Ángel:
cielo,
infierno y
purgatorio
- Dios, vengo a pedir un favor.
- Dime, Ángel. Que es tan importante como para interrumpir mi partida de Dominó.
- Estoy harto de mi condición. Quiero ser humano.
- ¿Humano? ¡Pero tu estas loco! Tu eres un Ángel.
- Ya... pero les veo tan desamparados. Me gustaría bajar para hacer el bien, arrojar algo luz a sus oscuras vidas.
- Está bien, pero recuerda que como humano carecerás de tus poderes de ángel, y que cuando mueras seras juzgado y se decidirá si vuelves al cielo o no. Si vuelves te ascenderé.
- Acepto.
ÁNGEL
Nació en el seno de una familia acomodada. Su padre era catador de vinos, por lo que llegaba siempre ebrio del trabajo. Ángel tuvo una infancia feliz. Desde que naciera había olvidado la naturaleza de su anterior existencia. No había sido educado en ninguna creencia, sin embargo él creía en un Dios de unas características muy especiales, del que siempre hablaba como si lo conociera.
En Ángel siempre habían destacado dos cosas: la primera era su hermosura. Poseía unos enormes ojos azules en una cara perfecta (sensual, atractiva y bella) y una mirada límpida y transparente, tranquilizadora, como si en su cara habitaran dos grandes lagos, calmos y sosegados. La segunda era su bondad. Era conocida en todos sus círculos su predisposición para ayudar a los demás. Era una persona justa y ecuánime, hasta el punto de ser considerado por sus amigos como una especie de juez al que acudir en caso de riñas o peleas; él siempre emitía juicios justos, sin favoritismos, y daba buenos consejos a quien se los pedía.
Pero exceptuando estas dos agradables anomalías, Ángel se combirtió en un joven como otro cualquiera, y con esto me refiero a que se dedicaba a lo mismo que los chicos de su edad: a estudiar y salir con los amigos. Le gustaban las chicas, por supuesto, y había tenido un par de experiencias con ellas; sin embargo él estaba convencido de que el principio que mueve el universo es el amor y que, por tanto, las cosas se debían hacer por y con amor, por lo que en espera de una chica a la que amar, había preferido prescindir de relaciones meramente sexuales. Tan concienciado estaba de esto que no se daba cuenta que podía haber amado a muchas de las chicas que rechazaba. Antes o después todas le demostraban que no había hecho mal en no amarlas.
Sin embargo un buen día conoció a alguien, una chica, que cambiaría su vida. La primera vez que la vio le pareció que había estado viendo ese rostro desde toda su vida ( o, por lo menos, con esa firme intención) y que siempre había estado tan obnubilado ante tanta belleza como ahora lo estaba. Es un ángel, pensó.
Y al irla conociendo fue convenciendose, cada vez mas, de que había encontrado a alguien a quien poder amar. Pero aún así tenía sus reservas. ¿Por qué iba a ser ella mas especial que cualquiera de las que había rechazado? Al fin y al cabo a las otras no las dio tantas posibilidades de acercarse e intimar (siendo entendido esto como acercar las posturas y bucear en el alma del otro (en el buen sentido (claro))). Y todas en algún momento le habían defraudado; ¿por qué no iba, pues, a defraudarle esta también?
Pero cuando ella se le entregó, entera, con los ojos cerrados, y sin esperar nada a cambio él, no pudo por menos que dejarse llevar por sus instintos y sus sentimientos y saciarla su sed de amor. Así estubieron amandose varios años, solapados hasta el infinito. Fueron muy felices mucho tiempo, gozando al máximo el uno del otro. Sin restriciones, sin reglas, sin carabinas, sin control. Solos los dos, amandose como bestias, como dos locos en la noche que presienten que al final de esta comenzará el fin del universo.
