Acates (muy triste, casi desesperadamente)

¡Oh! Dioses omniscientes del sagrado Olimpo, oid mis súplicas, sed píos una vez más. El buen padre de mi amo Agón, amo de mi padre yace ahora en su mortaja, frío, rígido y amoratado. Sed píos ¡oh, Dioses! con él, que en su vida no mereció más que eso, ahora que está en el hades. ¡Ah, Gea, maldigo el día en que mi amo la conoció! Maldigo el momento en que vio la luz de sus ojos y se enamoró de ella; esa luz que engaña, que subrepticiamente se apodera de la voluntad. ¡Oh, Gea, si fuese verdad tan dulze mirada... Y maldigo, ¡oh, cruel destino! El día fatal en que se casaron, germen de la final ruptura entre Agón y su padre. Pero no he de hablar más, por ahí se acerca mi amo.

(Entra Agón cariacontecido)

Agón

¡Ah, mi fiel Acates! ¿Por qué? Dime tu, decidme Dioses, por qué un hombre, como él, ha de tener un final tan innoble.

Acates

Vuestro padre tuvo una vida excelsa y completa, y ahora ha sido completada. No se puede tener una vida completa si no llega esta a su fin.

Agón

¡Pero es tan burda y miserable! Pareciera que entre dientes se riera de nosotros, los vivos, la muerte misteriosa. Con su terca paciencia nos espera haciendo erumnosa nuestra existencia. ¡Ah, muerte onerosa, que haces periclitar la vida, que has de ser domeñada con toda la energía, pues el más leve cese de voluntad has de aprovechar para dormir la consciencia, para apagar las luces eternas! Como un valeroso soldado, posicionado en el adarve, guardián de las troyanas murallas, que ahíto de lucha dejara caer sus armas rendido a lo inevitable.

Acates

No habéis de pensar en ello ahora. Debéis comenzar los preparativos del funeral.

Agón (como si no hubiera oído a Acates)

Es curioso como, tras el esplendor, viene siempre una decepción y un declinamiento. Mi padre tuvo su esplendor, ¡una vida completa! querido Acates, tu lo sabes bien. Pero su comercio con oro casi se extinguió cuando los dánaos sitiaron esta Troya con nosotros dentro. Es curioso como su esplendor pecunario y social coincidió con su plenitud física y espiritual.

Acates

¿Casualidad?

Agón

Tal vez.

Acates

Nunca conocisteis bien a vuestro padre.

Agón

¿Qué quieres decir? Que no conozco a quien me ha criado y educado, quien me ha inculcado sus pensamientos tan a fuego que ahora no me los puedo despegar.

Acates

Eso es lo que dije y si me lo permitís, lo explicaré. (Agón asiente) Vuestro conocimiento de él se ha fundado en un rechazo a todo lo que de él proviniera. Tal vez le culpéis de haber estado ausente cuando murió vuestra madre, así como en sus exequias por haber marchado a Licia a hacer negocio. Quizá le acuséis en vuestro interior de haberos hecho desaprovechar vuestra infancia entre largos viajes y vuestra adolescencia atrapado en los muros de Troya. Por eso os atormentáis: intentáis desembarazaros de lo que de él aprendisteis.

Agón

Tus palabras evocan en mí imágenes prácticamente muertas en mi mente. Recuerdo que estabas a mi lado, me abrazabas piadoso y llorábamos sin consuelo.

(Silencio. Se miran fija e infantilmente y se aproximan hasta abrazarse, al principio tímida, después efusivamente.)

Acates

Sigo estando a vuestro lado, y siempre lo estaré.

Agón

Eres mi esclavo...

Acates

Es cierto más siempre me habéis tratado como amigo, como hermano y es eso lo que yo siento, son esos los lazos más fuertes que pueden existir.

(Se vuelven a abrazar.)

Agón

Más, dime, ¿qué tiene que ver eso con su esplendor?

Acates

Su esplendor vos no lo conocisteis, y yo tampoco, pero mi padre me lo ha contado en más de una ocasión: cuando vuestra madre quedó embarazada él hubo de multiplicar sus negocios y viajes sólo por vos. Nos hicimos trashumantes, en el barco la morada. Quedar viudo fue el principio del declive, más vos fuisteis sus fuerzas. Quedar aquí sitiado fue como si le cercenaran las alas, empero su ocaso provino de vuestro alejamiento y rechazo: se quedó sin nada por lo que luchar.

Agón (melancólico)

Vuelves a revivirme mi pasado. Es como si lo estuviese viendo... los interminables viajes en aquella esplendida nao, las muchas paradas, las distintas personas y costumbres. (Algo excitado) Mas su lucha fueron siempre los negocios, el ansia de dinero y de poder...

(Las siguientes frases son muy rápidas, interrumpiendose ambos sin apenas escuchar al otro. La violencia en ambos aumenta progresivamente)

Acates (interrumpiendo, paciente)

Todo lo hizo por vuestro bien...

Agón

Como su padre, y el padre de su padre, y...

Acates

Por dejaros en una posición desahogada...

Agón (enfadado, con rechazo)

Por codearse con todas las cortes del Mediterraneo.

Acates

Con bienes y esclavos.

Agón (vehemente)

Por eso vinimos al reino de Príamo.

Acates (gritando)

¡Aunque todos nos equivocamos! (Larga pausa. Agón se le queda mirando sorprendido del grito. Más tranquilo y comprensivo) Y vos teneis que perdonar a los que os quieren.

Agón (desquiciado pero sereno)

Exigencias... exigencias. Cuando hijo, ¡todo exigencias!, como superviviente, ¡todo exigencias! ¿Cómo me podré desarrollar como persona si siempre he de acatar y respetar aunque me sepa en lo cierto? (Acates le mira, sin que Agón se percate, ofendido pero sumiso) ¿Y como padre? ¿Cómo podré exigir obediencia a mi hijo?

Acates (con la faz repentinamente iluminada)

¿Cómo habéis dicho? ¿Es cierto lo que creo?

Agón (sin mucho entusiasmo)

Así es, mi querido Acates, o así lo cree el médico en espera de las últimas pruebas.

Acates (exultante)

¡Es estupendo, mi buen señor! La mejor de las noticias en el momento más oportuno. (Agón le mira estupefacto) ¡Oh, Dioses del Olimpo!, no sois tan crueles, miráis por vuestros hijos acá abajo. No os preocupéis, señor. Inmediatamente tomaré esposa y le daré a vuestro hijo un compañero para toda la vida, como hiciera mi padre al concebirme para vos, y así mi abuelo, y una larga lista de generaciones.

Agón (algo más sonriente)

No creo que eso te resulte difícil a la vista de tu número de conquistas. No conozco esclava que no haya sucumbido a tus encantos. Incluso alguna chiquilla de rica familia te ha lagoteado fútilmente. Más tu siempre preferiste usar dedal a llevar alianza.

