2-x-07 Tomo el autobus que sale de Avenida de América.
Raquel y Luis han venido a despedirse de mí. Llego a Pamplona sobre las
16:00. Busco un sitio dónde comer. Los pocos bares o restaurantes tienen
menús del día por 10€ y algunos por 18€. Tienen fueros,
pagan menos impuestos y me sablan 6.7 € por un bocata y una coca cola.
Cojo el autobus de las 18:00 hacia Roncesvalles. Suena música vasca en
la radio y hasta algunos pasajeros se ponen a cantar. Sonaba bonito aunque no
deje de darme un poco de repelús toda su cultura (menos los chistes).
El paisaje se vuelve mucho más verde, no como en Soria, dónde
todo eran campos de cultivo y algún monte pelado. Llego a Roncesvalles
pasadas las 19:00. Nada más llegar tenemos que rellenar un impreso con
nuestra procedencia, dirección y razones de viaje. Luego asisto a la
misa del peregrino, dónde el cura da parte de la misa en varios idiomas.
Para finalizar nos pide que nos acerquemos al altar y nos da la bendición
del Peregrino, que data, según él (y si no recuerdo mal) del siglo
XI. Luego se apagan las luces de la iglesia y sólo queda iluminada la
virgen, mientras los curas y algunos de los presentes le cantan. He de decir
que esa parte tan solemne me conmovió un poco
En pos de mi nueva disciplina alimenticia y para dormir mejor, me dirijo al
refugio a ducharme y dormir. Las hospitaleras son unas amables británicas
(creo). Luego lamento no haber visitado la tumba de Roldán, pero ni me
he fijado dónde podría estar.
La noche transcurre mal, con un sin fin de ronquidos y otros sonidos indescriptibles
que llegan a asustar.
El refugio está en una especie de iglesia y resulta bastante impresionante
“dormir” en él. Ladra un perro en la calle. Me pregunto si
no estará poseído por el demonio como el que atacó a Paulo
Coelho en “el peregrino de compostela (diario de un mago)”. Libro
que me indujo a intentar hacer el camino hace cuatro años.
Mi compañero de litera responde secamente a mi saludo. Creo que es extranjero.
No intenta entablar conversación y eso hace que me resulte simpático.
Un peregrino de frondosa y canosa barba, de más de 50 años. Me
dará la noche, pero eso era de esperar
3-X-07 Se encienden las luces sobre las 6:30 (o eso me dijeron
luego). No se si he llegado a dormir algo. Salgo en 5 minutos a hacer el camino.
Es completamente de noche y avanzo por un camino rodeado de bosque. Me resulta
muy útil mi linterna con dinamo (aunque no deje de resultar gracioso
ver a un individuo dándole a la manivela cada dos por tres). Está
lloviendo y me pongo mi cazadora de montaña naranja chillón. Afortunadamente,
mi mochila tiene una funda y no tengo que hacer combinaciones con el poncho.
Atravieso diversos y hermosos pueblos navarros, dónde me llama la atención
que algunos carteles estén escritos primero en vasco, luego en inglés
y por último en Español. Otros sólo están en vasco.
Conozco a dos tíos muy majos de Castellón. Nos encontramos varias
veces en el camino y por fin entablamos conversación. Uno estudia filosofía
y el otro ciencias políticas. También trabajan. Cuando la conversación
se acaba vuelvo a acelerar el ritmo. No quiero estar condicionando mi marcha.
Pero por pararme, me vuelven a encontrar y proseguimos las discusiones acerca
de filosofía, ciencia, pensamiento débil y el sistema educativo
en España.
Son las 12.30 y llegamos a Zubiri. Ellos se van a quedar, pero yo me siento
tentado de avanzar un poco más hasta Larrasoaña. Me piden que
nos tomemos una foto. No me ha salido darles mi dirección. Sólo
les he visto un par de horas y terminan su camino en Pamplona. Ha sido un encuentro
agradable.
Continúo hacia mi destino viéndome con fuerzas, pero empiezo a
flaquear. Me paro un par de veces en el camino y comienza a llover. Llego a
Larrasoaña bastante dolido y preguntándome si no me he forzado
demasiado para ser el primer día. Han sido 28 km y estoy molido. La ruta
de mañana será más suave. No creo que me apetezca visitar
Pamplona. Me voy a dormir.
Los alemanes no entienden la palabra silencio. Decido que no pueda estar toda
la tarde tumbado y me voy a dar un paseo por este hermoso pueblo. Volviendo
al albergue saludo a un señor, que automáticamente entabla conversación
conmigo. Se llama Santiago y fue alcalde de Larrasoaña. También
se encargó del albergue durante 22 años. Me enseña su personal
museo dónde almacena miles de postales, acuarelas, firmas y cartas enviadas
por peregrinos agradecidos y amigos. Los brasileños le enviaban piedras,
otros, acuarelas, libros, un sombrero mexicano, camisetas de fútbol,
banderas y artículos religiosos. Incluso tenía un libro de Shirley
Maclaine sobre el camino. Impresiona que tanta gente se acuerde es este humilde
hombre que ha ayudado durante años de forma desinteresada. Lo que me
jode, es toda la gente que ha tenido un detalle conmigo y hacia la que nunca
me he molestado en tener una muestra de afecto o gratitud.
Mis compañeros de refugio son mayoritariamente alemanas. También
hay una especie de Japonés y una japonesa, pero vienen por separado.
A la japonesa la he visto también en roncesvalles. Me daba un extraño
y respetuoso pudor cambiarme delante de ella. Por si le ofendía o algo.
Los encargados del albergue han sido amables. Un matrimonio creo. Ella muy sonriente.
Él con barba, silbando o canturreando. Me ha dicho el ex alcalde que
les critican en internet, pero se han portado con suma cortesía.
4-X-07 Salgo desde Larrasoaña. Buena parte del camino
la hago completamente a oscuras. He oído ladridos de perros y un caballo
relinchando y al galope. Pensé que estaban atacando al caballo, pero
cuando divisé la pradera, los perros estaban atados y sin embargo todos
los animales muy nerviosos. No se si ha sido por ver la luz de mi linterna saliendo
del bosque, ya que cuando me paré a mirar el caballo, este hizo lo mismo
y eso que estábamos a bastante distancia. He continuado caminando por
el espeso bosque. Algunas veces se estrechaba mucho. No se cómo se puede
caminar cuando es verano y viene todo Dios.
El hambre me acucia. Como no cené, el desayuno pendiente me está
machacando. Intento engañar a mi estómago con los caramelos “solano”
que me regaló Don Santiago. Llego a una localidad a las afueras de Pamplona
llamada Burlete. Tienen un impresionante puente medieval a la entrada. En las
calles hondean bastantes Ikurriñas y un par de banderas republicanas
y del arcoiris. Compro en un Eroski (a mi pesar) y atravieso la localidad pasando
por una Herriko taberna cuyos clientes son sólo unos punkos (el vínculo
perroflautista se va desvelando).
Atravieso la hermosa Pamplona pasando por la ciudadela, construida por Felipe
II siguiendo el estilo italiano. Impresionante fortificación, me hace
preguntarme para qué leches en el S XVI, necesitó construirla
en una ciudad propia. Quizás los navarros estaban algo inquietos. También
visito la catedral (o una iglesia muy grande) y me topo de nuevo con el pseudo
japo. Sólo intercambiamos el breve y visual saludo de todas las veces.
Me sigue retumbando la canción “atomic” de “Blondie”.
Antes del viaje me hinché a ver videoclips de este particular grupo.
También pienso mucho en “going under” de “Evanescence”.
Grupo, que sin ser la leche, descubrí y me marcó, quizás
por ser la última nochevieja. Me lo puse de fondo por las noches, mientras
escribía un relato, pimplaba cervezas y tenía complejas discusiones
con María Olvido acerca del bien y el mal.
Atravesando Pamplona y demostrando una clara desorientación y estupidez
por mi parte, me he perdido varias veces, reorientándome gracias a varios
amables ciudadanos que han corregido mi ruta sin haberles preguntado siquiera.
Me he estado cagando en mi guía por no aparecerme en qué pueblos
había mercados o cafeterías, a lo largo de tres días, para
descubrir, mirando con más cuidado, que sí estaba indicado en
otras páginas (cuando pienses que eres idiota, no te frustres, poco más
tarde te superarás a ti mismo).
Me he topado con un mural curioso en mi caminar a la entrada en Burlete. Salía
pintada una “Pipi calzas largas”, con un tirachinas y un pañuelo
negro tapando su cara. Debajo ponía “organiza tu odio”. Cómo
le lavan el cerebro los políticos, los curas, los padres y demás
gentuza a estos niñatos. Me dan ganas de matar a todos, justo antes que
a los descerebrados “jóvenes” por ser directos responsables
en canalizar su estupidez.
En todo mi recorrido de estos días no he visto una sola Vasca/navarra
realmente guapa. Ni siquiera en Pamplona. Direis que es porque no he salido
de noche o algo así. Pero en Madrid, ya sea en el metro, en la universidad,
en la biblioteca, en mis diversos barrios, siempre alguna consigue quitarme
el hipo.
Empiezo a entender que ellos se vayan a hacer la guerra a los españoles
por causas discutibles, para no verlas tanto. Y también que ellas se
metan a política en representación de la izquierda abertzale,
a pesar de que no saben hablar y hacen el ridículo, sólo para
que sus patéticas vidas parezcan tener un sentido y alguien las mire.
Ahora sólo pienso en lo que típicamente se llama “el camino
que empieza al llegar a Santiago”. Quizás me vaya a Roma con Luis,
a Berlín con Belén, ¿y luego qué?. ¿me iré
a vivir a Europa del Este? ¿o me quedaré en casa esperando un
VPO y buscando un curro de informático como tantos otros?
Salgo de Pamplona y llego a Cizur Menor. Me jode hacer tan pocos Km pero el
siguiente refugio está muy lejos y creo que el segundo día me
debo moderar un poco. Me han insistido mucho en que me pare con frecuencia,
especialmente si siento dolor. He encontrado un hermoso albergue. El de Roncesvalles
costaba 5€, el de Larrasoaña 6€ y este 7€. La encargada
es muy amable. Me ha preguntado por mis pies y si había comido, deduciendo
que venía desde Larrasoaña. Me ha chocado que se refiera a la
encargada del anterior albergue como “esa bruja” por el hecho de
que nos compre cuatro cosas de comida en el súper y las traiga a Larrasoaña.
A mí me parece que hace más que suficiente. Me choca que haya
estos piques entre supuestas personas de buena voluntad que ayudan a los peregrinos
normalmente gratis.
He comido un menú de 9€ en el restaurante de al lado que me ha recomendado
la hospitalera. Me ha consolado ver a obreros de la construcción. La
calidad es parecida a la de Madrid. El vino de mesa es igual de malo, pero me
he pimplado más de media botella gracias a la inestimable “casera”.
He salido mareado del restaurante y me he echado a dormir en el albergue. Creo
que mis ronquidos han echado al japo, porque hasta a mí me han despertado.
Él ya se relaciona con normalidad con los demás peregrinos y creo
que hasta la japonesa. Sólo yo quedo como el rarito. He tenido un arrebato
de generosidad y le he regalado un plátano a un tío que estaba
leyendo en la mesa. Al probar mi única y digestiva cena he descubierto
que estos plátanos del ecuador distan mucho de estar buenos. Me he cagado
en el eroski y en mí mismo por pillar lo primero que veo. Casi ha parecido
que le he dado el plátano porque no lo quería más que por
ser un peregrino ye ye.
Poco después de la siesta he salido a dar una vuelta para ver el par
de iglesias y echarme crema en los pies. Me he quedado con los pies desnudos
y encremados sobre el muro que hay al lado de la iglesia, escribiendo mientras,
estas líneas. Uno de los señores mayores que iban a misa estaba
cerca y le he saludado. Ha intentado entablar conversación pero hemos
fracasado en nuestra comunicación. Me he sentido tentado de asistir a
la misa del rosario pero quizás para no encontrarme el albergue cerrado
(paranoias mías) he vuelto al cubil.
Le he estado escuchando a la hospitalera historias religiosas sobre el camino
a los que acaban de llegar. Pero mi habitual timidez o decoro ha impedido que
me quede a escuchar y preguntarle. La verdad es que desde que empecé,
le estoy dando menos importancia a la mística y me centro más
en el camino, en la oscuridad de la noche y el silencio del bosque. Eso le ha
dado un cierto estado de monotonía y ganas de llegar cuánto antes.
Pero se que aún me quedan unos cuantos días hasta acostumbrarme
y luego todo irá llegando. Espero que un poco de paz y perdón.
5-X-07 Gracias al tañer de las campanas puedo saber
la hora. Son las 4 y casi ya tengo ganas de levantarme y ponerme a caminar.
Pero aún puedo dormir un par de horas más. Me agobia la idea de
salir tarde y me despierto cada dos por tres observando si por fin se levanta
alguien. Tengo a un español al lado y creo recordar que es de los que
madrugan pero sigue frito. Cada vez que yo o alguien se gira en su litera suena
un intenso crujir de madera que hace apagarse todos los ronquidos.