Con el pasar del tiempo fue Angel olvidandose de sus reservas y (auto)convenciendose de que era ella a quien tenía que amar. Tenía que admitir que en todo ese tiempo no había hecho nada por lo que debiera sentirse defraudado; mas aun: había sido él quien en varias ocasiones la había defraudado (a ella y a si mismo) intentando quizas, no defraudar a otras personas. Pero había llegado a una conclusión:
-Si he de hacer las cosas por amor, como yo opino, con quien mas amor despligo es con ella. No quiero hacer nada que me impida, aunque solo sea por un instante, estar con ella. Una mirada suya que yo no vea una palabra que yo no oiga, es una mirada y una palabra perdida; y para mi una sola de sus miradas vale mas que todo el resto del mundo.
Así fue como Angel se entregó por completo a un amor idílico. Quería llenar todo su tiempo con ella y ser él quien la llenara todo el tiempo. Así lo hicieron hasta conseguir que el universo de cada uno se redujera al otro. Él solía decir que eran dos peces en la misma pecera: separados del mundo por un cristal.
Pero llegó el momento que él temía tenía que llegar y que se venía cuajando desde hacía algún tiempo. Los dos sabían que el mundo no se reduce a ellos dos, y ella quería disfrutar lo que el resto del mundo la podía ofrecer.
- ¿Para qué? respondía Ángel. Sabes que si no estas conmigo me vas a hechar de menos.
Pero lo inevitable se hizo realidad y algo que en un principio parecía tan drástico se
diluyó en dejar de verse un par de días a la semana. Aun así él se sentía abandonado y a veces pensaba que ella le tenía por su segunda opción. ¡Es tan facil acostumbrarse a lo bueno y tan dificil desacostumbrarse un poquito...!
Estaba hecho un lio, no sabía como comportarse. ¿Debía dejarse guiar por sus sentimientos cuando no quedaban o cuando estaba con ella? Al sentirse atacado se puso a la defensiva y se volvió facilmente irascible. Se pasaban gran parte del tiempo discutiendo y eso a él (y a ella) no le gustaba. Despues se reconciliaban y Ángel, antes, mientras o despues, lloraba.
Viendole tan apurado decidí hablarle en sueños; al fin y al cabo es un buen chico y se merecía volver a mi lado.
- Ángel, ¿por qué estás tan deprimido?
- Es que ya no se si me quiere o no. O quizas si. No se que hacer.
I CIELO
- ¿Crees que no te quiere? Pero tu a ella sí, ¿verdad?
- Sí.
- Y ¿cuál es la razón por la que quisiste hacerte humano?
- El amor.
- Entonces trátala con amor.
- Eso intento. Pero cuando no queda conmigo me desespero y no puedo tratarla igual.
- No has de ser tan posesivo. El amor es altruismo; sin esperar nada a cambio. Fíjate en mi: yo creé a los humanos y los quiero. Pero no puedo exigirles reciprocidad. Lo intenté mucho tiempo; con plagas, inundaciones, y demas castigos. Y sólo conseguía enfadarme cada vez mas. Hasta que descubrí el Dominó. Ocupo mi tiempo en ese tiempo en vez de preocuparme tanto por ellos. Se que las almas buenas no me necesitan para serlo, y que vendrán a mi.
El bueno de Ángel me hizo caso. Aprendió a jugar al Dominó. Tampoco hacía falta ser tan riguroso con el consejo, sólo intentaba ejemplificar el comportamiento. Pero bueno, está bien.
No se si se le daba muy bien, si tenía mucha suerte o, tal vez, ayuda divina, pero siempre ganaba. Empezó jugando con sus amigos y rapidamente le cogió el gustillo hasta tal punto que se pasaba las tardes practicando en los bares con los viejos, que logicamente, sabían mas que sus amigos. Poco a poco fue cogiendo mayor destreza hasta que un día su compañero habitual le propuso presentarse a un pequeño torneo que se organizaba cerca. Por supuesto lo ganaron, al igual que el siguiente y todos los que vinieron despues. Los premios eran ya sustanciosos convirtiendose en jugador profesional teniendo acceso a los garndes torneos como el Conde de Villariba o el Abierto de Almendralete. Ganaron en todos ellos demostrando su superioridad en todas las superficies, bien fuera tapete, hule, o marmol artificial.. Se había situado en el primer puesto del rankin mundial de Dominó.
