Camino de Santiago
Diario de viaje

2-x-07 Tomo el autobus que sale de Avenida de América. Raquel y Luis han venido a despedirse de mí. Llego a Pamplona sobre las 16:00. Busco un sitio dónde comer. Los pocos bares o restaurantes tienen menús del día por 10€ y algunos por 18€. Tienen fueros, pagan menos impuestos y me sablan 6.7 € por un bocata y una coca cola. Cojo el autobus de las 18:00 hacia Roncesvalles. Suena música vasca en la radio y hasta algunos pasajeros se ponen a cantar. Sonaba bonito aunque no deje de darme un poco de repelús toda su cultura (menos los chistes).
El paisaje se vuelve mucho más verde, no como en Soria, dónde todo eran campos de cultivo y algún monte pelado. Llego a Roncesvalles pasadas las 19:00. Nada más llegar tenemos que rellenar un impreso con nuestra procedencia, dirección y razones de viaje. Luego asisto a la misa del peregrino, dónde el cura da parte de la misa en varios idiomas. Para finalizar nos pide que nos acerquemos al altar y nos da la bendición del Peregrino, que data, según él (y si no recuerdo mal) del siglo XI. Luego se apagan las luces de la iglesia y sólo queda iluminada la virgen, mientras los curas y algunos de los presentes le cantan. He de decir que esa parte tan solemne me conmovió un poco
En pos de mi nueva disciplina alimenticia y para dormir mejor, me dirijo al refugio a ducharme y dormir. Las hospitaleras son unas amables británicas (creo). Luego lamento no haber visitado la tumba de Roldán, pero ni me he fijado dónde podría estar.
La noche transcurre mal, con un sin fin de ronquidos y otros sonidos indescriptibles que llegan a asustar.
El refugio está en una especie de iglesia y resulta bastante impresionante “dormir” en él. Ladra un perro en la calle. Me pregunto si no estará poseído por el demonio como el que atacó a Paulo Coelho en “el peregrino de compostela (diario de un mago)”. Libro que me indujo a intentar hacer el camino hace cuatro años.
Mi compañero de litera responde secamente a mi saludo. Creo que es extranjero. No intenta entablar conversación y eso hace que me resulte simpático. Un peregrino de frondosa y canosa barba, de más de 50 años. Me dará la noche, pero eso era de esperar

3-X-07 Se encienden las luces sobre las 6:30 (o eso me dijeron luego). No se si he llegado a dormir algo. Salgo en 5 minutos a hacer el camino. Es completamente de noche y avanzo por un camino rodeado de bosque. Me resulta muy útil mi linterna con dinamo (aunque no deje de resultar gracioso ver a un individuo dándole a la manivela cada dos por tres). Está lloviendo y me pongo mi cazadora de montaña naranja chillón. Afortunadamente, mi mochila tiene una funda y no tengo que hacer combinaciones con el poncho.
Atravieso diversos y hermosos pueblos navarros, dónde me llama la atención que algunos carteles estén escritos primero en vasco, luego en inglés y por último en Español. Otros sólo están en vasco.
Conozco a dos tíos muy majos de Castellón. Nos encontramos varias veces en el camino y por fin entablamos conversación. Uno estudia filosofía y el otro ciencias políticas. También trabajan. Cuando la conversación se acaba vuelvo a acelerar el ritmo. No quiero estar condicionando mi marcha. Pero por pararme, me vuelven a encontrar y proseguimos las discusiones acerca de filosofía, ciencia, pensamiento débil y el sistema educativo en España.
Son las 12.30 y llegamos a Zubiri. Ellos se van a quedar, pero yo me siento tentado de avanzar un poco más hasta Larrasoaña. Me piden que nos tomemos una foto. No me ha salido darles mi dirección. Sólo les he visto un par de horas y terminan su camino en Pamplona. Ha sido un encuentro agradable.
Continúo hacia mi destino viéndome con fuerzas, pero empiezo a flaquear. Me paro un par de veces en el camino y comienza a llover. Llego a Larrasoaña bastante dolido y preguntándome si no me he forzado demasiado para ser el primer día. Han sido 28 km y estoy molido. La ruta de mañana será más suave. No creo que me apetezca visitar Pamplona. Me voy a dormir.
Los alemanes no entienden la palabra silencio. Decido que no pueda estar toda la tarde tumbado y me voy a dar un paseo por este hermoso pueblo. Volviendo al albergue saludo a un señor, que automáticamente entabla conversación conmigo. Se llama Santiago y fue alcalde de Larrasoaña. También se encargó del albergue durante 22 años. Me enseña su personal museo dónde almacena miles de postales, acuarelas, firmas y cartas enviadas por peregrinos agradecidos y amigos. Los brasileños le enviaban piedras, otros, acuarelas, libros, un sombrero mexicano, camisetas de fútbol, banderas y artículos religiosos. Incluso tenía un libro de Shirley Maclaine sobre el camino. Impresiona que tanta gente se acuerde es este humilde hombre que ha ayudado durante años de forma desinteresada. Lo que me jode, es toda la gente que ha tenido un detalle conmigo y hacia la que nunca me he molestado en tener una muestra de afecto o gratitud.
Mis compañeros de refugio son mayoritariamente alemanas. También hay una especie de Japonés y una japonesa, pero vienen por separado. A la japonesa la he visto también en roncesvalles. Me daba un extraño y respetuoso pudor cambiarme delante de ella. Por si le ofendía o algo.
Los encargados del albergue han sido amables. Un matrimonio creo. Ella muy sonriente. Él con barba, silbando o canturreando. Me ha dicho el ex alcalde que les critican en internet, pero se han portado con suma cortesía.

4-X-07 Salgo desde Larrasoaña. Buena parte del camino la hago completamente a oscuras. He oído ladridos de perros y un caballo relinchando y al galope. Pensé que estaban atacando al caballo, pero cuando divisé la pradera, los perros estaban atados y sin embargo todos los animales muy nerviosos. No se si ha sido por ver la luz de mi linterna saliendo del bosque, ya que cuando me paré a mirar el caballo, este hizo lo mismo y eso que estábamos a bastante distancia. He continuado caminando por el espeso bosque. Algunas veces se estrechaba mucho. No se cómo se puede caminar cuando es verano y viene todo Dios.
El hambre me acucia. Como no cené, el desayuno pendiente me está machacando. Intento engañar a mi estómago con los caramelos “solano” que me regaló Don Santiago. Llego a una localidad a las afueras de Pamplona llamada Burlete. Tienen un impresionante puente medieval a la entrada. En las calles hondean bastantes Ikurriñas y un par de banderas republicanas y del arcoiris. Compro en un Eroski (a mi pesar) y atravieso la localidad pasando por una Herriko taberna cuyos clientes son sólo unos punkos (el vínculo perroflautista se va desvelando).
Atravieso la hermosa Pamplona pasando por la ciudadela, construida por Felipe II siguiendo el estilo italiano. Impresionante fortificación, me hace preguntarme para qué leches en el S XVI, necesitó construirla en una ciudad propia. Quizás los navarros estaban algo inquietos. También visito la catedral (o una iglesia muy grande) y me topo de nuevo con el pseudo japo. Sólo intercambiamos el breve y visual saludo de todas las veces.
Me sigue retumbando la canción “atomic” de “Blondie”. Antes del viaje me hinché a ver videoclips de este particular grupo. También pienso mucho en “going under” de “Evanescence”. Grupo, que sin ser la leche, descubrí y me marcó, quizás por ser la última nochevieja. Me lo puse de fondo por las noches, mientras escribía un relato, pimplaba cervezas y tenía complejas discusiones con María Olvido acerca del bien y el mal.
Atravesando Pamplona y demostrando una clara desorientación y estupidez por mi parte, me he perdido varias veces, reorientándome gracias a varios amables ciudadanos que han corregido mi ruta sin haberles preguntado siquiera.
Me he estado cagando en mi guía por no aparecerme en qué pueblos había mercados o cafeterías, a lo largo de tres días, para descubrir, mirando con más cuidado, que sí estaba indicado en otras páginas (cuando pienses que eres idiota, no te frustres, poco más tarde te superarás a ti mismo).
Me he topado con un mural curioso en mi caminar a la entrada en Burlete. Salía pintada una “Pipi calzas largas”, con un tirachinas y un pañuelo negro tapando su cara. Debajo ponía “organiza tu odio”. Cómo le lavan el cerebro los políticos, los curas, los padres y demás gentuza a estos niñatos. Me dan ganas de matar a todos, justo antes que a los descerebrados “jóvenes” por ser directos responsables en canalizar su estupidez.
En todo mi recorrido de estos días no he visto una sola Vasca/navarra realmente guapa. Ni siquiera en Pamplona. Direis que es porque no he salido de noche o algo así. Pero en Madrid, ya sea en el metro, en la universidad, en la biblioteca, en mis diversos barrios, siempre alguna consigue quitarme el hipo.
Empiezo a entender que ellos se vayan a hacer la guerra a los españoles por causas discutibles, para no verlas tanto. Y también que ellas se metan a política en representación de la izquierda abertzale, a pesar de que no saben hablar y hacen el ridículo, sólo para que sus patéticas vidas parezcan tener un sentido y alguien las mire.
Ahora sólo pienso en lo que típicamente se llama “el camino que empieza al llegar a Santiago”. Quizás me vaya a Roma con Luis, a Berlín con Belén, ¿y luego qué?. ¿me iré a vivir a Europa del Este? ¿o me quedaré en casa esperando un VPO y buscando un curro de informático como tantos otros?
Salgo de Pamplona y llego a Cizur Menor. Me jode hacer tan pocos Km pero el siguiente refugio está muy lejos y creo que el segundo día me debo moderar un poco. Me han insistido mucho en que me pare con frecuencia, especialmente si siento dolor. He encontrado un hermoso albergue. El de Roncesvalles costaba 5€, el de Larrasoaña 6€ y este 7€. La encargada es muy amable. Me ha preguntado por mis pies y si había comido, deduciendo que venía desde Larrasoaña. Me ha chocado que se refiera a la encargada del anterior albergue como “esa bruja” por el hecho de que nos compre cuatro cosas de comida en el súper y las traiga a Larrasoaña. A mí me parece que hace más que suficiente. Me choca que haya estos piques entre supuestas personas de buena voluntad que ayudan a los peregrinos normalmente gratis.
He comido un menú de 9€ en el restaurante de al lado que me ha recomendado la hospitalera. Me ha consolado ver a obreros de la construcción. La calidad es parecida a la de Madrid. El vino de mesa es igual de malo, pero me he pimplado más de media botella gracias a la inestimable “casera”. He salido mareado del restaurante y me he echado a dormir en el albergue. Creo que mis ronquidos han echado al japo, porque hasta a mí me han despertado. Él ya se relaciona con normalidad con los demás peregrinos y creo que hasta la japonesa. Sólo yo quedo como el rarito. He tenido un arrebato de generosidad y le he regalado un plátano a un tío que estaba leyendo en la mesa. Al probar mi única y digestiva cena he descubierto que estos plátanos del ecuador distan mucho de estar buenos. Me he cagado en el eroski y en mí mismo por pillar lo primero que veo. Casi ha parecido que le he dado el plátano porque no lo quería más que por ser un peregrino ye ye.
Poco después de la siesta he salido a dar una vuelta para ver el par de iglesias y echarme crema en los pies. Me he quedado con los pies desnudos y encremados sobre el muro que hay al lado de la iglesia, escribiendo mientras, estas líneas. Uno de los señores mayores que iban a misa estaba cerca y le he saludado. Ha intentado entablar conversación pero hemos fracasado en nuestra comunicación. Me he sentido tentado de asistir a la misa del rosario pero quizás para no encontrarme el albergue cerrado (paranoias mías) he vuelto al cubil.
Le he estado escuchando a la hospitalera historias religiosas sobre el camino a los que acaban de llegar. Pero mi habitual timidez o decoro ha impedido que me quede a escuchar y preguntarle. La verdad es que desde que empecé, le estoy dando menos importancia a la mística y me centro más en el camino, en la oscuridad de la noche y el silencio del bosque. Eso le ha dado un cierto estado de monotonía y ganas de llegar cuánto antes. Pero se que aún me quedan unos cuantos días hasta acostumbrarme y luego todo irá llegando. Espero que un poco de paz y perdón.

