Diario de Viaje por Venecia, Florencia y Roma

12-XI-07 Con pocas ganas me levanto temprano para ir a Barajas. Esperando en la T4, descubro que estoy en lista de espera a pesar de haber facturado el equipaje y por culpa de la desidia de los de Iberia en las isletas, he de correr de un extremo a otro de la T4.
Cojo el avión que está a rebosar. No se cómo he tenido tanta suerte de poder entrar. Por primera vez desde crío me mareo en el avión, que sufre un par de baches y ruidos desconcertantes (jodidos A320). Justo antes de salir del aeropuerto, un poli de paisano me para, pide la documentación, interroga acerca de a dónde voy y con quien y me vacía la maleta comprobando meticulosamente que no llevo droga. Estuve por preguntarle, si había sido por la barba. Muy amable en cualquier caso.
Cojo el autobús a la plaza de Roma, en Venecia. Justo llego en la media hora en que la Oficina de Turismo está cerrada. Me dirijo a buscar mi alojamiento, dando un sin fin de vueltas con mi mapa y las indicaciones aportadas por el propio hostal. Pregunto varias veces y nadie conoce la calle. Pregunto a una señora, que va con dos maromos y se pone a buscarla por mí, preguntando a todo el que encuentra. Una señora mayor saca una guía de calles para ayudarnos. El encargado de un restaurante que presencia la escena, se apunta y da las mejores indicaciones. Los maromos, ya desesperados por el tiempo que les hago perder, mientras la señora no desiste. Al fin encontramos la calle y me despido agradecidísimo. La escena anterior hace que me encante Italia.
Entro por una puerta destartalada, atravesando un angosto pasillo que huele a alcantarilla. Descubro que “Francesca's” está regentado por chinos. Pero el sitio está bien, con sábanas limpias y duchas en buen estado. Me dan unas llaves (que luego descubriré que no funcionan) y salgo a ver la ciudad.
Por ser el primer día y ya algo tarde, únicamente camino por Venecia mirando un par de Iglesias, sitios dónde comer y poco más. Me hago la mitad sur de Venecia, andando varias veces, disfrutando un rato de sus callejuelas y la maravillosa Plaza de San Marcos.
En el albergue, me ha tocado compartir habitación con tres italianas. Como hablaban entre ellas, no he metido baza para abrir conversación. He comprobado in situ, el tópico acerca de que las italianas no se depilan las axilas.
Me encuentro algo mal, tengo dolor de cabeza, calores y escalofríos, quizás por el mareo del avión. Me he acostado pronto.

13-XI-07 Salgo a ver lo básico. El Palacio Ducal y los museos adyacentes. De todos modos aprovecho para ver varias iglesias por el camino el puente de Rialto. Revisito lo que ya ví hace dos años, disfrutándolo mucho más, al tener tiempo y mi propio ritmo. Luego paso a la Basílica de San Marcos, que te cobra por separado cada trocito que veas. Desde su balcón tomo algunas buenas fotos de la plaza y el canal. Cojo el vaporetto hacia el puente de la Academia. Tras dar varias vueltas encuentro la entrada dónde, ni la Venice Rolling Card, ni con carnet de estudiante (sin contar que no mentí al decir que era estudiante de física y no de arte) me sablan 6,5€. Pero vale la pena. Tiene una gran galería de cuadros de Tintoretto, Tiziano, Carpaccio, Bellini y muchos más. El Guggenheim hoy cierra. Tomo el vaporetto que me lleva a la plaza de Roma. Hoy me ha invadido una profunda melancolía.

