22-IX-2004
Esta carta es un breve resumen del verano, casi una excusa para poder volver
a colgar algo en mi web. El título viene de una película de Bergman
que vi ayer, sobre unas parejas de la burguesía y la aristocracia en
permanente conflicto por sus instintos y a veces por su amor. La película
es de un sutil erotismo(claro que las actrices son guapísimas y a lo
poco que se les ve el escote…) y de mucha sensibilidad contrastada con
el cinismo de esas clases sociales y también muchas veces, de nosotros
mismos. Muestra la inocencia de una chica joven contrastada con la de otras
personas hipócritas y completamente desengañadas de la vida. También
expresa la eterna duda entre deseo y amor. Como la sirvienta es una vividora
que disfruta de la vida, pero que en el fondo necesita cierta seguridad y un
cariño más sincero. Demuestra en definitiva la belleza de la vida
y el amor, para quienes quieren vivirla, para quienes tienen la humildad de
valorar lo que tienen. En fin, pasemos al verano:
Me he releído algunas de las cartas que escribí por entonces para
refrescar la memoria. Mis resultados académicos de Junio no fueron del
todo malos, aunque sí para mi exigente familia. La frustración
amorosa y de muchas otras cosas de Julio llevó a que me aislara y me
dedicara a una vida un tanto asocial. Me pasaba el día viendo películas,
leyendo algún libro, comiendo a mansalva y emborrachándome de
vez en cuando. Aparte de eso escribía alguna carta a la persona por la
que me obsesioné y que por supuesto no contestó. Un día
quedé con mi amigo Fernando. A veces pienso que siempre le utilizaba
cuando tenía problemas, porque era a él a quien contaba muchas
de mis tonterías y a pocos más. Solo nos veíamos de cuando
en cuando. Yo le llamaba poco y él también estaba a su tema. Desde
hacía un par de años él sufría una profunda depresión
y otros problemas más graves. La noche que pasamos fue realmente bonita.
Saqué un par de botellas de vino y nos pusimos a charlar. Por supuesto,
yo no paraba de quejarme de mi frustración amorosa y también de
los amigos que dejé de lado por sospechar de ellos. Me puse a despotricar
también contra los amigos comunes, que solo se acordaban de mi de cuando
en cuando, me hablaban siempre de vernos más y todo quedaba en nada.
Esos mismos amigos que me llamaban antes constantemente cuando tenían
problemas pero que muy humanamente, se olvidaron completamente de mi cuando
las cosas les fueron mejor y yo no les aportaba más que mi mal carácter.
Por un lado he intentado mejorar como persona y ser más tolerante y abierto.
Perdonar ciertas cosas como otros nos perdonan…pero al ver que los demás
no olvidan, me cuesta mucho más hacerlo. La noche con Fernando transcurrió
hasta el amanecer. Aparte de mis quejas, también hubo muchas risas y
viejos recuerdos. Le hablé de prestarle ciertos libros, que a mi me habían
ayudado un poco(La conquista de la felicidad de Bertrand Russel, El arte de
Amar de Erich Fromm…) pero que tenía prestados a la ex de un amigo.
Nos despedimos con un abrazo. Días más tarde me acordé
de esos libros y contacté con ella para recuperarlos. Tardamos un poco
en concretar el día, pero por fin lo hicimos. Un día antes le
llamé para decirle lo de mis libros y él estaba alegre y agradecido.
El Lunes recogí los libros y le llamé para llevárselos.
Me dijo que ese día le venía mal y que me llamaría a lo
largo de la semana. No le di más importancia y ese día quedé
con otro amigo y salimos por Madrid. No pensaba hacerlo por tener que estudiar,
pero hacía meses que no veía a Angel. Como nos vemos cada mucho
tiempo siempre es una ilusión y estuvimos tomando sangrías por
Madrid, contándonos nuestras historias y luego bailando en locales realmente
majos. Deambulando por Madrid, hice un giro incorrecto por la Gran Vía
y nos paró la policía. Me temblaban las piernas cuando me pidieron
la documentación. Me hicieron preguntas de fácil respuesta, casi
como si no quisieran hacerme el control de alcoholemia. Nunca he estado tan
agradecido por una multa de 120 euros. Al día siguiente por supuesto
tuve bronca por no estar despierto a las 9:30 para estudiar y me pasé
el resto del día con jaqueca. Esperé la llamada de Fernando y
no llegó. Yo seguí con mi vida, aunque curiosamente pensaba constantemente
en llamarle, pero como nunca suele estar y por estar pensando en mis tonterías
seguí esperando a que lo hiciera él. El sábado se fue mi
familia de viaje, así que pasé una tranquila tarde estudiando
un poco. Por la noche me llamó otro amigo para que saliéramos
a un local de flamenco(lo acaecido esa noche lo tengo en otra carta que publicaré).