5-X-07 Gracias al tañer de las campanas puedo saber la hora. Son las 4 y casi ya tengo ganas de levantarme y ponerme a caminar. Pero aún puedo dormir un par de horas más. Me agobia la idea de salir tarde y me despierto cada dos por tres observando si por fin se levanta alguien. Tengo a un español al lado y creo recordar que es de los que madrugan pero sigue frito. Cada vez que yo o alguien se gira en su litera suena un intenso crujir de madera que hace apagarse todos los ronquidos.
Hoy me he planteado hacer más Km en vista de que sino, sólo pierdo el tiempo en el albergue o visitando iglesias cerradas. Quizás así me libro del grupo de ruidosos alemanes que no saben acostarse pronto, ni abrir o cerrar una puerta sin hacer ruido.
He atravesado unos cuantos pueblos de diverso tamaño e interesantes iglesias. Me ha alcanzado un riojano muy hablador. Resulta que el tío se está haciendo etapas de 50 Km. Y yo me estaba sintiendo un machote por hacerme hoy 32. Me contó como una vez, estando en León, mientras tomaba una cerveza, algo le hizo “crock” en una pierna. Retrasó su marcha y tomó calmantes musculares, pero como había quedado con su señora en Santiago, se hizo una etapa de 60 Km, a pesar de que estaba arrastrando la pierna los días anteriores. Luego le dijeron que tenía una rotura fibrilar.
También me ha contado como se hizo el camino del Norte a 40 Km diarios y sin apenas camino, con hierba que llegaba hasta la cintura y calado hasta los huesos por la humedad. A su vez, hizo el camino desde Sevilla (1100 Km) y se hizo el del Francés en 16 días. Cuando me ha contado todo eso, un jubilado, he deseado ser mujer para que me diera un hijo suyo.
El camino de hoy ha sido duro, lleno de resbaladizo barro y con una importante subida. Era mucho peor caminar por “el camino” que usando el que había paralelo para agricultores y con muchas menos piedras y barro que fastidiaban el tobillo.
Esta mañana he cometido el error de saludar a un hombre mayor que parecía peregrino. Rápidamente se me puso a insultar a los catalanes por quemar la foto del rey, a decirme que Zapatero daba dinero a los etarras. Luego que si sabía por un amigo suyo de la guerra que al abuelo le habían matado los de su bando y que si el padre era un cabrón y que su primo no le hablaba. También me dijo que Zapatero odiaba a los madrileños por no darles dinero y que les quiso dar todo a los de ETA en las negociaciones. Por fin no pude más y le dije que el anterior gobierno también negoció. Me dijo que los otros se plantaron, pero estos no. Le respondo que entonces no se cómo se había roto la tregua. Después me habló orgulloso de cómo habían dado de palos a un etarra o simpatizante que había quemado a no se quien. A eso lo llamaba verdadera justicia. Me dijo que aquí huían muchos vascos. Le dije que también había muchos nacionalistas. “Argumentó” que aquí los tenían controlados y me remitió el ejemplo del linchamiento
Le pregunté por una panadería y eso me permitió separarme de él, que ralentizaba mi paso y calentaba mi cabeza.
Cuando tengo estas discusiones con la gente, o veo tantas proclamas radicales de niñatos que van de rebeldes, o fracasados que así sienten que su vida vale algo, me pregunto...¿cómo no tenemos otra guerra civil?¿cómo es posible que la gente tenga un pensamiento tan radical y mediocre? ¿es la única forma de no hacer autocrítica?¿echarle de todo la culpa a los políticos, a la historia, a los crímenes del pasado?
He llegado a Lorca tras un considerable esfuerzo. Esta vez el talón no me dolía y gracias a la rodillera ni he sentido la rótula. He tenido que elegir entre dos regugios con guerra de precios. Opto por el que era un € más barato (7€). Ambos están en la misma calle, uno en frente del otro. Está claro que es un negocio lo de los albergues. Al menos en Navarra, empiezo a dudar si el dinero que he puesto era sólo para gastos (como me dijo Maribel, la hospitalera en Cizur Menor) o la tapadera para un buen negocio de gente de supuesta buena voluntad. He comido en el albergue de en frente, regentado por una vasca. No me ha preguntado lo que quería para beber y directamente me ha ha servido peleón sin gaseosa. Al matrimonio de al lado sí que se lo ha servido. Será que yo tenía pinta de machote que aguanta el peor vino sin rechistar.
Los platos más vistosos, pero menos consistentes que lo que comí en Cizur. Allí dónde hay obreros, suele haber calidad-precio.
El chico que me ha atendido en el albergue barato es un simpático gafapasta que no me entendía cuando le hablaba y viceversa. Ha flipado con la distancia que he recorrido y he mirado a otro lado, pensando en el riojano. Se ha ofrecido a llevarme la mochila y le he advertido sobre el peso. Al cogerla, me ha llamado valiente.
Me he sentido otra vez como un gilipollas por no haber sabido meter menos cosas. Encima, tendí mal la ropa y está toda mojada. Colgar una parte en la mochila no la ha secado mucho.
Para más inri, me he estado cagando desde por la mañana y me daba palo entrar en un bar, con las botas llenas de barro, dejar la mochila para que le echaran un ojo e ir al servicio para poner un tronco en el aserradero, por lo que me he contenido hasta Lorca por gilipollas.
Al llegar he ido a comer al sitio de la competencia, liberar a Nelson Mandela, ducharme, tender la ropa por todo el cuarto (no ha venido nadie aún) y me he dirigido a la iglesia, donde me gusta escribir este diario, pero la lluvia me ha hecho volver.
Por lo visto, hacen cena para los peregrinos pero creo que me acostaré. No me apetece comer más. He perdido la gula estos días y dormir bien es vital. Mi familia me ha llamado. Les he dicho que prefiero aislarme y seguir mandando mensajes diarios, pero sin hablar. A mi madre le ha sentado mal y ha entendido “aislarme” con “aislarme de ellos”. Está claro que uno siempre es esclavo mientras alguien le quiera.
Pienso mucho en la depresión de Luis y su necesidad de cariño. También pienso en la mía, pero creo que me afecta poco. Voy desarrollando una individualidad, como siempre deseé pero a costa de muchas cosas. He llamado a Luis para ver si se le había pasado.

6-X-07 He dormido solo ya que no ha venido nadie después de mí. El simpático gafapasta vino a mi habitación para que bajara a cenar dirigiéndose a mí con el término “chicoooo” que tanta gracia me hacía. Sintiéndome mal he declinado la invitación pues ya estaba acostado. Encima, dos horas antes, cometí el error de preguntar por la cena. Pareció muy animada por lo que pude oír. Pero no puedo comer tan seguido y justo antes de acostarme. Una pena.
Por la mañana (me he levantado a las 6) he preparado cuidadosamente mi mochila y enganchado la ropa que no había secado, colgada de mi litera. He mangado un rollo medio acabado de papel higiénico y he bajado, sirviéndome el desayuno un señor de larga barba y cierta edad. Primero (en referencia a lo que se oía en la tele de etarras o simpatizantes detenidos) ha gritado que todos a la cárcel. Luego, le he preguntado si había hecho el camino y resulta que los ha hecho todos, pero todos, incluso se ha inventado alguno desde hace 33 años. No sólo todos los españoles (que son un montón), sino uno en Brasil, otro estando cuatro años en la India, otro de Santiago a Jerusalem pasando por Roma.
Pero eso no es lo mejor. Fue partisano en el ejército Bosnio en 1991 luchando contra los Serbios. Resulta que su familia, republicanos, huyó a Yugoslavia tras la guerra civil y siempre vivió en Bosnia. Incluso ha ido desde allí a Santiago a pie. Le saqué el tema del conflicto. Simplificó todo en que los Serbios quisieron que sólo hubiera Serbios. Le hablé de Tito (croata) y de cómo le dio a Croacia más territorios al llegar al poder y recordé que los croatas echaron a los serbios al declararse independientes. Me dijo que eso fue mucho después de que los serbios atacaran y que él había estado allí por lo que lo sabía bien. No quise discutir más. Aún así me pareció un tío fascinante. Me chocó la inflexibilidad de sus ideas y me pregunto si no ha hecho tantos caminos compulsivamente por no encontrar la felicidad, debido a esa forma de pensar tan radical.
Me ha servido un orujo. Me preguntó si prefería Pacharán y le dije que sí, pero me dio hierbas. Estaba bueno. También he hablado en el desayuno con un Sueco que ha destacado mi buen Inglés. Le he dicho que sólo tenía el First Certificate, es decir, intermedio.
Dos conversaciones singulares y simpáticas. Me he despedido con múltiples agradecimientos.
Atravieso angostos bosques y caminos de agricultores hasta llegar a Estella, con numerosas iglesias. Me he desviado del camino para ver de cerca un gran edificio, pero estaba todo cerrado. Al salir de Estella, he pasado al lado de una empresa de vinos que tenía una fuente de vino vigilada por web cam, para poder ver a los peregrinos desde internet. Pero seguro también para que nadie abusara de ese gesto generoso. Como no tenía vaso, no me he atrevido. Luego caí en que podría haberlo hecho a morro.
Al lado de la empresa de vino hay un monasterio en el que he entrado, bastante en ruinas, pero de gran tamaño. El resto ha sido un duro camino bajo el sol, sin ningún sitio dónde sentarse y con escasez de agua. La espalda me ha empezado a doler en determinadas zonas y también he tenido algún pinchazo en la rodilla, por lo que he decidido que mejor me quede en los arcos.
Al entrar en la ciudad, me ha impresionado la torre de su iglesia, de estilo barroco. He encontrado el albergue municipal (4€) regentado por dos belgas. He tenido que ignorar varios albergues de pago a la entrada de la ciudad. Los menús que he visto son de15 y 17€, por lo que he comprado una lata de atún, un litro de zumo, pan, dos manzanas y me he ido al refugio a zampar.
He vuelto a lavar mi ropa y he salido en busca de la iglesia. Mientras hacía una foto, una niña pequeña (rubita) se ha quedado parada mirándome. Le he sonreído y ella a su vez ha hecho lo mismo, sin moverse. Ha venido la madre, hablándole en vasco (o en algo que yo no entendía). La ha cogido en brazos para llevársela, porque no se movía. Creo que la madre me ha mirado con la típica complicidad, pero me he ido sin mirarla, quedándome únicamente con el rostro natural y puro de esa pequeña y simpática niña.
He entrado en la iglesia y la rica decoración de cada uno de sus rincones me ha dejado con la boca abierta. Por poco he soltado una blasfemia. El patio también muy bonito y lleno de rosas. Había un tour con una voz grabada que nos guiaba por las zonas que se encendían. Para variar, me he enterado de muy poco. Pero he subido a la parte alta, cerca del órgano, tomando una bonita foto. Mientras, escribo este diario y la espalda me cruje de dolor
Mañana a Logroño (28 Km). Se acaba el infierno Navarro de menús de más de 10€, niñatos punkos con el mismo corte de pelo y pendientes africanos en cada pueblo que visito y proclamas a favor de ETA y Euskalherría... espero.

