado.
Pero echo de menos a mi familia. Llevo años sin verles. Lo más raro, será vivir con Ania un par de días.
El propio Giacomo estaba como deprimido ayer. Decido irme a la catedral a relajarme un poco. Ya tengo morriña religiosa.
Asisto a una misa anglicana. Al ver que estaban de culto quise irme, pero un amable y altísimo señor con un medallón sostenido con una cinta roja, me invitó a pasar. Le dije que únicamente quería sentarme, así que asistí al rito.
Muy parecido al católico. Incluso en sus plegarias pone que son católicos. Tengo que informarme. Vuelvo a la resi a tomar mi última ración de comida basura. Estoy con Giacomo. También escribe. Ha venido a Liverpool por diversos motivos existenciales. Supongo que el principal, para aclararse con una mujer que no sabe lo que quiere y que con sus indecisiones le está destrozando.
Me comenta lo mucho que echa ya de menos a su familia y lo que le gustaría ver a sus sobrinos recién nacidos. Como buen italiano, adora a su familia. Le voy a echar de menos.
Nos abrazamos y deseamos lo mejor. Parto hacia el aeropuerto donde me fundo un buen trozo de Ana Karenina.
El avión se retrasa. Ania se asusta y recibo alguna llamada. Me recibe en el aeropuerto con un abrazo. No ha cambiado nada.
Se han pegado una paliza de cien kilómetros para venir a recogerme. Cenamos pasadas las doce de la noche, en su casa de Bielsko-Biala.

18-VIII-08  Duermo como un bebé, pero tengo extrañas pesadillas paranoicas (por supuesto no recuerdo cuáles, pero sí percibo la sensación). Me despierto temprano por el Sol que inunda la habitación. Me da tiempo a enviar la lista de contactos de Liverpool que todo el mundo me pidió. Sin noticias de Hubert y Ania. Supongo que mi visita nada ha cambiado.
Desayuno con la encantadora Ania. Está constantemente riéndose y sonriendo. Me pierdo en sus ojos, en su cabello rizado, en la forma tan deliciosa que tiene de reírse.
Salimos por su ciudad. Cada vez que llegamos a un sitio, me lee un fragmento de la guía que se ha imprimido. Descubro lo devota que es al ver como reza en la mayor parte de los lugares sagrados a los que vamos.
Yo me quedo al margen, a pesar de que recé alguna vez en su día y hasta me santigüé ante el altar para sorpresa de Luis. Parece que he vuelto al descreimiento de siempre o sólo creo cuando nadie me mira;)
Hablamos mucho, en especial sobre temas psicológicos y religiosos. Cuando la conocí hace dos años, era más bien budista. Pero ahora siente fascinación por el antiguo papa y ha leído bastantes de sus libros.
No puedo evitar opinar sobre que la iglesia me parece perjudicial en un amplio sentido, por sus dogmas imposibles de seguir, por cómo hacen que las personas se repriman en sus necesidades más básicas. Parecemos vivir en mundos opuestos. Decido que me voy pasado mañana.
Noto, de repente, que no tiene sentido que esté aquí. Ni siquiera se bien por qué vine. Cuando la conocí, me pareció una mujer deliciosa, llena de vida y bondad. Lo es. Pero demasiado para mí. Es una persona a la que adorar. Una persona que vive una realidad distinta a la mía.
Yo me rodeo de gente, con picardía, algo de crueldad, cinismo, un toque de hipocresía, mordacidad, descreimiento, escepticismo y al mismo tiempo, buena gente.
Cuando se me trata tan bien y todo son atenciones, algo se me revuelve por dentro.
A veces prefiero casi, todas las personas que tanto dicen apreciarme y a las que no veo nunca porque “no pueden”, que quizás, a aquellas que pudieran romper mis ideas de amargado (esto, lo de amargado, no es palabra mía). 
Es una mujer que lo da todo, una mujer con la que casarse. Pero mis indecisiones me inclinan más por las putas (en el buen sentido de la palabra), de las que pasado un tiempo, quizás me enamore.
Me pregunto por qué cuento estas tonterías.