Acates (abrumado)

Es fácil siendo esclavo, mi buen amo. No hemos de respetar estrictas normas de conducta. Pero hay que saber quien es uno y a que mundo pertenece. Además, yo no creo que el amor dure más de dos o tres años. ¿Os habéis fijado en la cantidad de parejas que se deshacen tras, aproximadamente, este periodo? Incluso las que consiguen superar esta crisis salen transformadas después del proceso: ya no se aman, pero se quieren tanto, con un sentimiento menos carnal pero quizá más profundo y humano, que pasarán el resto de sus vidas juntos y felices de ello. ¡Por supuesto que hay parejas que se libra de esto!, parejas que nunca dejan de estar enamoradas, empero estas son las menos pues para lograrlo es menester un gran sacrificio por parte de ambos, que consiste en pequeños a diario y más grandes de vez en cuando; todo esto con la intención de conquistar todos y cada uno de los días a la propia pareja, ya que si uno no quiere que su amor muera de viejo ha de matarlo todas las noches y hacerlo nacer por la mañana. ¡Oh, pero, mirad! Aquí se acerca vuestra afortunada esposa con vuestro hijo en su vientre.

(Agón le mira un poco desdeñosamente y se acerca a donde Acates señala, quien se retira unos pasos. Entra Gea, besa a Agón y quedan mirandose cogidos de las manos)

Gea (intentando contener su felicidad)

¡Amadísimo esposo!

Agón

¡Oh, dulcísima Gea! ¡Cuán he ansiado tu regreso con las nuevas! Dime, ¿qué ha dicho el médico?

Gea

¡Vas a ser padre, esposo mio! Si los hados lo permiten. ¡Fiel Acates!, acercate a felicitar al futuro padre.

Acates (con sincera felicidad, pero distante)

Dejadme que felicite a la dichosa madre, pues a él ya lo hice. Precisamente le comentaba lo curioso de los designios divinos: se llevan una vida para traernos otra.

Gea (melancólica, pero sin perder el brillo en la mirada)

¡Más de lo que tu te crees!

Acates

¿Qué queréis decir?

(Gea mira a Agón suplicante, pero sin saber si responder, durante un breve silencio)

Agón (taciturno, pero cogiendo confianza según habla)

Sí es curioso, sí. Ayer, cuando vino el médico para comprobar las evoluciones de mi padre, agonizante desde hacía dos días, Gea le habló de unos mareos y nauseas que desde entonces sufría. Tras un somero reconocimiento la comunicó que podía estar encinta, pero que no lo sabría hasta hoy, que la hiciera las pruebas definitivas. (Pierde toda la confianza ganada y se pone aun más triste).

Gea

Decidimos contarselo a su padre con la esperanza de que la ilusión por conocer a su nieto le hiciera volver con nosotros, mas el efecto fue el contrario del deseado pues a las pocas horas, como ya sabes, murió.

Agón

Es como si el saberse perpetuado le excusara de seguir viviendo. (Largo silencio) Está bien de esto; ahora ve y haz llamar a tu padre.

(Acates sale. Largo silencio. Agón está serio y pensativo, sin reparar demasiado en Gea, que le observa minuciosamente)

Gea

¿Qué es lo que te aflige, esposo mio?

Agón (acercandose afligido)

¡Oh, Gea, mi querida Gea...!

(Se cogen de forma cariñosa)

Gea

¿Es por la muerte de tu padre?

Agón

Sí, sí. Eso es.

Gea

No. No es eso. (Agón la mira sorprendido). Es por tu hijo. No has de preocuparte, todo va a salir bien. Vas a tener un sano bebe y una esposa que te ama. (Silencio). Tampoco es eso, ¿verdad? Habla pues.

Agón (haciendo un gran esfuerzo)

¿Y si no soy un buen padre?

Gea ríe aliviada.

Gea (acariciandole cariñosamente)

Serás un estupendo padre.

Agón (algo irritado)

¿Cómo lo sabes? ¡Seré tan mal padre como hijo!

Gea

Lo se porque te conozco, ¡y aun así te quiero! (Ríe dulcemente)

Agón (se va irritando a lo largo de la conversación)

¿Por qué te ríes tan a la ligera? Tener un hijo es cosa muy seria.

Gea (durante toda la escena se muestra dulce y paciente)

Lo se.

Agón

Y ¿no estás preocupada?

Gea

¿Preocupada? ¡Claro que lo estoy! Pero, ante todo estoy entusiasmada. Sin duda es la empresa más difícil en que me he embarcado. La más seria, la que más responsabilidad entraña, la que más constancia y temple precisa. Y, sin embargo, la más maravillosa y satisfactoria. Germinar una vida y ayudarla a florecer...

Agón (sarcástico)

¡Hablas como si de una planta se tratara! ¿Olvidas que es una persona a la que habrás de educar? ¿Sabes lo que eso significa? Le has de condicionar para que actúe de cierta manera en cierta situación.

Gea

Algunas normas de conducta básicas son fundamentales para que los humanos podamos convivir. ¿Qué sería de nosotros sin el respeto, sin la justicia o la igualdad?

Agón

Esa es una buena cuestión, pero yo estoy hablando de algo más.(Muy violento) De inculcar tus valores y las conclusiones a que tu experiencia te ha hecho llegar; de usar tu autoridad para imponerte sobre tu hijo.

Gea

¿Por qué habrías de hacerlo?

Agón (calmandose)

Habrá situaciones en que me vea obligado a hacerlo, igual que mi padre conmigo y el suyo con él y así todos los padres de la historia. Es lo que origina el conflicto paterno-filial.

Gea

Basta con hacerle comprender.

Agón (de nuevo alterandose poco a poco)

¿A un niño?

Gea

Tendrás que enseñarle a razonar.

Agón

A razonar como yo lo hago o como lo hace otro. Le enseño a ser un ser social o un librepensador. En el primer caso, ¿no estará alienado? En el segundo, ¿qué me garantiza que sabrá desenvolverse en sociedad, que será una persona honrada? ¿Y si, después de educarle llegara a ser una persona despreciable? ¿Le amaría entonces? Y si... (entristeciendose) yo lo amara, ¿por qué iba a sentir él lo mismo por mi, por qué no habría de despreciarme, como me pasara a mi con mi padre?

Gea (alterada)

Pero tu, más que norma eres excepción, atípica la relación con tu padre. (Algo más calmada) Lo natural es amarlo y respetarlo. (Con dulzura casi suplicante) Y tu, ¡oh amantísimo esposo!, deberías, ahora que has perdido físicamente a tu padre regenerarlo en tu corazón: no puedes decir que no haya conseguido hacer de ti una excelente persona.

Agón (todavía un poco triste. Con altanería)

Si soy como dices no es por la educación que me dio, que difiere de como soy como la noche del día.

Gea

Él tendrá parte de merito, pues él te educó.

Agón

Del día nace la noche y de la noche el día; así mi hijo chocará contra mi como yo contra mi padre.