7-X-07 Me despierto a las 5.30. El despertador vejiga se ha adelantado. Una sinfonía de ronquidos me rodea. Me sabe mal levantarme antes que nadie con el ruido que eso conlleva pero saco mis cosas con cuidado. Preparo mi mochila con mucho amor y parto en la noche. Al salir, hago una foto de la impresionante torre de la iglesia, con la luna y una estrella de fondo. Al salir a campo abierto y por estar lejos de cualquier población me cubre un manto de estrellas. A veces lamento no haber puesto más interés en la astrofísica.
De repente, veo unos bultos en el camino y los alumbro, dándole en los ojos a un vasco gilipollas que grita “orol” o algo así (que significará “hola” o “joder” o yo que se). Me disculpo por molestarles con mi linterna y sigo avanzando. Lo de gilipollas, lo digo porque pocos metros atrás había 4 refugios dónde dormir y si eran tan rancios o aventureros, que no se acuesten en medio de un camino por el que circulan tractores. Si todos los vascos son así de brutos, no se cómo no se han extinguido.
Prosigo mirando embobado mis estrellitas y tropezándome cada dos por tres por la oscuridad. Avanzo entre viñedos mientras contemplo un maravilloso amanecer con las brumas rozando las montañas.
Las rodillas me empiezan a doler. También los tobillos. Quizás hoy he caminado demasiado rápido para no encontrarme los bares sin menú. Unos peregrinos en el camino, me ofrecen uvas. Tomo una y está riquísima. Al avanzar entre viñedos, contemplo los destrozos que hacen muchos peregrinos, cogiendo racimos y tirándolos al suelo.
Estando a punto de llegar a Logroño, me encuentro a una señora mayor, sentada frente a su casa y ofreciéndome su sello. Lo declino amablemente pero un mexicano me convence de que es un sello importante. Descargo mi mochila y pago una voluntad. Llego a Logroño con un importante dolor de piernas. El hospitalero (extranjero también) me dice que la gente que ha dormido en los arcos, ha traído garrapatas. Me asusto ante la idea de que me repudien y no me dejen dormir allí. Hasta me enseña una cajita con varias garrapatas muertas
Subo a mi cuarto dónde estamos todos los provenientes de los arcos, los apestados en cuarentena. Buscamos en nuestras mochilas y ropas en busca del fascinante parásito que llena nuestras mentes de fobias y miedos. Salgo sin ducharme a comer al restaurante que me han recomendado el ayudante del hospitalero que me pareció un hombre de fe. Resulta que en Logroño tampoco bajan los menús de los 9€. Me sirve un tío de acento extranjero. La lista de platos es larga. Elijo paratas a la riojana (con chorizo) y lomo la riojana (con pimientos).
Os preguntareis cómo un espartano viajero como mi persona, come menú en restaurante. Por varias razones: cuesta encontrar un súper abierto y comprar las cantidades justas para una comida, se ve bastante difícil si no se quiere comer algo que no sean bocatas. Tras andar desde las 6 hasta las 16, no apetece mucho irse de compras, cocinar y fregar pegándose con los demás por un espacio en la cocina. Tampoco quiero llevar comida en la mochila pues me falta espacio y no deseo más peso. Y tomar menús me permite probar la comida local, lo que no ha dejado de ser bastante decepcionante, porque las patatas con chorizo eran todo patatas y un minúsculo trozo de chorizo y el lomo a la riojana otro tanto. Está claro que el infierno de Dante durará hasta que llegue a Castilla (en lo gastronómico).
Tras la comida he ido a lavarme a mí mismo y a mis trapos. Unas coreanas se me han colado en el lavadero y he preferido salir a ver la ciudad. Desgraciadamente todas las iglesias estaban cerradas (hoy domingo) y he paseado por las bonitas callejuelas, parques y dos cacho puentes, uno de acero y otro de piedra (al que he llamado “del amor” porque toda ciudad ha de tener uno). He llamado a Luis para preguntar sobre su extraño estado depresivo y hemos terminado hablando de vascas feas y garrapatas chupasangre, llegando a la conclusión de que la fealdad viene de que se hayan querido mezclar tanto entre ellos en busca de la pureza racial.
Mientras, me he comprado un cacho de helado de “after eight” que me ha sabido a gloria. No he parado de acordarme de cuando una persona se leyó un libro que le regalé (La Sonrisa Etrusca) y que nada más terminar me comentó concluyendo que la había hecho feliz. Pues yo era feliz con mi helado de sabor a menta, con tropezones de chocolate, que me quitaba el mal sabor de boca del menú “a la riojana”.
Y cuando he vuelto al albergue y estaba escribiendo este diario (a las 20:00) han empezado a doblar las campanas. De repente he razonado... si doblan las campanas, es porque llaman a la gente a misa, y si llaman a la gente abrirán las iglesias y la catedral, y si abren podré entrar a ver esos bichos por dentro. Mi pereza me ha hecho dudar unos segundos, pero al final he saltado sobre mis sandalias y he salido corriendo hacia las iglesias como si mi redención fuera en ello.
Al llegar a la entrada, he sentido pudor de entrar. Yo con sandalias y pantalones cortos, mientras la gente entraba solemnemente y bien vestida. Pero al final, me he lanzado o me arrepentiría. Desgraciadamente apenas se podía circular por la misa. He prestado atención a un par de rezos y me he pirado sin ver mucho, pero notando un altar barroco de enormes proporciones. Al salir, había una puesta de sol cojonuda y he corrido a los puentes a tomar fotos, pero ya era de noche cuando encontré el sitio bueno.
Me ha sorprendido que haya podido caminar durante horas y a buen ritmo con la paliza de hoy. Esperemos que mañana no me fallen las piernas.
Nota curiosa: el hospitalero estaba arrastrando todos los tendederos para la ropa mojada, mientras los peregrinos le miraban sentados. A pesar de mi timidez y por sentir vergüenza ajena, nada más verlo le he ayudado. Un chico más se ha apuntado.

8-X-07 Hoy mi entrada será más breve pues me he pasado la tarde durmiendo... Parto desde Logroño dejando a mi derecha el maravilloso río Ebro, dónde no hace tanto tiempo miles de vidas fueron fulminadas en la guerra más vergonzosa de nuestra historia. Mientras unos defendían la patria y la fe y otros, bonitos ideales sin tener nunca claro dónde estaba realmente el frente.
Mi dolor en todas las articulaciones prosigue y ya parece crónico. Temo que me joda el viaje. Me he parado varias veces y he hecho todo tipo de estiramientos, pero cada pisada era como un calambre en mis tobillos, huesos de los pies, rodillas y demás puntos de las piernas.
He llegado a Nájera (30Km) pensando en frases del tipo “el dolor te hará libre” o “lo que hace uno por amor”. En contra de lo acostumbrado en las demás visitas, he optado por echarme indefinidamente para ver si así se me calmaba el dolor. El tobillo izquierdo apenas lo puedo mover.
Sin quererlo ni beberlo, me he quedado frito. Un simpático alemán de cierta edad, me ha dicho en inglés “que me gustaba dormir”. Me he justificado con que sufría un gran dolor (a big pain). Automáticamente ha buscado entre sus cosas y me ha ofrecido una píldora de colorines para los dolores en las articulaciones, que he aceptado a pesar de haberme tomado antes un paracetamol (criatura inconsciente que soy).
No contento con eso me ha dado un sin fin de consejos y razones por las que podría estar sufriendo ese dolor. Y acertó, resulta que llevaba las botas muy apretadas y eso era todo. 2 días de dolor crónico porque he sido tan imbécil de no recordar algo que me han dicho miles de veces. Hemos seguido hablando y resulta que se llama Hans y es de Munich. Me ha preguntado conocía la ciudad y lo primero que me ha venido a la cabeza ha sido el Putsch de Munich (en que Adolf Hitler se intentó hacer con el poder por la fuerza) y lo segundo que he mencionado han sido las olimpiadas en las que murieron los deportistas judíos.
Él me ha mencionado el “Oktoberfest”, la fiesta más conocida del mundo. Sólo se me ha ocurrido mencionar la cerveza y lo barata que está en Alemania. Me hubiera gustado hablar más con este Hans, que me enviaba la providencia cuando ya no sabía que hacer con mis piernas, pero nos tuvimos que acostar.

9-X-07 Bastante me costó dormirme, por eso procuro no echarme tras comer, ducharme y lavar la ropa. Pero me levanté a las 6:00 y también lo hizo al poco Hans. Los demás alemanes no se preocuparon en no hacer ruido y reían teniendo el dormitorio al lado. Hans me ofreció desayuno, que decliné. No se si porque me daba vergüenza o por orgullo, pero no acepté su oferta, a pesar de que me dijo que le sobraba. Me despedí de él con mi agradecimiento y deseé volver a encontrarle.
Su idea acerca de las botas apretadas era correcta y mi ritmo ha sido realmente bueno hoy (otros 30Km). He pasado por Santo Domingo de la Calzada dónde está la leyenda del gallo y la gallina. He intentado ver por dentro la catedral pero era visita de pago y no quería perder tanto tiempo por lo que he seguido con mi marcha, encontrándome con el japo (que en realidad es belga) que me saludó con frialdad. Pero mi marcha ha sido tan buena, que al llegar a Grañón, aún me apetecía andar más.
He entrado en la iglesia y creyendo estar a solas me he inclinado y santiguado ante el altar barroco (no me preguntéis por qué, sencillamente me sentí obligado). Me he quedado unos instantes más mirando el interior, bastante a oscuras. De repente, se ha iluminado la virgen en el centro del altar. Me he puesto a mirar alrededor, intrigado por si alguien había pulsado un interruptor. Sólo he visto a una joven, sentada en las últimas filas, inmóvil y en el más absoluto silencio. He salido de allí un poco inquieto.
Llego a Redecilla del campo y me alegro de haberlo hecho. Grañón era más grande, pero algo feo y en Redecilla, el albergue es estupendo y nos han ofrecido cena. He encontrado a una francesa (creo) que aún se acordaba de mí al haberse ofrecido ayer a ayudarme con mis pies (pensaba que eran heridas y no las articulaciones lo que me provocaba mis paradas). También un par de vasco-franceses muy majos. Uno de ellos hablaba perfecto Español.
Y he conocido a un catalán, que resulta que empezó conmigo en Roncesvalles. Hans no me ha alcanzado, una pena, pero me siento mal si no hago Kilómetros, como si perdiera el tiempo. Me gusta pararme y ver los paisajes y las iglesias, pero el tiempo justo. Algo me tira a ir más rápido. Quizás sea la esperanza de encontrar menús más baratos en castilla la vieja ;).
También me he topado con dos jóvenes americanas y una alemana con su rubia hija (luego, según el observador catalán, resulta que no eran parientes sino que se conocieron en el camino). No me he fijado en la hija hasta ahora, que se ha puesto mallas moldeando su potente figura. Y a pesar de no ser la madre de mis hijos... me desconcentraba de mi escritura. Las mallas son negras. Toda ella de negro. Me encanta el negro...
Mañana quizás haga una etapa de 38 Km por no hacer dos de 19. He preguntado a la mujer que se encarga del refugio a qué hora se abre la iglesia. Se ha ofrecido a abrírmela y a pesar del pobre aspecto exterior, por dentro estaba muy bien. Me he quedado un rato a solas, sentado frente al altar, pensando en que el pueblo más pequeño tiene un riquísimo patrimonio aunque desgraciadamente sea en temas religiosos. Según la encargada del albergue, lo mejor de la iglesia es la pila bautismal que se llevaron para “las edades del hombre”.
Escribir este diario, charlar con alguien nuevo y sentarme en una iglesia en absoluto silencio... hacen que el día sea redondo y encuentre algo de paz.
Una francesa está leyendo el libro de Coelho. Su marido, uno que se titula “marcher, mediter”
Por la noche nos han ofrecido una estupenda cena en la que sólo había que pagar la voluntad. Infinitamente superior a muchos menús de 10€ más sofisticados. La tortilla con chorizo, tenía muchos trozos de chorizo, por poner un ejemplo. Me han invitado a sentarme con ellos, el catalán y una americana. Ambos son gente cultivada y hemos tenido largas discusiones acerca de América, los nacionalismos y el esoterismo. Hasta me permití contar el chiste de por qué los catalanes inventaron el amor, y el de la isla. Para finalizar, el catalán nos ha invitado a un pacharán en el bar, riéndose por ir contra el tópico. Me he acostado muy contento con la cena, la conversación, el vino y el pacharán. Supuestamente veré al catalán en San Juan de Ortega. Los demás no creo, pues es una etapa salvaje, salvo para los vasc-franceses.