Volvemos a su casa sobre las 17:00. Comemos a solas. Su madre trabaja. Esta intimidad, con esa mujer, me evoca recientes recuerdos y me turbo un poco, aunque con Ania esté mucho más relajado, pues se ríe sin parar y no siento que con mi conversación se aburra.
Incluso me halaga (tras todas mis teorías grotescas) diciendo que tengo una enorme empatía para con las mujeres.  
Decido sacarla a cenar. Ella parece encantada. A mí hacer todo esto delante de su madre me pone un poco nervioso. A pesar de su amabilidad supongo que también se pregunta por qué coño he venido a visitar a su hija. Ania se viste con un “palabra de honor”. Está preciosa.
Vamos a un restaurante. Le pregunto si quiere vino. Pido la carta de vinos, pero de los españoles solo queda el más caro. Un Ribera. Es, con diferencia, la vez que más pasta me he dejado en un restaurante y por un vino. Los otros no los conozco y no quiero arriesgar.
Quiero que todo sea perfecto, aunque no busque nada con ella. No consigo entenderme.
La cena transcurre a la luz de las velas, tomando pasta y un vino que no me convence del todo.
Le pido que brindemos. Ella no está acostumbrada. Recuerdo los dos o tres días que estuve brindando en cada comida y cena, hace bastantes meses y la vez que brindé con un “porque no acabe este sueño” y hubo un silencio por respuesta.
Nos vamos a casa sobre la una, por una ciudad completamente muerta. Al llegar, propone que tomemos algún licor. Nos quedamos frente al ordenador, mirando cosas, hablando de libros y de la vida en general, hasta que caigo rendido de sueño.

19-VIII-08  Salimos al monte. Caminamos. Ella se pone a cantar. Llegamos a un refugio, dónde tomo una cerveza fría. Está radiante de felicidad. Ese sitio le trae hermosos recuerdos y disfruta con cada paisaje, cada olor. Lamento un poco, no poder manifestar esa alegría. Algo parecido me ocurrió en Alemania.
Continuamos con nuestras conversaciones sobre religión, amor y sexualidad. A veces parece que intento convencerla de que lo mejor es tirarse a todo lo que respira y que es absurdo casarse sin antes haber probado a muy distintas personas. Me termino sintiendo mal por discutir las creencias de alguien. Cada cual que haga lo que quiera. Pero por alguna razón, siempre volvemos a esos mismos temas. No está nada de acuerdo con lo que le digo, le chocan todos los ejemplos de amigos y amigas, que han sido más felices tras eliminar muchas pajas mentales a polvos y sin embargo, como tanto volvemos a ello, pareciera que quisiera que le interese ese mundo distinto.  
Pero sus creencias parecen muy firmes y no percibo, como en muchos casos, que se mienta a sí misma.
Nos vamos a visitar a la madre de mi profesora de piano. Por alguna razón, me aprecia mucho y desea que la visite. No están. Tomo unas curiosas fotos en sepia de la zona.
Ania se rió mucho antes por cómo apesté el baño. Adoro su naturalidad.
Obsesivamente, me acuerdo de esa intimidad que tuve hace unos meses. El escuchar cuando iba al baño o cuando iba yo. Estar a un paso de penetrar en la más absoluta intimidad de la otra persona y contenerte por respeto y miedo. Me acordé de un pasaje de una novela de Milan Kundera en “El libro de la risa y el olvido”, dónde el protagonista y una conocida van un piso para hablar de lo que van a hacer, ahora que les ha pillado la policía secreta. Y él, al oírla en el servicio, sólo piensa en el deseo que ha despertado en él.
Cenamos. Viene el amigo que me trajo del aeropuerto. Se apasiona un poco al no entender la religiosidad y forma de ver la vida, tan distinta de la madre. Todos nos quedamos en silencio. La madre me pregunta por mis planes de futuro y si vendré a Polonia a vivir. En todo ello veo, un trasfondo. Pienso en el daño que puedo estar haciendo. Me tortura la idea de perjudicar a una persona así.
El amigo se despide. Repetimos el ritual de ir a mi (su) cuarto a tomar algún licor y hablar. Ella siempre con ganas de hablar más. Yo, siempre con sueño (mira tú por dónde, la situación inversa que ya viví no hace mucho). Se da cuenta y se despide. Yo me siento un poco mal.
