Eyes wide shut

Hace poco volví a ver la película del título. Días antes ví por curiosidad, “Pepi, Luci  Bum y otras chicas del montón”. También guardo en la memoria películas que me enamoraron completamente, “Viridiana” “Belle de Jour” y “Tristana”,  todas ellas de Luis Buñuel, sin contar con escenas míticas de “Doctor Zhivago”, que muestran la visión de estos directores sobre la mujer. Influyeron decisivamente en mi visión, autores como Henry Miller, Milan Kundera o Jose Luis Sampedro. Especialmente Miller, cambió mi punto de vista sobre las cosas. Con 18 años aún tenía una idea platónica de la mujer. Sentía lujuria por cualquiera que la mereciera, pero aún así tardaba en perder el mito. Me marcó una escena en doctor Zhivago(la vi con 16 añitos y me enamoró), cuando el malo, le dice a Lara que es una ramera, ella le golpea, él a su vez le devuelve el golpe, la empieza a besar y ella solo se resiste al principio. Se acuestan y cuando han terminado él le dice, que ella sabe perfectamente que no ha sido forzado. Ella coge una rabieta y decide matarlo...

Ahí está la deliciosa contradicción en la mujer(como muchas otras que tendrá el hombre): viven constantemente en la defensa de sus derechos y su capacidad de elección, pero solo caen en brazos de aquellos que las tratan como objetos. Muy pocas y muy singulares mujeres, aceptarán estar en manos de alguien bueno y ser feliz al lado de esa persona. Otras lo harán por la educación que han recibido, y quizás por un sentido pragmático hacia sus hijos, se mantendrán con alguien que no les gusta del todo, pero que les da otras cosas. Sin embargo, llega un momento en que necesitan sentirse vivas, que alguien les de palos. De alguna forma, la única manera de amar, para la mujer, es tener presente la duda de si la aman o no. Henry Miller, se aprovechaba de las mujeres, les sacaba el dinero, vivía mantenido por ellas y además sufría un trastorno bipolar difícilmente aceptable. Puede que fuera un amante magnífico, o puede que no, pero pocas mujeres al leerle, no se hubieran querido acostar con él. Era un ser extraordinariamente inteligente, que no tenía nada concreto que ofrecer. Pero le adoraban. “Belle de Jour” es otro ejemplo genial. Una mujer, felizmente casada( en teoría) se ve incapaz de acostarse con su marido tras un año de matrimonio. Él tiene paciencia y la respeta. Un día ella se entera de dónde hay un prostíbulo, donde va todo tipo de gente. Decide probar: la primera vez no le gusta, pero pasado un tiempo vuelve. Se lía con un mafioso que termina destruyendo su vida. Luego tenemos “Viridiana”, una monjita llena de buenas intenciones que hace lo imposible por ser piadosa. Sin embargo, aparece Paco Rabal que le empieza a hacer la corte. Ella se resiste por sus fuertes principios, pero no puede evitar ir cayendo poco a poco. El caso más entrañable lo refleja Sampedro, con su protagonista, un hombre bruto e impulsivo, que nunca hacía excesivo caso a las mujeres, más que en el sentido más materialista. Sin embargo le adoraban, porque sabía como mirarlas, como  tratarlas y como ignorarlas. Es difícil que una mujer se sienta atraída por alguien que la respete y sólo transigirá con un hombre que la adore, por puro ego. Un ego, que en un principio la hará sentirse plena, pero que al momento necesitará enriquecerse con adoración de más hombres, sin conseguir nunca estar satisfecha. ¿Cuántas mujeres felizmente casadas o ennoviadas, siguen coqueteando, de forma casi inconsciente, con cualquier hombre suficientemente atractivo o atento?. ¿Parece esto una reflexión machista? Puede que si, pero también es cierto que mucha gente lo niega por la hipocresía de lo políticamente correcto. Esa filosofía de vida, es la que hace escandalizarse a muchos, al oír tales palabras, sin tratar de entender lo más mínimo. Y digo todo esto con la mayor tristeza y no solo basado en libros o películas. Desgraciadamente pocas personas están destinadas a una relación feliz y duradera. En el caso tanto del hombre como de la mujer, el atractivo viene influenciado por el misterio y la novedad. Se pueden hacer muchos esfuerzos por remediar eso, pero nunca se alcanzará el éxtasis de arrancar el primer beso. Otra de las razones, es la tendencia a la promiscuidad por ambas partes. En el caso de las mujeres, más por la ilusión de sentirse atractivas y en el del hombre, por la variedad sexual. Para todo hay excepciones, pero aún así es la tónica general. A la mayor parte de las mujeres, no le será indiferente la riqueza de un hombre, por las comodidades y posibilidades sociales que ofrece, como a un hombre una mujer voluptuosa, por mucho que la capacidad sexual se manifieste generalmente en la inteligencia y el temperamento. Son estas contradicciones, las que llevan al fracaso en la mayor parte de las parejas. Entre todos mis amigos, solo he visto un par de parejas que merezcan la pena. El resto están reñidas por la inercia, la diferencia de caracteres y también la hipocresía. Yo personalmente, no he podido evitar sentir hastío y cada vez una menor apetencia sexual, a pesar de que la líbido continuaba. En un principio, todo era experimentación y reto personal. Luego se transformó casi en una obligación, a pesar de que hubiera amor. Cierto es, que el sexo con una misma persona, supone muchas más posibilidades de experimentación, por la confianza y un mayor perfeccionamiento del placer. Pero aún así, nuestra triste condición, casi nos fuerza, a que nos guste aquello que es nuevo, y solo con auténtico autocontrol, uno se da cuenta, de que lo nuevo, tras tantearlo un poco, posiblemente sea peor, por el solo hecho de la inexperiencia con esa persona. Aunque ahora mismo, lo que considero, es que ante todo, hay que buscar la variedad, para sentirse vivo. Las ligaduras fomentan todo tipo de profundos sentimientos, pero también llevan a la monotonía y a sentir que se está muriendo poco a poco.