10-X-07 Me he levantado al sexto dong de la campana de la iglesia y he salido. Me han alcanzado los vasco-franceses y a la pareja de franceses la he dejado atrás. Casi me he sentido jodido por hacer esta súper etapa de 38 Km, dejando atrás a la encantadora francesa que se preocupó por mí, la americana que buscó una nueva vida en Salamanca lejos del trabajo salvaje, sin contar a la voluptuosa alemana que sonreía amablemente cuando nos cruzábamos (yo bajaba la mirada como un colegial). Sin contar el haber perdido la compañía de Hans o del andaluz solitario.
Pero este camino es como la vida... lo has de andar a tu ritmo, cómo te dicte tu corazón, dejando atrás a gente que aprecias, pero que te suponen un lastre. Quizás lo que digo, suena mal, pero el camino lo disfruto andando, no estando tumbado en un albergue o más de una hora sentado en una iglesia.
Con cada cambio de grupo de albergue he conocido gente distinta, gente estupenda. Quizás si les viera dos días, no guardaría la misma sensación.
Hoy el camino ha sido muy duro. Las primeras horas me castigaba el tobillo y me paré varias veces. Pero dejó de dolerme cuando llevaba ya 24 Km y avancé casi sin tregua por largos y frondosos bosques en completa soledad, sintiendo pena porque no me alcanzaba casi nadie.
Me he puesto a hablarme sólo, como si fuera con un compañero, a contarme chistes. También me he puesto a cantar. No he dejado de pensar en todos los debates de la noche anterior. Me ha fastidiado no quitarme de la cabeza todas esas conversaciones dejadas a medias.
He llegado a San Juan de Ortega, una inmensa parroquia en ruinas con cuatro casas alrededor. Sorprende que haya bar. Me han recibido dos señoras mayores y me han indicado dónde dormir, tras decirme la hora de misa y de sopa. Me he dado una ducha con agua helada y desgraciadamente para mi tobillo y mi libertad de movimientos, me ha tocado una litera de arriba.
He ido a la capilla dónde había un señor mayor rezando (o reflexionando). La capilla es sencilla, salvo por la parte central que contiene la tumba del santo (supongo). Justo debajo había una cripta, pero estaba a oscuras y no he encontrado interruptor de la luz alguno.
He vuelto al dormitorio en busca de mi linterna y he vuelto a descender a la cripta. Dentro, sólo había una lápida en el suelo y una enorme cruz en el fondo. Pensaba tomar una foto pero me ha dado mal rollo. He salido de esa sala de penumbras y me he dedicado a escribir el diario cerca de un altar. Se han puesto a doblar las campanas para la misa. Todo el mundo tardaba tanto, que pensé que asistiría yo sólo. Ha vuelto el hombre anciano, ha abierto los libros, encendido los cirios y sorprendiéndome, se ha colgado los hábitos.
Para mi arrepentimiento, hemos estado casi toda la misa de pie, a pesar de que fue breve. Hoy tenía las piernas hechas polvo de caminar tantos Km y subir y bajar bastante. Como dijo más tarde el vasco-francés...”te has ganado el cielo”. Pero es que dormir en una parroquia y no ir a misa, me parecía un crimen. Luego a la salida, he hablado unos instantes con el párroco y nos ha invitado a la sopa. Todos nos hemos santiguado en la mesa tras su rápida bendición.
Al terminar, nos ha hecho cantar “la canción de la alegría” (la 9º de Beethoven que cantó Miguel Ríos) y tras eso nos ha soltado una charla tras preguntar, mirándome fijamente a los ojos, por qué hacíamos el camino. Ha hablado de la soledad y el silencio interior alcanzado gracias a esta y al dolor y el sacrificio del camino. Ha hablado de la bondad de casi todos los peregrinos y de que posiblemente seamos los que cambiemos el mundo. Dijo muchas más cosas, pero no las recuerdo. Un hombre muy mayor, viviendo en un sitio despoblado (durante los últimos 30 años).
Le ha dado esencia al camino con el canto en la misa, la sopa en comunidad, el discurso y su bondad. Me he acostado feliz.
Antes, cené con el catalán (a quien no gustaban las sopas y que la dejó en la mesa y se largó). Hemos vuelto a hablar de mujeres. Me ha mencionado lo guapa que era la alemana. Le he dicho que no estaba mal, pero que tampoco ha llamado mucho mi atención. Riéndose y haciendo una broma de mal gusto (ya llevaba unas cuantas), ha preguntado si era porque tenía claro que estaba fuera de mis posibilidades. Me he contenido en decirle que he estado con mujeres más guapas y le he preguntado si estaba casado (sabiendo por los temas recurrentes que me sacaba, que no), consiguiendo sacarle una expresión de tristeza con mi acto cruel.
Creo que ha cometido dos errores conmigo. Subestimarme y pensar que como algo ha escapado a sus capacidades, también ha de escapar a las de los demás. O puede que todo fuera una broma...
Resulta que él es físico y tuvo de profesor a Vidal-Quadras
Esta parroquia está mencionada como un lugar mágico. He tenido un sueño muy raro. Una chica enferma y ojeriza, estaba siendo chantajeada (o presionada) por una señora mayor para que firmara en un pergamino. Ella esperaba con anhelo a sus hermanos. No recuerdo si llegó a firmar.

11-X-07 Me he levantado sobre las 6 gracias al despertador vejiga. Bajo de la litera en completa oscuridad y tiendo la ropa en mi mochila, teniendo ya dos días la ropa mojada en una bolsa. Ha sido una mañana muy fría y por primera vez he avanzado con jersey y braga. Paso por atapuerca intentando visitar una iglesia (que, como no, estaba cerrada).
Alcanzo la cumbre de la montaña en dónde hay una enorme espiral dibujada con piedras en el suelo. Desde allí se puede ver ya Burgos a lo lejos. El resto ha sido un caminar monótono con cientos de camiones y un viento frío. Mientras estaba sentado en una valla, un señor que subía a un BMW me ha saludado y deseado buen viaje.
Tras llegar al albergue, he salido corriendo en dirección al mercadona dónde he pillado una empanada gallega (sentando un mal precedente) y un aquarius para ir directamente a la catedral en la que he entrado con descuento gracias a ser peregrino.
Había zonas que eran de culto y en las que no he hecho fotos. En las demás no se podía usar flash y me han salido regular. En cualquier caso, la catedral de Burgos es inmensa y gracias a las restauraciones, tiene una riqueza interior que me ha quitado el habla o me ha hecho blasfemar. No creo que se pueda ver algo más cómico, que un tullido arrastrando las patas, con cazadora naranja chillón, que tiene siempre la boca abierta de la impresión, mientras hace fotos como un japonés.
Luego he paseado un poco por Burgos y me he comprado otro helado sin darme cuenta de que había 14º de temperatura.
Pero he sido feliz con mi helado, paseando cerca del río y como colofón, he ascendido al castillo desde dónde había una vista completa de esta hermosa ciudad. Creo que hasta me he hecho daño de tanto andar.
Mientras llegaba al refugio (horas antes), me he puesto a tomar fotos del río. Dos hermosas ¿americanas? se me han acercado para decirme dónde estaba el refugio. Luego, tras ducharme y salir a ver la ciudad, ni me han reconocido. O eran distintas o mi aspecto ha cambiado con una ducha y una cazadora naranja chillón.
Por primera vez, me he conectado a internet, por si tenía algo interesante y por cumplir algo que me hacía ilusión. Mandar una línea sentimental y leer una crítica pendiente. Los finales felices a mis historias últimamente no gustan. Estoy perdiendo una veta de leales fans, por satisfacer a otros. Y la frase que he enviado, ha venido motivada por contemplar de repente varias cosas llenas de belleza y no tener nadie con quien compartirlas.
Antes de dormirme, escuché una conversación de unos argentinos. Resulta que alguno de ellos también tuvo sueños raros en San Juan de Ortega. Pero ya sabían que era un sitio mágico y todo ha podido ser auto sugestión.

12-X-07 Salgo del albergue y me pierdo un par de veces. Me frustro al ver como las americanas casi ni dudan al tomar el camino. Un tío que ni responde a mi saludo las alcanza y ya les pierdo de vista. Atravieso un par de puentes bonitos y el resto empiezan a ser campos de cultivo en un horizonte inacabable.
Camino y camino con dolor y ampollas, empezando a dudar de todo esto (el señor me pone a prueba). Sólo siento dolor, cansancio y soledad. Llevo 9 días caminando, apenas saludando a los demás peregrinos y entablando conversaciones breves con unos pocos.
Mis ideas no se despejan. Pienso en las mismas tonterías que cuando estoy en Madrid. Los mismos sueños, anhelos y frustraciones. Los mismos rencores, anécdotas que me hacen reír. Nada cambia, nada nuevo en mi forma de sentir o pensar. De vez en cuando alguna anécdota curiosa con un personaje que me encuentre o algo bonito de lo que hacer una foto. Pero nada más y caminar y caminar sin descanso. Una monotonía me invade y las ganas de estar en casa, dedicándome a cualquier cosa.
Siempre me ha aportado más el hacer algo, que el sentarme a pensar. Pero quizás es eso lo que tengo que entrenar para terminar oyéndome. Me quedan dos semanas como mínimo para hacerlo. En casa me estaba deprimiendo por no hacer nada o dedicarme solamente al ocio. Ahora no hay depresión, ni libido, sólo camino, cansancio y algo de turismo religioso.
Además, en Sigüenza recé a la virgen (hace un año ya) para que me ayudara (no siendo yo nada creyente, pero por pura desesperación) y lo haya hecho o no, me han ido mejor las cosas. Esto es una forma de dar las gracias, de pedir perdón, de perdonar, de empezar a amar y ser amado. Mi madre ha vuelto a enfermar y a pesar de que quería aislarme, la llamo cada dos días. No creo en nada, pero quiero creer, encontrar una espiritualidad y en la catedral de Santiago, pedir que cure a mi madre, que ayude a mi profesora (que me pidió que rezara por ella) y matar algunos de mis demonios.
Acabo de hablar con un personaje. Llevo algunos días topándome con él. Le recuerdo de cuando la supuesta madre de la “bella” alemana hablaba con él sin parar. Siempre que me topo con él, le veo sonreír feliz. Se sienta en cualquier sitio y sonríe sin parar. Hoy le he preguntado por qué.
Me ha dicho lo típico de “porque hace sol, porque está vivo, por el paisaje”. Me he sentado a hablar con él y hemos estado discutiendo de la felicidad dos horas. Sobre hacer las cosas con el corazón y todo eso. No me ha dicho casi nada nuevo, pero se le veía tan contento, que ha sido de las pocas veces en mi vida en que no me ha parecido un rollo de auto ayuda con el que se engaña la gente. De cualquier modo, le planteé varias situaciones (como, qué pasaría si ahora le rompo las piernas) y a veces dudó, pero supo expresar bien su idea. Él parece tener lo que yo busco.

13-X-07 Salgo de Hontanas bajo un maravilloso cielo estrellado. Camino de noche rodeado de ruidos de animales advertidos por mi presencia. Mientras amanece veo el hermoso valle cubierto de brumas y atravieso las ruinas del monasterio de San Antón.
Durante toda la mañana me envuelve la niebla. Asciendo una montaña y tras un par de pueblos llego a Ítero de la Vega, con un impresionante puente sobre el río Pisuerga, rodeado de frondosos árboles otoñales que me han recordado los ríos y lagos de Polonia.
En Ítero, voy en busca de un súper en vista de que he olvidado el neceser en Hontanas y necesito además, hilo y aguja para coser mis pantalones o pinchar ampollas. Por ahora he preferido no pincharlas y sencillamente hacer un alto en el camino para secar mis calcetines y pies y continuar sin molestias.
Entre tanto, me encuentro con el irlandés feliz, que tanto anoche como hoy, coincide constantemente con las pocas jóvenes que avanzan en el camino. Cuando le pregunté por qué hacía el camino, si era tan feliz, me respondió que para acrecentar su felicidad. Me pregunto si ese simpático y compulsivo (a mi ver) contactar con ellas es para acrecentar esa felicidad. Porque para mí, lo obsesivo proviene de la necesidad. Quizás todo sea un rollo para ganarse a la gente. Claro que puede ser un vivo que gusta de aprovechar toda oportunidad.
Creo que no le veré más. Hoy, curiosamente ha hecho una etapa más corta a pesar de que lleva mejor ritmo que yo y fue de los que hicieron 38 Km desde Redecilla del campo.
En el súper, la amable encargada me ha buscado hilo y aguja y me los ha regalado. Le he dado las gracias y me ha dicho que piense en ella al llegar a Santiago. La he agregado a mi lista. Como estoy en la parra se me ha olvidado comprar artículos de higiene pudiendo haber compensado la generosidad de esta señora. Al llegar a Fromista, el súper cerrado y acabo de caer en que es sábado.
El albergue municipal 5€, los menús, igual de caros que en otros sitios. Parece claro que se aprovechan de la afluencia de peregrinos, porque en estos sitios no es lo normal que la gente coma en los bares.
He comprado cualquier porquería en una tienda de alimentación y un jabón. Luego he descubierto con alegría, que no había perdido el neceser.