Hoy me he planteado hacer más Km en vista de que sino, sólo pierdo
el tiempo en el albergue o visitando iglesias cerradas. Quizás así
me libro del grupo de ruidosos alemanes que no saben acostarse pronto, ni abrir
o cerrar una puerta sin hacer ruido.
He atravesado unos cuantos pueblos de diverso tamaño e interesantes iglesias.
Me ha alcanzado un riojano muy hablador. Resulta que el tío se está
haciendo etapas de 50 Km. Y yo me estaba sintiendo un machote por hacerme hoy
32. Me contó como una vez, estando en León, mientras tomaba una
cerveza, algo le hizo “crock” en una pierna. Retrasó su marcha
y tomó calmantes musculares, pero como había quedado con su señora
en Santiago, se hizo una etapa de 60 Km, a pesar de que estaba arrastrando la
pierna los días anteriores. Luego le dijeron que tenía una rotura
fibrilar.
También me ha contado como se hizo el camino del Norte a 40 Km diarios
y sin apenas camino, con hierba que llegaba hasta la cintura y calado hasta
los huesos por la humedad. A su vez, hizo el camino desde Sevilla (1100 Km)
y se hizo el del Francés en 16 días. Cuando me ha contado todo
eso, un jubilado, he deseado ser mujer para que me diera un hijo suyo.
El camino de hoy ha sido duro, lleno de resbaladizo barro y con una importante
subida. Era mucho peor caminar por “el camino” que usando el que
había paralelo para agricultores y con muchas menos piedras y barro que
fastidiaban el tobillo.
Esta mañana he cometido el error de saludar a un hombre mayor que parecía
peregrino. Rápidamente se me puso a insultar a los catalanes por quemar
la foto del rey, a decirme que Zapatero daba dinero a los etarras. Luego que
si sabía por un amigo suyo de la guerra que al abuelo le habían
matado los de su bando y que si el padre era un cabrón y que su primo
no le hablaba. También me dijo que Zapatero odiaba a los madrileños
por no darles dinero y que les quiso dar todo a los de ETA en las negociaciones.
Por fin no pude más y le dije que el anterior gobierno también
negoció. Me dijo que los otros se plantaron, pero estos no. Le respondo
que entonces no se cómo se había roto la tregua. Después
me habló orgulloso de cómo habían dado de palos a un etarra
o simpatizante que había quemado a no se quien. A eso lo llamaba verdadera
justicia. Me dijo que aquí huían muchos vascos. Le dije que también
había muchos nacionalistas. “Argumentó” que aquí
los tenían controlados y me remitió el ejemplo del linchamiento
Le pregunté por una panadería y eso me permitió separarme
de él, que ralentizaba mi paso y calentaba mi cabeza.
Cuando tengo estas discusiones con la gente, o veo tantas proclamas radicales
de niñatos que van de rebeldes, o fracasados que así sienten que
su vida vale algo, me pregunto...¿cómo no tenemos otra guerra
civil?¿cómo es posible que la gente tenga un pensamiento tan radical
y mediocre? ¿es la única forma de no hacer autocrítica?¿echarle
de todo la culpa a los políticos, a la historia, a los crímenes
del pasado?
He llegado a Lorca tras un considerable esfuerzo. Esta vez el talón no
me dolía y gracias a la rodillera ni he sentido la rótula. He
tenido que elegir entre dos regugios con guerra de precios. Opto por el que
era un € más barato (7€). Ambos están en la misma calle,
uno en frente del otro. Está claro que es un negocio lo de los albergues.
Al menos en Navarra, empiezo a dudar si el dinero que he puesto era sólo
para gastos (como me dijo Maribel, la hospitalera en Cizur Menor) o la tapadera
para un buen negocio de gente de supuesta buena voluntad. He comido en el albergue
de en frente, regentado por una vasca. No me ha preguntado lo que quería
para beber y directamente me ha ha servido peleón sin gaseosa. Al matrimonio
de al lado sí que se lo ha servido. Será que yo tenía pinta
de machote que aguanta el peor vino sin rechistar.
Los platos más vistosos, pero menos consistentes que lo que comí
en Cizur. Allí dónde hay obreros, suele haber calidad-precio.
El chico que me ha atendido en el albergue barato es un simpático gafapasta
que no me entendía cuando le hablaba y viceversa. Ha flipado con la distancia
que he recorrido y he mirado a otro lado, pensando en el riojano. Se ha ofrecido
a llevarme la mochila y le he advertido sobre el peso. Al cogerla, me ha llamado
valiente.
Me he sentido otra vez como un gilipollas por no haber sabido meter menos cosas.
Encima, tendí mal la ropa y está toda mojada. Colgar una parte
en la mochila no la ha secado mucho.
Para más inri, me he estado cagando desde por la mañana y me daba
palo entrar en un bar, con las botas llenas de barro, dejar la mochila para
que le echaran un ojo e ir al servicio para poner un tronco en el aserradero,
por lo que me he contenido hasta Lorca por gilipollas.
Al llegar he ido a comer al sitio de la competencia, liberar a Nelson Mandela,
ducharme, tender la ropa por todo el cuarto (no ha venido nadie aún)
y me he dirigido a la iglesia, donde me gusta escribir este diario, pero la
lluvia me ha hecho volver.
Por lo visto, hacen cena para los peregrinos pero creo que me acostaré.
No me apetece comer más. He perdido la gula estos días y dormir
bien es vital. Mi familia me ha llamado. Les he dicho que prefiero aislarme
y seguir mandando mensajes diarios, pero sin hablar. A mi madre le ha sentado
mal y ha entendido “aislarme” con “aislarme de ellos”.
Está claro que uno siempre es esclavo mientras alguien le quiera.
Pienso mucho en la depresión de Luis y su necesidad de cariño.
También pienso en la mía, pero creo que me afecta poco. Voy desarrollando
una individualidad, como siempre deseé pero a costa de muchas cosas.
He llamado a Luis para ver si se le había pasado.
6-X-07 He dormido solo ya que no ha venido nadie después
de mí. El simpático gafapasta vino a mi habitación para
que bajara a cenar dirigiéndose a mí con el término “chicoooo”
que tanta gracia me hacía. Sintiéndome mal he declinado la invitación
pues ya estaba acostado. Encima, dos horas antes, cometí el error de
preguntar por la cena. Pareció muy animada por lo que pude oír.
Pero no puedo comer tan seguido y justo antes de acostarme. Una pena.
Por la mañana (me he levantado a las 6) he preparado cuidadosamente mi
mochila y enganchado la ropa que no había secado, colgada de mi litera.
He mangado un rollo medio acabado de papel higiénico y he bajado, sirviéndome
el desayuno un señor de larga barba y cierta edad. Primero (en referencia
a lo que se oía en la tele de etarras o simpatizantes detenidos) ha gritado
que todos a la cárcel. Luego, le he preguntado si había hecho
el camino y resulta que los ha hecho todos, pero todos, incluso se ha inventado
alguno desde hace 33 años. No sólo todos los españoles
(que son un montón), sino uno en Brasil, otro estando cuatro años
en la India, otro de Santiago a Jerusalem pasando por Roma.
Pero eso no es lo mejor. Fue partisano en el ejército Bosnio en 1991
luchando contra los Serbios. Resulta que su familia, republicanos, huyó
a Yugoslavia tras la guerra civil y siempre vivió en Bosnia. Incluso
ha ido desde allí a Santiago a pie. Le saqué el tema del conflicto.
Simplificó todo en que los Serbios quisieron que sólo hubiera
Serbios. Le hablé de Tito (croata) y de cómo le dio a Croacia
más territorios al llegar al poder y recordé que los croatas echaron
a los serbios al declararse independientes. Me dijo que eso fue mucho después
de que los serbios atacaran y que él había estado allí
por lo que lo sabía bien. No quise discutir más. Aún así
me pareció un tío fascinante. Me chocó la inflexibilidad
de sus ideas y me pregunto si no ha hecho tantos caminos compulsivamente por
no encontrar la felicidad, debido a esa forma de pensar tan radical.
Me ha servido un orujo. Me preguntó si prefería Pacharán
y le dije que sí, pero me dio hierbas. Estaba bueno. También he
hablado en el desayuno con un Sueco que ha destacado mi buen Inglés.
Le he dicho que sólo tenía el First Certificate, es decir, intermedio.
Dos conversaciones singulares y simpáticas. Me he despedido con múltiples
agradecimientos.
Atravieso angostos bosques y caminos de agricultores hasta llegar a Estella,
con numerosas iglesias. Me he desviado del camino para ver de cerca un gran
edificio, pero estaba todo cerrado. Al salir de Estella, he pasado al lado de
una empresa de vinos que tenía una fuente de vino vigilada por web cam,
para poder ver a los peregrinos desde internet. Pero seguro también para
que nadie abusara de ese gesto generoso. Como no tenía vaso, no me he
atrevido. Luego caí en que podría haberlo hecho a morro.
Al lado de la empresa de vino hay un monasterio en el que he entrado, bastante
en ruinas, pero de gran tamaño. El resto ha sido un duro camino bajo
el sol, sin ningún sitio dónde sentarse y con escasez de agua.
La espalda me ha empezado a doler en determinadas zonas y también he
tenido algún pinchazo en la rodilla, por lo que he decidido que mejor
me quede en los arcos.
Al entrar en la ciudad, me ha impresionado la torre de su iglesia, de estilo
barroco. He encontrado el albergue municipal (4€) regentado por dos belgas.
He tenido que ignorar varios albergues de pago a la entrada de la ciudad. Los
menús que he visto son de15 y 17€, por lo que he comprado una lata
de atún, un litro de zumo, pan, dos manzanas y me he ido al refugio a
zampar.
He vuelto a lavar mi ropa y he salido en busca de la iglesia. Mientras hacía
una foto, una niña pequeña (rubita) se ha quedado parada mirándome.
Le he sonreído y ella a su vez ha hecho lo mismo, sin moverse. Ha venido
la madre, hablándole en vasco (o en algo que yo no entendía).
La ha cogido en brazos para llevársela, porque no se movía. Creo
que la madre me ha mirado con la típica complicidad, pero me he ido sin
mirarla, quedándome únicamente con el rostro natural y puro de
esa pequeña y simpática niña.
He entrado en la iglesia y la rica decoración de cada uno de sus rincones
me ha dejado con la boca abierta. Por poco he soltado una blasfemia. El patio
también muy bonito y lleno de rosas. Había un tour con una voz
grabada que nos guiaba por las zonas que se encendían. Para variar, me
he enterado de muy poco. Pero he subido a la parte alta, cerca del órgano,
tomando una bonita foto. Mientras, escribo este diario y la espalda me cruje
de dolor
Mañana a Logroño (28 Km). Se acaba el infierno Navarro de menús
de más de 10€, niñatos punkos con el mismo corte de pelo
y pendientes africanos en cada pueblo que visito y proclamas a favor de ETA
y Euskalherría... espero.
7-X-07 Me despierto a las 5.30. El despertador vejiga se ha
adelantado. Una sinfonía de ronquidos me rodea. Me sabe mal levantarme
antes que nadie con el ruido que eso conlleva pero saco mis cosas con cuidado.
Preparo mi mochila con mucho amor y parto en la noche. Al salir, hago una foto
de la impresionante torre de la iglesia, con la luna y una estrella de fondo.
Al salir a campo abierto y por estar lejos de cualquier población me
cubre un manto de estrellas. A veces lamento no haber puesto más interés
en la astrofísica.
De repente, veo unos bultos en el camino y los alumbro, dándole en los
ojos a un vasco gilipollas que grita “orol” o algo así (que
significará “hola” o “joder” o yo que se). Me
disculpo por molestarles con mi linterna y sigo avanzando. Lo de gilipollas,
lo digo porque pocos metros atrás había 4 refugios dónde
dormir y si eran tan rancios o aventureros, que no se acuesten en medio de un
camino por el que circulan tractores. Si todos los vascos son así de
brutos, no se cómo no se han extinguido.
Prosigo mirando embobado mis estrellitas y tropezándome cada dos por
tres por la oscuridad. Avanzo entre viñedos mientras contemplo un maravilloso
amanecer con las brumas rozando las montañas.
Las rodillas me empiezan a doler. También los tobillos. Quizás
hoy he caminado demasiado rápido para no encontrarme los bares sin menú.
Unos peregrinos en el camino, me ofrecen uvas. Tomo una y está riquísima.
Al avanzar entre viñedos, contemplo los destrozos que hacen muchos peregrinos,
cogiendo racimos y tirándolos al suelo.
Estando a punto de llegar a Logroño, me encuentro a una señora
mayor, sentada frente a su casa y ofreciéndome su sello. Lo declino amablemente
pero un mexicano me convence de que es un sello importante. Descargo mi mochila
y pago una voluntad. Llego a Logroño con un importante dolor de piernas.