Duermo como un bebé, eso sí.

20-VIII-08  Me levanto. Pensé que sería el primero, pero otra vez no. Casi me da por pensar, que como vacilé a Ania por lo dormilona que fue el primer día, ahora se levanta antes por esa razón.
Tomo un completo desayuno con zumo de bayas, te, queso de cabra (otros días, leche de cabra), salchichón polaco (Kielbasa) y pan hecho por ellas. Casi toda la comida es casera.
Buscan lo más sano posible. Incluso la pasta la hacen ellas. Ania insiste en que me quede más. A mi se me rompe el corazón cada vez que le intento explicar por qué me tengo que ir.
Viene mi profesora de piano y su marido. La conversación es animada. Luego nos dirigimos a visitar a su madre. Vive en un piso muy espacioso, de corte muy clásico, con altos techos.
Charlamos un poco. Es difícil con una persona mayor. Ania le dice cosas preciosas. Por poco pienso que la va a hacer llorar de alegría. Yo casi no hablo. No se qué decir.
Me acuerdo de algo que le dije ayer a Ania, citando a Shopenhauer. Cuando ella me comentó que no se interesaba con la política, la historia, le solté algo casi insultante… que cuando reina la oscuridad, la iglesia brilla.
No se ofende. Nunca lo hace. Y eso, que parece que me obstino en conseguirlo.
Comemos juntos en su casa. La madre nos deja a solas. Ella habla de la próxima vez que nos veamos. Yo le digo que eso nunca se sabe. Esta es una de las pocas veces, que parece sólo depender de mí. Pero creo que no volveré a verla. Tengo que huir de ella.
Es un ángel y yo no creo en los ángeles.
Vamos a la estación. Me han preparado hasta algo de comer para el viaje. Nos despedimos con un abrazo. Me dice que vuelva si me aburro en Zruchowa. Por alguna razón la invité a que se viniera con mi familia. Se lo pensó seriamente el día anterior, pero decía tener asuntos familiares. Me pregunto si no fue una prueba que le hice o me hice a mí mismo.
Estando en el tren recibo un mensaje de qué tren coger en el trasbordo y me dice que ya me echa de menos. Yo le digo lo mismo y aunque suene raro, es verdad. Me pongo muy triste.
Estoy escribiendo en el vagón. Entran dos militares. Uno porta un AK-47. Me quedo embelesado mirando el arma.
Un lado femenino para sentirme atraído por personas inapropiadas y no poder estar con las adecuadas. Uno masculino para amar las armas y todo lo relacionado con la matanza. Adoro los estereotipos.
Me recoge mi tío. Para mí, sigue como siempre. Está hecho un toro.
Al llegar a su preciosa casa, me encuentro a mi prima son sus dos hijos y una señora para ayudar en casa. Tomamos una estupenda cena.
Mi sobrina me pide que me quede a hablar cuando todos se van a la cama. Ella tiene casi 18 años. Jugamos a tener una conversación de adultos. Supongo que está cansada de que la traten como una niña y a quedarse callada mientras su madre cuenta su particular visión de lo que hace o no hace su hija.
Mi sobrina parece que las mata callando.
Caemos en la misma conversación que he tenido con Ania y en Liverpool, acerca de hombres y mujeres y cómo funcionan las relaciones amorosas. Parece una chica de su tiempo, completamente abierta a que cada persona haga lo que quiera, con sentimiento o no. Casi me siento yo el crío.
Me canso de mí mismo contando las mismas historias y estoy muerto de sueño. Además, temo que mi prima escuche la conversación y piense que corrompo a su ya enterada hija.

21-VIII-08  Nos desperezamos lentamente y nos vamos al río Dunajec, dónde me bañaba en mi infancia e hice una presa con mi tío.
El río,  de poderosas corrientes, que ahogan cada año a un par de infelices. El río que descendía Andrzej (uno de los amigos de mi tío que conocía cuando tenía doce años) cada año, usando unos remos especiales y una pirgua rusa desmontable.
Mi tío y yo nos metemos en la mitad del río para probar nuestra hombría ante las frías aguas cuyas corrientes se obcecan en hacernos caer. Luego me llevan a un cementerio de la primera guerra mundial dónde hay enterrados polacos, austriacos y rusos. A Polonia (que estaba partida en tres) le tocó la mala suerte de luchar en tres ejércitos distintos, matándose unos a otros.