14-X-07 Salgo de la muy turística Fromista en pos de hacer una etapa de 36 Km. Paso un par de pueblos de iglesias cerradas y llego a uno con una enorme (Villalcázar de Sirga). Me quedo fuera observando y tomando unas fotos, al igual que el japo-belga y otro chico de pelo largo, que va además de con la mochila, con una guitarra.
El japo se pira y el de la guitarra se queda sentado en el atrio un rato más. Yo entro en la iglesia, muy turística, dónde no me cobran por ser peregrino. Muy bonita, aunque no consigo ver ningún símbolo templario (la iglesia supuestamente es templaria).
Salgo y llego a Carrión de los Condes, con varias iglesias y museos. Son las 14 o las 15 y me siento tentado de quedarme para ver la ciudad. Ya he cotilleado una iglesia y a otra no he entrado por respetar el culto, pero es una ciudad muy bonita, con un monasterio convertido en hotel, un río y muchas más cosas. Pero algo me fuerza a seguir andando, quizás el haber hecho tan pocos Km. Pronto me arrepentiré. 17 Km a través de campos de cultivo en un mismo camino recto y pedregoso (vía romana creo recordar). Un horizonte desesperante.
A unos franceses se les acabó el agua y les ofrecí la mía fingiendo que bebía poco y que tomaron con timidez. Era como avanzar en el desierto y encima comenzó a torturarme el tobillo derecho esta vez y siempre que pisaba sentía un fuerte pinchazo por todo el tobillo, los huesos del pie y la rodilla. Y encima las piedras me doblaban las piernas constantemente al andar.
Y por más que creía que en el siguiente horizonte estaría el pueblo, me equivocaba. Me senté al no aguantar más el dolor para darle una breve tregua a mis tobillos, mientras los franceses se alejaban y me sentí el último de esa columna de mártires que lamentaban su decisión.
Mientras observaba el campo removido por los tractores, vi una figura acercarse a lo lejos, distorsionada por el calor del sol. Me recordó a la escena de “Lawrence de arabia”, en que Peter O'Toole y Omar Sharif se encuentran por primera vez en el desierto. Se acercó un chico, con su gorro y un pañuelo tapándole la cara. Sólo se le veían las gafas. Vi su botella vacía y también le ofrecí agua. Hablamos y resulta que el tío hacía entre 40 y 50 Km diarios y había venido desde el otro lado de Francia. Nos despedimos cortésmente sabiendo que no le volvería a ver.
Al llegar, apenas me podía sostener en pie. Sólo ir a la ducha me produjo calambres en las piernas. Me eché (en una odiosa litera superior) y apareció una joven rubia acelerada que iba hablando con todo el mundo. Se puso a ayudar a una señora enferma que padecía de vómitos. También me preguntó si yo estaba bien, aunque simplemente estaba echado. Medio danesa y medio americana, seducía a todos con su simpatía y cariño y se hacía amiga de todo el mundo al instante. Dejándome llevar por su ola de generosidad, ofrecí mi última manzana a la convaleciente (que tenía un virus y sólo podía comer manzanas). La danesa se emocionó y mencionó lo bueno que yo era.
A su vez, entablé un primer contacto con el solitario alemán que vi por vez primera en Burgos y que estaba siempre leyendo un libro para aprender español. Luego hablamos antes de la cena y también por la mañana. Me sorprendió su bajo nivel de inglés y resultó que no había ido al instituto. Era católico, de Munich y trabajaba en una fábrica de componentes para coches. Tímido, introvertido, me daba una sensación de persona sencilla y sensible a quien no han ido muy bien las cosas. Hablamos sobre el sistema productivo alemán (yo siempre obsesionado en contrastar todo lo que oigo y leo con personas que lo ven de cerca) y confirmó que sólo se trabajaba 8 horas, pero de forma intensiva. Le dije que en España se trabajaba más horas y se perdía mucho el tiempo, por lo que consideraba mejor el sistema alemán.
Curiosamente él me dijo que preferiría trabajar un par de horas más, pero de forma más relajada. También me sorprendió que me dijera que había un 40% de católicos y un 30% de protestantes en Alemania. Es una información que me cuesta creer y trataré de contrastar.
También había oído hablar de Hans de Munich aunque no le conocía en persona.
Me esperó por la mañana, para despedirnos tras el desayuno. Su estapa iba a ser más larga. Parecía un buen hombre, tras ese físico de grandes proporciones que le hacían parecer un soldado.
La cena fue muy animada. Se Sentó el japo-belga a mi mesa. Resulta que había venido andando desde Bélgica y quería entrar en los paracaidistas del ejército. Le encantaba y había disfrutado cada día de camino, cargando con una tienda hasta España (y enviándola a Bélgica al llegar) y acampando ilegalmente en Francia y Bélgica. Por fin conseguimos hablar y doy gracias, porque me ponía muy nervioso el hecho de ser la persona a la que había visto desde el primer día y no cruzar más que saludos.
Al poco se sentó con nosotros la super danesa ye ye (de nombre Susana). Ya se había hecho amiga del jefe del hostal y la camarera, con quienes se abrazaba y besaba constantemente. Verla era un espectáculo. De todos ya se conocía sus vidas y nos hablaba de lo cojonudo que era todo el mundo. Conocía bien el español gracias a haber vivido tres años en canarias y adoraba el vino de nuestra tierra gracias a su ex marido. Esta chica parecía tener mi edad y ¿ya estaba divorciada? No se si la entendí mal, pero parecía claro que todo en su vida se hacía a toda hostia. Lo que está claro es que no se callaba ni un minuto y todo le fascinaba y parecía interesante. Pidió un Ribera del Duero y bebimos junto a un cuarto personaje invitado a la mesa. Una zaragozana de cierta edad, nacida en Soria. Metalúrgica, trabajaba 12 horas diarias por 1200€ y vivía con su madre, incapaz de comprarse un piso. Aún lo tengo fácil, pensé.
Hablamos, bebimos y me acosté la mar de contento tras poder ver de una vez por todas, la Vía Láctea tenuemente. Por supuesto le dí mi e-mail a Susana, porque le ilusionó mi proyecto de los viajes en piragua por Polonia. También le dí mi dirección al japo-belga (me dijo su nombre, pero no conseguí recordarlo) por si quería ver las fotos de mi viaje.

15-X-07 Me levanto y desayuno con Giorg (el joven alemán de Munich) hablando de lo relatado anteriormente. Aparece Susana quejándose de que no la despertara para despedirme de ella. Me excuso diciendo que estaba todo a oscuras y no sabía ni dónde dormía, además de que se despertaría antes de que me fuera (preguntó que entonces por qué no grité su nombre en la oscuridad). Vino con el japo-belga (al que estreché la mano pensando que no le volvería a ver más ya que haría una etapa más larga y supuestamente Susana la misma que yo) y ya me piré al camino. Luego me alcanzaron mientras descansaba al lado de un río. Curiosamente, él había bajado considerablemente su ritmo (el tío es un bestia andando) y ella me dijo que quizás iría más adelante de Sahagún. Sin conocerle a él y sin conocerla a ella, creo que sentí algo de lástima por él, al ver cómo se amoldaba a esta chica, con alguna esperanza (supongo) cuando ella era así de amable y cercana con todo el mundo.
Un poco más tarde, tras pasar por Terradillo de los Templarios, he conocido a un ingeniero industrial de Huesca. Nos hemos puesto a caminar juntos y hemos llegado a Sahagún tras hablar de diversos temas. También hemos comido. He conocido en el albergue a una americana que estaba enferma, tenía tendinitis y se le había acabado el dinero. Su familia y sus amigos no podían enviarle más. Estaba realmente jodida. Me contó, cómo empezó varias carreras sin terminar ninguna. Chica inteligente, culta, melancólica, incapaz de terminar algo si en un momento perdía su sentido.
Casi me he sentido tentado de darle dinero, pero al final he pensado que algo así es mejor que lo solucione sola. Puede trabajar. Es una situación jodida, pero si la solventa, su vida quizás deje de ser la de una bala perdida. Hemos hablado un poco de Proust y de cómo uno puede adaptarse o no a lo que le exige la sociedad. Le hablé de cómo sacrifiqué novia y muchas otras cosas, simplemente por terminar la carrera. Sin contar la de veces que me amoldé a profesores gilipollas e incompetentes, por conseguir un aprobado, aunque no aprendiera nada. Me dijo que eso era muy triste. Le respondí con una sonrisa melancólica que la vida es así.
También he conocido a un australiano encantador, estando ambos sentados escribiendo nuestros respectivos diarios. Le ha maravillado conocerme y estaba muy interesado en que nos viéramos en las siguientes etapas. Sahagún es menos interesante de lo que pensaba. En una sola de las iglesias he podido entrar y gracias al miembro de una cofradía de Semana Santa. Me he quedado escribiendo hasta que me ha echado.
Luego me he encontrado a Jose Luis (el ingeniero) y al poco me he ido al albergue a continuar escribiendo y calcular el siguiente itinerario. Por la noche, mientras estaba leyendo y escribiendo, es cuando he entablado conversación con el alegre australiano que no ha dejado de estrecharme la mano y alegrarse de haberme conocido.
He vuelto a hablar con la americana. Se me ha ocurrido decirle que, si es creyente, esto podría ser una prueba, no las tres señales (enfermedad, tendinitis y apuro económico) que mencionó para dejarlo. Creo que terminé sermoneándola y me cansé de mí mismo. Además, se cerraba un poco en banda ante las posibilidades que le mencioné.
Otro personaje curioso que dejo atrás en mi camino...

16-X-07 Se levanta Jose Luis conmigo, a pesar de que no es su horario habitual. Caminamos juntos. La conversación se vuelve aburrida. Yo hablo de mil cosas y él calla o se muestra escéptico. Además, nos entorpecemos al andar. Empiezo a lamentar el momento en que me levanté cuando él lo hizo. Lo malo, es que en el mismo momento en que le conocí, le dije que me gustaba andar solo y poco después le dije “nos vemos en Sahagún”, pero el chico no lo pillaba
Pero, de repente, empecé a andar más deprisa y él parecía ir lento por lo que le fui dejando atrás. Me silbó y se sentó. Parecía tener algún problema. Fui a ver qué le pasaba y me dijo que siguiera. Esta vez había pillado la indirecta. Como me tomé el camino con calma, disfrutando del “paisaje” me alcanzó y cruzamos unas palabras. Siguió su camino dejándome atrás. Me sentí un poco mal, pero el camino lo quiero hacer solo y la verdad, me cansaba estar con él.
Mientras me dirigía a Reliegos, me encontré con un francés que hablaba español (ya llevaba varios días cruzando algún saludo o palabras con él). Al llegar a Reliegos, ver que el pueblo era feo y pequeño, que el ingeniero se quedaría allí y que el francés y el australiano irían a Mansilla de las Mulas, decidí proseguir. Estos últimos 6 Km fueron los de más ímpetu y llegué en poco tiempo. Me encontré al Japo-belga, pero ya sin Susana. No le quise preguntar dónde se había quedado la criatura.
Dí una vuelta por el pueblecito amurallado y entré en el restaurante que me recomendó la hospitalera. Ahí me encontré al francés (que prefería dormir en hostales) y le propuse que cenáramos juntos cuando me miró con ojos interrogantes. Resulta que era matemático y estuvo enseñando en África durante 20 años. Iba a volver desde Santiago por el camino del norte. Me dijo que hacía el camino buscando una nueva vida. Le dije que me parecía genial, pues casi todo el mundo, al jubilarse caía en declive.
Me preguntó por qué hacía yo el camino. Le dije que no estaba seguro. Quizás porque alguna vez me dije que si me licenciaba lo haría, quizás porque lo dejé a medias (y he procurado no rendirme nunca con nada de lo que me he propuesto), quizás porque en los últimos años había dejado todo de lado por la física y ahora no sabía que hacer con mi vida, quizás también por la enfermedad de mi madre, por hacer deporte, turismo, cultura...
La cena fue entrañable, hablando de ciencia, religión, política y sobre si la generosidad de las personas es interesada o no. Él me dio las gracias por una conversación tan interesante. Según me dijo, había gente con la que entraba en la misma línea de conversación y otros que le enfermaban. Tras ese hombre educado y cercano, también había alguien que tenía que armarse de paciencia para soportar su entorno.
Nos despedimos y volví al albergue pidiéndole al hospitalero que me ayudara con las chinches, pues tenía el cuerpo devorado por ellas. Como si varios escuadrones de mosquitos, me hubieran estado atacando oleada tras oleada. Metió mi saco en la secadora para darle cierta temperatura. Creo que funcionó, aunque al día siguiente aún tenía picaduras (no se si del día anterior)