El hospitalero (extranjero también) me dice que la gente que ha dormido
en los arcos, ha traído garrapatas. Me asusto ante la idea de que me
repudien y no me dejen dormir allí. Hasta me enseña una cajita
con varias garrapatas muertas
Subo a mi cuarto dónde estamos todos los provenientes de los arcos, los
apestados en cuarentena. Buscamos en nuestras mochilas y ropas en busca del
fascinante parásito que llena nuestras mentes de fobias y miedos. Salgo
sin ducharme a comer al restaurante que me han recomendado el ayudante del hospitalero
que me pareció un hombre de fe. Resulta que en Logroño tampoco
bajan los menús de los 9€. Me sirve un tío de acento extranjero.
La lista de platos es larga. Elijo paratas a la riojana (con chorizo) y lomo
la riojana (con pimientos).
Os preguntareis cómo un espartano viajero como mi persona, come menú
en restaurante. Por varias razones: cuesta encontrar un súper abierto
y comprar las cantidades justas para una comida, se ve bastante difícil
si no se quiere comer algo que no sean bocatas. Tras andar desde las 6 hasta
las 16, no apetece mucho irse de compras, cocinar y fregar pegándose
con los demás por un espacio en la cocina. Tampoco quiero llevar comida
en la mochila pues me falta espacio y no deseo más peso. Y tomar menús
me permite probar la comida local, lo que no ha dejado de ser bastante decepcionante,
porque las patatas con chorizo eran todo patatas y un minúsculo trozo
de chorizo y el lomo a la riojana otro tanto. Está claro que el infierno
de Dante durará hasta que llegue a Castilla (en lo gastronómico).
Tras la comida he ido a lavarme a mí mismo y a mis trapos. Unas coreanas
se me han colado en el lavadero y he preferido salir a ver la ciudad. Desgraciadamente
todas las iglesias estaban cerradas (hoy domingo) y he paseado por las bonitas
callejuelas, parques y dos cacho puentes, uno de acero y otro de piedra (al
que he llamado “del amor” porque toda ciudad ha de tener uno). He
llamado a Luis para preguntar sobre su extraño estado depresivo y hemos
terminado hablando de vascas feas y garrapatas chupasangre, llegando a la conclusión
de que la fealdad viene de que se hayan querido mezclar tanto entre ellos en
busca de la pureza racial.
Mientras, me he comprado un cacho de helado de “after eight” que
me ha sabido a gloria. No he parado de acordarme de cuando una persona se leyó
un libro que le regalé (La Sonrisa Etrusca) y que nada más terminar
me comentó concluyendo que la había hecho feliz. Pues yo era feliz
con mi helado de sabor a menta, con tropezones de chocolate, que me quitaba
el mal sabor de boca del menú “a la riojana”.
Y cuando he vuelto al albergue y estaba escribiendo este diario (a las 20:00)
han empezado a doblar las campanas. De repente he razonado... si doblan las
campanas, es porque llaman a la gente a misa, y si llaman a la gente abrirán
las iglesias y la catedral, y si abren podré entrar a ver esos bichos
por dentro. Mi pereza me ha hecho dudar unos segundos, pero al final he saltado
sobre mis sandalias y he salido corriendo hacia las iglesias como si mi redención
fuera en ello.
Al llegar a la entrada, he sentido pudor de entrar. Yo con sandalias y pantalones
cortos, mientras la gente entraba solemnemente y bien vestida. Pero al final,
me he lanzado o me arrepentiría. Desgraciadamente apenas se podía
circular por la misa. He prestado atención a un par de rezos y me he
pirado sin ver mucho, pero notando un altar barroco de enormes proporciones.
Al salir, había una puesta de sol cojonuda y he corrido a los puentes
a tomar fotos, pero ya era de noche cuando encontré el sitio bueno.
Me ha sorprendido que haya podido caminar durante horas y a buen ritmo con la
paliza de hoy. Esperemos que mañana no me fallen las piernas.
Nota curiosa: el hospitalero estaba arrastrando todos los tendederos para la
ropa mojada, mientras los peregrinos le miraban sentados. A pesar de mi timidez
y por sentir vergüenza ajena, nada más verlo le he ayudado. Un chico
más se ha apuntado.
8-X-07 Hoy mi entrada será más breve pues me
he pasado la tarde durmiendo... Parto desde Logroño dejando a mi derecha
el maravilloso río Ebro, dónde no hace tanto tiempo miles de vidas
fueron fulminadas en la guerra más vergonzosa de nuestra historia. Mientras
unos defendían la patria y la fe y otros, bonitos ideales sin tener nunca
claro dónde estaba realmente el frente.
Mi dolor en todas las articulaciones prosigue y ya parece crónico. Temo
que me joda el viaje. Me he parado varias veces y he hecho todo tipo de estiramientos,
pero cada pisada era como un calambre en mis tobillos, huesos de los pies, rodillas
y demás puntos de las piernas.
He llegado a Nájera (30Km) pensando en frases del tipo “el dolor
te hará libre” o “lo que hace uno por amor”. En contra
de lo acostumbrado en las demás visitas, he optado por echarme indefinidamente
para ver si así se me calmaba el dolor. El tobillo izquierdo apenas lo
puedo mover.
Sin quererlo ni beberlo, me he quedado frito. Un simpático alemán
de cierta edad, me ha dicho en inglés “que me gustaba dormir”.
Me he justificado con que sufría un gran dolor (a big pain). Automáticamente
ha buscado entre sus cosas y me ha ofrecido una píldora de colorines
para los dolores en las articulaciones, que he aceptado a pesar de haberme tomado
antes un paracetamol (criatura inconsciente que soy).
No contento con eso me ha dado un sin fin de consejos y razones por las que
podría estar sufriendo ese dolor. Y acertó, resulta que llevaba
las botas muy apretadas y eso era todo. 2 días de dolor crónico
porque he sido tan imbécil de no recordar algo que me han dicho miles
de veces. Hemos seguido hablando y resulta que se llama Hans y es de Munich.
Me ha preguntado conocía la ciudad y lo primero que me ha venido a la
cabeza ha sido el Putsch de Munich (en que Adolf Hitler se intentó hacer
con el poder por la fuerza) y lo segundo que he mencionado han sido las olimpiadas
en las que murieron los deportistas judíos.
Él me ha mencionado el “Oktoberfest”, la fiesta más
conocida del mundo. Sólo se me ha ocurrido mencionar la cerveza y lo
barata que está en Alemania. Me hubiera gustado hablar más con
este Hans, que me enviaba la providencia cuando ya no sabía que hacer
con mis piernas, pero nos tuvimos que acostar.
9-X-07 Bastante me costó dormirme, por eso procuro
no echarme tras comer, ducharme y lavar la ropa. Pero me levanté a las
6:00 y también lo hizo al poco Hans. Los demás alemanes no se
preocuparon en no hacer ruido y reían teniendo el dormitorio al lado.
Hans me ofreció desayuno, que decliné. No se si porque me daba
vergüenza o por orgullo, pero no acepté su oferta, a pesar de que
me dijo que le sobraba. Me despedí de él con mi agradecimiento
y deseé volver a encontrarle.
Su idea acerca de las botas apretadas era correcta y mi ritmo ha sido realmente
bueno hoy (otros 30Km). He pasado por Santo Domingo de la Calzada dónde
está la leyenda del gallo y la gallina. He intentado ver por dentro la
catedral pero era visita de pago y no quería perder tanto tiempo por
lo que he seguido con mi marcha, encontrándome con el japo (que en realidad
es belga) que me saludó con frialdad. Pero mi marcha ha sido tan buena,
que al llegar a Grañón, aún me apetecía andar más.
He entrado en la iglesia y creyendo estar a solas me he inclinado y santiguado
ante el altar barroco (no me preguntéis por qué, sencillamente
me sentí obligado). Me he quedado unos instantes más mirando el
interior, bastante a oscuras. De repente, se ha iluminado la virgen en el centro
del altar. Me he puesto a mirar alrededor, intrigado por si alguien había
pulsado un interruptor. Sólo he visto a una joven, sentada en las últimas
filas, inmóvil y en el más absoluto silencio. He salido de allí
un poco inquieto.
Llego a Redecilla del campo y me alegro de haberlo hecho. Grañón
era más grande, pero algo feo y en Redecilla, el albergue es estupendo
y nos han ofrecido cena. He encontrado a una francesa (creo) que aún
se acordaba de mí al haberse ofrecido ayer a ayudarme con mis pies (pensaba
que eran heridas y no las articulaciones lo que me provocaba mis paradas). También
un par de vasco-franceses muy majos. Uno de ellos hablaba perfecto Español.
Y he conocido a un catalán, que resulta que empezó conmigo en
Roncesvalles. Hans no me ha alcanzado, una pena, pero me siento mal si no hago
Kilómetros, como si perdiera el tiempo. Me gusta pararme y ver los paisajes
y las iglesias, pero el tiempo justo. Algo me tira a ir más rápido.
Quizás sea la esperanza de encontrar menús más baratos
en castilla la vieja ;).
También me he topado con dos jóvenes americanas y una alemana
con su rubia hija (luego, según el observador catalán, resulta
que no eran parientes sino que se conocieron en el camino). No me he fijado
en la hija hasta ahora, que se ha puesto mallas moldeando su potente figura.
Y a pesar de no ser la madre de mis hijos... me desconcentraba de mi escritura.
Las mallas son negras. Toda ella de negro. Me encanta el negro...
Mañana quizás haga una etapa de 38 Km por no hacer dos de 19.
He preguntado a la mujer que se encarga del refugio a qué hora se abre
la iglesia. Se ha ofrecido a abrírmela y a pesar del pobre aspecto exterior,
por dentro estaba muy bien. Me he quedado un rato a solas, sentado frente al
altar, pensando en que el pueblo más pequeño tiene un riquísimo
patrimonio aunque desgraciadamente sea en temas religiosos. Según la
encargada del albergue, lo mejor de la iglesia es la pila bautismal que se llevaron
para “las edades del hombre”.
Escribir este diario, charlar con alguien nuevo y sentarme en una iglesia en
absoluto silencio... hacen que el día sea redondo y encuentre algo de
paz.
Una francesa está leyendo el libro de Coelho. Su marido, uno que se titula
“marcher, mediter”
Por la noche nos han ofrecido una estupenda cena en la que sólo había
que pagar la voluntad. Infinitamente superior a muchos menús de 10€
más sofisticados. La tortilla con chorizo, tenía muchos trozos
de chorizo, por poner un ejemplo. Me han invitado a sentarme con ellos, el catalán
y una americana. Ambos son gente cultivada y hemos tenido largas discusiones
acerca de América, los nacionalismos y el esoterismo. Hasta me permití
contar el chiste de por qué los catalanes inventaron el amor, y el de
la isla. Para finalizar, el catalán nos ha invitado a un pacharán
en el bar, riéndose por ir contra el tópico. Me he acostado muy
contento con la cena, la conversación, el vino y el pacharán.
Supuestamente veré al catalán en San Juan de Ortega. Los demás
no creo, pues es una etapa salvaje, salvo para los vasc-franceses.
10-X-07 Me he levantado al sexto dong de la campana de la
iglesia y he salido. Me han alcanzado los vasco-franceses y a la pareja de franceses
la he dejado atrás. Casi me he sentido jodido por hacer esta súper
etapa de 38 Km, dejando atrás a la encantadora francesa que se preocupó
por mí, la americana que buscó una nueva vida en Salamanca lejos
del trabajo salvaje, sin contar a la voluptuosa alemana que sonreía amablemente
cuando nos cruzábamos (yo bajaba la mirada como un colegial). Sin contar
el haber perdido la compañía de Hans o del andaluz solitario.
Pero este camino es como la vida... lo has de andar a tu ritmo, cómo
te dicte tu corazón, dejando atrás a gente que aprecias, pero
que te suponen un lastre. Quizás lo que digo, suena mal, pero el camino
lo disfruto andando, no estando tumbado en un albergue o más de una hora
sentado en una iglesia.
Con cada cambio de grupo de albergue he conocido gente distinta, gente estupenda.
Quizás si les viera dos días, no guardaría la misma sensación.
Hoy el camino ha sido muy duro. Las primeras horas me castigaba el tobillo y
me paré varias veces. Pero dejó de dolerme cuando llevaba ya 24
Km y avancé casi sin tregua por largos y frondosos bosques en completa
soledad, sintiendo pena porque no me alcanzaba casi nadie.
Me he puesto a hablarme sólo, como si fuera con un compañero,
a contarme chistes. También me he puesto a cantar. No he dejado de pensar
en todos los debates de la noche anterior. Me ha fastidiado no quitarme de la
cabeza todas esas conversaciones dejadas a medias.
He llegado a San Juan de Ortega, una inmensa parroquia en ruinas con cuatro
casas alrededor. Sorprende que haya bar. Me han recibido dos señoras
mayores y me han indicado dónde dormir, tras decirme la hora de misa
y de sopa. Me he dado una ducha con agua helada y desgraciadamente para mi tobillo
y mi libertad de movimientos, me ha tocado una litera de arriba.
He ido a la capilla dónde había un señor mayor rezando
(o reflexionando). La capilla es sencilla, salvo por la parte central que contiene
la tumba del santo (supongo). Justo debajo había una cripta, pero estaba
a oscuras y no he encontrado interruptor de la luz alguno.