14-XI-07 Me levanto como todos los días a las 7:30 y salgo a ver la ciudad. Me he propuesto ver el sur de Venecia y a ser posible comer en Giudecca. Me veo varias e impresionantes iglesias y por azares del destino termino en Giudecca, aunque tenía pensado ir a los jardines, al Este de Venecia. En esta isla, no encuentro ningún sitio majo dónde comer por lo que compro unos raros croissants de mermelada, una bebida roja y tomo el vaporetto de vuelta a Venecia para ver más iglesias y terminando en el museo del S. XVIII que es un impresionante palacio. Tengo en mente ver el museo Peggy Guggenheim que me recomendaron, pero como aún es pronto y era de lo que cerraba más tarde, cojo el vaporetto en direción a los Giardini, dónde hay otra iglesia además de la exposición “Bienale de Venecia”. La zona tiene calles más amplias y viviendas de mejor aspecto. Justo al lado hay una academia militar naval. Ésta ciudad tiene universidad, ópera, escuelas de todo tipo, edificios científicos y artísticos. No se cómo cabe todo. Es agobiante su falta de espacio, sus callejuelas estrechas que no llevan a ningún sitio.
Uno se pregunta de qué vive esta gente. Del turismo, por supuesto. Pero ¿de qué más? ¿de la artesanía? Lo que no deja de sorprenderme es que, con los impresionantes ingresos de los que dispone la ciudad, no estén más cuidadas sus casas. En muchos de los barrios por los que pululo, es cómo si estuviera en Vallecas. Las casa se caen a cachos, los cables eléctricos o teléfonos cuelgan por todas partes. Sin contar que la gente cuelga la ropa en cualquier sitio (como en España en muchos sitios). Y lo mejor, es que los pisos no bajan de los 450000€ y uno se pregunta que quién pagaría tanto por vivir en una ciudad que se muere y sólo tiene turistas incordiantes.
Y sin embargo... qué ciudad. He visto ya decenas de Tintorettos, Tizianos y muchos más. Sus iglesias por fuera no parecen nada, y por dentro son incomparablemente más hermosas que las nuestras. Todas llenas de cuadros, mármoles y maderas, sin barroco y con mucho renacimiento.
Pero por otro lado, me cansa tanto andar, tanta iglesia y tanto arte que no conseguiré recordar a los 5 minutos. Estoy fuera de casa, completamente sólo. Únicamente conozco a alguien en los albergues y la conversación es nula o poco interesante.
A veces pienso, que esto no es para mí. Que es lo que me inculcaron y poco más. ¿de qué me sirven tantas cosas bonitas, si no hay con quien compartirlas?. Me satura hacer tanto turismo. Necesito algo más concreto y no está en la “magia” que nos han vendido desde siempre.

15-XI-07 Mi último día de visita en Venecia. Anoche llegaron unos españoles (2 chicos y una chica). Nada más verles el careto, supe que lo eran. Yo, como ya estaba intentando dormirme no me molesté en decirles nada. Pensé que ya hablaríamos por la mañana, si acaso. Madrugué como siempre y salí en busca de más iglesias y museos. Compré antes el billete de tren (30 leres) para Florencia y luego cogí el vaporetto a Murano. La verdad es que le he cogido el gusto a ir en barco. Antes prefería andar y en cierto sentido es más rápido... pero estar ahí, mezclado con la gente escuchándoles un poco, me alegraba un poco mi maltrecho espíritu.
He estado en el Guggenheim. Es el único sitio en el que he visto a mucha gente joven. Claro está que todo pijo que va de algo, tiene que ir al museo de arte moderno más conocido. Había algún Picasso, Pollock y otros más. La verdad es que no entiendo el arte moderno. Creo que sólo me gustaron un par de cuadros.
En Murano, no mucho que ver, salvo tiendas de cristalería y dos iglesias, dónde me he tomado mi tiempo para verlas, retomando mis momentos de reflexión (descanso) del Camino de Santiago. Aunque ahora, creo que lo que menos deseo es pensar. Me está amargando profundamente esta soledad. Algo he hecho mal si no he encontrado con quien hacer estos viajes. Por un lado, no me cuesta nada hacer nuevas amistades en cuánto soy mínimamente amable y educado. Incluso me pasa, en demasiadas ocasiones que rechazo el trato de gente que me gusta, pero sin embargo me aburre o no me sugiere nada. En cambio, no soy capaz de buscar yo lo que me interesa. Todo es demasiado pasivo. Y mis pocas iniciativas, caen en saco roto.
Me ofreció la encantadora Ania, alojamiento en su casa, cerca de Cracovia y sin embargo, es casi seguro que no iré. No veo qué pintaría yo allí y tendría que condicionar y condicionarme, cosa que no me gusta. Quizás ese sea mi error, influido por un sentimiento de culpa, timidez e inflexibilidad.
Cuando estaba a punto de terminar la carrera y ya habiéndola terminado, pensaba constantemente en pegarme un tiro (y así no produciría CO2, como me recomendó mi mentor, cuando le comenté que ya nada me interesaba). Terminada la carrera, mi vida carecería de sentido, a falta de más objetivos. Luego pensé que aún tenía pendiente el Camino de Santiago y también me obsesionaba en el caminar, la idea de acabar con mi vida.
Y menos aún me apetecía ponerme a viajar otra vez, pero, influido por mi madre en que aprovechara los vuelos que me quedaban y en que luego me arrepentiría, decidí partir, a solas otra vez. Pensé que la ventaja de esta soledad estaría en que me forzaría a hablar más con la gente, pero no ha sido así (como mucho, he intentado ser amable y ayudar a todo el que me he encontrado, pero poco más).
Una chica me decía (en la enésima conversación que me sacó acerca de la felicidad) que para ser feliz todo se resumía en el amor. Le respondí que podía ser cierto, pero que mucha gente con amor, no era feliz. Creo que usó una palabra demasiado amplia. ¿el amor de los demás? ¿el de uno mismo? ¿el amor hacia lo que se hace? yo tengo el amor de mi familia (que es un amor que en cierto sentido me oprime y culpabiliza) y el de personas de mi entorno. ¿soy feliz? No. Y cuando tuve el amor de una mujer, tampoco era feliz del todo. Siempre me faltaba algo. Y luego ¿qué es más importante? Ella me justificó en otra conversación, que el amor implicaba perder a veces la dignidad. ¿acaso eso no es perder el amor por uno mismo? ¿ese amor es menos valioso por estar motivado por el orgullo o el egoísmo? ¿puede amar quien no se ama, es decir, quien no se respeta? ¿merece ser amado, quien no se ama?¿o es que dejarse pisar implica amarse mucho más por no darle importancia a ese maltrato?
Tanto ahora, como en el camino, he pensado demasiadas veces en las estúpidas discusiones que he tenido con diversas amistades que consideraba sólidas. Largas explicaciones he tenido que dar y repetirlas una y otra vez para nada. Siempre me ha ocurrido lo mismo. Tras meses de esfuerzos en aclarar las cosas y aclararme en qué he hecho mal, he optado por pensar que la otra persona era demasiado estúpida o tenía demasiados problemas en la cabeza y yo no tenía por qué pagarlos. ¿la postura cómoda? Siempre que renuncias a alguien, te queda una duda. Lo sientes como un fracaso personal o una muerte interior.
Pero por otro lado, si lo único que haces cuando estás con una persona, es discutir y pasarlo mal, de nada sirve una amistad así, por muy bonito que fuera el pasado.
Hoy he deseado irme a casa. Mandarlo todo a tomar por culo y dejar de seguir el sueño de otros. Aunque también es mi sueño, encontrar un nuevo lugar, si lo que tengo no me reporta lo suficiente. El hecho de haber quedado con Luis en Roma, me ha hecho prolongar esta agonía.
Me leído la guía de Florencia. Quizás me anime más esa luminosa ciudad.
Eso espero...