Gea

Las personas aprendemos a través de dos mecanismos: por interiorización, y por rechazo de lo percibido. Hemos de dejar que coja de nosotros lo bueno y rechace lo malo, perfeccionando cada generación a la especie humana. Si no fueras tan testarudo comprenderías que cuanto mayor es el avance que en este sentido protagoniza un hijo respecto a su padre, más laureable es la acción de este como pedagogo pues, aunque fuesen erróneos sus planteamientos respecto a la vida, sí supo hacer de su hijo una persona capaz de juzgar y elegir libremente, que es el mejor de los regalos para un ser humano.

Agón

Has hablado sabiamente, como es norma en ti, y difícil me es replicarte. Pues un padre que hace libre a su hijo merece todo reconocimiento. (Enfadandose) Pero si el padre menosprecia el camino que elige el hijo y es este quien ha de romper el yugo paterno para ser libre, entonces el caso es bien distinto.

Gea

Es ley natural. Igual que el polluelo acaba por abandonar el nido, el hijo acaba por romper el yugo.

Entra Voulgaris exultante.

Agón

¡Voulgaris, buen amigo! ¿Qué te trae hasta nosotros?

Voulgaris (habla rapidamente)

Querido Agón, hermosa Gea, ¿por qué permanecéis aun aquí? ¿Es que acaso no os habéis enterado?

Gea

¿Enteradao?

Agón

Habla, pues; cuentanoslo todo.

Voulgaris

¡Libres! Somos libres, queridos amigos. Los griegos se han marchado, el mar está limpio de sus naves. Sólo han dejado tras de sí, aparte de su orgullo, un enorme caballo de madera como compensación.

Agón

Que extraños conceptos tienen los griegos que, a cambio de años de asedios y muertos, nos dejan un caballo inanimado.

Voulgaris

Inanimado desde luego, mas no inmóvil. Lo están entrando en la ciudad y dirigiendo al ágora. La ciudad ha estallado de vida y la fiesta se extiende como el fuego.

Gea

¡Oh, es maravilloso lo que nos cuentas! ¿No lo crees, Agón? Es un augurio de los Dioses: nuestro hijo crecerá en un nuevo entorno más libre y mejor.

Voulgaris

¿Acaso me engañan los oídos? Decidme, ¿es cierto lo que oigo, que vais a traer descendencia? (Agón y Gea se miran felices y asienten con la cabeza) ¡Felicidades, feliz pareja!; los Dioses os son propicios, pues os hacen un regalo que es un hijo, y a vuestro hijo le regalan la libertad. Con muchos como él reconstruiremos nuestra ciudad. Vayamos ahora a ver el gran caballo de la victoria y la libertad.

(Salen. Pasado un rato vuelven a entrar Agón y Gea. Anochece. Algarabía de fondo con voces disonantes que de vez en cuando gritan ¡Evohe! Se reduce el volumen de las voces hasta permitir que los personajes puedan hablar)

Gea

¿No es maravilloso, dime esposo mio, poder ver a los hombres disfrutar en perfecta harmonía?

Agón (melancólico)

Sí lo es, amada Gea. Sin duda hoy es el día más glorioso de cuantos hayamos vivido; al fin se ha hecho justicia y los griegos han marchado aceptando su derrota. Todos los hombres en todas partes deberíamos estar en armonía, integrados todos en pos de un bien común. Los troyanos hasta ahora lo estabamos gracias a un enemigo común, pero ahora que este ha desaparecido nos desuniremos para buscar el enemigo entre nosotros; eso sería el fin de la armonía y la vuelta a la normalidad.

Gea

¿Qué te aflige, querido Agón? Hemos dado un largo paseo por la liberada ciudad, hemos traspasado los muros alejandonos del bullicio como era tu deseo y durante este tiempo has permanecido prácticamente callado y con la misma expresión sombría. Habla, pues, ahora.

Agón (entristeciendose)

Durante los últimos años, mi mayor deseo, tu lo sabes de sobra, ha sido cruzar los muros libres de griegos. Hoy lo he realizado y no encontré nada especial allí afuera. Tanto tiempo encerrado en esta enorme pared que se extiende en derredor, en cualquier dirección que uno tome... y más allá, la muerte; más allá uno no podía llegar. Cuando vinimos a Troya yo era un crío. De mi vida anterior apenas recuerdo los largos viajes en barco, encerrado entre madera por infinidad de agua circundante, y cientos de ciudades que no reconocería. Esa parte de mi vida está perdida. Después comenzó la guerra, y al cabo del tiempo quedamos sitiados. Como extranjero todo era tan extraño... tan ajeno... yo lo veía todo distante, como si no fuesen míos los ojos con los que miraba, como un espectador. (Pausa. Se entristece aún más) Me da la sensación de que ahora no puedo meterme en mi piel, en la de un hombre más: un hombre libre, con esposa y a la espera de un hijo. (Pausa. Recobrandose) Disculpame pues, si mi ánimo no es el que debería en esta situación.

Gea

¿Qué es lo que te preocupa? ¿Estás acaso afectado aun por tu futura paternidad?

Agón

Más bien por mi recién huerfandad.

Gea

Es duro perder a los padres, también yo lo se, pero es ley natural. Muchos años nos aguarde an las moradas de Hades.

Agón

Precisamente es eso. ¿Y si no le volvieramos a ver?

Gea

¿Qué pretendes insinuar?

Agón

Pues eso. (Acongojado) ¿Y si los vivos, una vez muertos, no fueran hasta allá, y si al morir el cuerpo no hubiera nada más?

Gea

Que así sea si así lo quieren los Dioses.

Agón

Pero aun hay más. ¿Y si no existiesen los Dioses en realidad, si no fueran más que invenciones de los hombres? Entonces nuestras vidas caerían en el absurdo y nuestra muerte en el vacío.

Gea (no le toma en serio)

¿Por qué iba a ser así? ¿Acaso no tienes suficientes pruebas de que existan?

Agón (defensivo)

¿Pruebas? ¿Qué pruebas?

Gea

Tu conoces el mar y sabes de su inmensa fuerza, y la del viento y tantas otras sólo propias de Dioses.

Agón

Eso es cierto; pero dime: si volcase un cubo colmado de agua esta caería al suelo donde crearía un reguero hacia las zonas más bajas. ¿Quieres decirme que esto está regido por un Dios? A mi bien me parece que no; dudo que haya tantos Dioses como líquidos se vierten. ¿No podría tratarse la marea de algo similar, pero en vez de un cubo fuese un mar?

Gea

Me parece correcto tu razonamiento, más dices que alguien vuelca un cubo. ¿Quién agita el mar?

Agón (irónico)

Y cuando un fruto maduro se desprende de la rama y cae al suelo ¿es un Dios el que con su mano lo arranca y lo deposita luego?

Gea (pensativa)

Entiendo lo que quieres decir; que la naturaleza tiene su forma de actuar y que hay procesos en que los Dioses no tienen porque intervenir.

Agón

Como si hubiese unas leyes naturales bajo las que se rija perfectamente toda la materia, personas incluidas.

Gea

Cierto es que si fuese eso correcto podrían no ser necesarios los Dioses, uno para soplar el viento, otro para mover las aguas, uno para la guerra, otro para las fiestas. Pero, ¿quién dicta esas leyes de las que hablas?