Al llegar a casa ayudé a mi tío a derribar un árbol en su jardín, tras talar sus raíces y empujarlo a mano como unos machotes.
Qué placer volver al campo, los ríos, los lagos, el aire puro, el agua cristalina, los mosquitos enloquecedores. Que asco me da la sola idea de estar en una oficina, picando código, rodeado o de amargados que no tienen huevos a dejarlo por pasta, como descerebrados que están contentos porque creen que la vida es eso.

22-VIII-08  Salida al mercado con mi prima y la señora de apoyo (Malgorzata). La verdad es que cocina que da miedo y también sabe como comprar. Luego me voy con mi tío y mi sobrina a caminar por el bosque. La pobre va obligada y al ver que hacemos una ruta un poco más larga, se rebela y vuelve.
Paseamos por un hayedo en el que estuve veinte años atrás, viendo numerosas casitas, graciosamente construidas.  A la vuelta hay visita. Una amiga de mi prima con su preciosa hija. Mi tío la envuelve con su brazo para mostrármela. Me dice que cuánto más viejo es, más jóvenes le gustan.
Zampamos unas estupendas crepes rellenas de carne. Se podría estar la vida entera viviendo así. Por la tarde, llevo a mi sobrina a que monte a caballo. Ayer mi sobrino se cayó, se hizo daño y no quiere ir.
Ayudo un poco más a mi tío en el jardín y voy a recoger a la niña que se retrasa 45 minutos sonriendo encantadoramente como sin darse cuenta. Aprovecho para hacer un porrón de fotos de caballos para mi madre.
Volvemos a casa y de nuevo hay visita. Varios familiares de mi prima que viven cerca. Me obligan a beber vodka con ellos con el chantaje emocional de los orígenes polacos. Aguanto como un campeón. Dos de ellos viven en Madrid. Suelto perlas como que hay que llamar a la legión para echar a la plaga de polacos que hay y luego, cuando me provocan con que tengo que hacer lo que las mujeres dicen, suelto que en España no les hacemos ni caso (lo que es mentira en demasiadas ocasiones). Nos reímos mucho. En Polonia saben reír.
Me acaba de contar mi tío la historia de un amigo, que fue enviado a Kazajstán (como casi toda la población del este de Polonia) con su madre y su hermana. Él tenía 2 años. Vivieron en sus Koljos  hasta que permitieron a parte de esa gente volver a repoblar el oeste arrebatado a los Alemanes.
Cuando se reencontraron con el padre, tras la guerra, el niño había sido aleccionado en el amor a Stalin y sabía más ruso que polaco. Le presentaron a su padre y al oír la palabra “padre” se puso a cantar una canción de alabanza a Stalin (al que todo soviético debía llamar “padrecito”), poniéndose firme.
El padre, al verlo, gritó pidiendo su arma para matar al pequeño hijo de puta. Luego fue un padre estupendo y el pequeño hijo de puta, una maravillosa persona, con la que hice dos descensos de ríos y un importante juez.
También me han contado qué pasó con otro de los compañeros de descenso. Tanto a él como al otro juez, yo les escondía el tabaco para ayudarles a dejar de fumar. Staszek, así se llama este juez, jugaba conmigo al ajedrez. El último día, apostamos que si perdía, dejaría de fumar. Mi tío me ha recordado cómo, estaba Staszek jugando conmigo, sudando mucho, mientras todos estaban esperando.
Perdió, y dejó de fumar un tiempo. Me acaban de decir que se está muriendo ahora mismo de cáncer de pulmón. Deja dos hijas jóvenes.
Les vi la última vez, con trece años. Les recuerdo con cariño. Mi tío dice, que ellos a mi también.

23-VIII-08  Mi prima me saca a ver Tarnów, con su cementerio histórico, las iglesias de madera y los edificios antiguos, que poco a poco, se van restaurando. Descubro que la ciudad es una perla y me sorprendo gratamente.
Mi prima tiene 41 años, ha sido juez y ahora es abogado. Su mirado es otro fiera. Hablamos sobre diversos temas de la vida y también sobre problemas familiares. Casi llego a empatizar con ella. Pero claro, siempre queda la otra versión.