He vuelto al dormitorio en busca de mi linterna y he vuelto a descender a la
cripta. Dentro, sólo había una lápida en el suelo y una
enorme cruz en el fondo. Pensaba tomar una foto pero me ha dado mal rollo. He
salido de esa sala de penumbras y me he dedicado a escribir el diario cerca
de un altar. Se han puesto a doblar las campanas para la misa. Todo el mundo
tardaba tanto, que pensé que asistiría yo sólo. Ha vuelto
el hombre anciano, ha abierto los libros, encendido los cirios y sorprendiéndome,
se ha colgado los hábitos.
Para mi arrepentimiento, hemos estado casi toda la misa de pie, a pesar de que
fue breve. Hoy tenía las piernas hechas polvo de caminar tantos Km y
subir y bajar bastante. Como dijo más tarde el vasco-francés...”te
has ganado el cielo”. Pero es que dormir en una parroquia y no ir a misa,
me parecía un crimen. Luego a la salida, he hablado unos instantes con
el párroco y nos ha invitado a la sopa. Todos nos hemos santiguado en
la mesa tras su rápida bendición.
Al terminar, nos ha hecho cantar “la canción de la alegría”
(la 9º de Beethoven que cantó Miguel Ríos) y tras eso nos
ha soltado una charla tras preguntar, mirándome fijamente a los ojos,
por qué hacíamos el camino. Ha hablado de la soledad y el silencio
interior alcanzado gracias a esta y al dolor y el sacrificio del camino. Ha
hablado de la bondad de casi todos los peregrinos y de que posiblemente seamos
los que cambiemos el mundo. Dijo muchas más cosas, pero no las recuerdo.
Un hombre muy mayor, viviendo en un sitio despoblado (durante los últimos
30 años).
Le ha dado esencia al camino con el canto en la misa, la sopa en comunidad,
el discurso y su bondad. Me he acostado feliz.
Antes, cené con el catalán (a quien no gustaban las sopas y que
la dejó en la mesa y se largó). Hemos vuelto a hablar de mujeres.
Me ha mencionado lo guapa que era la alemana. Le he dicho que no estaba mal,
pero que tampoco ha llamado mucho mi atención. Riéndose y haciendo
una broma de mal gusto (ya llevaba unas cuantas), ha preguntado si era porque
tenía claro que estaba fuera de mis posibilidades. Me he contenido en
decirle que he estado con mujeres más guapas y le he preguntado si estaba
casado (sabiendo por los temas recurrentes que me sacaba, que no), consiguiendo
sacarle una expresión de tristeza con mi acto cruel.
Creo que ha cometido dos errores conmigo. Subestimarme y pensar que como algo
ha escapado a sus capacidades, también ha de escapar a las de los demás.
O puede que todo fuera una broma...
Resulta que él es físico y tuvo de profesor a Vidal-Quadras
Esta parroquia está mencionada como un lugar mágico. He tenido
un sueño muy raro. Una chica enferma y ojeriza, estaba siendo chantajeada
(o presionada) por una señora mayor para que firmara en un pergamino.
Ella esperaba con anhelo a sus hermanos. No recuerdo si llegó a firmar.
11-X-07 Me he levantado sobre las 6 gracias al despertador
vejiga. Bajo de la litera en completa oscuridad y tiendo la ropa en mi mochila,
teniendo ya dos días la ropa mojada en una bolsa. Ha sido una mañana
muy fría y por primera vez he avanzado con jersey y braga. Paso por atapuerca
intentando visitar una iglesia (que, como no, estaba cerrada).
Alcanzo la cumbre de la montaña en dónde hay una enorme espiral
dibujada con piedras en el suelo. Desde allí se puede ver ya Burgos a
lo lejos. El resto ha sido un caminar monótono con cientos de camiones
y un viento frío. Mientras estaba sentado en una valla, un señor
que subía a un BMW me ha saludado y deseado buen viaje.
Tras llegar al albergue, he salido corriendo en dirección al mercadona
dónde he pillado una empanada gallega (sentando un mal precedente) y
un aquarius para ir directamente a la catedral en la que he entrado con descuento
gracias a ser peregrino.
Había zonas que eran de culto y en las que no he hecho fotos. En las
demás no se podía usar flash y me han salido regular. En cualquier
caso, la catedral de Burgos es inmensa y gracias a las restauraciones, tiene
una riqueza interior que me ha quitado el habla o me ha hecho blasfemar. No
creo que se pueda ver algo más cómico, que un tullido arrastrando
las patas, con cazadora naranja chillón, que tiene siempre la boca abierta
de la impresión, mientras hace fotos como un japonés.
Luego he paseado un poco por Burgos y me he comprado otro helado sin darme cuenta
de que había 14º de temperatura.
Pero he sido feliz con mi helado, paseando cerca del río y como colofón,
he ascendido al castillo desde dónde había una vista completa
de esta hermosa ciudad. Creo que hasta me he hecho daño de tanto andar.
Mientras llegaba al refugio (horas antes), me he puesto a tomar fotos del río.
Dos hermosas ¿americanas? se me han acercado para decirme dónde
estaba el refugio. Luego, tras ducharme y salir a ver la ciudad, ni me han reconocido.
O eran distintas o mi aspecto ha cambiado con una ducha y una cazadora naranja
chillón.
Por primera vez, me he conectado a internet, por si tenía algo interesante
y por cumplir algo que me hacía ilusión. Mandar una línea
sentimental y leer una crítica pendiente. Los finales felices a mis historias
últimamente no gustan. Estoy perdiendo una veta de leales fans, por satisfacer
a otros. Y la frase que he enviado, ha venido motivada por contemplar de repente
varias cosas llenas de belleza y no tener nadie con quien compartirlas.
Antes de dormirme, escuché una conversación de unos argentinos.
Resulta que alguno de ellos también tuvo sueños raros en San Juan
de Ortega. Pero ya sabían que era un sitio mágico y todo ha podido
ser auto sugestión.
12-X-07 Salgo del albergue y me pierdo un par de veces. Me
frustro al ver como las americanas casi ni dudan al tomar el camino. Un tío
que ni responde a mi saludo las alcanza y ya les pierdo de vista. Atravieso
un par de puentes bonitos y el resto empiezan a ser campos de cultivo en un
horizonte inacabable.
Camino y camino con dolor y ampollas, empezando a dudar de todo esto (el señor
me pone a prueba). Sólo siento dolor, cansancio y soledad. Llevo 9 días
caminando, apenas saludando a los demás peregrinos y entablando conversaciones
breves con unos pocos.
Mis ideas no se despejan. Pienso en las mismas tonterías que cuando estoy
en Madrid. Los mismos sueños, anhelos y frustraciones. Los mismos rencores,
anécdotas que me hacen reír. Nada cambia, nada nuevo en mi forma
de sentir o pensar. De vez en cuando alguna anécdota curiosa con un personaje
que me encuentre o algo bonito de lo que hacer una foto. Pero nada más
y caminar y caminar sin descanso. Una monotonía me invade y las ganas
de estar en casa, dedicándome a cualquier cosa.
Siempre me ha aportado más el hacer algo, que el sentarme a pensar. Pero
quizás es eso lo que tengo que entrenar para terminar oyéndome.
Me quedan dos semanas como mínimo para hacerlo. En casa me estaba deprimiendo
por no hacer nada o dedicarme solamente al ocio. Ahora no hay depresión,
ni libido, sólo camino, cansancio y algo de turismo religioso.
Además, en Sigüenza recé a la virgen (hace un año
ya) para que me ayudara (no siendo yo nada creyente, pero por pura desesperación)
y lo haya hecho o no, me han ido mejor las cosas. Esto es una forma de dar las
gracias, de pedir perdón, de perdonar, de empezar a amar y ser amado.
Mi madre ha vuelto a enfermar y a pesar de que quería aislarme, la llamo
cada dos días. No creo en nada, pero quiero creer, encontrar una espiritualidad
y en la catedral de Santiago, pedir que cure a mi madre, que ayude a mi profesora
(que me pidió que rezara por ella) y matar algunos de mis demonios.
Acabo de hablar con un personaje. Llevo algunos días topándome
con él. Le recuerdo de cuando la supuesta madre de la “bella”
alemana hablaba con él sin parar. Siempre que me topo con él,
le veo sonreír feliz. Se sienta en cualquier sitio y sonríe sin
parar. Hoy le he preguntado por qué.
Me ha dicho lo típico de “porque hace sol, porque está vivo,
por el paisaje”. Me he sentado a hablar con él y hemos estado discutiendo
de la felicidad dos horas. Sobre hacer las cosas con el corazón y todo
eso. No me ha dicho casi nada nuevo, pero se le veía tan contento, que
ha sido de las pocas veces en mi vida en que no me ha parecido un rollo de auto
ayuda con el que se engaña la gente. De cualquier modo, le planteé
varias situaciones (como, qué pasaría si ahora le rompo las piernas)
y a veces dudó, pero supo expresar bien su idea. Él parece tener
lo que yo busco.
13-X-07 Salgo de Hontanas bajo un maravilloso cielo estrellado.
Camino de noche rodeado de ruidos de animales advertidos por mi presencia. Mientras
amanece veo el hermoso valle cubierto de brumas y atravieso las ruinas del monasterio
de San Antón.
Durante toda la mañana me envuelve la niebla. Asciendo una montaña
y tras un par de pueblos llego a Ítero de la Vega, con un impresionante
puente sobre el río Pisuerga, rodeado de frondosos árboles otoñales
que me han recordado los ríos y lagos de Polonia.
En Ítero, voy en busca de un súper en vista de que he olvidado
el neceser en Hontanas y necesito además, hilo y aguja para coser mis
pantalones o pinchar ampollas. Por ahora he preferido no pincharlas y sencillamente
hacer un alto en el camino para secar mis calcetines y pies y continuar sin
molestias.
Entre tanto, me encuentro con el irlandés feliz, que tanto anoche como
hoy, coincide constantemente con las pocas jóvenes que avanzan en el
camino. Cuando le pregunté por qué hacía el camino, si
era tan feliz, me respondió que para acrecentar su felicidad. Me pregunto
si ese simpático y compulsivo (a mi ver) contactar con ellas es para
acrecentar esa felicidad. Porque para mí, lo obsesivo proviene de la
necesidad. Quizás todo sea un rollo para ganarse a la gente. Claro que
puede ser un vivo que gusta de aprovechar toda oportunidad.
Creo que no le veré más. Hoy, curiosamente ha hecho una etapa
más corta a pesar de que lleva mejor ritmo que yo y fue de los que hicieron
38 Km desde Redecilla del campo.
En el súper, la amable encargada me ha buscado hilo y aguja y me los
ha regalado. Le he dado las gracias y me ha dicho que piense en ella al llegar
a Santiago. La he agregado a mi lista. Como estoy en la parra se me ha olvidado
comprar artículos de higiene pudiendo haber compensado la generosidad
de esta señora. Al llegar a Fromista, el súper cerrado y acabo
de caer en que es sábado.
El albergue municipal 5€, los menús, igual de caros que en otros
sitios. Parece claro que se aprovechan de la afluencia de peregrinos, porque
en estos sitios no es lo normal que la gente coma en los bares.
He comprado cualquier porquería en una tienda de alimentación
y un jabón. Luego he descubierto con alegría, que no había
perdido el neceser.
14-X-07 Salgo de la muy turística Fromista en pos de
hacer una etapa de 36 Km. Paso un par de pueblos de iglesias cerradas y llego
a uno con una enorme (Villalcázar de Sirga). Me quedo fuera observando
y tomando unas fotos, al igual que el japo-belga y otro chico de pelo largo,
que va además de con la mochila, con una guitarra.
El japo se pira y el de la guitarra se queda sentado en el atrio un rato más.
Yo entro en la iglesia, muy turística, dónde no me cobran por
ser peregrino. Muy bonita, aunque no consigo ver ningún símbolo
templario (la iglesia supuestamente es templaria).
Salgo y llego a Carrión de los Condes, con varias iglesias y museos.
Son las 14 o las 15 y me siento tentado de quedarme para ver la ciudad. Ya he
cotilleado una iglesia y a otra no he entrado por respetar el culto, pero es
una ciudad muy bonita, con un monasterio convertido en hotel, un río
y muchas más cosas. Pero algo me fuerza a seguir andando, quizás
el haber hecho tan pocos Km. Pronto me arrepentiré. 17 Km a través
de campos de cultivo en un mismo camino recto y pedregoso (vía romana
creo recordar). Un horizonte desesperante.
A unos franceses se les acabó el agua y les ofrecí la mía
fingiendo que bebía poco y que tomaron con timidez. Era como avanzar
en el desierto y encima comenzó a torturarme el tobillo derecho esta
vez y siempre que pisaba sentía un fuerte pinchazo por todo el tobillo,
los huesos del pie y la rodilla. Y encima las piedras me doblaban las piernas
constantemente al andar.
Y por más que creía que en el siguiente horizonte estaría
el pueblo, me equivocaba. Me senté al no aguantar más el dolor
para darle una breve tregua a mis tobillos, mientras los franceses se alejaban
y me sentí el último de esa columna de mártires que lamentaban
su decisión.