16-XI-07 Me levanto y desayuno con la alemana en silencio. En nuestras breves conversaciones parecíamos compartir esa amargura de no estar haciendo nada concreto. Ella, preparando su trabajo de fin de carrera acerca de no se qué compositor Veneciano. Yo, malgastando el poco tiempo que me queda viendo iglesias y museos, al igual que en el camino, en busca de una idea ambigua.
Como tenía tiempo antes de la salida de mi tren, he visitado las dos iglesias que tenía pendientes al Norte de Venecia. He llegado demasiado pronto y he esperado una hora frente a la iglesia viendo pasar a la gente. Una cosa que me ha llenado de respeto ha sido ver a un señor, que al encontrarse unos papeles de periódico por la plaza los ha recogido y llevado al contenedor. Yo mismo le he imitado con los que tenía cerca. Hasta ahora, sólo veía a la gente tirar las cosas al canal o dejarlas en la calle.
Una de las iglesias estaba repleta de obras de Tintoretto, amén de su tumba y dos gigantescos lienzos. Uno trataba sobre el juicio final y otro sobre el becerro de oro (creo). Impresionantes en cualquier caso. Me he pirado a la estación y cogido el tren a Florencia. En vez de releerme guías he preferido quedarme en la parra observando el paisaje de Italia. Esta mañana me he encontrado un poco mejor, quizás animado por moverme de sitio.
Al llegar me he encontrado en el albergue a unos venezolanos y la encargada era una Cubana. Me ha alegrado un poco no tener que hablar en italo-chino. Me he pirado corriendo a dar una vuelta por la ciudad a ver mi amada catedral y el Ponte Vequio. Ya no es la misma sensación como la primera, pero me ha levantado el espíritu recordar algunas anécdotas y ver en persona, algo tan bello.
He pasado cerca de la casa de Dante. En esta ciudad hay muchas cosas dedicadas a él, como la iglesia (que está justo al lado de su casa y dónde supuestamente conoció a su amor platónico e inspiración, Beatrice, que prefirió casarse con alguien de más pelas), el baptisterio, o su misma casa museo. Y eso que Florencia le exilió y murió fuera. Últimamente pienso mucho en Dante. Tengo que releerle, ahora con más madurez. Me he colado en un par de iglesias. En una había misa y me he quedado. Cánticos, incienso, siete curas (o lo que sean), muchos más ritos y una misa infinitamente más larga. He estrechado la mano de los que tenía cerca diciendo “Pace”.
¿por qué he ido a misa? Quizás por morriña (de ir unas cuántas veces durante el camino de Santiago), quizás por alegrarme el alma, quizás porque sus ideas de hermandad son lo único que ahora me aleja de la soledad. Es pensando en esa supuesta hermandad y al estrechar manos, cuando me he puesto a sonreír, pero teniendo ganas de llorar. Aún así, me ha relajado la misa