Agón (ligeramente inseguro)

Quizá esas leyes sean inherentes a la materia.

Gea (triunfal)

Y ¿quién creó la materia?

Agón

Quizá sea eterna.

Gea

Veo que no estás muy convencido de lo que dices.

Agón (indignado)

Puede ser que esté equivocado, pero no es lo importante. Lo importante es que no necesito plantear la existencia de ningún ser superior que controle nuestros destinos, no es necesario la hipótesis de Dios. Visto así, Dios no es más que una invención humana. Una de las cosas que ha aprendido de mi infancia es que en cada pueblo idolatran Dioses diferentes y todos están convencidos de que son ellos quienes tienen razón y los demás yerran. Yo creo que se equivocan todos, tanto los que creen en un solo Dios como los que creen en varios.

Gea (cínica, agresiva)

Crees haberle arrebatado de las manos a Dios tu destino, más para que el destino del hombre esté en sus manos habrás de mejorar tu teoría. Hablas de unas leyes , inherentes a la materia y que rigen perfectamente todo lo que de ella se componga. Incluidos los hombres. (Incrédula) ¿He de entender, puesto que el alma se corrompe con el cuerpo, que la esencia de aquella, al igual que la de este, sea meramente material? (Agón asiente pensativo. Cáustica) Parece entonces lógico colegir que esas leyes determinen perfectamente cualquier proceso del alma, tanto pensamientos como sentimientos e instintos; es decir, nuestro comportamiento.

Agón

Sí ,parece lógico.

Gea (decepcionada)

Si es eso realmente lo que piensas, no me gustaría en verdad ser tu. En una vida sin razón y sin la posibilidad de luchar, pues hasta tu lucha está escrita en tus leyes.

Agón

Nadie dijo que fuese fácil. Mas, a pesar de todo, sí que conservo la posibilidad de luchar. Puede que no seamos libres respecto a unas leyes que describan a la persona y, de esta forma, su destino, pero, al desconocerse estas leyes y por ende no ser nadie capaz de desenredar la madeja del destino, este aparece inextricable a los hombres, con lo que somos libres de actuar de una u otra manera, libres respecto a nuestras decisiones, aunque estas estén predichas por las leyes; libres por ignorancia, pero libres. Sin embargo cuando te conocí me di cuenta de una cosa: que, a pesar de todo, la vida puede ser hermosa.

Gea

Respondeme a esta pregunta, por favor, pues hay algo en ti que no entiendo. ¿Por qué, en cuanto llegaste a estas conclusiones, no te suicidaste? ¿Qué expectativas podías tener?

Agón (sonríe complacido)

¡Oh, no! te equivocas. Me aferré a la vida como una sanguijuela a la piel. Es preferible el dolor a la nada.

Gea

Quien sabe; tal vez tengas razón, tal vez no. Eso es algo que sólo sabremos con la muerte.

Agón

Tal vez ni así.

Gea

La sola idea de que algún día yo llegase a creer lo que tu dices me hace estremecer. Digo que es lo que dices, y no lo que crees, ye que me parece que tu tampoco lo crees de veras. Más ahora comprendo mejor que te atormente la muerte de tu padre.

Agón

No es sólo por eso. Su muerte no ha hecho más que recordarme la condición de todo humano, lo voluble de su vida y su futilidad. Eso también me ataña a mi, a ti y a todos los que nos rodean (tocandola el vientre. Tiernamente) o a los que rodeamos y aun están por venir. (Triste, vulnerable) Me atormenta pensar que un día habré de morir, que el mundo desaparecerá a mi alrededor y en mi interior, que el yo se ahogará en la Nada y yo me fundiré con el Todo. Dar la vida es condenar a muerte.

Gea

¡Oh, querido! ¿Cómo puedes decir esas cosas? Cómo creer que la vida es una condena y no un regalo. Sí, dar la vida es un regalo; coger una parte del Todo informe y moldearla en forma de persona, arrancarle un individuo a la nada.

Agón

¿Para que vuelva a la nada?

Gea

Es lo de menos. Ese fugaz relámpago entre dos simas está lleno de color y, si uno quiere, de alegría.

Agón (sarcástico)

¿Alegría? Creo que tu y yo no vivimos en la misma ciudad. (Asqueado) Yo vivo en una en la que durante una década ha muerto diariamente un número desmesurado de personas a manos de otras personas, una ciudad en la que nos coartan la libertad con espadas. El mundo en que yo vivo es competitivo, envidioso, traidor... ¡Ambicioso! Siempre se quiere más, es decir, lo que no se tiene, lo ajeno.

Gea

Que el mundo no es lo que podría, que la sociedad está corrompida lo sabemos todos. Mas no te debes dejar vencer por el tedio de la vida, ni que te arrebaten tu natural amor por ella. El mundo puede ser horrible, mas la vida es hermosa.

Agón

Yo amo la vida y deseo vivir tanto o más que cualquiera, aun más comparandola con la alternativa, pues a diferencia de vosotros, para mi esta, terrena, es la única vida de que disponemos.

Gea

Entonces, mi amor, ¿por qué te debates entre amar y odiar la vida?

Agón

Porque el vivo se debate entre la vida y la muerte.

Gea

No entiendo a donde quieres llegar.

Agón

Quiero decir que yo amo la vida, me parece algo extraordinario. Me maravillan los colores y las formas, me fascinan las criaturas que vuelan, las que saltan o andan y las que se arrastran por el suelo, e incluso, las que se enraízan en la tierra y la enverdecen. Pero, lo más maravilloso de todo, es la capacidad humana de razonar; mas no me parece que el ser humano por estar dotado de mayor inteligencia, le sea la vida más fácil, sino al contrario. Con el raciocinio llega también la consciencia de uno mismo y la de su propia muerte, y así mismo, la capacidad de valorar y sopesar, y otras muchas que no vienen al caso.

Gea (atacante)

Me parece que te has olvidado de las capacidades emocionales: amar, odiar, empatía, melancolía, celos...

Agón

También los animales sienten

Gea (estallando de cólera)

¡Político habrías de ser de tan demagogo, aunque ni en el ágora creo que prestasen los troyanos sus oídos a escuchar tus palabras! Si tu insistes en comparar los sentimientos de un perro a los de un humano, con su profundidad e intensidad, yo me veré obligada a equiparar los pensamientos de un humano a los de un asno, y no me parece haberme equivocado después de escucharte. (Agón se enfurruña y se aparta lentamente, a lo que Gea responde abalanzandose y agarrandose a él cariñosamente. Conciliadora) Siento lo que te he dicho, cariño, te pido perdón (él asiente levemente, aunque con el mismo ánimo), mas también te pido que, si de por sí ya me es difícil seguirte por los caminos de tu tortuosa mente, no me lo dificultes más con fáciles demagogias.

Agón (la abraza efusivamente)

No sientas lo que has dicho, pues has hablado con toda la razón. No ha sido el que, sino el como lo que me ha ofendido. Me alegro de realices este viaje por los caminos de mi torturada mente.