17-X-07 Salgo de Mansilla de las mulas por un puente sobre el hermoso río y viendo los iluminados restos de las murallas. Curiosamente, en Mansilla, no me encontré al Australiano, pero si al personaje diarrético (que nos dió la noche en Sahagún hablando de sus diarreas por el virus que mucha gente pareció coger en Carrión de los Condes). Como el trayecto de hoy es corto, he preferido levantarme cuando los demás, en vez de aplicar mi férrea disciplina peregrino-espartana.
El camino transcurre en demasiadas ocasiones por carretera y a veces obliga a cruzar la autovía a pelo. Los distintos saludos y ánimos de la gente, me hacen avanzar sonriendo como un gilipollas. Eso y hablar un minuto ayer con Guille y decirle...”llevo dos semanas sin llamarte” y responder él “sí, casi había empezado a ser feliz”. Cómo echo de menos que se meta conmigo...
Llego a León y voy preguntando por ahí por el monasterio Benedictino. Ni los ciudadanos ni la amable Guardia Civil Española (que Dios la tenga en su gloria) saben dónde está. Por lo que me voy primero al municipal dónde me dan la indicación. Incluso me volví a pasar por el cuartel para decirles dónde estaba y que pudieran responder a los peregrinos. Pero no estaban los mismos o no me sonaban sus caras.
Llego al monasterio benedictino y tras la rutina de rigor salgo en busca de un menú. Recorro las calles cercanas a la casa de la abuela de Ñoto. Casi todos los menús a 9.5€. Encuentro uno a 8 € pero no me gusta lo que ponen. Vuelvo al de 9.5 y pido spaguetti y Lasagna. Mi cuerpo me pide hidratos. Todo el restaurante está lleno de gente trajeada y yo entro en chándal y mi cazadora de montaña naranja chillón. Al melón del camarero se le “olvida” ponerme gaseosa. Curiosamente antes me preguntó si quería el vino frío o del tiempo. Yo dije que lo normal, 18ºC (haciéndome el entendido con un vino del malo, hay que ver) Y dijo que entonces del tiempo. Un vino peleón de tantos. Con la casera me metí varios copazos y salí mareado del restaurante. Resulta que toda la gente trajeada eran los curritos de “El Corte Inglés”. Ya me extrañaba a mí.
Me voy a visitar la catedral, pensándome si asistir a misa o ir a la lectura de las monjas benedictinas. Tras estar un rato sentado, decido meterme en el museo, dónde no se pueden hacer fotos. Me sablan 4€ y no tienen en cuenta que soy un mártir de Dios. El museo está genial. No se cómo no lo vi en los 4 días que pasé borracho en León en Semana Santa. Tiene una amplia colección de vírgenes románicas, unas escaleras impresionantes de influencia Greco-Romana (que la gente sobaba inmisericórdemente). Tampoco dentro de la catedral misma se podían hacer fotos. Fui de los pocos que lo respetó. Estuve hace nada y como si la viera por primera vez. Qué vidrieras, que gótico...
El paseo por el museo me ha provocado un fuerte dolor en las piernas (y la rápida búsqueda de menú, supongo), por lo que me decido a volver. La misa en la catedral ya estaba a medias cuando salí del museo. Era en una capilla y no en la nave central. Me voy al albergue para escribir el diario atrasado y si hay suerte, leer un poco el nuevo testamento. A las 19:00 doblan las campanas para mi sorpresa y me animo a ir. Si duermo en la casa del señor, qué menos que asistir a su celebración.
La misa me encanta, por los cánticos de las monjas que nos pasan unas fotocopias anilladas, con lo que se canta cada día. Es muy hermoso escuchar sus dulces voces, con la misma monótona melodía. Las canciones se alternan con la misa. Incluso me veo obligado a arrodillarme al hacerlo todos los demás. Por lo único que no paso es por la Eucaristía, siendo el único que se queda sentado mientras los demás comen la hostia. La misa dura una hora y me vuelvo relajado al patio, para terminar mi diario y planificar las siguientes etapas. Hoy creo que no usaré el saco, sino una manta.
Se me ha acercado una chica alemana para pedirme ayuda escribiendo un mensaje sms en español. Nos hemos puesto a hablar de otras cosas, pero al final he seguido escribiendo y se ha ido.
Durante la misa, apareció el australiano, que al instante me presentó a su guapa (y fashion) hija. Por la noche nos llamaron a la bendición del peregrino. No me apetecía ir tras la otra misa y ya estaba acostado, pero al ver que la madre superiora no se iba y seguía preguntando si vendría alguien más, me he levantado. Nos han dado un curso rápido de cuándo leer los salmos y cuándo cantar. Esta vez estuvimos casi todos (a la otra fuimos 4 o 5). Yo ya me caía de sueño y me estaba arrepintiendo un poco de mi falsa devoción. Pero tuvo su encanto la lectura y el canto y dormí muy bien.

18-X-07 Conversación con un paleto de avanzada edad que me topé en el camino:
-¿eres de Alemania?
- No, soy de Madrid
-¿tampoco eres de Francia?
- ummm, no, soy de Madrid
- Casi todos son de por ahí fuera
- Sí, hay pocos españoles
- ¿estás casado?
- No
- ¿tienes novia?
- Umm, no
- ¿y cuándo se te levanta el pito?
- Puessss, habrá que bajarlo
- ja ja, ¿y gastas buena herramienta?
- je, creo que sí – dije yo algo tímido
- ¿a ver a ver?
- ¡Andaaa, que eso no se enseña!

Y me alejé como pude de ese desviado.
Pero como llevo tiempo sin intimar, no pude evitar tener los pensamientos impuros de los últimos días y sin quererlo ni beberlo, se izó el mástil en mi chandal y justo apareció el paleto en su bici pegándome un susto en mi pudor. Me quiso invitar a vino en su bodega, pero rechacé cortésmente. Por poco pudo comprobar in situ, si gastaba buena herramienta o no.
El resto fue un caminar por cultivos bajo un sol de justicia. El tobillo derecho me empezó a castigar con calambres y lo que más me asustó fue un repentino dolor en un tendón de la rodilla izquierda, que medio me paralizó el movimiento. Tras unos pasos más y hacer estiramientos, amén de recolocar la rodillera, dejó de dolerme. Cuando ya estoy tan cerca de conseguirlo, no paro de darme sustos. Dios me castiga por confiarme.
He llegado al Hospital de Órbigo, tras pasar el impresionante puente dónde se sucedieron justas muy famosas en el Medievo. También he conocido a un simpático alemán de Aachen que me habla de la crisis de Philips y como cerrará todo, salvo la parte de investigación. Se llamaba Miguel.
Al llegar al albergue parroquial, aparte de encontrarme a los gallegos (uno, el tonto que regateó 4€ por dos copazos de pacharán y un café) y el otro (que critica a to cristo). Pero me llevé una grata sorpresa al reencontrarme con Hans, que me invitó a tomar algo de cerveza con él. No ha dado tiempo para hablar demasiado, pero le dije lo mucho que me ayudaron sus consejos.
Me ido un rato al puente y justo he podido hablar con Guillermo. He aprovechado mis breves lecturas bíblicas para un nuevo y enconado debate sobre religión. Se ha hecho el duro una vez más, pero creo que me echa de menos. Me he ido al bar de al lado a zampar como un condenado a muerte y llegar al albergue mareado por el vino peleón o de tanta comida tras 12 horas rutinarias de ayuno.

19-X-07 Como peregrino espartano que soy, me levanto a las 6 para untar mi cuerpo serrano en aceite de oliva virgen extra y preparar mi mochila con un frío de narices, fuera de la habitación, para no molestar a los peregrinos de 2º categoría ;).
Camino brevemente por una carretera entre cultivos para tomar una senda paralela a la N-120. Únicamente veo las luces de los camiones y coches que circulan a gran velocidad a mi lado. Hace un frío impresionante y avanzo con la braga puesta, con un montón de picores por las chinches y encima me pierdo momentáneamente en la carretera a falta de señales. Poco más tarde descubriré que han pintado señales falsas para que te desvíes al pueblo cercano, dando un rodeo. Llego a una gasolinera, donde compro para desayunar.
El gasolinero, al verme sentarme en el suelo, me trae amablemente una silla para que no tenga frío en el culo.
Ayer me quisieron regalar manzanas. Supuestamente el carácter castellano es rancio y reaccionario. Pero desde que entré en castilla, los albergues son más baratos, mejores, la gente es más amable, generosa, educada y me siento menos timado a la hora de pedir un menú. Spaguettis a la bolognesa llevan carne en castilla, pero no en Navarra, por ejemplo.
Llego a Astorga, lamentándome de no quedarme en esa ciudad cuyos edificios parecen de cuento (catedral, palacio episcopal de Gaudí y otros). Pero sólo llevo 17 Km, me siento fuerte, sin dolores y, aunque suene masoca, si no me duele todo, me falta algo. Quizás es cosa de la motivación católica. Sin dolor y constricción, no se la alcanza la espiritualidad. Avanzo y avanzo por carreteras interminables, acosado por moscas. Me detengo en el roble del peregrino, entre otros sitios y noto un momento de paz bajo sus gruesas ramas, poco antes de llegar a Rabanal del Camino, tras andar 39 Km.
Busco lánguidamente el albergue en el que estuve hace 4 años, regentado por una organización británica. Subo la cuesta maldiciendo cada doloroso paso que doy y preguntándome si no habrá desaparecido y debí meterme en el que estaba nada más entrar, aunque fuera privado. Pero por fin lo encuentro y me dan una cálida acogida, ofreciéndome agua, charlando conmigo, llevándome la mochila y ayudándome a secar mi ropa, amén de un buen apretón de manos.
Me piro a la iglesia para hacer tiempo antes de cenar y descubro que tiene un altar muy rico. Allí me quedo hasta la hora y me voy al restaurante. Para mi desgracia, me topo con el aburrido ingeniero al que estrecho la mano e intercambiamos aburridas observaciones. Me pongo a cenar y aparece el matemático francés con una francesa y me invitan a comer con ellos. Charla amigable en tres idiomas y a la cama.
Aparece la británica, diciéndome que me estaba buscando para que tendiera mi ropa en la estufa del comedor. Rechazo porque prefiero tenerlo todo ya en la mochila (y creo que me da palo entrar en el comedor, dónde está la gente de cháchara). Una vez más me impresiono con la amabilidad y dedicación de estas personas. A las 7, cánticos de monjes. Por la mañana, la pareja que cuida del albergue, se ha despedido de mí personalmente tras ofrecernos un desayuno. Hasta me han ayudado a ponerme la mochila. Estoy convencido de que no encontraré a un sólo funcionario así cuando llegue a Galicia.

20-X-07 Salgo de Rabanal del Camino en dirección a Ponferrada. Paso el pueblo de Foncebadón, mayoritariamente en ruinas, salvo algún albergue y bar y llego al pueblo de Manjarín, dónde reside Tomás el templario. Quiero hablar con él y sólo hay un francés pelma a la vista, que le pide su bendición. A lo que Tomás se niega.
Me hago un poco el loco con él para no parecer un turista más...

- ¿vive usted aquí?
- Sí, desde hace 14 años
- ¿y en invierno cómo es?
- Con nieve, estamos a 1500m
- ¿vive solo?
- No, somos 14 y algunos ya sobran
- He visto mucho símbolos templarios a la entrada
- Es que yo soy templario
- Pensé que los mataron a todos
- No, sólo a algunos, el resto se escondieron
- Mataron a su líder, Jaques de Molay
- No, él era un cabeza visible. El que mandaba era Dante
- ¿Alighieri?
- Si
- ¿por qué no ha querido dar su bendición?
- Por que sólo creo que la que puede dar el arcángel (no recuerdo cual dijo) si se la pides
- ¿no cree en la iglesia?
- En sus jerarcas no, pero sí en algunos de sus discípulos
- ¿por qué no?
- Porque ocultan muchas cosas a la gente, entre otras, el misterio de Fátima
- ¿y cuál es el misterio?
- Que se avecina la tercera guerra mundial, tras firmar la paz Israel, que el eje de la tierra se desplazará
- ¿llegando la glaciación?
- Sí, todo eso nos quiere ocultar el papa y que la madre divina nombrará a todas las mujeres sacerdotisas
- Que Dios nos coja confesados – pensé cuando dijo lo último

Mientras tanto, uno de los que se habían apuntado a vivir con él, al ser de Madrid, interrumpía la conversación cada dos por tres haciéndose el simpático. Hablamos un poco más de la fundación de la masonería (me dijo que G. Bush era nivel 30), sobre los templarios huidos a Escocia y sobre el dominio del mundo por parte de las multinacionales. Si no fuera por el madrileño gilipollas que me soltaba historias sobre Madrid, me habría quedado un rato más escuchando a este hombre. Justo llegó el gallego protestón y Tomás le llamó (supongo que para intentar venderle algo o porque gusta de saludar a todos los peregrinos) y ya decidí irme en vista de que tenía poco tiempo. No se si estaba loco o no, pero independientemente de la parte esotérica, parecía pensar con lógica e informada y no le pude escuchar nada que me pareciera estúpido. Una pena no hablar más con él. Le estreché la mano y me despedí de ese buen hombre
Seguí a Ponferrada, atravesando pueblos muy bonitos y turísticos. Llegué más que cansado al albergue (33Km). Me descuerné buscando y preguntando por un bar con menú del día. Encontré un súper, pillé una empanada, un aquarius y me puse a comer en una avenida bajo las miradas de algunos transeúntes.
Intenté entrar a ver “las edades del hombre” pero había cola, por lo que probé a entrar en el castillo de los templarios, pero ya cerraba y me centré en encontrar comida. Luego paseé por la muy turística Ponferrada, desesperado por ver tanta gente y tanta gilipollez de templarios. Me fui al albergue y me acosté matado.