17-XI-07 Menuda noche me han dado mis compañeros de habitación. La asiática (lo siento, pero no se de qué país es la individua) llegó, encendió las luces (mientras los demás llevábamos horas acostados) y se puso a abrir bolsas, sin preocuparse lo más mínimo si molestaba o no. Luego me pareció oír como si estuviera vomitando en la papelera, y ya por la mañana sonó su móvil y se puso a hablar en voz alta, cuando los demás dormíamos. Se duchó, dejando el baño hecho una laguna (luego casi me mato del resbalón) y lleno de pelos. Es la tercera o cuarta vez, que los asiáticos me demuestran in situ, que las demás personas, no existen para ellos. Y el venezolano llegó a las mil y tampoco se preocupó en no molestar. Lo principal que me ha enseñado la convivencia es que no hay hombres ni mujeres, sólo gilipollas.
Me he pirado corriendo a la galería Uffizi. Me metieron miedo con lo de las colas. Curiosamente los únicos que han hecho cola habían reservado y tenían que recoger las entradas (pagando un suplemento) y yo entré de los primeros sin esperar nada y pagando 10€ (ya no soy joven, ni estudiante, ni nada)
Valieron la pena. Qué cuadros. Leonardo Da Vinci, un español llamado José de Ribera (que me encantó), Botticelli y mucho otros. No es una galería grande en comparación con El Prado y me vi todos los cuadros (tomándomelo con mucha calma) en menos de tres horas. Luego me fui al Palacio Viejo, muy bonito también, con una inmensa sala. Después me he ido a una curiosa iglesia cuadrada, de camino al Duomo. Me he quedado un ratito sentado y he descubierto que mañana habrá concierto gratuito en ella. No pienso faltar.
He entrado en la catedral (el Duomo). Algo que tenía pendiente de la vez anterior. Por dentro está prácticamente vacía. Es la primera vez que he visto que una catedral impresione más por fuera que por dentro. Supuestamente es la 3º catedral más grande del mundo (después de la de Roma y la de Londres), pero me parece más gocha la de Burgos. Quizás el altar central de esta última engañe a la vista.
He salido y me he subido a la cúpula (pagando 6 leres). La vista es magnífica aunque da vértigo estar allí. Yendo por la parte interior de la cúpula y el tamaño al que veía a los de abajo, ha parecido que sí era en verdad una catedral inmensa. Luego me he querido entrar al baptisterio y casi me he sentido tentado de entrar por la puerta de los fieles (al fin y al cabo he sido peregrino y suelo meditar que da gusto en las iglesias). Pero no he entrado al final. En cambio sí lo he hecho al encontrarme por casualidad la parroquia de San Lorenzo. Llena de obras de arte de los más ilustres renacentistas, construida por y para los Medici. Está enterrada en ella Donatello (comienzo a entender que Splinter le pusiera esos nombres a las tortugas ninja). Me he pirado a pillar comida al mismo sitio de ayer, dónde me atendió un sonriente hombre de barba blanca. Sirven unos calzone por 3.8€ que llenan a más no poder. Curiosamente, también un hombre de barba blanca me vendió una botella de “San Benedetto” (fanta a la italiana) por 1€, más barato que en el súper de Giudecca. Y cogí el vaporetto desde el Guggenheim hasta San Marcos sólo para volver a comprar en el mismo establecimiento. Pero no supe encontrarlo... (yo y mi sentido de la orientación y mi memoria). Me vuelvo el más fiel cliente en cuánto veo que me tratan un poco bien.
Me he tomado mi calzone, en el Ponte Vequio. Luego me he ido a un Cyber Paquistaní a ver si el lío que me ha hecho Luis retrasando su llegada, se había solucionado.

18-XI-07 El David de Miguel Ángel tiene las manos enormes. ¿por qué? (breve nota que apunté para mirarme luego)
Hoy he ido a la capilla de los Medici. La verdad es que por 6€ no compensa. En 5 minutos se puede ver todo. Me he tomado mi tiempo, leyéndome mi guía y observando con calma cada relicario y fresco. La ventaja de que me sobre tiempo y me sablen, es que voy aprendiendo a mirar con más detenimiento las cosas. Normalmente miraría un instante y lo olvidaría a los 2 segundos.
Luego me he ido al Palacio de los Medici (que abandonarían para irse al Pitti) bastante curioso también. Después a la Academia, a ver el David de grandes manazas. Había bastante cuadros curiosos. Uno me ha hecho descojonarme. Era un cuadro de la anunciación con un Ángel, un chorro de luz alumbrando a una preciosa virgen que alzaba los brazos como diciendo ¿y ahora qué cojones le cuento a José? Pasé varias veces delante del cuadro y me volvía a entrar la risa.
Luego he intentado ver un par de Iglesias, pero o tenían misa, o estaban cerradas. En una he esperado a que terminara el rito para poder verla un poco.
Después me he ido a la biblioteca nacional, pero también cerrada. Me he dejado timar tomando porquería de pan al no encontrar mi sitio del que ya me considero parroquiano (mañana me consideraré ya Florentino y en tres días Romano).
Me he quedado frente a la catedral, mientras un poli malote (con gafas de Sol y andares de ganso) incordiaba a dos chavales de malas pintas, que sencillamente tomaban una cerveza a mi lado. Dos hostias le vendrían bien al madero por hablar así y comportarse de esa forma.
Me he ido al concierto de la iglesia en el que han tocado temas de Bach y Haendel (uno acerca de España). Bonito, aunque mi falta de atención hizo que me perdiera buena parte. He salido más melancólico aún de la iglesia y me he pirado a un cyber a ver si Luis me había contestado. Ya parece todo solucionado. De paso vi un par de interesantes críticas y fue lo primero que me hizo feliz en el día.