El domingo fue tranquilo y recuerdo que echaron “Mujercitas”, película
que nunca había visto y con las increíbles Lyz Taylor y Janet
Leigh. Hay que ver lo que lloré cuando murió Beth. Siempre me
he alimentado de películas dramáticas y llenas de emociones contradictorias.
Esa noche me llamó Carlos, el amigo con el que fui a lo del flamenco.
Fernando estaba muerto y el drama, por una vez fue una realidad que me comí
con amargura. En los últimos años he estado varias veces en crematorios,
velatorios y funerales. Nunca lloré, simplemente sentí tristeza.
Pero al tocar el ataúd de mi amigo y abrazar a su familia destrozada,
me vine abajo. Al llegar me puse a estudiar, rompiendo a llorar cada dos por
tres sobre los apuntes. Pasé el resto del verano en el sótano
estudiando y leyendo un poco a Neruda(Confieso que he vivido), que me interesó
mucho. Cuando me llamó un amigo a quien había dejado de hablar
por mis temas amorosos, le eché en cara que nunca hubiera encontrado
tiempo para quedar con Fernando porque siempre prefería quedar con chicas
y que tardara cuatro días en llamar desde que le dejé el recado.
Al poco le pedí disculpas, pero creo que desaparecerá de mi vida,
quien hizo lo que le dio la gana, sin tener en cuenta lo que yo pudiera pensar
o sentir en ese momento. Las mejores amistades, se rompen por líos de
faldas. En este caso, yo he sido el celoso paranoico. Llegaron los exámenes
y pensé que estaba preparado. Quería darle una alegría
definitiva a mi familia. Curiosamente muchas de las cosas que estudiaba, me
las saltaba, precisamente por saber que tenían su importancia no me apetecía
verlas. Otras asignaturas, me las tomé a broma porque me parecían
demasiado fáciles. Estuve muchas horas estudiando, pero casi todo el
tiempo pensando en mis obsesiones amorosas, en mis amigos, en los amigos que
perdí y en otros recuerdos. Ahora vuelvo a estar al borde del abismo
y obviamente mi familia no valora mi esfuerzo sino solo los resultados. Bastante
duro es fracasar, pero más aún sentir como me lo recuerdan constantemente
y como no puedo estar ni un minuto tranquilo en casa. Vivo en una especie de
Jaula, en dónde mis frustraciones y mi incomodidad familiar, me llevan
a hacer las cosas mal o no hacerlas. Al terminar los exámenes salí
casi cada día de fiesta con distintos amigos a quienes no veía
desde hace algún tiempo. Una de las noches fue con mi querido psicópata
que siempre me lleva a los mejores sitios aunque también me haga gastar
más dinero(claro que él se gasta el doble). Estuvimos en un after
hour(gran novedad para mi) y se me empezaron a arrimar dos jovencitas. Yo bailaba
e intentaba no darme cuenta. Al fin y al cabo(pensé), el local está
abarrotado y si se acercan tanto es por falta de espacio. Lo cierto es que comencé
a excitarme y ellas lo notaron, porque se acercaban cada vez más y cuchicheaban.
Yo no sabía que hacer porque ya tuve alguna mala experiencia con malentendidos
así. Me puse a pensar en la vez que bailé con una en el sótano,
como nos agarrábamos y sus impresionantes ojos verdes llenos de vida.
Como tenía que parar cada cinco minutos e ir a por agua porque no podía
más. Pensando en eso, me sentí mal, realmente mal y no quise hacer
nada con estas chicas. Mi amigo lo notó y me sacó de allí.
Tenía un mal sabor de boca. Nuevamente había desperdiciado una
oportunidad y no sabía por qué. Pareciera que me gustara que las
cosas fueran mal, que todo sea falta de valor. Ahora mi amigo está muerto,
mi madre enferma y casi todo mi dolor, proviene de las cosas que he hecho mal
en mi vida y no de las circunstancias que se están volviendo algo duras
a mi alrededor. Quizás sea el cerdo egoísta y egocéntrico
que mi familia piensa que soy. Retorcido y maquiavélico, que solo busca
aprovecharse de lo que le dan mientras pueda y que no valora nada. Lo cierto
es que tengo una familia que aunque no intenta entenderme o valorar lo que hago
y solo juzgarme, sigue siendo maravillosa y se ha desvivido por mi. Han trabajado
como mulas a lo largo de sus vidas y nada ha sido gratis para ellos, de ahi
que mis problemas resulten triviales, absurdos y propios de un egocéntrico
que nada sabe de la vida.