Mientras observaba el campo removido por los tractores, vi una figura acercarse
a lo lejos, distorsionada por el calor del sol. Me recordó a la escena
de “Lawrence de arabia”, en que Peter O'Toole y Omar Sharif se encuentran
por primera vez en el desierto. Se acercó un chico, con su gorro y un
pañuelo tapándole la cara. Sólo se le veían las
gafas. Vi su botella vacía y también le ofrecí agua. Hablamos
y resulta que el tío hacía entre 40 y 50 Km diarios y había
venido desde el otro lado de Francia. Nos despedimos cortésmente sabiendo
que no le volvería a ver.
Al llegar, apenas me podía sostener en pie. Sólo ir a la ducha
me produjo calambres en las piernas. Me eché (en una odiosa litera superior)
y apareció una joven rubia acelerada que iba hablando con todo el mundo.
Se puso a ayudar a una señora enferma que padecía de vómitos.
También me preguntó si yo estaba bien, aunque simplemente estaba
echado. Medio danesa y medio americana, seducía a todos con su simpatía
y cariño y se hacía amiga de todo el mundo al instante. Dejándome
llevar por su ola de generosidad, ofrecí mi última manzana a la
convaleciente (que tenía un virus y sólo podía comer manzanas).
La danesa se emocionó y mencionó lo bueno que yo era.
A su vez, entablé un primer contacto con el solitario alemán que
vi por vez primera en Burgos y que estaba siempre leyendo un libro para aprender
español. Luego hablamos antes de la cena y también por la mañana.
Me sorprendió su bajo nivel de inglés y resultó que no
había ido al instituto. Era católico, de Munich y trabajaba en
una fábrica de componentes para coches. Tímido, introvertido,
me daba una sensación de persona sencilla y sensible a quien no han ido
muy bien las cosas. Hablamos sobre el sistema productivo alemán (yo siempre
obsesionado en contrastar todo lo que oigo y leo con personas que lo ven de
cerca) y confirmó que sólo se trabajaba 8 horas, pero de forma
intensiva. Le dije que en España se trabajaba más horas y se perdía
mucho el tiempo, por lo que consideraba mejor el sistema alemán.
Curiosamente él me dijo que preferiría trabajar un par de horas
más, pero de forma más relajada. También me sorprendió
que me dijera que había un 40% de católicos y un 30% de protestantes
en Alemania. Es una información que me cuesta creer y trataré
de contrastar.
También había oído hablar de Hans de Munich aunque no le
conocía en persona.
Me esperó por la mañana, para despedirnos tras el desayuno. Su
estapa iba a ser más larga. Parecía un buen hombre, tras ese físico
de grandes proporciones que le hacían parecer un soldado.
La cena fue muy animada. Se Sentó el japo-belga a mi mesa. Resulta que
había venido andando desde Bélgica y quería entrar en los
paracaidistas del ejército. Le encantaba y había disfrutado cada
día de camino, cargando con una tienda hasta España (y enviándola
a Bélgica al llegar) y acampando ilegalmente en Francia y Bélgica.
Por fin conseguimos hablar y doy gracias, porque me ponía muy nervioso
el hecho de ser la persona a la que había visto desde el primer día
y no cruzar más que saludos.
Al poco se sentó con nosotros la super danesa ye ye (de nombre Susana).
Ya se había hecho amiga del jefe del hostal y la camarera, con quienes
se abrazaba y besaba constantemente. Verla era un espectáculo. De todos
ya se conocía sus vidas y nos hablaba de lo cojonudo que era todo el
mundo. Conocía bien el español gracias a haber vivido tres años
en canarias y adoraba el vino de nuestra tierra gracias a su ex marido. Esta
chica parecía tener mi edad y ¿ya estaba divorciada? No se si
la entendí mal, pero parecía claro que todo en su vida se hacía
a toda hostia. Lo que está claro es que no se callaba ni un minuto y
todo le fascinaba y parecía interesante. Pidió un Ribera del Duero
y bebimos junto a un cuarto personaje invitado a la mesa. Una zaragozana de
cierta edad, nacida en Soria. Metalúrgica, trabajaba 12 horas diarias
por 1200€ y vivía con su madre, incapaz de comprarse un piso. Aún
lo tengo fácil, pensé.
Hablamos, bebimos y me acosté la mar de contento tras poder ver de una
vez por todas, la Vía Láctea tenuemente. Por supuesto le dí
mi e-mail a Susana, porque le ilusionó mi proyecto de los viajes en piragua
por Polonia. También le dí mi dirección al japo-belga (me
dijo su nombre, pero no conseguí recordarlo) por si quería ver
las fotos de mi viaje.
15-X-07 Me levanto y desayuno con Giorg (el joven alemán
de Munich) hablando de lo relatado anteriormente. Aparece Susana quejándose
de que no la despertara para despedirme de ella. Me excuso diciendo que estaba
todo a oscuras y no sabía ni dónde dormía, además
de que se despertaría antes de que me fuera (preguntó que entonces
por qué no grité su nombre en la oscuridad). Vino con el japo-belga
(al que estreché la mano pensando que no le volvería a ver más
ya que haría una etapa más larga y supuestamente Susana la misma
que yo) y ya me piré al camino. Luego me alcanzaron mientras descansaba
al lado de un río. Curiosamente, él había bajado considerablemente
su ritmo (el tío es un bestia andando) y ella me dijo que quizás
iría más adelante de Sahagún. Sin conocerle a él
y sin conocerla a ella, creo que sentí algo de lástima por él,
al ver cómo se amoldaba a esta chica, con alguna esperanza (supongo)
cuando ella era así de amable y cercana con todo el mundo.
Un poco más tarde, tras pasar por Terradillo de los Templarios, he conocido
a un ingeniero industrial de Huesca. Nos hemos puesto a caminar juntos y hemos
llegado a Sahagún tras hablar de diversos temas. También hemos
comido. He conocido en el albergue a una americana que estaba enferma, tenía
tendinitis y se le había acabado el dinero. Su familia y sus amigos no
podían enviarle más. Estaba realmente jodida. Me contó,
cómo empezó varias carreras sin terminar ninguna. Chica inteligente,
culta, melancólica, incapaz de terminar algo si en un momento perdía
su sentido.
Casi me he sentido tentado de darle dinero, pero al final he pensado que algo
así es mejor que lo solucione sola. Puede trabajar. Es una situación
jodida, pero si la solventa, su vida quizás deje de ser la de una bala
perdida. Hemos hablado un poco de Proust y de cómo uno puede adaptarse
o no a lo que le exige la sociedad. Le hablé de cómo sacrifiqué
novia y muchas otras cosas, simplemente por terminar la carrera. Sin contar
la de veces que me amoldé a profesores gilipollas e incompetentes, por
conseguir un aprobado, aunque no aprendiera nada. Me dijo que eso era muy triste.
Le respondí con una sonrisa melancólica que la vida es así.
También he conocido a un australiano encantador, estando ambos sentados
escribiendo nuestros respectivos diarios. Le ha maravillado conocerme y estaba
muy interesado en que nos viéramos en las siguientes etapas. Sahagún
es menos interesante de lo que pensaba. En una sola de las iglesias he podido
entrar y gracias al miembro de una cofradía de Semana Santa. Me he quedado
escribiendo hasta que me ha echado.
Luego me he encontrado a Jose Luis (el ingeniero) y al poco me he ido al albergue
a continuar escribiendo y calcular el siguiente itinerario. Por la noche, mientras
estaba leyendo y escribiendo, es cuando he entablado conversación con
el alegre australiano que no ha dejado de estrecharme la mano y alegrarse de
haberme conocido.
He vuelto a hablar con la americana. Se me ha ocurrido decirle que, si es creyente,
esto podría ser una prueba, no las tres señales (enfermedad, tendinitis
y apuro económico) que mencionó para dejarlo. Creo que terminé
sermoneándola y me cansé de mí mismo. Además, se
cerraba un poco en banda ante las posibilidades que le mencioné.
Otro personaje curioso que dejo atrás en mi camino...
16-X-07 Se levanta Jose Luis conmigo, a pesar de que no es
su horario habitual. Caminamos juntos. La conversación se vuelve aburrida.
Yo hablo de mil cosas y él calla o se muestra escéptico. Además,
nos entorpecemos al andar. Empiezo a lamentar el momento en que me levanté
cuando él lo hizo. Lo malo, es que en el mismo momento en que le conocí,
le dije que me gustaba andar solo y poco después le dije “nos vemos
en Sahagún”, pero el chico no lo pillaba
Pero, de repente, empecé a andar más deprisa y él parecía
ir lento por lo que le fui dejando atrás. Me silbó y se sentó.
Parecía tener algún problema. Fui a ver qué le pasaba y
me dijo que siguiera. Esta vez había pillado la indirecta. Como me tomé
el camino con calma, disfrutando del “paisaje” me alcanzó
y cruzamos unas palabras. Siguió su camino dejándome atrás.
Me sentí un poco mal, pero el camino lo quiero hacer solo y la verdad,
me cansaba estar con él.
Mientras me dirigía a Reliegos, me encontré con un francés
que hablaba español (ya llevaba varios días cruzando algún
saludo o palabras con él). Al llegar a Reliegos, ver que el pueblo era
feo y pequeño, que el ingeniero se quedaría allí y que
el francés y el australiano irían a Mansilla de las Mulas, decidí
proseguir. Estos últimos 6 Km fueron los de más ímpetu
y llegué en poco tiempo. Me encontré al Japo-belga, pero ya sin
Susana. No le quise preguntar dónde se había quedado la criatura.
Dí una vuelta por el pueblecito amurallado y entré en el restaurante
que me recomendó la hospitalera. Ahí me encontré al francés
(que prefería dormir en hostales) y le propuse que cenáramos juntos
cuando me miró con ojos interrogantes. Resulta que era matemático
y estuvo enseñando en África durante 20 años. Iba a volver
desde Santiago por el camino del norte. Me dijo que hacía el camino buscando
una nueva vida. Le dije que me parecía genial, pues casi todo el mundo,
al jubilarse caía en declive.
Me preguntó por qué hacía yo el camino. Le dije que no
estaba seguro. Quizás porque alguna vez me dije que si me licenciaba
lo haría, quizás porque lo dejé a medias (y he procurado
no rendirme nunca con nada de lo que me he propuesto), quizás porque
en los últimos años había dejado todo de lado por la física
y ahora no sabía que hacer con mi vida, quizás también
por la enfermedad de mi madre, por hacer deporte, turismo, cultura...
La cena fue entrañable, hablando de ciencia, religión, política
y sobre si la generosidad de las personas es interesada o no. Él me dio
las gracias por una conversación tan interesante. Según me dijo,
había gente con la que entraba en la misma línea de conversación
y otros que le enfermaban. Tras ese hombre educado y cercano, también
había alguien que tenía que armarse de paciencia para soportar
su entorno.
Nos despedimos y volví al albergue pidiéndole al hospitalero que
me ayudara con las chinches, pues tenía el cuerpo devorado por ellas.
Como si varios escuadrones de mosquitos, me hubieran estado atacando oleada
tras oleada. Metió mi saco en la secadora para darle cierta temperatura.
Creo que funcionó, aunque al día siguiente aún tenía
picaduras (no se si del día anterior)
17-X-07 Salgo de Mansilla de las mulas por un puente sobre
el hermoso río y viendo los iluminados restos de las murallas. Curiosamente,
en Mansilla, no me encontré al Australiano, pero si al personaje diarrético
(que nos dió la noche en Sahagún hablando de sus diarreas por
el virus que mucha gente pareció coger en Carrión de los Condes).
Como el trayecto de hoy es corto, he preferido levantarme cuando los demás,
en vez de aplicar mi férrea disciplina peregrino-espartana.
El camino transcurre en demasiadas ocasiones por carretera y a veces obliga
a cruzar la autovía a pelo. Los distintos saludos y ánimos de
la gente, me hacen avanzar sonriendo como un gilipollas. Eso y hablar un minuto
ayer con Guille y decirle...”llevo dos semanas sin llamarte” y responder
él “sí, casi había empezado a ser feliz”. Cómo
echo de menos que se meta conmigo...
Llego a León y voy preguntando por ahí por el monasterio Benedictino.
Ni los ciudadanos ni la amable Guardia Civil Española (que Dios la tenga
en su gloria) saben dónde está. Por lo que me voy primero al municipal
dónde me dan la indicación. Incluso me volví a pasar por
el cuartel para decirles dónde estaba y que pudieran responder a los
peregrinos. Pero no estaban los mismos o no me sonaban sus caras.
Llego al monasterio benedictino y tras la rutina de rigor salgo en busca de
un menú. Recorro las calles cercanas a la casa de la abuela de Ñoto.
Casi todos los menús a 9.5€. Encuentro uno a 8 € pero no me
gusta lo que ponen. Vuelvo al de 9.5 y pido spaguetti y Lasagna. Mi cuerpo me
pide hidratos. Todo el restaurante está lleno de gente trajeada y yo
entro en chándal y mi cazadora de montaña naranja chillón.