Antes, veía a la mujer como una criatura compleja, a la que hay que respetar mucho y tratar debidamente. Ahora, sin salir de la tónica del respeto, considero que en cierto modos se parece al hombre, solo que lo oculta con arte y mentiras. No busca el estereotipado tópico de la sinceridad, pues de sobra se ve que siempre gusta de vivir en un mundo irreal, donde ve a un gran hombre, donde solo hay un chulo y donde cree ver a sus amigas, donde solo está con personas que piensan exactamente como ella y necesitadas de oir sus propias mentiras y adulaciones. Tampoco busca sentirse especial. Aquel que idolatre a una mujer, será visto como un calzonazos y ella únicamente se aprovechará de eso, a menos que tenga el suficiente corazón como para compadecerle y no darle esperanzas vanas con falsa amistad. Lo de sentirse especial es realmente curioso y contradictorio, porque aunque lo necesite (como cualquier ser humano necesita cariño), lo buscará siempre en gente, que claramente no se lo va a dar, por su carácter viril, resuelto y aparentemente, seguro de si mismo. Sin embargo, a esa persona, que claramente ofrece lo contrario, le exigirá esa condición o lo que es peor, se creará una vana ilusión de tenerla. También estará influida, por el ya referido ego. El problema de vender la belleza con tanto ahínco está, en que un hombre solo verá eso en ella y difícilmente la respetará. Nuevamente, la doble moral. Necesita verse guapa, ver que gusta a los hombres y después de venderse como objeto, esperará que la respeten y admiren como persona y como inteligencia. Es realmente trágico que las mujeres, y los hombres en otros aspectos, actuemos así, pues casi siempre, estaremos viviendo una mentira. Lo sincero y lo razonable, sería reconocernos unos a otros nuestra sexualidad, que bulle en todas las etapas de la vida y condiciona de forma muchas veces humillante nuestras vidas. También es cierto, que le da cierta variedad, incertidumbre y sabor a la vida, siempre y cuando no reprimamos nuestros impulsos y no nos amarguemos o atemos por nuestras emociones.