21-X-07 Salgo de Ponferrada. Mi móvil, para no variar, ha fallado como despertador y salgo casi a las 8. Paso al lado del hermoso castillo templario (dónde supuestamente Paulo Coelho asistió a un rito iniciático) y me pongo a patear, atravesando hermosos pueblos rodeados de viñedos.
Como el trayecto de hoy es corto, me tomo tranquilos descansos observando el paisaje. Se me acerca un chico, al que vi en Roncesvalles y en los arcos. Resulta que es de Bilbao y medio francés. Hablamos de varias cosas. Como se volvió a su casa desde Burgos y retomó en Ponferrada, me cuenta que Al Gore ha ganado el Nóbel y Boris Izaguirre el 2º premio Planeta. Se pregunta, si Tomás el templario es vasco, porque tenía una Ikurriña. Le digo que también tenía otras banderas, pero que ni me lo había planteado (menudas cosas le preocupan). Le hablo de que tengo familia en San Sebastián y me pregunta...¿Donosti?. Me da diversos consejos para andar y sobre cómo él planifica bien cada etapa para saber cuánta agua necesitará. Muy majete. Luego nos paramos cuando vio a una italiana, conocida de Roncesvalles. A ambos les ofrecí agua, porque ninguno tenía, pero sed sin embargo mucha.
Aproveché para continuar andando solo. Llegué tranquilamente a Villafranca del Bierzo encontrándome al simpático francés al que creo tocar las narices porque no duerme en albergue sino en hostal. Ayer me sorprendió que terminara en un albergue y como en la cena con la francesa me puse a bromear sobre los auténticos peregrinos, no se bien cómo se lo toma. Tiendo demasiado a bromear y provocar. Pero sigue siendo encantador conmigo.
Villafranca reposa en una valle. Tiene 4 cacho de iglesias y un castillo. Es un sitio verdaderamente hermoso. Me he tomado tres Schweppes de naranja escribiendo estas líneas. El menú del día, un timo. 10€ por porquería.
He pensado bastante en algunas cosas que le hice a Arancha cuando éramos pareja. Como irme de viaje con mis amigos en vez de con ella o esa vez que me llamó muy deprimida, me pidió que fuera a verla, yo no quise porque al día siguiente tenía entregas y pensaba que ella estaba siempre igual.
Le transmití en demasiadas ocasiones que la rehuía, que no quería estar con ella más que un rato para echar un polvo e irme. Ella merecía algo mejor. Aún no he encontrado a nadie que valga lo que ella. Ya han pasado 5 años. Ya he pasado mi purgatorio. Tengo que olvidar estas cosas, toca vivir y ser feliz.

22-X-07 Me vuelve a fallar el móvil y me levanto a las 7, a pesar de que el despertador vejiga ya me estaba avisando de antes. Salgo de la hermosa Villafranca tras perderme con las señales y dar un gran rodeo. Cruzo el túnel de la N-VI (no hagáis lo que yo, niños) y camino casi siempre por el protegido arcén de la nacional. El paisaje ha cambiado notablemente y me rodean enormes árboles caducifolios, entre otros, muchos castaños. Sigo el curso del río, contemplando las montañas. Me encuentro al francés y la francesa, con los que cené en Rabanal del Camino. Nos da la risa al ver que coincidimos los tres. También la francesa es de caminar sola y aguantó poco el caminar con él. Ambos son gente encantadora. Camino un rato con el francés, encontrándome de cuando en cuando con Jose Luis, el ingeniero (que me recomendó tomar el túnel). Siempre me da mal rollo verle, aunque me salude con una simpática sonrisa y algún intento de chiste. Hasta me da un no se qué que me vea caminando con otra persona y piense que es por él y no porque me guste andar solo (son amabas cosas).
Con el francés discuto algo de temas matemáticos, filosóficos y esotéricos. Al final nos separamos. Me apetece pararme y ver el paisaje. Da gusto contemplar el Otoño que al fin comienza. Acabó el infierno Navarro y el purgatorio Castellano de errar por el desierto. Los últimos días serán el paraíso.
El ascenso a El Cebreiro no es tan duro como me comentaban. Tras subir montes en Navarra y algún otro bastante pronunciado en Castilla, por caminos de piedras y basura, esto ha cansado un poco, pero parándome un par de veces, se hace de un tirón.
El Cebreiro son cuatro casas pero todas restauradas y de muy buen aspecto, con restos de lo que fueron viviendas prehistóricas (Pallozas). He visto el cáliz del que (según la leyenda), el vino se convirtió en sangre y la hostia en carne, cuando el cura que oficiaba la misa, despreció el sacrificio de un campesino, que subió desde otro pueblo, en plena tormenta de nieve para presenciarla.
He estado charlando amigablemente con un extremeño que conocí a la salida de Ponferrada. Parecía tener fe cristiana, pero ningún afecto por los curas. Su hermano lo era y además misionero. Y según me dijo, casi todos los curas que conoció eran malos. Se comportaban como funcionarios y no pensaban en la gente o los pobres. Había estado en varios seminarios y obispados con su hermano y decía conocer bien ese mundo por dentro. Un hombre agradable, que siempre estaba cantando.
El Cebreiro, en la cumbre y haciendo frontera con Castilla es muy hermoso y está completamente orientado al turismo. Sólo tiene restaurantes y tiendas.

23-X-07 Hoy, gracias a Dios, mi móvil ha funcionado. Incluso mi despertador vejiga se ha adelantado haciéndome creer que era demasiado tarde ya. Ayer, una ¿alemana? voluminosa se dedicó a ordenar todas sus bolsitas cuando muchos de nosotros ya dormíamos. Ciertamente eran sobre las 21:00, pero es normal acostarse incluso a las 20:00 si se ha caminado mucho. Hubo incluso un payaso que encendió la luz de toda la sala. O son nuevos, o no tienen el cerebro suficiente para dejar todo preparado antes de pirarse y así no molestar luego.
El paisaje ha cambiado mucho. Se ha vuelto rabiosamente verde. También húmedo y fresco. Mi garganta lleva un par de días sufriendo y anoche me puse a toser. Empecé a lamentar haber dado toda mi caja de Strepsils a una señora ya que las dos veces que le dí, estábamos en ciudades grandes y podría habérselas comprado.
Me he inchado a hacer fotos de los ríos, de los bosques otoñales y de los prados. En cada pueblo que atravesaba había mazo de perros. Y un delicioso olor que alimentaba, gracias a todos los animalitos que vivían allí (especialmente mis temidas y odiadas vacas, que hace un año ya, intentaron acabar con mi vida). Se ha puesto a llover y encima he olvidado mi braga en un sitio de descanso. Una braga con mucha historia y asociaciones sentimentales.
He llegado al impresionante monasterio de Samos (que me recomendó la zaragozana). No paraba de hacerle fotos cada 10 metros que andaba. Un sitio sobrecogedor. Al verlo, uno no puede evitar pensar en “El nombre de la rosa”. He ido en busca de un súper (tras dejar mis cosas en el refugio) y he pillado una empanada (la última del súper) y un aquarius. Creo que dejaré ya los menús. Estoy cansado de que me roben. Me he ido a zamparme la empanada en el puente, para poder contemplar el monasterio.
Luego he ido a la farmacia a comprar algo para la garganta. Sin receta, la farmacéutica me ha dado Strepsils por casi 5€. He cuantificado en mi bolsillo, lo que antes hiciera en mi garganta siendo generoso. Y me he cagado en todo (si, estoy traicionando el espíritu del peregrino). Luego he ido al monasterio y me he apuntado a la visita. Me han sablado 3€ y al preguntar si había descuento para peregrinos, el monje se ha descojonado de mí diciendo que bastante barato estaba ya. La visita ha sido breve y hemos vistos los dos claustros . Había diversos murales pintados tras el incendio de 1951. Como curiosidad, había una monja que supuestamente tenía la cara de Sara Montiel y un ángel negro inspirado en la canción “black angels” de “the machine” (no se si recuerdo bien la canción y el grupo y buscando en internet no he encontrado nada). No hemos podido ver la biblioteca.
Me ha llamado la atención la fuente barroca con figuras de sirenas de enormes pechos basadas en la mitología griega. Pobres monjes.
Me he encontrado otra vez con el gallego y el chico de Bilbao, siempre tan amable. He visto que ha firmado en el libro de registro y no he podido evitar mirar lo que ponía en la nacionalidad...País Basko. Yo no puedo con cosas así...
He asistido a las verspertinas y la bendición del peregrino. Casi ninguno de los peregrinos se levantaba cuando lo hacían los monjes y un par de fieles. Yo, por lo que sea, me veía obligado a hacerlo (no sin dolor). Los cantos eran bonitos. Luego un monje nos ha dado la bendición, ha cantado y nos ha echado agua con un palito plateado, que he recibido inclinando la cabeza devotamente. No me ha apetecido asistir a la misa posterior.
Como nota agradable, ha aparecido la francesa (con la que cené junto al francés y que es agricultora y caminante solitaria).
Me ha tocado como vecino de litera un Coreano, que desperdiga sus cosas impidiendo caminar entre las literas. No deja de jugar con un chisme con pantallita y teclado, que también parece un teléfono, escuchando música y hablando él sólo felizmente. El típico niño consentido que hace lo que le viene en gana sin darse cuenta de que molesta a los demás (pero bueno, siempre me digo, que estas cosas son parte del camino;)).
El chico de Bilbao (Christian se llama, porque su padre es francés y del sur de Paris) se me ha puesto profundo acerca de cómo echaré de menos el camino, cómo no sabré describir las sensaciones y que la gente se va a Finisterre porque no lo quiere dejar. Yo en cambio siento lo contrario. Estoy cansado de andar, de las chinches, de madrugar. Qué ideas tan superficiales y materialistas las mías.
No me quito de la cabeza, lo feliz que he sido comiéndome la empanada de atún, en el puente, mirando el monasterio y el río pasando debajo de mí.

24-X-07 Salgo del monasterio sin donar un duro, motivado por el resentimiento del sablazo para ver cuatro pinturas pop, sin contar el cachondeíto del monje. Por “El nombre de la rosa” yo pensaba que no les permitían reír. Hoy toca caminar casi 40Km. Me consuela pensar que no volveré a ver al amabilísimo vasco. No dejaba de pensar que tanta amabilidad venía de un sentimiento de culpa o una forma de demostrar lo majos que son (y que no nos odian a pesar de haberles oprimido) los vascos a pesar de todo. No he podido evitar despollarme un poco esta mañana pensando en sus sensibleras frases de “cuando llegues, notarás una sensación muy especial, como en el mismo camino, que no podrás describir con palabras”.
No quiero ser despectivo ni insensible pero... adoro esas pajas mentales. Claro que no se puede describir con palabras. ¿se puede describir por qué te gusta un paisaje, un sabor, una mirada? Seguro que más de una atontada ha caído en sus brazos ante semejantes chorradas, de un descerebrado pseudosensible, que va reivindicando sus ideas allá a dónde va, aunque ello vulnere la ley y la verdad. Porque eso es lo que se hace cuando se pone de nacionalidad “Pais Basko” (falsedad documental por exagerar un poco), cuando te preocupa si cada personaje que te cruzas es vasco o no y especialmente, cuando corriges a alguien por decir “San Sebastián” en vez de “Donosti”. Se ha llamado durante siglos así por ser entre otras cosas una ciudad castellana (lingüística, cultural y arquitectónicamente hablando y, para ser exactos, rindió vasallaje con mucho gusto en el 1200 para no ser comida por los franceses) para que la obsesión de reinventar y cambiar todo me fuerce a mí, en pos de lo políticamente correcto y de la pluridad cultural, a llamarlo “Donosti”
Sí, estoy exagerando, sí, estoy siendo radical y posiblemente prejuzgando a la gente por detalles, pero temo a la gente amable que intenta agradarme, que me da constantes consejitos y se muestra siempre tan servicial. No me parece natural y propio de la condición humana. No tengo un sólo amigo con el que no salga una pulla cada dos frases y me siento orgulloso de ello.
En fin, tras bastante caminar llego a Sarriá, dónde por preguntar en la oficina de información por un supermercado, la amable señora me tomó todos mis datos personales y me dio un mapita. Desayuno al lado del río entre frondosa vegetación y salgo hacia Portomarín. Largo es el camino hasta este destino, pero estoy inspirado y avanzo a toda hostia, quizás motivado por los ladridos de los perros o el delicioso olor que acompaña los caminos y en especial los pueblos ganaderos.
Llego al impresionante río Miño, pasando por un puente a gran altura. Viendo la inmensa cuenca que lo bordea, hace ver el tamaño que tendrá cuando haya lluvias. Tras perderme un poco por Portomarín y gracias a tres amables indicaciones, he encontrado el albergue justo detrás de una gran iglesia que, desgraciadamente, está cerrada.
Me he encontrado a los tres personajes que cuidan el albergue de la Xunta. Una encargada que me ha preferido que escriba yo todos mis datos (funcionaria, claro), una señora de la limpieza y un señor que conducía el vehículo de mantenimiento. ¿su función?. Hablar toda la tarde y ni siquiera responder dos de ellos al saludo.
Me he pirado a comprar empanada y bebida y me he ido al parque desde el que se ve todo el río Miño, mientras el sol se iba poniendo. Inchado de empanada, volví al albergue dispuesto a no volver a mover el culo en horas. Mis piernas chillaban de angustia.
Conozco a un simpático franco-canadiense, muy alegre, ilusionado con todo y riéndose sin parar, con esa típica risa de gilipollas, que le hacía entrañable. Un tío natural, espontáneo, sin complejos, que todo el rato canturreaba algo. Con una cruz colgada del cuello, salió con una biblia bajo el brazo a la misa a la que renuncié por fatiga, aunque me hubiera hecho ilu ver esa iglesia tan gocha.
Más tarde, por la noche, el entrañable personaje se ponía a leer la biblia con una linterna a las 5 de la mañana. Me encanta la gente así.