Al melón del camarero se le “olvida” ponerme gaseosa. Curiosamente
antes me preguntó si quería el vino frío o del tiempo.
Yo dije que lo normal, 18ºC (haciéndome el entendido con un vino
del malo, hay que ver) Y dijo que entonces del tiempo. Un vino peleón
de tantos. Con la casera me metí varios copazos y salí mareado
del restaurante. Resulta que toda la gente trajeada eran los curritos de “El
Corte Inglés”. Ya me extrañaba a mí.
Me voy a visitar la catedral, pensándome si asistir a misa o ir a la
lectura de las monjas benedictinas. Tras estar un rato sentado, decido meterme
en el museo, dónde no se pueden hacer fotos. Me sablan 4€ y no tienen
en cuenta que soy un mártir de Dios. El museo está genial. No
se cómo no lo vi en los 4 días que pasé borracho en León
en Semana Santa. Tiene una amplia colección de vírgenes románicas,
unas escaleras impresionantes de influencia Greco-Romana (que la gente sobaba
inmisericórdemente). Tampoco dentro de la catedral misma se podían
hacer fotos. Fui de los pocos que lo respetó. Estuve hace nada y como
si la viera por primera vez. Qué vidrieras, que gótico...
El paseo por el museo me ha provocado un fuerte dolor en las piernas (y la rápida
búsqueda de menú, supongo), por lo que me decido a volver. La
misa en la catedral ya estaba a medias cuando salí del museo. Era en
una capilla y no en la nave central. Me voy al albergue para escribir el diario
atrasado y si hay suerte, leer un poco el nuevo testamento. A las 19:00 doblan
las campanas para mi sorpresa y me animo a ir. Si duermo en la casa del señor,
qué menos que asistir a su celebración.
La misa me encanta, por los cánticos de las monjas que nos pasan unas
fotocopias anilladas, con lo que se canta cada día. Es muy hermoso escuchar
sus dulces voces, con la misma monótona melodía. Las canciones
se alternan con la misa. Incluso me veo obligado a arrodillarme al hacerlo todos
los demás. Por lo único que no paso es por la Eucaristía,
siendo el único que se queda sentado mientras los demás comen
la hostia. La misa dura una hora y me vuelvo relajado al patio, para terminar
mi diario y planificar las siguientes etapas. Hoy creo que no usaré el
saco, sino una manta.
Se me ha acercado una chica alemana para pedirme ayuda escribiendo un mensaje
sms en español. Nos hemos puesto a hablar de otras cosas, pero al final
he seguido escribiendo y se ha ido.
Durante la misa, apareció el australiano, que al instante me presentó
a su guapa (y fashion) hija. Por la noche nos llamaron a la bendición
del peregrino. No me apetecía ir tras la otra misa y ya estaba acostado,
pero al ver que la madre superiora no se iba y seguía preguntando si
vendría alguien más, me he levantado. Nos han dado un curso rápido
de cuándo leer los salmos y cuándo cantar. Esta vez estuvimos
casi todos (a la otra fuimos 4 o 5). Yo ya me caía de sueño y
me estaba arrepintiendo un poco de mi falsa devoción. Pero tuvo su encanto
la lectura y el canto y dormí muy bien.
18-X-07 Conversación con un paleto de avanzada edad
que me topé en el camino:
-¿eres de Alemania?
- No, soy de Madrid
-¿tampoco eres de Francia?
- ummm, no, soy de Madrid
- Casi todos son de por ahí fuera
- Sí, hay pocos españoles
- ¿estás casado?
- No
- ¿tienes novia?
- Umm, no
- ¿y cuándo se te levanta el pito?
- Puessss, habrá que bajarlo
- ja ja, ¿y gastas buena herramienta?
- je, creo que sí – dije yo algo tímido
- ¿a ver a ver?
- ¡Andaaa, que eso no se enseña!
Y me alejé como pude de ese desviado.
Pero como llevo tiempo sin intimar, no pude evitar tener los pensamientos impuros
de los últimos días y sin quererlo ni beberlo, se izó el
mástil en mi chandal y justo apareció el paleto en su bici pegándome
un susto en mi pudor. Me quiso invitar a vino en su bodega, pero rechacé
cortésmente. Por poco pudo comprobar in situ, si gastaba buena herramienta
o no.
El resto fue un caminar por cultivos bajo un sol de justicia. El tobillo derecho
me empezó a castigar con calambres y lo que más me asustó
fue un repentino dolor en un tendón de la rodilla izquierda, que medio
me paralizó el movimiento. Tras unos pasos más y hacer estiramientos,
amén de recolocar la rodillera, dejó de dolerme. Cuando ya estoy
tan cerca de conseguirlo, no paro de darme sustos. Dios me castiga por confiarme.
He llegado al Hospital de Órbigo, tras pasar el impresionante puente
dónde se sucedieron justas muy famosas en el Medievo. También
he conocido a un simpático alemán de Aachen que me habla de la
crisis de Philips y como cerrará todo, salvo la parte de investigación.
Se llamaba Miguel.
Al llegar al albergue parroquial, aparte de encontrarme a los gallegos (uno,
el tonto que regateó 4€ por dos copazos de pacharán y un
café) y el otro (que critica a to cristo). Pero me llevé una grata
sorpresa al reencontrarme con Hans, que me invitó a tomar algo de cerveza
con él. No ha dado tiempo para hablar demasiado, pero le dije lo mucho
que me ayudaron sus consejos.
Me ido un rato al puente y justo he podido hablar con Guillermo. He aprovechado
mis breves lecturas bíblicas para un nuevo y enconado debate sobre religión.
Se ha hecho el duro una vez más, pero creo que me echa de menos. Me he
ido al bar de al lado a zampar como un condenado a muerte y llegar al albergue
mareado por el vino peleón o de tanta comida tras 12 horas rutinarias
de ayuno.
19-X-07 Como peregrino espartano que soy, me levanto a las
6 para untar mi cuerpo serrano en aceite de oliva virgen extra y preparar mi
mochila con un frío de narices, fuera de la habitación, para no
molestar a los peregrinos de 2º categoría ;).
Camino brevemente por una carretera entre cultivos para tomar una senda paralela
a la N-120. Únicamente veo las luces de los camiones y coches que circulan
a gran velocidad a mi lado. Hace un frío impresionante y avanzo con la
braga puesta, con un montón de picores por las chinches y encima me pierdo
momentáneamente en la carretera a falta de señales. Poco más
tarde descubriré que han pintado señales falsas para que te desvíes
al pueblo cercano, dando un rodeo. Llego a una gasolinera, donde compro para
desayunar.
El gasolinero, al verme sentarme en el suelo, me trae amablemente una silla
para que no tenga frío en el culo.
Ayer me quisieron regalar manzanas. Supuestamente el carácter castellano
es rancio y reaccionario. Pero desde que entré en castilla, los albergues
son más baratos, mejores, la gente es más amable, generosa, educada
y me siento menos timado a la hora de pedir un menú. Spaguettis a la
bolognesa llevan carne en castilla, pero no en Navarra, por ejemplo.
Llego a Astorga, lamentándome de no quedarme en esa ciudad cuyos edificios
parecen de cuento (catedral, palacio episcopal de Gaudí y otros). Pero
sólo llevo 17 Km, me siento fuerte, sin dolores y, aunque suene masoca,
si no me duele todo, me falta algo. Quizás es cosa de la motivación
católica. Sin dolor y constricción, no se la alcanza la espiritualidad.
Avanzo y avanzo por carreteras interminables, acosado por moscas. Me detengo
en el roble del peregrino, entre otros sitios y noto un momento de paz bajo
sus gruesas ramas, poco antes de llegar a Rabanal del Camino, tras andar 39
Km.
Busco lánguidamente el albergue en el que estuve hace 4 años,
regentado por una organización británica. Subo la cuesta maldiciendo
cada doloroso paso que doy y preguntándome si no habrá desaparecido
y debí meterme en el que estaba nada más entrar, aunque fuera
privado. Pero por fin lo encuentro y me dan una cálida acogida, ofreciéndome
agua, charlando conmigo, llevándome la mochila y ayudándome a
secar mi ropa, amén de un buen apretón de manos.
Me piro a la iglesia para hacer tiempo antes de cenar y descubro que tiene un
altar muy rico. Allí me quedo hasta la hora y me voy al restaurante.
Para mi desgracia, me topo con el aburrido ingeniero al que estrecho la mano
e intercambiamos aburridas observaciones. Me pongo a cenar y aparece el matemático
francés con una francesa y me invitan a comer con ellos. Charla amigable
en tres idiomas y a la cama.
Aparece la británica, diciéndome que me estaba buscando para que
tendiera mi ropa en la estufa del comedor. Rechazo porque prefiero tenerlo todo
ya en la mochila (y creo que me da palo entrar en el comedor, dónde está
la gente de cháchara). Una vez más me impresiono con la amabilidad
y dedicación de estas personas. A las 7, cánticos de monjes. Por
la mañana, la pareja que cuida del albergue, se ha despedido de mí
personalmente tras ofrecernos un desayuno. Hasta me han ayudado a ponerme la
mochila. Estoy convencido de que no encontraré a un sólo funcionario
así cuando llegue a Galicia.
20-X-07 Salgo de Rabanal del Camino en dirección a
Ponferrada. Paso el pueblo de Foncebadón, mayoritariamente en ruinas,
salvo algún albergue y bar y llego al pueblo de Manjarín, dónde
reside Tomás el templario. Quiero hablar con él y sólo
hay un francés pelma a la vista, que le pide su bendición. A lo
que Tomás se niega.
Me hago un poco el loco con él para no parecer un turista más...
- ¿vive usted aquí?
- Sí, desde hace 14 años
- ¿y en invierno cómo es?
- Con nieve, estamos a 1500m
- ¿vive solo?
- No, somos 14 y algunos ya sobran
- He visto mucho símbolos templarios a la entrada
- Es que yo soy templario
- Pensé que los mataron a todos
- No, sólo a algunos, el resto se escondieron
- Mataron a su líder, Jaques de Molay
- No, él era un cabeza visible. El que mandaba era Dante
- ¿Alighieri?
- Si
- ¿por qué no ha querido dar su bendición?
- Por que sólo creo que la que puede dar el arcángel (no recuerdo
cual dijo) si se la pides
- ¿no cree en la iglesia?
- En sus jerarcas no, pero sí en algunos de sus discípulos
- ¿por qué no?
- Porque ocultan muchas cosas a la gente, entre otras, el misterio de Fátima
- ¿y cuál es el misterio?
- Que se avecina la tercera guerra mundial, tras firmar la paz Israel, que el
eje de la tierra se desplazará
- ¿llegando la glaciación?
- Sí, todo eso nos quiere ocultar el papa y que la madre divina nombrará
a todas las mujeres sacerdotisas
- Que Dios nos coja confesados – pensé cuando dijo lo último
Mientras tanto, uno de los que se habían apuntado a vivir con él,
al ser de Madrid, interrumpía la conversación cada dos por tres
haciéndose el simpático. Hablamos un poco más de la fundación
de la masonería (me dijo que G. Bush era nivel 30), sobre los templarios
huidos a Escocia y sobre el dominio del mundo por parte de las multinacionales.
Si no fuera por el madrileño gilipollas que me soltaba historias sobre
Madrid, me habría quedado un rato más escuchando a este hombre.
Justo llegó el gallego protestón y Tomás le llamó
(supongo que para intentar venderle algo o porque gusta de saludar a todos los
peregrinos) y ya decidí irme en vista de que tenía poco tiempo.
No se si estaba loco o no, pero independientemente de la parte esotérica,
parecía pensar con lógica e informada y no le pude escuchar nada
que me pareciera estúpido. Una pena no hablar más con él.
Le estreché la mano y me despedí de ese buen hombre
Seguí a Ponferrada, atravesando pueblos muy bonitos y turísticos.
Llegué más que cansado al albergue (33Km). Me descuerné
buscando y preguntando por un bar con menú del día. Encontré
un súper, pillé una empanada, un aquarius y me puse a comer en
una avenida bajo las miradas de algunos transeúntes.
Intenté entrar a ver “las edades del hombre” pero había
cola, por lo que probé a entrar en el castillo de los templarios, pero
ya cerraba y me centré en encontrar comida. Luego paseé por la
muy turística Ponferrada, desesperado por ver tanta gente y tanta gilipollez
de templarios. Me fui al albergue y me acosté matado.
21-X-07 Salgo de Ponferrada. Mi móvil, para no variar,
ha fallado como despertador y salgo casi a las 8. Paso al lado del hermoso castillo
templario (dónde supuestamente Paulo Coelho asistió a un rito
iniciático) y me pongo a patear, atravesando hermosos pueblos rodeados
de viñedos.
Como el trayecto de hoy es corto, me tomo tranquilos descansos observando el
paisaje. Se me acerca un chico, al que vi en Roncesvalles y en los arcos. Resulta
que es de Bilbao y medio francés. Hablamos de varias cosas. Como se volvió
a su casa desde Burgos y retomó en Ponferrada, me cuenta que Al Gore
ha ganado el Nóbel y Boris Izaguirre el 2º premio Planeta. Se pregunta,
si Tomás el templario es vasco, porque tenía una Ikurriña.