Gea

Entonces continuemos donde lo dejamos.

Agón

No puedo, pues olvidé lo que estaba diciendo.

Gea (pensativa)

Decías que... ¿crees que merece la pena vivir?

Agón

Evidente es que no: la muerte es un precio demasiado alto por la vida para cualquier ser consciente.

Gea

En eso no puedo darte la razón, ya que si eso es así, ¿por qué eres la única persona que piensa de esa manera?

Agón

Yo no lo veo así; más bien me parece que todos coinciden conmigo, y que por eso se aferran a la arbitraria idea de que su vida continuará tras su muerte: de esta forma sí merece la pena, la vida cobra peso y la balanza se inclina en su favor. La mayoría de las personas no podrían soportar la idea de una vida sin peso, se verían aplastados por la livianidad.

Gea (ofendida)

¿Crees que yo no podría?

Agón

Creo que tu sí, eres una mujer fuerte, por eso te lo estoy contando. Tal vez nunca llegues a creer lo que digo, pero se que meditarás sin prejuicios sobre mis absurdas elucubraciones. Pero... (se vuelve para escuchar) ¿oyes?

Gea

Se acerca alguien. Sentemosnos en aquellas piedras de forma que no puedan vernos y poder seguir conversando.

(Hacen mutis por el foro. Entra Acates llorando)

Acates (consternado y un poco ebrio)

¡Oh, padre! ¡por qué te has asesinado? ¿Por qué tu, que a amar la vida me has enseñado prefieres ahora las moradas de Hades? De dolor son los hilos con que las Moiras tejen el destino. ¡Oh, padre, luz de mis días, modelo de mi vida! Libertad era el premio a una vida de lealtad y servicio. ¿Por qué si sabías la última voluntad de tu amo, ¡libertad!, por qué ahora que habías alcanzado el bien más ansiado, has dejado tu cuerpo vano? Con la muerte has segado de tu vida la esplendida vejez del hombre sabio, ¡padre!, ¿por que te has matado? (Sacando una carta de entre sus ropas) Una carta junto a tu cuerpo exangüe hallé, mas aun no me atreví a leer. (La abre y lee)

<Átalo a Acates, ¡salve!

Querido hijo, siento que esta situación haya llegado a producirse, que estés leyendo esta carta y que hayas perdido a tu padre, pero confío en que sepas comprenderme y entiendas, como yo, que es lo mejor para todos.

Lo mejor para ti, que no tendrás que arrostrar la carga de un anciano, atendiendo mis achaques y padecimientos y más tarde, si los hados me hubiesen dado vivir tanto, contemplar mi lenta muerte, como la de mi amo. Es para mi ya la vida una larga agonía hasta la muerte.

Lo mejor para mi que me evito ese sufrimiento, dulce es la muerte por cicuta, de vivir el resto de mi vida. Se que mi amo ha muerto, los Dioses lo tengan en su gloria; así pues yo ya he cumplido con mi vida, ya acometí mi misión en la vida, para la que vine al mundo, que no fue otra que servir a mi amo hasta su muerte, y quién sabe después de ella lo que encontraré. Se que había dejado dicho que a su muerte yo quedara en libertad, bondadoso gesto, más habiendo concluido mi función en la vida, careciendo ahora mi existencia de un sentido, mi primera decisión como hombre libre es dejar de contar entre los vivos. ¿Qué podría hacer yo, un esclavo, con la libertad? (Pausa)

Ya las fuerzas me abandonan, siento el veneno en mi interior extenuar mis miembros, pero no quisiera morir sin dedicar un último pensamiento al amo Agón. Refierele esta carta y hazle saber que ha sido un hijo para mi, que mis sentimientos hacia él así han sido y que ha sido un honor servir a alguien tan noble como su padre y que el mismo honor habría sido servirle a él, pero ya te tiene a ti que eres más joven y sabrás servirle mejor.

Adiós hijo mio. Cuidate>

Agón se levanta y anda hacia Acates mirandolo con curiosidad. Gea le sigue a corta distancia.

Agón

¿Acates? ¿Eres tu?

Acates

¡Oh, querido Agón! Gentil Gea. La Providencia es la que hasta mi, que les he estado desesperadamente buscando, os manda. La desgracia se ciñe en este día sobre nuestra casa, y con mis pesares me parece no poder seguir existiendo. La mortal guadaña ha segado otra vida de nuestro campo.

Agón

¿Cómo dices?

Acates (ofreciendole la carta)

Leed.

Agón coge la carta y la lee rápidamente. Se queda obnubilado, la deja caer y sale corriendo. Gea la recoge y también la lee, se acerca a Acates, que sigue sollozando, y le abraza.

Gea

¡Oh, Acates: el más fiel de los hombres, el más noble de los amigos, el más probo de los esclavos! ¡Luctuosa desgracia es perder al padre!

Acates

Cruel perder a dos el mismo día.

Gea

Tu padre fue una gran persona: has de estar orgulloso de su vida, levantar la cabeza con el honor de ser su hijo, y no menos bueno.

Acates

De poco me sirven ahora esos pensamientos, mas gracias por proferirlos. ¡Mi padre ha muerto! Y yo no puedo hacer nada contra eso.

Gea

Natural e inevitable es llorar a nuestros muertos, pero es un acto infructífero: no los devolverá a nuestro lado. Llora ahora cuanto puedas, desprende de ti la pena, y cuando ya no puedas llorar más, enjuga tus lágrimas y recuerda de tu padre solamente su vida, toda su vida.

Pausa larga. Acates se deshace en lágrimas mientras Gea le consuela maternalmente. Se recompone y arrebatado por la vergüenza se aparta de Gea.

Acates (murmurando)

¡Qué imperdonable mi actitud! Dejarme llevar delante de mi dueña...

Gea

Tu dueño es mi esposo, no yo. Mas creo que él te considera más como un amigo de incuestionable lealtad.

Acates

¡Oh, Gea: cuánta piedad albergáis! Vuestras palabras hacen tanto bien en mi como si lavaran mis heridas: no me las cicatriza ni me quitan el dolor (nadie podría hacerlo), pero me habéis enseñado como tratarlas para que no sangren y así el tiempo, poco a poco, las vaya cerrando. ¡Cuán afortunado ha sido mi amo al enamoraros!

Gea

Yo también al enamorarme de él.

Acates (avergonzado, casi humillado)

Gea... ¿me permitís que os hable sinceramente?

Gea

¡Oh, Acates, cuánto he esperado esas palabras de ti. Desde que me casé con Agón tengo la sensación de que me esquivas; dime si es así y por qué. (Enterneciendose) Antes no eras así, parecía que podríamos llevarnos bien. Pero desde la boda y el asunto aquél no me diriges la palabra más que para lo imprescindible: yo me empeño en hacerte mi amigo y tu en ser mi esclavo. (Vencida) No os entiendo, ni a ti ni a tu amo. Empero hoy has decidido romper tu silencio: habla pues y di lo que tengas que decir.