Llegamos sobre las 17.30, donde mi tío y su nieto, nos esperan educadamente para comer (yo me hubiera comido las paredes en su lugar).
Viene el marido de mi prima y hacemos una barbacoa. Trae buen vino de la Toscana y de España. Caen 2 botellas sin piedad.

24-VIII-08  Último día en Zruchowa. Me sacan a ver los alrededores en el impresionante todo terreno de mi cuñado. Luego vamos a visitar a una tía de mi prima, lo que implica comer y beber hasta la muerte. Me enamoro de una botella con forma de mujer (a ver si me pasan la foto).
Me hacen bebérmela entera. Es una mezcla de menta y vodka. También tomo otro combinado de limón, miel y spiritus. Estoy como flotando en la mesa, mientras escucho las bromas macabras de mi tío acerca del matrimonio y confieso mi ocasional consumo de marihuana.
Mi tío suelta frases del tipo…” si un hombre quedó viudo y se volvió a casar, es que no merecía quedarse viudo”. U otra vez, que viendo una peli de suspense, dónde una mujer está bañándose en un inmenso baño y el marido se acerca por detrás, para ahogarla, a lo que mi tío soltó…”desgraciadamente, nosotros no tenemos baños así”.
Y luego mi prima se quejaba, de que cuando su chico le propuso matrimonio, mi tío se lo llevó por banda y le preguntó…¿seguro que te quieres casar con ella? ¿pero tú la conoces? Porque luego no hay devolución. No te equivoques.
Un crack. A eso lo llamo honradez, aunque sea en perjuicio de su hija.
Poco antes, le pegó a su hija un hostion con el matamoscas, cuyo grito me hizo reír durante cinco minutos. Cuando mi tío vio a su vez una mosca en mi rodilla, gemí que quería que la mosca viviera.
Al terminar la salvaje mezcla de alimento y alcohol, relacionada con canciones y chistes en ruso, salimos a dar un paseo por esos preciosos campos y bosques. Al volver, nos obligan a cenar con ellos a su vez. Y más alcohol por supuesto.
Volvemos en el todo terreno, escuchando una mezcla de canciones pornográficas polacas y clásicas rusas. Mi tío canta que te cagas, con una voz grave y viril. Cuando digo ante su hija y nieta, que es un auténtico macho, rompen a reír.
Poco antes, mi sobrina pareció ofenderse cuando conté que las mujeres rusas eran de las más hermosas que había visto en mi vida, más incluso que las polacas.
La verdad es que le di cera a mi sobrina, porque en cuanto vi que no soportaba escuchar a su hermano hablar sin parar, yo le pedía que me contara todo acerca de la historia de Polonia (o de lo que fuera), justo cuando se sentaba detrás de ella y tenía que oírle por huevos.
O todo el rollo que solté en la mesa acerca de lo malo que es fumar, cuando mi prima contó como había pillado a su hija fumando. Conté  lo del envejecimiento de la piel, las manchas, las arrugas, los dientes, la pérdida de libido y mi prima… ¡escucha lo que dice el tío!
Creo que he conseguido que me odie. Ha amenazado con venirse a Madrid para vengarse.
Al llegar a casa por la noche, cayó algo más de vino, comida y más música preciosa que no conocía. Me encanta ver a mi tío cantar y me recuerda los descensos que hacíamos de los ríos, cuando por las noches, cien personas cantaban en torno a un fuego.
De los momentos más felices de mi vida.

25-VIII-08  Salimos hacia Varsovia. No he estado desde hace más de diez años. Con mi cuñado, se puede hablar de mil cosas. Nuestra discusión versa sobre la legalización de las drogas. Considera, que la velocidad a la que enganchan y matan, es la razón de su ilegalización.
Llegamos a la capital y directamente cojo un tren hacia Poznan. Me leo otro trozo de Ana Karenina. Veo a un par de españoles en el tren.
Al llegar a Poznan, me recoge mi primo y me lleva al autobús que me conducirá a Miedzychód.
Durante el rato que pasamos juntos me cuenta todos los problemas que tiene con su nuevo negocio. La verdad es que las cosas están jodidas en el país y el gobierno o legislación actuales, no ayudan nada.