Y al volver a casa, con el preciado trofeo bajo el brazo, ella lo estaba esperando.
- ¡Dichosos los ojos! Desde que descubriste el dominó ya no quieres nada de mi. ¿Debería sentirme celosa? – dijo ironicamente.
- Tu fuiste quien me dio tiempo libre para aprender- contestó muy sereno.
- Pero pensé que querrías volverme a ver- replicó atacante.
- Y eso estoy haciendo. No podía esperar, cual perrito faldero, a que me llamaras para salir de casa- irritose.
- Me has dejado muy sola...-lloriqueó haciendose la victima.
- No entiendo tu actitud: vienes aquí, metiendote conmigo, y luego te haces la victima (¡como si tuviera yo la culpa!) cuando yo solamente he jugado a tu juego. ¿¡Y tu eras la que me decía que no tenía razones para ponerme como te pones tu ahora!?
- ¿Qué te pasa; esque ya no me quieres?- dijó ya llorando.
- ¡Claro que te quiero!- se enterneció.- Eres lo que mas quiero en el mundo- dijó acariciandola la mejilla y enjugando la lagrima que la recorría.
- Entonces, ¡volvamos a como eramos!
- Esque... ahora soy el numero 1 del mundo.
- Ya- volvió a entristecer-, ahora que eres importante no querrás nada con alguien como yo.
Pero se volvió a equivocar. Ángel actuó de nuevo por amor y volvió con ella, ganandose el Cielo para siempre.
II INFIERNO
-¿Creés que no te quiere?
-No lo se. Sólo se que me ha mentido. Me siento traicionado. “Te querré siempre”, “Estaré siempre contigo”. ¡Mentiras! Me siento traicionado, vulnerado, mancillado, apiolado... pero se va a enterar- dijo totalmente iracundo-. Gracias por tu consejo- concluyó el sueño.
Estaba muy enfadado y la única salida que encontró para su ira fue la venganza. ¿Pero como lo haría? Primero decidió seguirla; quería saber cómo con quién, pasaba las horas que antes estaba con él.. Decidió dejar señales por donde sabía que iba a pasar, al efecto de que estubiera inquieta y así cohibir sus actos aún cuando él no estubiera presente. Señales que sólo ellos dos conocieran y que la indicasen unívocamente y solamente a ella que él estaba ahí pero que no podría comprobarlo. Señales tan sutiles que ella, tan despistada como siempre, o tan audaz como siempre, no vio o no quiso ver.
Enseguida ideó un segundo plan: combatiría el fuego con el fuego, pagaría con la misma moneda (como dicen los tópicos). Reservó para si (para no estar con ella) varios días de la semana. Esto cndujo a una nueva situación. Ya nada más se veían dos o tres días semanales durante los cuales, lo único que hacían era discutir. Él la preguntaba, por ejemplo, que había hecho el día anterior y ella respondía sinceramente. Entonces Ángel se ponía triste al darse cuenta que no se lo pasaba tan mal ni le hechaba tanto de menos como él esperaba. Ella le decía que siempre estaba triste, que seguro que con sus amigos no lo estaba, y que si era porque quedara con otras personas. A lo que Ángel respondía que si, que era por ese motivo. Pero que el ponerse triste por eso no la incumbía y que, por ende, ella no debía preocuparse por eso. Y así empezaban a discutir, por cualquier tontería.
Estos encuentros se hacían cada vez mas desagradables, que unido al despecho que ella sentía por no poder quedar con él tanto como quisiera, provocaron que rompieran su relación, marchando cada uno por su lado y hundiendose en pozos de tristeza, pues se daban cuenta de que habían perdido la oportunidad de sus vidas de ser felices.
Tuve que prohibir la entrada de Ángel en el Cielo pues si Dios no fuese infalible se desmoronaría el Universo. Fue juzgado y declarado culpable de no actuar por amor, por lo que ahora estará penando en el fiero infierno.