Acates

Es cierto que rehuyo vuestra presencia. Es cierto también que esto en otro tiempo no era así, que manteníamos amigables conversaciones, aunque tal vez algo superficiales. En otro tiempo era sólo una amiga de mi amo, ahora es su esposa. Mas no es por eso por lo que os esquivo: (gritando nervioso) ¡Vos... vos odiabais a vuestro suegro!

Gea (incrédula)

¡Eso es absurdo!

Acates

¡No lo es! Vos los separó, puso a Agón en contra de su propio padre y le ha impedido verle en todo este tiempo.

Gea

¡Acates, por todos los Dioses, deja de decir incoherencias! Yo no le odiaba; sino él a mi. (Nerviosa, violenta) Todo por ese maldito asunto. Pero, ¿no te acuerdas de como me cogió del pelo (representandolo en Acates) e intentó tirarme al suelo, y cómo, cuando me zafé me escupió a la cara? (Se da cuenta de que tiene asido a Acates del pelo y lo suelta aturdida)

Acates

Motivo suficiente para odiarlo.

Gea

¡Oh, poro yo nunca le odié! Sin duda todo es por aquel...

Acates (sarcástico, agresivo)

Por aquel asunto, como vos lo llamáis. Vos sabíais que él estaba prometido.

Gea (exaltada)

¡Sí! Una boda concertada.

Entra Agón sin ser visto

Acates

Pero él no podía romper el compromiso; sin embargo celebrasteis una boda secreta. ¡Por eso os tiró del pelo! Desde entonces mi amo no vio a su padre hasta hace pocos días.

Gea

Y eso es de lo que me acusas. Pues has de saber que él tomó esa decisión por propia voluntad, y que yo no he hecho sino tratar de interceder entre ellos animando a mi marido a reconciliarse con su padre.

Acates (conteniendo el entusismo)

¡Oh, Gea! Pero si eso fuese cierto...

Gea

¿Por qué temes creerme? ¿Qué agravio cometí ante ti para que de esta forma me juzgues y sentencies antes de oír la defensa? Ya sé: no me perdonas que al convertirse en mi esposo, tu amo perdiera la herencia, el nombre y, en definitiva, su posición.

Acates (humildemente)

No; creo que eligió acertadamente. Él os ama, y vos a él.

Gea (suplicante)

Entonces dame una oportunidad.

Acates (pensativo)

Pero eso implicaría...

Gea

¡Exacto! Mi esposo y su padre discutieron; y no es posible culpar a nadie de eso.

Acates

Entonces, ahora me doy cuenta, es eso lo que le atormenta: se arrepiente de haber abandonado a su padre mas la que tomó fue la única decisión acertada que podía tomar.

Gea

Lo que sucedió es que es demasiado estricto. No voy a negar que yo confiaba en que decidiera en mi favor, pero, después de pasado un tiempo insistí en que buscara una reconciliación mas mis súplicas fueron en balde. No es fácil cargar con la culpabilidad de haber roto una familia.

Agón (saliendo)

Esa familia, como tu la llamas, ya estaba rota.: tu no tienes la culpa. Es cierto, Acates: no cejó en su empeño de que volviera a ver a mi padre. Si no hubiese sido por ella no le hubiese vuelto a ver en el resto de su vida. Ella se apiadó de quien la había ofendido sin ella merecerlo; ¿qué mayor virtud? Cuando aquella noche me reveló estos sentimientos comprendí que estaba ante una persona moralmente superior, que, por tanto, había acertado, como tu bien dices, en mi elección y que debía consagrarme a esta gran persona e ignorar a sus detractores.

Gea

¡Oh, mi querido esposo, gracias! Pero creo que vuelves a rozar el paroxismo. Ni yo soy superior a nadie ni tu te consagraste como decías. Si no, me hubieses hecho caso mucho antes.

Agón

Lo consideré como un signo de excesiva bondad.

Gea

Aquella noche le perdoné porque le comprendía, ¿recuerdas? Aun pasó algún tiempo hasta que comprendí que necesitabas reconciliarte con tu padre a pesar de ser un hombre adulto e independiente. Es necesario contar con un padre, a cualquier edad, y siempre es una lástima haberlo perdido. Es algo que nunca antes había comprendido, pues yo los perdí siendo todavía una niña.

Agón

Bien cierto es, mas yo tampoco he querido darme cuenta hasta que ha sido demasiado tarde. ¿Por qué no valoramos como merecen las cosas hasta que las hemos perdido? Cuando estaba ahí dentro (designando a Acates) con tu padre, me he dado cuenta de una cosa: la vida es efímera, y así también, todo lo que a ella esté ligado, las personas que te rodean, los bienes, los sentimientos... Por eso hay que hacer un acto de fruición. Si bien es posible tener más también lo es tener menos; por eso hay que saber valorar las cosas. Al que nada tiene nada le podrán arrebatar, pero hay algo, aquello que realmente nos pertenece que no nos podrán quitar, y es a nosotros mismos. Sí, Acates. Hay algo dentro de ti que ni siquiera yo, como amo tuyo, podría arrebatarte. ¡Oh, pero quita ya esa mirada, no quiero quitarte nada! Bastante daño he hecho ya robandole su único hijo a mi padre y el padre a un hijo.

Gea (ilusionada)

¿Has, pues, perdonado a tu padre?

Agón

¡Así es, amada mía! Al fin hice un hueco en mi corazón donde albergarle para siempre. Llevabas razón en lo que tantas veces me repetías: el corazón se puede estirar hasta amar a todo el mundo; amarles con sus defectos, amar sus defectos, quererles tal y como son. ¿Cómo podría tolerar mis defectos si no puedo tolerar los ajenos?

Gea

¿Amas entonces a nuestro hijo?

Agón (tornandose serio y grave)

¡Pues claro que lo amo! Pero eso es algo mucho más complicado.

Gea (desengañada)

¿Complicado? ¿Qué quieres decir?

Agón

Este mundo no le merece, él se merece algo mejor. ¿Cómo castigarle a vivir en un lugar donde sólo abunda la maldad y huele a podredumbre?

Gea (ofensiva)

También es donde tu y yo vivimos. ¿Quieres decir con eso que no eres feliz?

Agón (excusandose, defendiendose )

Pero Gea, ¡oh, amadísima Gea!, yo he tenido mucha suerte al conocerte. Nada garantiza que nuestro hijo vaya a encontrar nada en esta desgastada sociedad, en este mundo hastiado.

Gea

¿No deberíamos dejarle una oportunidad?

Agón

¿Podemos, acaso, arriesgarnos?

Acates (acercandose)

¿Me permitís unas palabras, gentiles amos? Es absurdo que discutáis por esto ahora; los dos tenéis razón. Mi buen amo, es cierto lo que decís, sí, mas es solamente teoría. Tal vez este mundo no se merezca personas tan cabales como vosotros, tal vez no se merezca vuestro hijo vivir en un mundo así. Pero ese no es el caso, pues el hecho está ahí (señalando el vientre de Gea), y es lo único que importa; en eso tiene razón Gea.