19-XI-07 Mi último día de ver iglesias en Florencia. Me he ido a ver la de Santa María Novella, muy bonita y bastante grande. No he encontado el esqueleto (pintado, según entendí en la guía) debajo del que ponía...”fuí lo que eres, serás lo que soy”.
Me llaman mucho la atención las calaveras que aparecen en muchos cuadros, en especial en los de la crucifixión.
Warum? le dije ayer y aún no se por qué. Por llamar la atención, por tristeza o por solidarizarme con una persona, que aún pareciendo haberlo conseguido todo no es capaz de ser feliz. Yo ya he conseguido casi todo lo que me he propuesto (claro, que tampoco es mucho) y tampoco soy capaz. Quizás la clave esté en el “casi”.
Ayer cuando entré en la Sinagoga me daban raros escalofríos. ¿quizás tengo en el fondo, algún antepasado judío? ¿quizás el recuerdo de Ruth, para mí, como una segunda madre? O puede, que un sentimiento de culpa por manifestar ideas bastante antisemitas.
Luego he visto fotos y documentos de judíos que se alistaron voluntariamente en el ejército italiano para luchar en la primera guerra mundial. Siempre he tenido la idea (inculcada quizás) de que los judíos sólo comulgaban con el poder y se abstenían de patriotismos. Esto podría rebatirme.
Hoy he conocido a un cura (o fraile o lo que sea) muy particular. Justo cuando iba a salir de la Iglesia de San Marcos me despedí de él por cortesía y se puso a hablar conmigo. Me interrogó y le conté que era de Madrid y había terminado física. Me habló con admiración del sacrificio que eso supuso y de cómo sólo así se alcanza la iluminación (como habló de sacrificio, hasta presumí de haber sido peregrino a Compostela). Terminada la charla, me estrechó la mano, me acercó para hablarme al oído y maldijo a Zapatero. Le pregunté retóricamente si no le gustaba Zapatero y riéndose, movió negativamente la cabeza. De coña

Definitivamente Italia es el país de la belleza, el arte y la moda. No porque la lleve, sino porque la crea. Da gusto ver cómo visten tanto chicos como chicas en esta ciudad, con encantadores sombreros y por supuesto caprichosas gafas de sol. Y algo que me ha llamado mucho la atención, es la cantidad de gente de ojos azules y pelo rubio.
He visto a italianas, de pelo castaño, tirando a claro, de ojos azules y verdes, de labios carnosos, pero de formas delicadas y dulces. Rostros agradables y juveniles sin la agresividad y tosquedad de los que son más nórdicos. Y cuerpos de generosas caderas y figura deliciosamente femenina. Todos ellos, por lo tanto, con un terrible defecto...
He subido a Monte la Croce, desde dónde se ve la ciudad. Aparte de la manada de japoneses y pijos, había una señora pintando el paisaje junto a su hija. No paraban de reírse. También se ha sentado a mi lado un japonés y se ha puesto a dibujar con un portaminas. Creo que ver el espacio abierto me anima. Quizás la estrechez de Venecia me amargaba. La vista es fabulosa. Me ha encantado ver a madre e hija tan compenetradas y alegres
Hoy por la noche he conocido en el albergue a una argentina encantadora, con la que he compartido habitación. Hemos estado hablando durante horas. Lamento tener que irme a Roma.
Poco antes, por la calle, iba delante de mí una joven de elegante y hermosa vestimenta y figura. El camarero de un bar le ha ofrecido propaganda y ella ni le ha mirado. Ha tratado con todo el desprecio del mundo a un currito que sólo se intentaba ganar el pan. No ha soltado ni un “no gracias”. Como si no existiera. Ya que íbamos en la misma dirección la he seguido y adelantado (me ha costado porque iba a toda hostia y temí que se diera cuenta), convencido de que esa prepotencia era propia de un rostro hermoso. En efecto, era una cara infantil, pero cruelmente bella (y no, no era una niña).