25-X-07 Salgo de Portomarín sobre las 7:00. Mi móvil sigue en sus trece. La etapa de hoy será corta (unos 25 Km). En pos de mi inconstante imprevisión, no compré nada ayer para el desayuno. Encima dormí fatal por mi tos, la nariz taponada y los ronquidos del fascinante canadiense y una alemana de al lado. Me encuentro a la siempre entrañable y sonriente francesa, que saluda con su simpático “Bon Jour”. También con el francés. Nuevamente los tres a la vez. Es de coña.
Atravieso muchos pequeños pueblos con bares, pero sin tienda y por lo que sea no me apetece entrar en ellos para desayunar. Avanzo con los mismos pensamientos de siempre, acerca de qué haré al volver y en buena parte, sobre las ganas que tengo ya de estar en casa y hacer cosas más productivas que meditar. También me asaltan fantasías impuras, difíciles de disimular en chandal.
Llego a Palas del Rey, despidiéndome con probabilidad para siempre del francés, ya que él continúa. Quizás nos veamos en Santiago...si Dios quiere, como él dijo.
Compro un trozo de empanada, bebida y algo dulce y me lo zampo en el albergue de hospitalera ausente. Esta mañana me he cagado en los funcionarios de Portomarín al descubrir que no había papel higiénico en ninguno de los baños. Tres personas cobrando no pueden ser eficientes y hospitaleros voluntarios en cambio hacen bien siempre su trabajo. Una vergüenza.
He llevado sobre mi conciencia la cautividad de Nelson Mandela hasta llegar a Palas del Rey. He hablado con Jacobo y esposa para organizar mi estancia allí hasta el Lunes para poder ver Finisterre. También mi madre me ha comprado el billete de vuelta y para su tranquilidad me he ido a urgencias. Tres hembras (dos de ellas rubias) me han auscultado. Al quitarme la camiseta (no del todo limpia) y a pesar de mi ducha, he notado mi olor corporal, muriéndome de vergüenza. Sin contar mis estrías, que se han vuelto tremendamente llamativas estas semanas (consecuencia de la pérdida de peso, supongo). Sólo tengo un catarrito, me ha dicho la doctora y la mir lo ha verificado. Me encanta el gallego.
He comprado toseína, descongestionante nasal y caramelos ricola, yendo tres veces a la misma farmacéutica (había otra farmacia al lado, pero ya me daba más confianza esta) con cara de malas pulgas.

26-X-07 Salgo de Palas del Rey hacia Arzúa. Toca decidir si hago la etapa dura hoy o mañana. En el trayecto de hoy, sobre todo he visto bosques y algún puente e iglesia. Me he topado varias veces con el madrileño y nos hemos puesto a charlar. Conoce bien la zona de Arturo Soria y trabaja desde hace 30 años en un bingo. Resulta que es un fiel lector del Antiguo Testamento y había llegado a la conclusión de que Jesús no existió y que todo eran invenciones de los bibliotecarios de Alejandría. También me unificó (si no recuerdo mal) las diversas organizaciones en el priorato de Sión. Me comentó muchas más cosas, pero ahora no las recuerdo.
Llegamos al albergue de Arzúa y haciendo cálculo decidimos quedarnos. En el siguiente albergue (a 3 horas de camino al menos) no había ni tienda, ni nada que ver. Así que en Arzúa me fui a un súper dónde compré latas de ensalada mediterránea y Ice-tea. Y me senté a comer en el albergue. Hablando con una alemana de cierta edad, se me empezó a quejar de que los albergues de Galicia carecieran de cocina o cacharros para cocinar y comer. Que muchos jóvenes gustaban de cocinar juntos y así no gastaban tanto. Le expliqué, que al tratarse de albergues financiados por el estado, tenían el dinero, pero no la cabeza (o el interés) para saber lo que podía hacer falta y lo que no. Siguió quejándose, indignada, mientras el madrileño (que acababa de aparecer) interrumpía constantemente para hablar de lo suyo hasta que la alemana se fue.
Por un lado creo que tenía razón, pero por otro lado...¿qué leches se cree que es esto?¿hoteles gratis?¿un paseito turístico?¿acaso no se pueden hacer un bocata o pillar un menú?¿llevar un par de cacharros entre varios?¿ahorrar algún dinero currando?. Estuve por gritarle...¡Esto es Esparta!...quiero decir...¡El Camino de Santiago!. Aquí se viene a sufrir, a vivir con sacrifico, a sentir carencias y dolor. Y sino, pues a hacerse viajes turísticos, pero como el albergue me sale gratis o muy barato (siempre donaba 5€ y más o menos cobraban eso de media en otros), procuro no quejarme (a excepción de que tres funcionarios inútiles no hagan ni lo mínimo y tenga que caminar 10 horas con exceso de equipaje).

27-X-07 Salgo hacia Santiago de Compostela. La última etapa será de las más duras. Creo que lo prefería así. Llegar cansado y dolido como última penitencia antes de la meditación. Por errores de mi despertador vejiga me levanto a las 4. Curiosamente dos peregrinos imbéciles (un chico y una chica) vuelven con una borrachera monumental, partiéndose de la risa y armando mucho ruido. Yo, dirigiéndome al servicio no puedo evitar mirar quien está subiendo las escaleras a esa hora. El tío se me queda mirando y me suelta...”qué miras, a que hay hostias” y yo prosigo mi camino en pos de vaciar la vejiga. Me he pasado el resto de la mañana pensando en las ganas que tuve de responder al insulto y arrancarle la cabeza de cuajo. Pero entonces no sería un peregrino;).
El camino serpentea una barbaridad en pos de evitar la nacional y también influido por la ampliación del aeropuerto por lo que el trayecto es más largo de lo que mencionan las guías e hitos. Al haberme puesto a andar tan temprano únicamente consigo ver a peregrinos que habían dormido muchos Km más adelante, por lo que puedo caminar en silencio rodeado de bosques de sauces durante muchas horas. Llego a la ciudad de Santiago y, en contra de mi costumbre, busco algo de comer antes de llegar a destino. Puedo contemplar ya de lejos las torres de la catedral y por alguna razón, prefiero tomármelo con calma. Entro en el Día, pillo empanada y bebida. También una botella de vino para regalar a quienes me van a acoger estas dos noches (luego descubriré que no beben). Y tras comer y descansar con calma, vuelvo a levantarme con mi pesada mochila, para caminar por última vez hacia mi destino, llegando a la hermosa catedral, tras pasar por alguna otra bonita iglesia.
Dejo apoyada la mochila en una columna, contacto con Jacobo y tras recoger la compostela, me siento un ratito antes de ir a que me recojan. Lo más curioso fue, que cuando llegué a la oficina dónde te la dan, pues no parecían creerse que hubiera hecho todo el camino andando. Me preguntaron si lo hice a pie, luego insistieron preguntando si no había cogido nunca coche o autobus. Parecían no conocer a gente como el riojano, alguno de Bilbao, sin contar a varios fieras que se cruzaron en mi camino (lo normal es hacer el camino en 31 días y yo lo hice en 24).
Me recogió Jacobo y me llevó a su casa, dónde conocí a su esposa. Ambos me trataron con suma hospitalidad y pude lavar mi ropa y ducharme como Dios manda sin sentirme acosado en los lavabos;).

28-X-07 Jacobo me despierta a primera hora de la mañana (a petición mía) para irse a trabajar en domingo (pobre). Así tendré tiempo de estar en la catedral, asistir a la misa y acordarme de toda la gente que apunté. De paso veo algo de la ciudad, de bellas calles y parques. En la catedral, visito el sepulcro del santo y también subo las escaleras dónde la gente abraza su estatua. Estaba dudando de si lo haría yo, pero como hay un tío que no lo suelta, decido largarme y respetar su devoción.
Asisto a buena parte de la misa, pero me canso y doy una vuelta por la catedral en busca de más símbolos templarios que mencionara Juan G. Atienza en su libro “la meta secreta de los templarios”. Pero para variar no veo gran cosa en la que es, supuestamente, una catedral construida con su influencia. Cuando termina la misa, grabo un poco los órganos sonando de forma estruendosa.
Y por fin, me miro el cuaderno varias veces, con toda la lista de gente que me pidió que me acordara y también los que me apunté por voluntad propia para ver si les sirve de algo. Dándome cierta vergüenza entre tantísima gente, me arrodillo y me pongo a rezar. A dar gracias, a pedir que ayude a los míos y a los no tan míos. Incluso pedí la felicidad para alguna persona que perdí hace tiempo. En fin, una larga lista de peticiones. Algunas reiteradas, otras creo que se me olvidaron. No aguanté mucho rezando por el dolor de rodillas y el constante pulular de gente a mi alrededor. Me topé al francés al salir de la catedral y no dudé en señalar al cielo, como él dijo, por habernos encontrado. Nos hemos deseado todo lo mejor, cada uno en su particular lucha personal y hasta nos hemos dado un abrazo. Ni me acuerdo de su nombre, ni nos hemos dado referencias. En el camino nos hemos encontrado y jamás volveremos a vernos. Creo que así es mejor.
Por la tarde Jacobo y Alicia me han dado el capricho de llevarme a Finisterre. Por el cambio de horario hemos llegado algo tarde y no se veía bien la puesta de Sol, pero he tomado un par de fotos bonitas, abriendo mucho el obturador de la cámara. Luego nos hemos ido a tomar algo a una particular tasca que antes fue un corral para animales y mantiene toda su forma.

29-X-07Al llegar al aeropuerto, sin perder mi espíritu peregrino, al ver a la chica de facturación tosiendo, le he ofrecido todas mis drogas (caramelos, toseína, paracetamol, etc) que ha declinado con mucho agradecimiento. El bamboleante avión me ha llevado de regreso a mi iluminada ciudad y me he negado a combatir con los demás pasajeros para ver quien salía primero. Lo primero que he visto ha sido la llamada perdida del ansioso Juan Pedro, que ya no podía contenerse más sin saber de mí, tras no poder pasear conmigo en el último mes, como le tenía acostumbrado cada domingo.

Conclusión

Complicado es concluir nada. No me apetece soltar más chorradas acerca de la espiritualidad del camino (bastantes tuve que escuchar). Lo que sentí en algún momento, lo he reflejado en el propio diario tal y como ocurrió. El camino me ha servido para perder 10 kilos de peso, para disciplinarme un poco (aunque al volver a casa vuelvo a corromperme), para echar algo de menos a los míos (pero he disfrutado de la soledad como un enano), para ver mil cosas bonitas, para disfrutar de cada minuto que pasaba sentado bebiendo de mi botella de agua, mitigando el cansancio y el dolor mientras miraba el horizonte, para aprender a convivir y que todos los gilipollas que me topaba no me afectaran en absoluto. Mostrar una mayor curiosidad por el mundo cristiano, por sus infinitos símbolos, rituales, números, parábolas y metáforas sin contar lo que me impresionaban los monasterios con su disciplina y sacrificio por algo intangible. Es el sacrificio, de las pocas cosas que aún consigo admirar en las personas. También me han encantado algunos particulares personajes que me he topado en el camino, solitarios, taciturnos, que no hablaban si no tenían algo inteligente que decir. Me ha gustado en general, la amabilidad y solidaridad entre peregrinos, y también de muchas personas de cada zona. Los camiones, los coches, saludando y dándote luces para animarte en tu camino. Me sentía como un héroe americano con esos momentos de simpatía espontánea.
Supongo que el placer de conseguir un reto, de demostrarme a mí mismo que nunca me rindo, aunque sienta muchos deseos de hacerlo. Sí, es curioso, últimamente pienso en lo de rendirme, para ver cuántas veces lo he hecho y cuántas no. Supongo que cuándo algo deja de merecer la pena me he rendido. Aunque por otro lado, una buena forma de justificar el fracaso es decir que algo no merecía tanto la pena. Ya sea cuando te enamoras y pierdes, como cuando no consigues algo en el ámbito laboral o personal. Quiero pensar que no soy una persona que se rinde. Quizás esa haya sido la lección aprendida o reforzada en este camino