Llego paradas las 21 a Miedzychód. Mi viaje ha durado casi doce horas. Me recogen mis tíos acompañados por el adorable Fafel (se pronuncia fonfel).
Me sirven la típica cena polaca, a la que he cogido mucho gusto estos días. Poco a poco he ido aprendiendo a comer de todo.
Me acuesto en el más cómodo de los sofá camas, rodeado de mantas, edredones y almohadas.

26-VIII-08  Recomienzan nuestras conversaciones sobre conspiraciones judeo-masónicas. Mi tío me recuerda, que la revolución bolchequique fue una lucha entre los judíos americanos (representados por Trotsky) y los alemanas (representados por Lenin). También me entero de cómo casi todas las revoluciones (como la francesa o la “primavera de los pueblos”) se orquestaron por judíos y su masonería para destruir el poder de la hidalguía, la burguesía y las élites europeas, para así conseguir dominar el mundo. También me cuenta, que los protocolos de Sión fueron escritos por judíos (en contra de lo que se dice, que fue una trama urdida por la policía secreta del zar).  Y que parte  de esos protocolos ya se han cumplido. Me hace leer un libro sobre cómo los judíos trataron de crear un estado dentro de Polonia, a principios de siglo y tenían la misma idea en otros países.
A su vez, justificó que no les permitieran poseer tierras, puesto que sólo especulaban con ellas o les sacaban todo el jugo hasta dejarlas yermas, talando todo.
En ese libro que leí, figuraba como financiaron diversas revueltas en Polonia y a su vez, informaban al Zar de lo que se avecinaba, provocando la deportación de cientos de miles de polacos a Siberia y la compra de sus propiedades a bajo precio en pos de poseer el mayor poder posible a la hora de la creación de Judeopolonia.
Pero lo más fascinante era la teoría de la Atlántida, que podía ser una nave extraterrestre, que aterrizó en una isla de magma en el Atlántico. Sus tripulantes, crearon una raza de seres inferiores para trabajar como esclavos y así poder reparar la nave. A su vez, algunos de los seres se relacionaron con los esclavos, creando una raza mestiza, más inteligente. Una referencia a ese hecho, estaría reflejada en la Biblia, dónde se cuenta como los ángeles se mezclaron con el pueblo.
Posteriormente, uno de estos seres, se apiadó de la esclavitud de los hombres y les dio el conocimiento para liberarse, lo que coincidiría con la historia de Prometeo, que dio la luz a los hombres.
Este Prometeo, sería abandonado por los suyos en la tierra, liderando la nueva civilización Atlante que tendría una de sus colonias en Egipto, cuna de la masonería y sus secretos conocimientos.
A su vez, me explicó cómo se crearon iconos sagrados como el cocodrilo o el gato, para que la gente primitiva los respetara, pues ayudaban contra las plagas devorando respectivamente los cadáveres provocados por la crecida del Nilo y las ratas.
Producto de la mezcla de los seres extraterrestres y los inferiores, serían los judíos, que siempre dieron más importancia al conocimiento y demostraron ser más inteligentes que el resto de los pueblos.
Luego me contó cuándo se fundó el Priorato de Sión, cuyo brazo armado eran los templarios. Me habló de los conocimientos encontrados en el templo de Salomón y la fundación de la masonería escocesa, cuando los templarios se refugiaron allí, que estuvo siempre enfrentada a la masonería hebrea.
Hemos ido al bosque en bici a buscar setas. He sido el afortunado en encontrar un gran “prawdziwek” (Boletus Edulis), el primero de la temporada, de gran tamaño y considerada la mejor seta de todas, la “verdadera” seta, la seta con la que valdría la pena casarse.
De crío me encantaba buscar setas, a pesar de que mi empanamiento, me impedía ver la mayoría. A petición de mis tíos, le he hecho una foto a la súper seta.
Ania me ha mandado otro mensaje, diciendo que se acuerda de mí y preguntando cuando tendré internet. Me pregunto por qué esa insistencia. No consigo que me tío se tome la molestia en encontrar la contraseña de acceso al servidor. Estoy incomunicado desde el día 19.