20-XI-07 He llegado a Roma, disfrutando de la segunda clase de los trenes regionales italianos. Tanto por fuera, como por dentro, dan asco, pero hasta ahora han sido completamente puntuales. Los encargados de este albergue son de Sri Lanka. Uno no sabe ni papa de inglés y el otro sonríe sin parar y es bastante servicial, aunque me recomendó la trattoria más cara. Buscando un poco encontré un sitio dónde pillé calzone por 4€ y me fui a comer con los inmigrantes e indigentes a un parque. Hasta que uno me incordió y ya me piré. Se ha hecho de noche y me he ido al albergue. He mirado un poco cómo hacer mis itinerarios, pero he pasado de leerme la guía de Roma. Me ha embobado poner la tele. Como no la veo casi nunca, pues no estoy acostumbrado.
Mis compañeros son tres estudiantes rumanos. Bastante majetes. Me han preguntado si el albergue o la zona no serían peligrosos. Aunque obviamente hay de todos en todas partes, ver a Rumanos con temores, cuando son ellos los que suelen tener mala fama (e inspirar temor), me ha resultado curioso.
Muerto de cansancio (sin saber por qué) me he acostado sobre las 21:00. Los rumanos se han debido ir de fies.

21-XI-07 Salgo a ver Roma. Para luego no repetir con Luis no he entrado en ningún museo. He unido tres itinerarios para hacerme casi toda Roma de un tirón. no he parado de encontrarme iglesias superiores incluso a las de Venecia o Florencia. He caminado mucho, viendo lo principal. El coliseo impresiona, especialmente si pienso en que servía para entretener al pueblo, a costa del sufrimiento de unos infelices. Roma es un caos, pero me siento como pato en el agua. Me lanzo delante de los coches como el chino del tanque y siempre se paran (si no, jamás se paran ellos en un paso de peatones).
Me he hinchado a ver iglesias y en todas me he quedado un rato. Creo que es lo que más me alegra el espíritu. También me ha gustado el monumento al soldado desconocido bajo la estatua ecuestre de Vittorio Emmanuelle II. Me he sentido tentado de cuadrarme y saludar militarmente a la llama y los pobres soldados que la guardaban (inmóviles casi como piedras). Pero no soy militar, me daba vergüenza y pensé que quizás sería una mofa. Pero allí a dónde voy, la llama al soldado desconocido me llena de respeto e impresión. Tanta gente que ha dado su vida por una sinrazón, por una palabra, por una idea. Rara vez por algo bueno aunque se enmascarara en ello. Familias destruidas, veteranos perturbados. El horror de ver morir y matar. Y sin embargo, lleno de compañerismo, sacrificio, valor y gloria. Pero también cobardía, traición, indiferencia al tratar a los soldados como estadísticas.
Tras mucho recorrer Roma y comer algo en el representativo Trastevere (un barrio de Roma), he llegado a Piazza Navona tras haber visto la Plaza de San Pedro. Con tres hermosas fuentes, me he sentado entre los turistas a escuchar a una banda ambulante. Tocaban melodías estupendas y mi tango favorito de Astor Piazzola, que me ha llenado de recuerdos. Se me ha ocurrido otro fragmento para mi nuevo relato.
Me he vuelto a casa un poco más contento y ha llegado por fin Luis. Nos hemos abrazado afectuosamente. Todo será distinto a partir de ahora.

22-XI-07 Comienza el combate de las mañanas. Tras intensas negociaciones el día anterior, hemos decidido que nos despertaremos a las 7:00. Yo tendré la misión de despertar a Luis. Y para ello, habré de usar todo tipo de sugestiones y torturas. Llevo diez años despertándole y he alcanzado un alto refinamiento en mis métodos para provocar el pánico en él. Primero las palabras, la mención al desayuno (eso fue un consejo suyo), luego darle tobas en la nariz (no soporta que le toquen la nariz), cosquillas, clavarle el dedo en las costillas o simplemente mostrarle la botella de agua (y si no reacciona, utilizarla sobre su cálido cuerpo).
Él, a su vez, se sabe todo tipo de tretas. Siempre me pide 5 minutos más (lo que implica que se vuelva a dormir si pico) y sino se los concedo, se va al baño dónde vuelve a dormirse. A veces me insulta, me dice que me vaya solo. Pero el día anterior me insiste en que le despierte a toda costa. 10 años con la misma y apasionante lucha. Anoche conocimos a dos argentinos muy majos. Nos hemos llevado bien en seguida. Hoy hemos hecho algo parecido a lo del día anterior. Caminar por Roma, ver iglesias y algunas zonas que no había visto ayer, como la Plaza de España. Todo ha sido con más calma (adaptándome a Luis), pero me ha parecido bien. Se cómo es Luis y esperaba que viéramos algo menos perdiendo el tiempo en tonterías. Pero él en cambio, se ha amoldado a madrugar, a no comer hasta llegar a casa por la tarde o noche y me ha agradado el cambio de ritmo, sentándonos a observar la ciudad y hablando de los temas de siempre sin parar de reírnos.
Me ha alegrado mucho que venga y que no todo sea ver museos e iglesias. Y su constante espontaneidad, ganas de jugar y total falta de vergüenza a la hora de entrar a la gente, nos han creado muchas situaciones divertidas.
Hemos conocido a una monja de San Sebastián (sí, dijo San Sebastián, y no Donosti) que al decirle que éramos de Madrid, nos ha cantado un chotis que empezaba con “madrileña, que paseas tu palmito”. Entrañable. Toda la conversación ha empezado porque a Luis le hacía ilusión ver al Papa y queríamos saber si había que coger alguna entrada.
También hemos visitado la Basílica de San Pedro, con la impresionante piedad de Miguel Ángel. Resulta que la creó con 24 añitos el chaval. Un máquina. Me ha ocurrido algo extraño dentro de la basílica. Mientras caminaba, de repente se me ha cruzado un niño y en vez de ser me indiferente o incluso despertar mi ocasional sentimiento paternal, quizás por estar rodeado de tanta belleza y querer meter un pensamiento chocante, he deseado coger la cabeza de ese niño y estamparla hasta hacerla estallar contra el maravilloso suelo de mármol de múltiples colores. Sólo por ver la cara que se le quedaba a los miles de personas que en ese momento estaban pululando cerca. La imagen de ese cráneo estallando contra el suelo, el de un niño inocente y gilipollas que casi me hace tropezar con él por no mirar por dónde mira, me ha hecho hasta inquietarme conmigo mismo e ir a contárselo ilusionado a Luis. Se que suena monstruoso, pero debiera ser increíble en lugar tan sagrado, rodeado de tan exquisita belleza y gente de supuesta buena fe, hacer algo así .