III PURGATORIO
-No paras de pensar en ella, ¿verdad? Te daré un consejo: no seas tan impetuoso.
-¿Impequé: imperioso?
-Impetuoso; no pongas tanto ímpetu. No te desvivas tanto. No te impacientes, no te precipites, no te exasperes, no te mortifiques. Dale tiempo. Y a ti también.
-Pero así sufro yo. Y ella también.
- Ya se que, a veces, el tiempo, brillante y azulado, en su afilado oscilar rasga deliberadamente el tejido del que está formado el alma, penetrando finamente como un estilete hasta el metafísico corazón. Pero date cuenta de que aún sois muy jóvenes y si alcanzais de nuevo el equibrio como pareja vereis tornarse el sufrmiento en goce y vuestros esfuerzos recompensados.
Siguiendo mi consejo, Ángel se armó de paciencia e intentó afrontar con optimismo los malos tiempos. La dejaba hacer a su antojo (o eso intentaba) queriendo hacerla ver que podía contar con él siempre y para lo que quisiese. Pero el tiempo, que desgarra infinitamente la fibra del dolor humano, se volvía obscuro y tenebroso y envuelto en tristeza.
El optimismo le duraba poco, aunque se recargara casi a diario, y Ángel tenía la impresión de ser un novio-perritofaldero y ella una novia-amediajornada.
-Escucha- decía él-; yo no puedo cambiar a tu antojo, no puedo amoldarme a lo que tu esperas que sea en cada una de tus etapas. Yo soy como soy, y no puedo-quiero cambiarme.
-Pero no puedes ser tan posesivo. No podemos estar siempre juntos. Nuestras vidas se componen de mas cosas; oye, tu eres lo que mas quiero pero también necesito de otras personas.
-Lo siento, pero todo lo que "se" acerca del amor, mi manera de comportarme contigo, Todo, lo he aprendido de ti. Y no hace mucho tiempo eras así.
-Esto no puede seguir así- decía otras veces.
-Sí, lo se. Nos pasamos el día discutiendo. Aveces pienso que no tenemos futuro, que lo nuestro ya se acabo y que sólo estamos retrasando el momento.
-Puede ser. Pero no quiero dejar de intentarlo.
Y lo intentaron durante mucho tiempo, tanto que la paciencia de la que Ángel estaba pletórico tras aparecérmele se llegó a extinguir por completo en su alma. Querían cosas distintas y sus caminos se separaban cada vez más.
-Te quiero- dijo al fin Ángel-. Pero no puedo quererte de esta manera. Siento mi amor atado, y mi alma medio vacía. Antes llenabas todo mi espectro personal y mi amor fluía suavemente. Ahora quieres llenar sólo parte y tengo que delimitar el albedrío de mi amor.
-Lo siento, te quiero, lo siento. Se que te estoy haciendo mucho daño y no quiero verte sufrir: eres lo que mas quiero. Por eso me siento culpable; culpable de tus desdichas. Creo que serías mas feliz sin mi. Quizás algún día esté preparada para ti.
Así, sin mas, se despidieron y él sabía que esa vez era para siempre. Y ella se alejó lentamente, sin volverse para mirar, y él sabía que era para siempre. Y se desvaneció, sin hacer el menor ruido, y ya nunca mas se volvieron a ver.
Ella nunca quiso rehacer su vida. Él era el único amor que podría tener. Vagó de acá para allá, con uno y con otro, pero nunca con ninguno. Él quería amar y pronto encontró una chica con la que se “acoplaba” perfectamente. Fue feliz, moderadamente; pero no era Ella. Se quedó viudo demasiado pronto y se lamentó el resto de su vida el haber dejado pasar el amor de su vida por otro mas fácil.
Y horas antes de morir, ingresado en la U.V.I., oyó una voz que desde
fuera le llegó hasta el fondo de sus recuerdos, reunió todas las
fuerzas que le quedaban, y salió del coma, pues aún le quedaba
algo que hacer en la vida. Se abrazaron en silencio, llorando, y así
esperaron a la plácida muerte.