Gea

Es cierto, es todo teoría, como aquello de los Dioses y la libertad. No se puede vivir basandose en eso, no es práctico.

Acates

¿También os lo a contado a vos? Cuando me hizo partícipe a penas podía creer que esas frases estuviesen siendo dichas, y mucho menos que las creyera él.

Gea

A mi, al principio, también me sorprendieron; pero ahora veo claro. No es que puedan o no ser rebatidas, sino que de poco sirven esas preguntas y sus posibles respuestas al día a día del hombre. Es teoría, y en ese plano ha de ser considerado.

Agón

Eso es cierto, pero no del todo verdad. Es cierto que es teoría, pero no verdad su inutilidad. La respuesta a mis preguntas, claro está, no puede alterar la cotidianidad de la persona, sin embargo creo que sí afecta a la forma de afrontarla. Es una verdad subyacente, primigenia, que se ha de albergar como cimiento de las demás verdades que a lo largo de la experiencia vayamos construyendo.

Gea (temerosa pero con un desesperado arrojo)

Con esa verdad absurda que albergas en tu pecho, ¿cómo vas a recibir a nuestro hijo?

Agón (medita un instante con una cálida sonrisa. Repentinamente alegre)

¡Está bien, está bien! Reconozco que estáis en lo cierto; Gea, Acates, era yo quien se equivocaba, pero ahora me doy cuenta de ello: no se puede responder a los hechos con teoría, no puedes defenderte de la vida sólo con esto, has de saber aplicarlo. Nuestro hijo será educado en un ambiente de amor, paz y respeto. Haremos de él el hombre en que se basará el futuro: libre, independiente, pero con una profunda consciencia de grupo, de un grupo que abarque a todos los hombres sobre la faz de la tierra. ¿Qué importa que el mundo no esté preparado para alguien así? Si nuestro minúsculo aporte ayuda a mejorar un poco el mundo, y así mismo hiciera nuestro hijo, y poco a poco se fuera imponiendo la razón sobre la fuerza, tal vez dentro de dos mil años este sea un lugar habitable para todos. Ahora volvamos a casa y después celebraremos la gestación de nuestro hijo y con él la de un nuevo mundo.

Acates

¡Mirad Ilión iluminada de hogueras que propagan la fiesta! Festejan el futuro.

Gea

Mas no me parecen hogueras aquellas que allá llamean, sino casas incendiadas.

Agón

¡Es cierto! Y ese peculiar sonido es el del hierro batiendose fiero en la lid.

Acates

Los griegos deben haber vuelto sorprendiendo a nuestros hombres en la celebración.

Agón

Nuestra casa aun está en zona segura. Mejor será que vayamos a por armas. Acates, tu, mientras, ve a casa de nuestro vecino Voulgaris y averigua lo que puedas. Nos reuniremos de nuevo aquí. Date prisa y... cuidate.

Acates

Igualmente.

Salen. Pasado un rato vuelven a entrar Agón y Gea. Él lleva una espada en la mano y otra colgando de la cintura y parte de la antigua armadura. Ella porta una especie de atillo. Parecen enfadados. Quedan callados un tiempo.

Agón

¡Huyamos, mi amor! Es la única opción.

Gea

Esta es mi patria, la tierra que me ha visto nacer. ¡No la abandonaré sin luchar!

Agón

A riesgo de tu vida.

Gea

A riesgo de mi vida.

Agón

¿De que te servirá, entonces, la victoria, si tu habrás muerto?

Gea

Puede que yo no pueda disfrutarlo, pero habrá alguien que al disfrutarlo, por ese mero hecho, me lo estará agradeciendo.

Agón (muy serio)

En que podría ayudar a un muerto que alguien le agradezca algo sin tan siquiera darse cuenta? Escucha: nadie se acordará de nosotros dentro de unas generaciones. ¡Huyamos, escucha a tu instinto de supervivencia! Además, no sólo has de pensar en ti.

Gea

¡Es cierto!

Agón

No tiene nada de malo cambiar de residencia de vez en cuando. Al revés que tu, yo no me he criado donde nací; he cambiado más veces de casa de las que podría enumerar. Nosotros nos instalaremos en algún lugar tranquilo, crearemos una familia y seremos felices. Pero, ¿qué es? ¿Por qué me miras de esa manera? Dime que es. ¿Acaso dije algo gracioso?

Gea

No es burla, sino amor, lo que ves en mi cara.

Ella se lanza a su cuello. Entra Acates corriendo. Agón le da la espada que lleva en la mano.

Acates (jadeante)

La ciudad está prácticamente rendida. El caballo era una trampa repleta de soldados griegos. Ha caído, Príamo y toda su familia. También han muerto casi todos los próceres. Eneas ha trazado un plan de huida junto a unos pocos que le siguen. Pretenden partir en naves rumbo a la costa Ausonia. El lugar de reunión para quienes se adhesionen es en aquel promontorio.

Agón (a Gea)

¿Vamos?

Gea

¡Vamos!

Entran corriendo dos soldados griegos blandiendo sus espadas. Acates, que tiene la suya en la mano, se bate con uno, mientras el otro avanza hacia Agón que retrocede, intentando desenvainar. Al ver esto Gea se arroja sobre el soldado que la rechaza con un golpe en el estómago. Se va a por Agón, que ya ha desenvainado, y se baten. Gea queda tendida sin sentido. En los dos duelos los protagonistas se ven superados, retrocediendo constantemente. En un determinado momento Acates busca el cuerpo a cuerpo, aprovechando para sacar una daga de entre sus ropas y clavarla en el costado de su enemigo. Mientras, Agón es malherido hiriendo a su vez al soldado quien, al ver a su compañero muerto, huye cojeando. Acates se acerca a Agón, que agoniza.

Agón (débil)

Acercate, amigo mio, pues voy a morir y aun me quedan cosas por decirte.

Acates

¡No moriréis! Huiremos con Eneas y os restableceréis pronto.

Agón

Eres muy amable al proferir semejantes palabras, mas no me trates de engañar ni lo hagas a ti mismo: este es mi final. He aquí lo que tengo que decirte (sacando una carta de entre sus ropas) aquí tienes tu libertad, haz de ella lo que quieras. (Acates la coge y se la guarda sin leerla) Ahora puedes suicidarte si, como a tu padre, su peso te aplasta. O tomar una nueva esposa cada dos años. (Ríe, lo que le provoca un ataque de tos)

Acates

Me quedaré al lado de vuestra esposa y daré a vuestro hijo un compañero. Es mi deseo que nuestros hijos sean amigos.

Agón (pensando en voz alta)

Amigos en igualdad...

Acates (humildemente)

Si vos y Gea me lo permitís, claro está.

Agón (tiernamente)

¡Albergáis un alma noble, querido amigo! Pero, ¿dónde está Gea?

Acates

Debió desmayarse; trataré de despertarla.

Se va a donde quedó Gea, de forma que no puede oír ni ver a Agón.

