Madrid
12 de abril de 2003
Hola
Sofía
Llevo
días intentando escribirte algo, pero no me llegaba la inspiración. Gracias a
que me ha llegado tu última carta, he encontrado cosas de las que hablar. De lo
que me has comentado sobre la amistad, hay como siempre, varios puntos de
vista. Yo personalmente, ya he conseguido superar en parte, cosas que antes me
tomaba muy a pecho, aunque reconozco, que algunas veces me quita el sueño.
Frustra mucho, la falta de igualdad y de respeto con las personas. Si en algo, he
tenido problemas con la mayor parte de mis amigos/conocidos, ha sido en ver,
que no toleran que les haga cosas, que me han hecho toda la vida. Por ejemplo,
un determinado tipo de broma y unas determinadas confianzas, que nunca me han
molestado, o que si lo han hecho, no me las he tomado a mal. Incluso cuando
algo me molesta, intento no ver el error en la otra persona, sino en mi propia
falta de confianza y autoestima, puesto que sé o debería saber, que no hay una
mala intención en prácticamente ningún tipo de actitud así. Pero en cambio,
cualquier tipo de broma, o comentario, incluso cuando intento ser sincero con
alguien, porque veo que está fallando en algo, es tomado con la peor intención,
sea amigo o no. Y tampoco me considero con derecho a tomarme mal las cosas,
cuando se, que a mi también hay que tolerarme mucho y tratando de ser más
humilde( cosa que aún no he conseguido ser) la ira desaparece y el perdón es
inmediato. Ya creo que te comenté en
otras cartas, que poco importa lo que hagan los demás, mientras uno crea hacer
lo correcto, aunque sea contra corriente. Confiar y depender, no es en general
recomendable y solo hay que hacerlo, después de muchas pruebas. Pero tratar de
amar a todos los que valgan algo( y si tienes suficiente corazón, que yo no, a
los que no valgan), especialmente, tratando de ayudar en la medida de lo
posible, es algo que siempre será bueno, tanto para nosotros, como para los
demás. Y por muchos palos que nos den, por mucho desagradecimiento que haya,
jamás hay que dejar de hacer lo que nos parezca correcto. En lo que me
comentaste de la miseria que puedas ver por las calles, yo desgraciadamente
siempre opino de forma muy cínica. Si veo a alguien así, de golpe me digo a mí
mismo, que esa persona está mal de la cabeza( en bastantes casos es así) o que
no le dio la gana trabajar. Si es un yonki, me diré a mí mismo, que esa persona
tomó la decisión que tomó y que ahora debe apechugar con ello. Pero, siempre
hay algo dentro de mí, que me crea un nudo en el estómago al verlo. Aunque no
haga prácticamente nada, no puedo evitar sentir que debería ayudar más a esas
personas. No todo el mundo ha nacido en las mismas condiciones, ni con la misma
percepción del mundo y habría que tratar de que todas las personas, encuentren
un hueco en esta vida, para ser felices.
Pero todo esto son solo palabras, pues no he movido un dedo por
desconocidos, prácticamente nunca. En parte sigo, la filosofía, que me explicó
bien un amigo, aunque la siga de forma intrínseca. Consiste en hacer por las
personas que nos importan realmente, ya sean tus amigos o tus familiares. Gente
a la que conoces y a la que estás unido con fuerza. Sólo ayudar a esas
personas, ocupa o debería ocupar casi todo mi tiempo y aún así, no lo hago nada
bien.
Madrid
13 de Abril de 2003
Dejé
la carta a medias, por falta de más inspiración y porque me llamaron para
salir. La verdad es que ayer vine de un viajecito a Pedraza( Segovia), tras un
cordero, bastantes vinos y un buen moscatel, por lo que estaba frito y mi
salida, fue más bien un tostón. El viaje, en cambio estuvo bien. Salir con
familia, últimamente lo disfruto más y empiezo a valorarlo, aunque solo sea por
cambiar de aires. La verdad, es que llevo unas semanas que no paro. El 4 fue mi
cumpleaños y salí de juerga con unos amigos. No tenía nada pensado y con mis
ralladas, cancelé el plan que me propuso una amiga, pero por fín me decidí a
salir, mezclando ese plan, con unos colegas que estaban disponibles. Llegué a
la 1 del día siguiente para ir a mi clase de piano y resulta que mi profesora
me había cancelado. Así día tras día entre cenas y borracheras. Por un lado
viene bien distraerse, pero no hay forma en que le dedique más tiempo al
estudio. Voy a intentar las siguientes semanas, aislarme un poco, pero en
general no sé decir que no a nada que me propongan. Además, a mi no me suele ir
la juerga, sino algo más intimista, aunque normalmente consigo salirme con la
mía en ese aspecto y terminamos siendo pocos, por lo que puedo sacar jugo a la
conversación.