Le digo que también tenía otras banderas, pero que ni me lo había
planteado (menudas cosas le preocupan). Le hablo de que tengo familia en San
Sebastián y me pregunta...¿Donosti?. Me da diversos consejos para
andar y sobre cómo él planifica bien cada etapa para saber cuánta
agua necesitará. Muy majete. Luego nos paramos cuando vio a una italiana,
conocida de Roncesvalles. A ambos les ofrecí agua, porque ninguno tenía,
pero sed sin embargo mucha.
Aproveché para continuar andando solo. Llegué tranquilamente a
Villafranca del Bierzo encontrándome al simpático francés
al que creo tocar las narices porque no duerme en albergue sino en hostal. Ayer
me sorprendió que terminara en un albergue y como en la cena con la francesa
me puse a bromear sobre los auténticos peregrinos, no se bien cómo
se lo toma. Tiendo demasiado a bromear y provocar. Pero sigue siendo encantador
conmigo.
Villafranca reposa en una valle. Tiene 4 cacho de iglesias y un castillo. Es
un sitio verdaderamente hermoso. Me he tomado tres Schweppes de naranja escribiendo
estas líneas. El menú del día, un timo. 10€ por porquería.
He pensado bastante en algunas cosas que le hice a Arancha cuando éramos
pareja. Como irme de viaje con mis amigos en vez de con ella o esa vez que me
llamó muy deprimida, me pidió que fuera a verla, yo no quise porque
al día siguiente tenía entregas y pensaba que ella estaba siempre
igual.
Le transmití en demasiadas ocasiones que la rehuía, que no quería
estar con ella más que un rato para echar un polvo e irme. Ella merecía
algo mejor. Aún no he encontrado a nadie que valga lo que ella. Ya han
pasado 5 años. Ya he pasado mi purgatorio. Tengo que olvidar estas cosas,
toca vivir y ser feliz.
22-X-07 Me vuelve a fallar el móvil y me levanto a
las 7, a pesar de que el despertador vejiga ya me estaba avisando de antes.
Salgo de la hermosa Villafranca tras perderme con las señales y dar un
gran rodeo. Cruzo el túnel de la N-VI (no hagáis lo que yo, niños)
y camino casi siempre por el protegido arcén de la nacional. El paisaje
ha cambiado notablemente y me rodean enormes árboles caducifolios, entre
otros, muchos castaños. Sigo el curso del río, contemplando las
montañas. Me encuentro al francés y la francesa, con los que cené
en Rabanal del Camino. Nos da la risa al ver que coincidimos los tres. También
la francesa es de caminar sola y aguantó poco el caminar con él.
Ambos son gente encantadora. Camino un rato con el francés, encontrándome
de cuando en cuando con Jose Luis, el ingeniero (que me recomendó tomar
el túnel). Siempre me da mal rollo verle, aunque me salude con una simpática
sonrisa y algún intento de chiste. Hasta me da un no se qué que
me vea caminando con otra persona y piense que es por él y no porque
me guste andar solo (son amabas cosas).
Con el francés discuto algo de temas matemáticos, filosóficos
y esotéricos. Al final nos separamos. Me apetece pararme y ver el paisaje.
Da gusto contemplar el Otoño que al fin comienza. Acabó el infierno
Navarro y el purgatorio Castellano de errar por el desierto. Los últimos
días serán el paraíso.
El ascenso a El Cebreiro no es tan duro como me comentaban. Tras subir montes
en Navarra y algún otro bastante pronunciado en Castilla, por caminos
de piedras y basura, esto ha cansado un poco, pero parándome un par de
veces, se hace de un tirón.
El Cebreiro son cuatro casas pero todas restauradas y de muy buen aspecto, con
restos de lo que fueron viviendas prehistóricas (Pallozas). He visto
el cáliz del que (según la leyenda), el vino se convirtió
en sangre y la hostia en carne, cuando el cura que oficiaba la misa, despreció
el sacrificio de un campesino, que subió desde otro pueblo, en plena
tormenta de nieve para presenciarla.
He estado charlando amigablemente con un extremeño que conocí
a la salida de Ponferrada. Parecía tener fe cristiana, pero ningún
afecto por los curas. Su hermano lo era y además misionero. Y según
me dijo, casi todos los curas que conoció eran malos. Se comportaban
como funcionarios y no pensaban en la gente o los pobres. Había estado
en varios seminarios y obispados con su hermano y decía conocer bien
ese mundo por dentro. Un hombre agradable, que siempre estaba cantando.
El Cebreiro, en la cumbre y haciendo frontera con Castilla es muy hermoso y
está completamente orientado al turismo. Sólo tiene restaurantes
y tiendas.
23-X-07 Hoy, gracias a Dios, mi móvil ha funcionado.
Incluso mi despertador vejiga se ha adelantado haciéndome creer que era
demasiado tarde ya. Ayer, una ¿alemana? voluminosa se dedicó a
ordenar todas sus bolsitas cuando muchos de nosotros ya dormíamos. Ciertamente
eran sobre las 21:00, pero es normal acostarse incluso a las 20:00 si se ha
caminado mucho. Hubo incluso un payaso que encendió la luz de toda la
sala. O son nuevos, o no tienen el cerebro suficiente para dejar todo preparado
antes de pirarse y así no molestar luego.
El paisaje ha cambiado mucho. Se ha vuelto rabiosamente verde. También
húmedo y fresco. Mi garganta lleva un par de días sufriendo y
anoche me puse a toser. Empecé a lamentar haber dado toda mi caja de
Strepsils a una señora ya que las dos veces que le dí, estábamos
en ciudades grandes y podría habérselas comprado.
Me he inchado a hacer fotos de los ríos, de los bosques otoñales
y de los prados. En cada pueblo que atravesaba había mazo de perros.
Y un delicioso olor que alimentaba, gracias a todos los animalitos que vivían
allí (especialmente mis temidas y odiadas vacas, que hace un año
ya, intentaron acabar con mi vida). Se ha puesto a llover y encima he olvidado
mi braga en un sitio de descanso. Una braga con mucha historia y asociaciones
sentimentales.
He llegado al impresionante monasterio de Samos (que me recomendó la
zaragozana). No paraba de hacerle fotos cada 10 metros que andaba. Un sitio
sobrecogedor. Al verlo, uno no puede evitar pensar en “El nombre de la
rosa”. He ido en busca de un súper (tras dejar mis cosas en el
refugio) y he pillado una empanada (la última del súper) y un
aquarius. Creo que dejaré ya los menús. Estoy cansado de que me
roben. Me he ido a zamparme la empanada en el puente, para poder contemplar
el monasterio.
Luego he ido a la farmacia a comprar algo para la garganta. Sin receta, la farmacéutica
me ha dado Strepsils por casi 5€. He cuantificado en mi bolsillo, lo que
antes hiciera en mi garganta siendo generoso. Y me he cagado en todo (si, estoy
traicionando el espíritu del peregrino). Luego he ido al monasterio y
me he apuntado a la visita. Me han sablado 3€ y al preguntar si había
descuento para peregrinos, el monje se ha descojonado de mí diciendo
que bastante barato estaba ya. La visita ha sido breve y hemos vistos los dos
claustros . Había diversos murales pintados tras el incendio de 1951.
Como curiosidad, había una monja que supuestamente tenía la cara
de Sara Montiel y un ángel negro inspirado en la canción “black
angels” de “the machine” (no se si recuerdo bien la canción
y el grupo y buscando en internet no he encontrado nada). No hemos podido ver
la biblioteca.
Me ha llamado la atención la fuente barroca con figuras de sirenas de
enormes pechos basadas en la mitología griega. Pobres monjes.
Me he encontrado otra vez con el gallego y el chico de Bilbao, siempre tan amable.
He visto que ha firmado en el libro de registro y no he podido evitar mirar
lo que ponía en la nacionalidad...País Basko. Yo no puedo con
cosas así...
He asistido a las verspertinas y la bendición del peregrino. Casi ninguno
de los peregrinos se levantaba cuando lo hacían los monjes y un par de
fieles. Yo, por lo que sea, me veía obligado a hacerlo (no sin dolor).
Los cantos eran bonitos. Luego un monje nos ha dado la bendición, ha
cantado y nos ha echado agua con un palito plateado, que he recibido inclinando
la cabeza devotamente. No me ha apetecido asistir a la misa posterior.
Como nota agradable, ha aparecido la francesa (con la que cené junto
al francés y que es agricultora y caminante solitaria).
Me ha tocado como vecino de litera un Coreano, que desperdiga sus cosas impidiendo
caminar entre las literas. No deja de jugar con un chisme con pantallita y teclado,
que también parece un teléfono, escuchando música y hablando
él sólo felizmente. El típico niño consentido que
hace lo que le viene en gana sin darse cuenta de que molesta a los demás
(pero bueno, siempre me digo, que estas cosas son parte del camino;)).
El chico de Bilbao (Christian se llama, porque su padre es francés y
del sur de Paris) se me ha puesto profundo acerca de cómo echaré
de menos el camino, cómo no sabré describir las sensaciones y
que la gente se va a Finisterre porque no lo quiere dejar. Yo en cambio siento
lo contrario. Estoy cansado de andar, de las chinches, de madrugar. Qué
ideas tan superficiales y materialistas las mías.
No me quito de la cabeza, lo feliz que he sido comiéndome la empanada
de atún, en el puente, mirando el monasterio y el río pasando
debajo de mí.
24-X-07 Salgo del monasterio sin donar un duro, motivado por
el resentimiento del sablazo para ver cuatro pinturas pop, sin contar el cachondeíto
del monje. Por “El nombre de la rosa” yo pensaba que no les permitían
reír. Hoy toca caminar casi 40Km. Me consuela pensar que no volveré
a ver al amabilísimo vasco. No dejaba de pensar que tanta amabilidad
venía de un sentimiento de culpa o una forma de demostrar lo majos que
son (y que no nos odian a pesar de haberles oprimido) los vascos a pesar de
todo. No he podido evitar despollarme un poco esta mañana pensando en
sus sensibleras frases de “cuando llegues, notarás una sensación
muy especial, como en el mismo camino, que no podrás describir con palabras”.
No quiero ser despectivo ni insensible pero... adoro esas pajas mentales. Claro
que no se puede describir con palabras. ¿se puede describir por qué
te gusta un paisaje, un sabor, una mirada? Seguro que más de una atontada
ha caído en sus brazos ante semejantes chorradas, de un descerebrado
pseudosensible, que va reivindicando sus ideas allá a dónde va,
aunque ello vulnere la ley y la verdad. Porque eso es lo que se hace cuando
se pone de nacionalidad “Pais Basko” (falsedad documental por exagerar
un poco), cuando te preocupa si cada personaje que te cruzas es vasco o no y
especialmente, cuando corriges a alguien por decir “San Sebastián”
en vez de “Donosti”. Se ha llamado durante siglos así por
ser entre otras cosas una ciudad castellana (lingüística, cultural
y arquitectónicamente hablando y, para ser exactos, rindió vasallaje
con mucho gusto en el 1200 para no ser comida por los franceses) para que la
obsesión de reinventar y cambiar todo me fuerce a mí, en pos de
lo políticamente correcto y de la pluridad cultural, a llamarlo “Donosti”
Sí, estoy exagerando, sí, estoy siendo radical y posiblemente
prejuzgando a la gente por detalles, pero temo a la gente amable que intenta
agradarme, que me da constantes consejitos y se muestra siempre tan servicial.
No me parece natural y propio de la condición humana. No tengo un sólo
amigo con el que no salga una pulla cada dos frases y me siento orgulloso de
ello.
En fin, tras bastante caminar llego a Sarriá, dónde por preguntar
en la oficina de información por un supermercado, la amable señora
me tomó todos mis datos personales y me dio un mapita. Desayuno al lado
del río entre frondosa vegetación y salgo hacia Portomarín.
Largo es el camino hasta este destino, pero estoy inspirado y avanzo a toda
hostia, quizás motivado por los ladridos de los perros o el delicioso
olor que acompaña los caminos y en especial los pueblos ganaderos.
Llego al impresionante río Miño, pasando por un puente a gran
altura. Viendo la inmensa cuenca que lo bordea, hace ver el tamaño que
tendrá cuando haya lluvias. Tras perderme un poco por Portomarín
y gracias a tres amables indicaciones, he encontrado el albergue justo detrás
de una gran iglesia que, desgraciadamente, está cerrada.
Me he encontrado a los tres personajes que cuidan el albergue de la Xunta. Una
encargada que me ha preferido que escriba yo todos mis datos (funcionaria, claro),
una señora de la limpieza y un señor que conducía el vehículo
de mantenimiento. ¿su función?. Hablar toda la tarde y ni siquiera
responder dos de ellos al saludo.
Me he pirado a comprar empanada y bebida y me he ido al parque desde el que
se ve todo el río Miño, mientras el sol se iba poniendo. Inchado
de empanada, volví al albergue dispuesto a no volver a mover el culo
en horas. Mis piernas chillaban de angustia.