Agón

Ha de ser este, sin duda, el momento, último de mi vida, destinado a hacer balance de toda una existencia. En el plato de lo positivo: nada; en el de lo negativo: nada. Bueno, sí, algunas cosas buenas, otras malas y la mayoría ni lo uno ni lo otro, pero nada computable al finalizar mi recorrido. ¿Qué hice que me distinguiera de la generalidad? Nada. ¿Por qué habría de ser recordado en un futuro? Por nada. ¿Ha sido, pues, la mía una vida desperdiciada? Mas, ¡cuál no lo es! Que me traigan un hombre que no cambiara todos sus méritos y sus logros, sus avances para la humanidad y la inmortalidad en las mentes de los hombres, por un año más de vida y os mostraré un hombre que no ama esta vida. De todas formas a mi nadie va a concederme un instante más. Esta es mi despedida del mundo, precisamente ahora que empezaba a rehacer mi vida, sin siquiera conocer a mi hijo. Mi hijo: es lo único de lo que aquí queda que testimoniará mi paso por este mundo. Es lo único que he hecho que trascenderá a mi vida, mas ni siquiera me habrá conocido. Escucha, hijo mio: puesto que muero quisiera contarte lo único que he aprendido en mi vida que te puede ser de utilidad. Tal ven en algún momento te preguntes qué sentido tiene la vida, pero eso es un error. Puedes hacer de la vida lo que quieras,lucha por ejemplo, rellenar de ambición un vacío, como un gran caballo de madera repleto de guerreros: un ser muerto y sin sentimientos hacia fuera, y si miras dentro sólo encontrarás odio y maldad.

Nunca nada fue tan confuso. La vida y la muerte se entrelazan en caliginosa maraña. Empiezo a ser débil, empiezo a permitir que la sensiblería se apodere de mi. Se desvanece... se desvanece. Ahora sí que nada tiene sentido, la vida no es lo que parece desde fuera, no es más que otra trapaza. Es cuando uno se acostumbra a ella cuando, con un zarpazo de realidad te despereza del deletéreo ensoñar, te hace partícipe de la tragedia, pues la vida siempre habrá de acabar con la propia muerte. ¿Es pues nocivo ensoñar, ya que nos aleja de la realidad de la vida y la muerte? No es bueno ni malo; quizá más o menos apropiado. Mas no dejo de preguntarme por qué habría de preferir la vida real, tangible e imperfecta, a la vida ensoñada, intangible y perfecta. ¿Acaso no vivo en las dos? Pero ahora las dos se apagan...

Muere sin que Acates se de cuenta. Poco después Gea recobra el conocimiento.

Acates

Agón está malherido.

Gea, siempre con gran dolor en el estómago, se incorpora y dirige hacia Agón. Al darse cuenta de que está muerto se abuza sobre él llorando desconsoladamente. Se retira súbitamente con la cara desencajada, mete las manos bajo el vestido y se toca entre los muslos. Cuando saca las manos estas están ensangrentadas. Acates, entretanto, se ha retirado vigilante, dejando a Gea fuera de su campo visual.

Gea (mirandose las manos. Trastornada)

¡Hijo mio, flor de mis entrañas! Se me ha escapado tu vida entre las manos, perdí lo único que me quedaba por perder. Esta es la vida de verdad, la vida sin adornos, engaños o artificios. La densa roja vida saliendo de si, dejandose llevar. (Dirigiendose a Agón) Dicen que lo que no nos mata nos hace madurar; pues bien, yo no quiero madurar, envejecer, morir, si no es contigo. Prefiero morir ahora, antes de que el resto de mi vida deprecie lo que llevo vivido, antes de que el resto de mi vida esté de sobra. No soportaría el día a día cotidiano sin ti. No soportaría el Sol de poniente con su liviano declinar, esas lentas horas arañandome el cerebro con su peregrinar hacia ningún lado.

¡Oh, soledad, mi bien conocida soledad! Volviste al fin, hacía tiempo que te esperaba. Ha pasado mucha agua bajo los puentes desde que te conocí en los funerales de mis padres, trágicamente muertos; te convertiste en la más fiel de mis compañeras hasta que conocí el amor: entonces creí que me libraría de ti, pero fue sólo un espejismo; pronto me he dado cuenta de que el amor es pasajero, aunque dure toda la vida, pues esta también lo es.

Si mi amado y lo que retuve de él murieron, no puedo sino pensar que el amor que yo en algún momento pudiera prodigar ha muerto con ellos. ¿Qué razón para seguir podría encontrar que no fuese esa? Jamás podré volver a amar: él era el amor.

Coge la espada de Agón y se mata.

Acates

Parece que se acerca alguien. (Volviendose) Señora, será mejor... ¡Gea, no! (Se lanza sobre ella pero Gea se desploma) ¡Pobre Gea, que no quiso vivir sin amor! ¡Pobre Agón, que murió cuando había aprendido a amar! ¡Oh, destino cruel! ¿Por qué alimentas las esperanzas para quebrar después los sueños con el más profundo de ellos? ¡Muerte despiadada! Te llevaste a nuestros mayores y como algo natural lo acogimos. ¿Por qué vuelves ahora a segar con tu guadaña dos jóvenes corazones? ¿Te es acaso más preciada la juventud? Por eso la mandas en masa al campo de batalla dispuesta a regar el suelo con la propia sangre... (Bruscamente) ¡Basta! No digo sino tonterías. ¿Con quién estoy hablando? Es posible que llevara razón Agón, ahora lo veo como él. ¿Cómo podría esta tortura tener sentido? ¿Cómo podría ahora creer en los Dioses? Prefiero no hacerlo, pues si no, creería que controlan nuestras vidas unos seres despiadados, reconcomidos por la sevicia, Dioses insensibles. Si ellos son inmortales ¿cómo podrían comprender los sufrimientos humanos que padecemos por aferrarnos a la vida, o la desesperación ante la muerte del ser amado? No puedo pensar ya de otra manera, no puedo creer en Dioses a mi imagen y semejanza. Si existe un ser superior está claro que no es racional; no creo tampoco que sea un ser vivo, sino más bien una fuerza que rige pero no gobierna. Nos dan un campo de juego y unas reglas para jugar, pero lo que ocurra dentro del juego es sólo responsabilidad nuestra. Pues la vida no es más que eso, un juego al que no nos han enseñado a jugar, una imitación, un ensayo constante que jamás se representará; peor, una representación sin ensayo previo. ¡Desdichado de mi, que soy el protagonista de una tragedia que únicamente yo puedo escribir! Esto es lo que me abruma: ¿debo seguir viviendo sabedor de que la batalla por la vida está perdida? Perdí mi familia, no me quedan amigos vivos ni tengo trabajo, no tengo obligaciones ni quehaceres, soy voluble en el amor... ¡Mas no sucumbiré tan fácilmente, ya probé de esta copa encantada y la pienso apurar! Pero no basta con vivir; vivir es fácil, se hace por si solo. También hay que saber disfrutar, pues aunque me sepa condenado a muerte, la espera será más llevadera si encuentro la felicidad.

Mira tristemente a sus amos y sale.

FIN