23-XI-07 Hemos pillado el Roma Pass (que por cierto, el tío de la oficina de turismo, un resalado que nos corregía la pronunciación para decir bien las cosas en italiano, quizás tan majete por estar en buena compañía como dijo Luis) y decidido gastarlo en los sitios más caros (los 2 primeros museos son gratis) por lo que hemos visitado el Coliseo y el Palatino. Me ha gustado mucho este último, con sus parques, las salas, los túneles. El coliseo ha sido mancillado con placas de cemento en recuerdo de las víctimas cristianas del imperio romano. Esto me recuerda a la constante mención del holocausto judío, cuando otros pueblos también fueron exterminados por los nazis. Pero bueno, supongo que el hecho de que se mencione el sacrificio de un determinado colectivo nunca deja de ser bueno. En el Palatino hemos tenido la suerte de toparnos con nuestro viejo compañero de instituto Roberto, a quien apenas he visto en los últimos ocho años. Ya hemos hablado de quedar para tomar unas cerves.
También hemos visitado el museo municipal que hay debajo del monumento de Vittorio Emanuelle II. Es gratuito y está centrado en la historia de la liberación de Italia y la mención a su heroísmo durante la primera guerra mundial. La verdad, es que algunos de los cuadros (de los que hemos hecho varias fotos) nos han dejado de piedra. Retrataban con un realismo la guerra, que llegaba a herir. En uno, se podía ver a los soldados italianos avanzando hacia la trinchera enemiga bajo fuego de ametralladora. Uno, atravesado por una bala, reflejando su dolor en la mano retorcida de forma aberrante. Otros, sencillamente muertos o moribundos y dos veteranos, que avanzan sin mirar más que al frente, con determinación, sin ver a todos los que mueren a su alrededor.
En otro cuadro, se puede ver a un hombre herido, avanzando en un caballo exhausto. Y por último, uno en el que se ve a un hombre ya fuera de sí, con la mirada perdida, al lado del compañero muerto, sin ver a quienes le intentan ayudar. Sobrecogedor.
Luego hemos estado en otro museo, no muy lejano, de impresionantes pinturas. He hecho una foto de un cuadro de María Magdalena. Tanto en el Camino de Santiago, como en todas las ciudades italianas en las que he estado, he visto muchos cuadros de esta señorita, siempre desnuda, siempre hermosa. En otro cuadro que vimos, nos entró la risa, porque aparecía ella, mirando el crucifijo y acariciándose un pecho. Muy significativo a nuestro entender.
Lo mejor del día y posiblemente del viaje, ha sido pagar por entrar a ver un recopilatorio de arias de ópera, cantadas en directo en una iglesia. Los mismos que nos dieron la propaganda en el capitolio nos han reconocido (quizás por mi inconfundible cazadora naranja chillón). Nos han permitido entrar con descuento y dejado coger los mejores sitios. La mezo soprano, preciosa. Desé al instante estar casado con ella. Ver esa belleza con una voz tan grave resultaba maravillosamente desconcertante. Ni qué decir la pianista, a la que el tenor (que es un listo) iba corriendo a besar tras cada interpretación. Geniales interpretaciones, llenas de picardía, de humor. Tanto Luis como yo, teníamos lágrimas en los ojos de la emoción. Luego hemos hablado con una mexicana, sentada a nuestro lado, que acababa de estar en Madrid en el musical “hoy no me puedo levantar”. Nos dijo que valía la pena. Que la gente salía llorando.