27-VIII-08  El tiempo vuela con las conversaciones con mi tío, que me dedica casi todo su tiempo a pesar de que es un hombre que suele gustar de la soledad. También disfruto con el acoso de Fafel, que me sigue a todas partes, anhelando siempre que me siente para poder roncar a mi lado.
Mi tío me saca a ver el lago de la ciudad, mientras me cuenta todas las importantes donaciones que hizo un judío alemán, como el lago, un centro de salud y demás. Los nazis, destruyeron la placa conmemorativa y recientemente se ha puesto una nueva en su recuerdo. Las tiendas que llevan el apellido de este hombre (Heit, creo que era) a día de hoy se reparten por todo el mundo.
Tomo algo de vodka con mis tíos en la cena por tradición (o por educación o yo que se). Es curioso, ya no me gusta mucho el vodka. Antes, me lo inyectaba en vena.
Por la tarde, mi tío me lleva a los lagos dónde tantas veces pesqué y me bañé, nadando kilómetros. He tomado varias fotos.

28-VIII-08  Hoy toca la visita a la aldea de Grobia. A ver a la íntima amiga de mi madre (Dorota), su madre y su cuñada. Son la familia de Hubert y Ania (a los que visité en Londres). La visita es breve, pero entrañable. He insistido en visitarles (a pesar de que están liados) porque la abuela está mal y casi seguro no la volveré a ver más. A la vuelta nos traemos a Dorota y vemos algún otro lago.
Cenamos con dos botellitas de vino y teniendo de invitada a Dorota. Reímos bastante. Cómo quiero a mi familia.
Me comentan diversos problemas familiares, yo poco puedo aportar. Me ahogo diciendo frases vanas, como en mi último viaje. Se me presentan situaciones a las que no veo otra solución que la de la resignación y la búsqueda del lado positivo. Y es algo que, creo, puede irritar porque parece reflejar falta de empatía.
Huyo de todo yéndome a la cama. Me esperan al día siguiente 15 horas de viaje. 

29-VIII-08  Cojo un microbús. Me despido de mi familia con emoción. Llego a Poznan y una amiga de mi madre me enseña un poco la ciudad. La verdad es que muchos edificios son muy bonitos y también el parque.  Nunca pensé que Poznan pudiera ser tan interesante. Aquí estudió toda mi familia.
Cojo el tren a Berlín y continúo con mi lectura de Ana Karenina. El librito es la hostia de largo. Al llegar, me dirijo tras varias preguntas al aeropuerto Tempelhof (cuyo nombre tiene que ver con templarios según me comentó mi tío), construido por el tito Hitler, si no recuerdo mal (bueno, el edificio principal al menos, el aeropuerto fue construido mucho antes).
Allí he podido ver un DC-3, conmemorativo del puente aéreo que salvó Berlín cuando los soviéticos decidieron ahogar la zona occidental con su bloqueo. Recuerdo, que me dio por indagar por qué Kennedy dijo en los Simpson “yo soy un Berlinés” y resulta que vino a Berlín a apoyar la ciudad y como no sabía alemán, lo pronunció mal y dijo “soy un donut” porque esa palabra, mal pronunciada era una rosquilla alemana parecida al donut.
Despego hacia Bruselas. Ya es la segunda vez este año que estoy en ese aeropuerto. Esta vez la situación es distinta. La primera vez que estuve, fue en un intento de probar suerte y cambiar mi vida. Un punto y aparte. Y lo fue, aunque no en el sentido deseado y me encontraba en el aeropuerto, conteniendo las lágrimas y desencadenando en los posteriores meses, una cadena autodestructiva con la que había roto hace tiempo y que no repetía ni en las grandes ocasiones. Beber como un cabrón.
Pero esta vez es distinto. Estoy relajado y contento y las asociaciones con el aeropuerto no son excesivamente dolorosas. Sigo leyendo mi libro con concentración durante el vuelo a Madrid, dónde lo termino y entablo conversación con una preciosa argentina, que resulta ser ingeniero de sistemas y experta en AS400. Viene a Madrid un par de días.
Y así llego a Barajas, descubriendo que han extraviado mi maleta. Mi familia me lleva a casa y me acuesto exhausto. Los siguientes días ni siquiera llamo a la gente para decir que he vuelto.