Conozco a un simpático franco-canadiense, muy alegre, ilusionado con
todo y riéndose sin parar, con esa típica risa de gilipollas,
que le hacía entrañable. Un tío natural, espontáneo,
sin complejos, que todo el rato canturreaba algo. Con una cruz colgada del cuello,
salió con una biblia bajo el brazo a la misa a la que renuncié
por fatiga, aunque me hubiera hecho ilu ver esa iglesia tan gocha.
Más tarde, por la noche, el entrañable personaje se ponía
a leer la biblia con una linterna a las 5 de la mañana. Me encanta la
gente así.
25-X-07 Salgo de Portomarín sobre las 7:00. Mi móvil
sigue en sus trece. La etapa de hoy será corta (unos 25 Km). En pos de
mi inconstante imprevisión, no compré nada ayer para el desayuno.
Encima dormí fatal por mi tos, la nariz taponada y los ronquidos del
fascinante canadiense y una alemana de al lado. Me encuentro a la siempre entrañable
y sonriente francesa, que saluda con su simpático “Bon Jour”.
También con el francés. Nuevamente los tres a la vez. Es de coña.
Atravieso muchos pequeños pueblos con bares, pero sin tienda y por lo
que sea no me apetece entrar en ellos para desayunar. Avanzo con los mismos
pensamientos de siempre, acerca de qué haré al volver y en buena
parte, sobre las ganas que tengo ya de estar en casa y hacer cosas más
productivas que meditar. También me asaltan fantasías impuras,
difíciles de disimular en chandal.
Llego a Palas del Rey, despidiéndome con probabilidad para siempre del
francés, ya que él continúa. Quizás nos veamos en
Santiago...si Dios quiere, como él dijo.
Compro un trozo de empanada, bebida y algo dulce y me lo zampo en el albergue
de hospitalera ausente. Esta mañana me he cagado en los funcionarios
de Portomarín al descubrir que no había papel higiénico
en ninguno de los baños. Tres personas cobrando no pueden ser eficientes
y hospitaleros voluntarios en cambio hacen bien siempre su trabajo. Una vergüenza.
He llevado sobre mi conciencia la cautividad de Nelson Mandela hasta llegar
a Palas del Rey. He hablado con Jacobo y esposa para organizar mi estancia allí
hasta el Lunes para poder ver Finisterre. También mi madre me ha comprado
el billete de vuelta y para su tranquilidad me he ido a urgencias. Tres hembras
(dos de ellas rubias) me han auscultado. Al quitarme la camiseta (no del todo
limpia) y a pesar de mi ducha, he notado mi olor corporal, muriéndome
de vergüenza. Sin contar mis estrías, que se han vuelto tremendamente
llamativas estas semanas (consecuencia de la pérdida de peso, supongo).
Sólo tengo un catarrito, me ha dicho la doctora y la mir lo ha verificado.
Me encanta el gallego.
He comprado toseína, descongestionante nasal y caramelos ricola, yendo
tres veces a la misma farmacéutica (había otra farmacia al lado,
pero ya me daba más confianza esta) con cara de malas pulgas.
26-X-07 Salgo de Palas del Rey hacia Arzúa. Toca decidir
si hago la etapa dura hoy o mañana. En el trayecto de hoy, sobre todo
he visto bosques y algún puente e iglesia. Me he topado varias veces
con el madrileño y nos hemos puesto a charlar. Conoce bien la zona de
Arturo Soria y trabaja desde hace 30 años en un bingo. Resulta que es
un fiel lector del Antiguo Testamento y había llegado a la conclusión
de que Jesús no existió y que todo eran invenciones de los bibliotecarios
de Alejandría. También me unificó (si no recuerdo mal)
las diversas organizaciones en el priorato de Sión. Me comentó
muchas más cosas, pero ahora no las recuerdo.
Llegamos al albergue de Arzúa y haciendo cálculo decidimos quedarnos.
En el siguiente albergue (a 3 horas de camino al menos) no había ni tienda,
ni nada que ver. Así que en Arzúa me fui a un súper dónde
compré latas de ensalada mediterránea y Ice-tea. Y me senté
a comer en el albergue. Hablando con una alemana de cierta edad, se me empezó
a quejar de que los albergues de Galicia carecieran de cocina o cacharros para
cocinar y comer. Que muchos jóvenes gustaban de cocinar juntos y así
no gastaban tanto. Le expliqué, que al tratarse de albergues financiados
por el estado, tenían el dinero, pero no la cabeza (o el interés)
para saber lo que podía hacer falta y lo que no. Siguió quejándose,
indignada, mientras el madrileño (que acababa de aparecer) interrumpía
constantemente para hablar de lo suyo hasta que la alemana se fue.
Por un lado creo que tenía razón, pero por otro lado...¿qué
leches se cree que es esto?¿hoteles gratis?¿un paseito turístico?¿acaso
no se pueden hacer un bocata o pillar un menú?¿llevar un par de
cacharros entre varios?¿ahorrar algún dinero currando?. Estuve
por gritarle...¡Esto es Esparta!...quiero decir...¡El Camino de
Santiago!. Aquí se viene a sufrir, a vivir con sacrifico, a sentir carencias
y dolor. Y sino, pues a hacerse viajes turísticos, pero como el albergue
me sale gratis o muy barato (siempre donaba 5€ y más o menos cobraban
eso de media en otros), procuro no quejarme (a excepción de que tres
funcionarios inútiles no hagan ni lo mínimo y tenga que caminar
10 horas con exceso de equipaje).
27-X-07 Salgo hacia Santiago de Compostela. La última
etapa será de las más duras. Creo que lo prefería así.
Llegar cansado y dolido como última penitencia antes de la meditación.
Por errores de mi despertador vejiga me levanto a las 4. Curiosamente dos peregrinos
imbéciles (un chico y una chica) vuelven con una borrachera monumental,
partiéndose de la risa y armando mucho ruido. Yo, dirigiéndome
al servicio no puedo evitar mirar quien está subiendo las escaleras a
esa hora. El tío se me queda mirando y me suelta...”qué
miras, a que hay hostias” y yo prosigo mi camino en pos de vaciar la vejiga.
Me he pasado el resto de la mañana pensando en las ganas que tuve de
responder al insulto y arrancarle la cabeza de cuajo. Pero entonces no sería
un peregrino;).
El camino serpentea una barbaridad en pos de evitar la nacional y también
influido por la ampliación del aeropuerto por lo que el trayecto es más
largo de lo que mencionan las guías e hitos. Al haberme puesto a andar
tan temprano únicamente consigo ver a peregrinos que habían dormido
muchos Km más adelante, por lo que puedo caminar en silencio rodeado
de bosques de sauces durante muchas horas. Llego a la ciudad de Santiago y,
en contra de mi costumbre, busco algo de comer antes de llegar a destino. Puedo
contemplar ya de lejos las torres de la catedral y por alguna razón,
prefiero tomármelo con calma. Entro en el Día, pillo empanada
y bebida. También una botella de vino para regalar a quienes me van a
acoger estas dos noches (luego descubriré que no beben). Y tras comer
y descansar con calma, vuelvo a levantarme con mi pesada mochila, para caminar
por última vez hacia mi destino, llegando a la hermosa catedral, tras
pasar por alguna otra bonita iglesia.
Dejo apoyada la mochila en una columna, contacto con Jacobo y tras recoger la
compostela, me siento un ratito antes de ir a que me recojan. Lo más
curioso fue, que cuando llegué a la oficina dónde te la dan, pues
no parecían creerse que hubiera hecho todo el camino andando. Me preguntaron
si lo hice a pie, luego insistieron preguntando si no había cogido nunca
coche o autobus. Parecían no conocer a gente como el riojano, alguno
de Bilbao, sin contar a varios fieras que se cruzaron en mi camino (lo normal
es hacer el camino en 31 días y yo lo hice en 24).
Me recogió Jacobo y me llevó a su casa, dónde conocí
a su esposa. Ambos me trataron con suma hospitalidad y pude lavar mi ropa y
ducharme como Dios manda sin sentirme acosado en los lavabos;).
28-X-07 Jacobo me despierta a primera hora de la mañana
(a petición mía) para irse a trabajar en domingo (pobre). Así
tendré tiempo de estar en la catedral, asistir a la misa y acordarme
de toda la gente que apunté. De paso veo algo de la ciudad, de bellas
calles y parques. En la catedral, visito el sepulcro del santo y también
subo las escaleras dónde la gente abraza su estatua. Estaba dudando de
si lo haría yo, pero como hay un tío que no lo suelta, decido
largarme y respetar su devoción.
Asisto a buena parte de la misa, pero me canso y doy una vuelta por la catedral
en busca de más símbolos templarios que mencionara Juan G. Atienza
en su libro “la meta secreta de los templarios”. Pero para variar
no veo gran cosa en la que es, supuestamente, una catedral construida con su
influencia. Cuando termina la misa, grabo un poco los órganos sonando
de forma estruendosa.
Y por fin, me miro el cuaderno varias veces, con toda la lista de gente que
me pidió que me acordara y también los que me apunté por
voluntad propia para ver si les sirve de algo. Dándome cierta vergüenza
entre tantísima gente, me arrodillo y me pongo a rezar. A dar gracias,
a pedir que ayude a los míos y a los no tan míos. Incluso pedí
la felicidad para alguna persona que perdí hace tiempo. En fin, una larga
lista de peticiones. Algunas reiteradas, otras creo que se me olvidaron. No
aguanté mucho rezando por el dolor de rodillas y el constante pulular
de gente a mi alrededor. Me topé al francés al salir de la catedral
y no dudé en señalar al cielo, como él dijo, por habernos
encontrado. Nos hemos deseado todo lo mejor, cada uno en su particular lucha
personal y hasta nos hemos dado un abrazo. Ni me acuerdo de su nombre, ni nos
hemos dado referencias. En el camino nos hemos encontrado y jamás volveremos
a vernos. Creo que así es mejor.
Por la tarde Jacobo y Alicia me han dado el capricho de llevarme a Finisterre.
Por el cambio de horario hemos llegado algo tarde y no se veía bien la
puesta de Sol, pero he tomado un par de fotos bonitas, abriendo mucho el obturador
de la cámara. Luego nos hemos ido a tomar algo a una particular tasca
que antes fue un corral para animales y mantiene toda su forma.
29-X-07Al llegar al aeropuerto, sin perder mi espíritu
peregrino, al ver a la chica de facturación tosiendo, le he ofrecido
todas mis drogas (caramelos, toseína, paracetamol, etc) que ha declinado
con mucho agradecimiento. El bamboleante avión me ha llevado de regreso
a mi iluminada ciudad y me he negado a combatir con los demás pasajeros
para ver quien salía primero. Lo primero que he visto ha sido la llamada
perdida del ansioso Juan Pedro, que ya no podía contenerse más
sin saber de mí, tras no poder pasear conmigo en el último mes,
como le tenía acostumbrado cada domingo.
Conclusión
Complicado es concluir nada. No me apetece soltar más chorradas acerca
de la espiritualidad del camino (bastantes tuve que escuchar). Lo que sentí
en algún momento, lo he reflejado en el propio diario tal y como ocurrió.
El camino me ha servido para perder 10 kilos de peso, para disciplinarme un
poco (aunque al volver a casa vuelvo a corromperme), para echar algo de menos
a los míos (pero he disfrutado de la soledad como un enano), para ver
mil cosas bonitas, para disfrutar de cada minuto que pasaba sentado bebiendo
de mi botella de agua, mitigando el cansancio y el dolor mientras miraba el
horizonte, para aprender a convivir y que todos los gilipollas que me topaba
no me afectaran en absoluto. Mostrar una mayor curiosidad por el mundo cristiano,
por sus infinitos símbolos, rituales, números, parábolas
y metáforas sin contar lo que me impresionaban los monasterios con su
disciplina y sacrificio por algo intangible. Es el sacrificio, de las pocas
cosas que aún consigo admirar en las personas. También me han
encantado algunos particulares personajes que me he topado en el camino, solitarios,
taciturnos, que no hablaban si no tenían algo inteligente que decir.
Me ha gustado en general, la amabilidad y solidaridad entre peregrinos, y también
de muchas personas de cada zona. Los camiones, los coches, saludando y dándote
luces para animarte en tu camino. Me sentía como un héroe americano
con esos momentos de simpatía espontánea.
Supongo que el placer de conseguir un reto, de demostrarme a mí mismo
que nunca me rindo, aunque sienta muchos deseos de hacerlo. Sí, es curioso,
últimamente pienso en lo de rendirme, para ver cuántas veces lo
he hecho y cuántas no. Supongo que cuándo algo deja de merecer
la pena me he rendido. Aunque por otro lado, una buena forma de justificar el
fracaso es decir que algo no merecía tanto la pena. Ya sea cuando te
enamoras y pierdes, como cuando no consigues algo en el ámbito laboral
o personal. Quiero pensar que no soy una persona que se rinde. Quizás
esa haya sido la lección aprendida o reforzada en este camino