24-XI-07 Hemos ido al castillo que está al lado del vaticano. Muy bonito por dentro, con frescos, cuadros y armas.
Luego paseamos al parque Borghese, muy grande, con bonitos edificios dentro y la galería más importante de Roma. Un sitio muy romántico. Hasta me he imaginado una pequeña escena para escribirla o vivirla si fuera posible. No hemos podido entrar en la galería. Estaba reservada para los siguientes dos días y yo ya me quería pirar a Madrid. Luis me quería convencer para que me quedara más, pero algo me tira a irme ya.

25-XI-07 Hoy hemos visitado el museo Vaticano. Los argentinos han tenido la amabilidad de guardarnos sitio en la cola, mientras yo me quedaba a que Luis se preparara. El museo es inmenso y sólo lamento que fuéramos con tanta prisa por haber quedado fuera con esta gente. También nos encontramos a Roberto y su amiga. Aparte de las galerías típicas, tiene un museo muy grande de arte moderno. De pasada he reconocido algún cuadro de Dalí. En la capilla Sixtina apenas hemos estado. Eso era un gallinero y no se podía estar bien. Nos hemos salido bajo la lluvia y hemos ido en busca de comida. Al final hemos terminado en una colección privada (Galleria Doria-Pamphili), dónde nos prestaban los aparatos explicativos con sólo pagar la entrada. Aparte de contarnos la vida de la familia tan importante que posee esta colección, venían interesantes explicaciones de cada cuadro. A destacar, el cuadro que Velázquez le hizo al papa de la época (Inocencio X) y que rechazó por ser “demasiado veraz”. También nos ha chocado el cuadro, de un sátiro, que le da una flauta a un pastorcillo, que sonríe inocente y feliz, mientras el sátiro le mira libidinosamente. El cuadro parecía una alegoría pederasta. No podíamos dejar de mirarlo completamente desconcertados.
Hemos vuelto a casa, muertos de hambre. Los argentinos nos tenían preparada una cena de despedida (ya se iban a Madrid y luego a su tierra). También se ha venido Roberto con su amiga. Hemos pillado diversas botellas de vino, Limoncello y otras. Luego nos hemos ido a una plaza, dónde había otros italianos haciendo botellón (aunque de forma más formalita que nosotros). Más tarde ha llegado Giorgia con su novio francés y varios amigos franceses también. Estaba yo tan cocido, que he intentado hablar con todo el mundo en francés, en italiano sobre cine y muchas otras tonterías. Cuando ya se fue Giorgia nos desmadramos más y le pedimos a los italianos que pasaban por allí para que nos hicieran unas fotos. Y Dios que fotos. Nunca antes, había enseñado tanto el culo. La verdad es que los argentinos estaban en nuestra misma onda. Pero a los italianos que estaban por allí no parecíamos hacerles gracia. Luego hemos estado compartiendo nuestra bebida con los bebedores ambulantes y los moros que se nos han acercado, sin pensar en cositas como la mononucleosis. También se nos ha acercado una italiana a pedirnos algún porro y hemos tenido una interesante conversación acerca de las diferencias de cada país. Para ella se vivía mejor en España y para mí mejor en Italia. Lo que son las cosas. Nos hemos ido Luis y yo a casa haciendo eses y más fotos chorras por las calles. Nos hemos acostado con una buena cogorza.

26-XI-07 Tras costarnos no poco levantarnos y en pos de dejar las habitaciones vacías cuando me dijo el indú (bueno, el sri lanqueño), recogemos todo y con retraso, salimos de nuestro hostal. Atrás quedan la argentina que no para de hablar y la venezolana que gime de forma extraña en sueños. Nos dio unas noches de escándalo. Tanto los argentinos, como yo, como Luis que estaba pegado a ella en las literas, oímos como la chica se ponía a gemir y no sabíamos por qué lo hacía. El propio Luis se puso a mirarla fijamente a los ojos, por si estaba despierta. Si lo hubiera estado, nada le habría detenido de saltar a la cama de ella y hacerla suya. Pero sencillamente, la chica debía tener sueños impuros.
Luis se queda conmigo en la calle, relajándonos y contemplando el pasar de la gente mientras hablamos. También hemos escrito las postales que enviaremos. He estado varios días con distintos borradores a enviar y con Luis, hemos escogido algo apropiado. Lo más difícil ha sido escribir con buena letra, pues tengo la de un alcohólico por mi falta de pulso. En el último momento antes de coger el tren al aeropuerto las hemos echado. Veremos si llegan.
Me he despedido de Luis, que se iba a casa de Giorgia a dormir. En el avión había varios curas y demás fanáticos (oh, perdón, quería decir, “fieles”), todos ellos leyendo periódicos como “la razón” o “el mundo”. He llegado a mi casa, matado de cansancio y finalizando mis viajes.