La
verdad es que no me está saliendo una carta excesivamente profunda o
sentimental, pero no siempre pueden ser así. Me entristece que hayas perdido
ese empleo, porque limita aún más tu libertad de acción y quien sabe si ahora,
por fin estuvieras decidida a usarla. Aunque por otro lado, me has empezado a
escribir más, por lo que en eso me tengo que alegrar. Últimamente me he leído
“Momo” y “El señor de las moscas”, que me prestó una amiga. Son bastantes
buenos y muchos se han reído de mi, porque casi todo Dios ha leído estos libros.
Momo es una crítica a la mentalidad Americana. Yo llegué a ver como en los
supermercados, había un par de cajeras y una persona, cronometrando el tiempo
que tardaban en despachar. No me extraña que ese País esté loco. Puede que
tengan la mayor productividad del
mundo, pero ni mucho menos conseguirán hacer algo con verdadera calidad,
ni tener personas medianamente felices y equilibradas. Lo triste de todo, es
que a base de propaganda y guerras, consiguen creerse el pueblo elegido por
Dios.
El
otro día ví a un niño en un Burger King, era gordito, con gafas y con uniforme.
Alrededor había varios grupos de chicos más o menos de su edad. Estaban todos
pegando gritos y riéndose de cualquier chorrada, creciéndose por estar con más
gente. Sin embargo él estaba con su madre, callado y sonriendo poco. Su madre
le observaba y tampoco decía gran cosa. Parecerá una chorrada, pero me dio una
impresión tremendamente triste y pesimista. De golpe me monté en mi cabeza toda
una historia sobre ese chico, casi sintiéndome identificado. Sin saber nada de
él, pensé que era el clásico niño sin amigos, a quien su madre concede algún
capricho para que no se hunda en la tristeza. Me recordó a ciertos momentos de
mi infancia, pues fueron muy distintos a ratos. Pero hubo un tiempo, a caballo
entre el colegio y el instituto, en que me quedé prácticamente solo. La gente
cambió y yo era igual de crío, me negaba a “madurar” y adquirir nuevos gustos,
además de no saber adaptarme a las personas. Ciertas actitudes feas que tengo
ahora, vienen de esa época, entre ellas no cerrar la boca a tiempo y decir
muchas chorradas sin pensar, llevándome por un arrebato. Por entonces me volví
más violento y triste. Me fui a un instituto bastante lejos de mi colegio, como
para empezar de nuevo. Pero ahí, la gente era aún más distinta a mi que en el
colegio y como no sabía callar en ciertos momentos, si alguien me tocaba las
narices le contestaba y en más de una ocasión me quisieron zurrar, aunque no
pasó nada al final. Iba barruntando ese pasado tan triste, mientras miraba a
ese crío y ví, como ahora soy en parte, como ese crío. Tengo amigos, bastantes,
pero sigo sin cuidarme, sin sentirme atractivo ni ante mí mísmo. Más triste
aún, ver que no controlo mis impulsos y que nada hago por solucionar complejos.
Lo que más temo ahora, es que si algún día recupero forma física, no sabré por
qué alguien está conmigo. Siempre, mi mayor broma cruel, con mis amigas, era
que nunca podían saber si los chicos las entraban por tirárselas o por lo que
realmente pudieran valer como personas. Como también tengo mi lado retorcido,
posiblemente, me de por tratar a las mujeres como objetos, en venganza a que
nunca vean nada de mí, cuando solo puedo ofrecerles mi persona, pero no mi
belleza. Aunque todo esto solo son teorías, pues primero debería empezar a
hacer mucho deporte, cosa que requiere disciplina y paciencia. En honor a la
verdad, yo no me suelo fijar en mujeres que no tengan un buen tipo, es más
tienen que ser realmente guapas, bajo mis cánones, para que me parezcan atractivas.
También es cierto, que conozco a pocas chicas y no puedo hacer un juicio de
cuáles son mis tendencias.
Bueno,
pues, aquí termina el alegato trágico de mi carta;)
Me
alegra mucho ver que por fin me puedes escribir más. Espero que me cuentes con
mayor amplitud, tu situación personal y sentimental, para que tengamos cosas
más interesantes de las que discutir
Un
fuerte abrazo
P.S.
Referente a temas esotéricos te mandaré algunas cosas que tengo guardadas o
publicadas y ya veré que más mandarte. Lo de la fotografía lo buscaré más tarde