EXISTENCIALISMO

Siempre he detestado las ideas difusas, la ambigüedad en las palabras. Allí donde leyera un libro, solo alcanzaba a crearme más dudas. En teoría, la duda es buena. No hay mayor idiota, que el que cree tener algo claro. Pero, por otra parte el existencialismo degenera cuando se convierte en nuestro único alimento, la justificación de nuestros males. El existencialista se convence a sí mismo de poseer el amargo don de la lucidez. Irónica lucidez, si no es capaz de hacernos ser felices.¿ Qué lucidez es aquella que no nos hace encontrar lo más básico de la vida?. Cierto es que las personas que han tratado de aprender más allá de lo que les rodea y lo que su condición social les impone, padecen de muchas depresiones. Pero eso no es necesariamente imprescindible, a cambio de haber leído un poco más o sencillamente, ver el mundo con otros ojos. Justifica en parte, que el abrir los ojos nos hace ver cuan pobres son las personas que nos rodean y principalmente, cuan pobres somos nosotros mismos, que no sabemos entender, ni hacernos entender. Nos hace ver las pocas personas en las que podemos confiar, lo que mentimos para no quedarnos solos. Nos hace ver el egoísmo claro, la falta de respeto por parte de los que nos rodean. Nos hacer ver que nadie reconoce sus errores, y se inventa todo tipo de mentiras para justificarse. O, como se hace en matemáticas, se acota una función indeterminada, de tal forma que sea continua en esa pequeñísima cota que hemos tomado. Nos hace ver como discutimos por tonterías, tratando siempre de llevar la razón, de pisar al contrario. Como, en casi todas las discusiones, cada uno está hablando de un tema totalmente distinto al mismo tiempo. Esas pequeñas frustraciones, esa impotencia a la hora de tomar decisiones o relacionarnos, es la que crea la famosa angustia existencial. Sin contar por supuesto, los irreconocibles complejos, que lleva cada uno en lo más íntimo. La mayor parte de las veces nuestras carencias son básicas: autoestima, éxito, ego. Esas carencias, son ocultadas con el existencialismo. Cuantas veces habré oído a gente decir que no tiene éxito en temas de pareja, pero que al menos no es analfabeta y viceversa. Doblemente idiota el que piensa así. La vida nunca se puede ceñir a una sola cosa y aunque casi todo el mundo lo sabe, pocos son conscientes de ello. De la ciencia he aprendido que no hay problema irresoluble y que gracias a nuestra imaginación, podemos transformar el infinito en una solución concreta. De la ciencia he aprendido, que toda pequeña disfunción, puede ser acotada u omitida, mediante trucos justificables e inteligentes. Lo mismo debemos hacer en la vida. Pocos problemas tienen importancia, y somos unos cobardes al intentar justificarnos con filosofía cuando la solución está en tener valor. Los que no han conocido el amor, argumentan que este no existe mediante conceptos nihilistas. Los que no han sido capaces de estudiar una carrera, argumentarán que es mejor escuela la de la vida y un largo etcétera. Y ante todo, los mayores infelices que existen, son aquellos, que no han sido capaces de hacer algo( con incapacidad, me refiero a falta de esfuerzo y valor) y que para no sentirse en la miseria, se burlan de aquellos que lo intenta con mayor o menor fortuna. Uno solo fracasa cuando se rinde y aunque frustre la derrota, siempre queda un sabor agridulce, de haber luchado por algo, de haber quemado los recursos, con lo que la vida ha sido plena, aunque no totalmente satisfactoria.

El existencialista, vive lleno de obsesiones, de manías, de prejuicios y de rencores. Algo muy irónico viniendo de alguien que debería estar por encima de todo eso pues sabe que es absurdo Como dije anteriormente, el existencialista se alimenta de su propio dolor y aunque se queja constantemente, para que los demás le vean como un mártir, para la humanidad, no desea salir de eso, pues es su única fe. Es la balsa a la que agarrarse para justificar su mediocridad. En este mundo hay un noventa por cientos de personas mediocres, que se han dedicado con ahínco a hacer una única cosa, pensando que al estar en lo más alto se sentirían plenos. Para unos ha podido ser ganar dinero, para otros culturizarse y para la mayoría, centrar su vida en divertirse al máximo. Y sin embargo, son todos unos infelices, pues su vida ha carecido de mayores objetivos, de cierta variedad. Todo ha sido monotonía, falta de sueños, de expectativas. El gran error de luchar por una sola cosa, es que se olvida lo básico, que es luchar por uno mismo. Es decir, tratar de llevar una vida digna, sincera, alegre, compasiva. No se puede vivir feliz por alcanzar un objetivo, si se ha tenido que dejar de lado toda nuestra humanidad. Tampoco se puede ser feliz cerrando nuestra curiosidad y nuestro conocimiento a una ínfima parte de lo que es el saber. Un niño siente curiosidad por todo, pues aún es plena su necesidad vital, pero va degenerando a medida que necesitamos ser sociales y también, a medida que nos hacemos perezosos. En resumen, dejemos de buscar justificaciones para nuestros actos totalmente inerciales y encontremos caminos interesantes, por mucho que se alejen de nuestra comodidad y rutina.

Grot