El Vencedor y
el Perdedor
1. Cuando un vencedor comete un error,
dice: "Yo me equivoque!"
Cuando un perdedor
comete un error, dice: "No fue mi culpa."
2. Un vencedor trabaja duro y tiene mas tiempo.
Un perdedor está siempre "muy ocupado"
para hacer lo que es necesario.
3. Un vencedor enfrenta y supera los problemas.
Un perdedor da vueltas y nunca
consigue resolverlos.
4. Un vencedor se compromete.
Un perdedor hace promesas.
5. Un vencedor dice: "Yo soy bueno, sin embargo no tan
bueno como me gustaría ser."
Un perdedor dice: "Yo no soy tan
malo como tantos otros."
6. Un vencedor escucha, comprende y responde.
Un perdedor solo espera una oportunidad
para hablar.
7. Un vencedor respeta aquellos que son superiores a el y
trata de aprender algo con ellos.
Un perdedor resiste aquellos que son
superiores a el y trata de encontrar sus defectos.
8. Un vencedor se siente responsable por algo mas que solo
su trabajo.
Un perdedor no colabora y siempre
dice: "Yo solo hago mi trabajo."
9. Un vencedor dice: "Debe haber una mejor forma de
hacerlo ..."
Un perdedor dice: "Esta es
la forma que siempre lo hicimos."
10. Un vencedor comparte este mensaje con los amigos...
Un perdedor lo guarda para si mismo
porque no tiene tiempo...
Sé humilde y te conservarás entero;
Flexible, y te mantendrás recto;
Vacío, y permanecerás lleno;
Consúmete, y serás renovado;
Al que menos tenga, más se le dará;
Al que más tenga, más le será restado;
Por esto el Sabio considera al Uno norma
del Universo.
No se exhibe, luego sobresale;
No se celebra, luego es advertido;
No se ensalza, luego merece elogio;
No se vanagloria, luego es insigne;
Y porque no lucha, nadie en el mundo puede
luchar contra él.
"Sé humilde, y te conservarás entero",
dice un antiguo proverbio.
...
Hay tres clases de personas
Aquellas que hacen que las cosas ocurran
Aquellas que esperan que las cosas ocurran
Aquellas que se sorprenden por lo que ha ocurrido
¿A que grupo perteneces?
En las manos del destino.
Un gran general, llamado Nobunaga, había tomado la decisión
de atacar al enemigo, a pesar de que sus tropas fueran ampliamente inferiores
en número. Él estaba seguro de que vencerían, pero sus hombres no lo creían
mucho. En el camino, Nobunaga se detuvo delante de un santuario Shinto. Declaró
a sus guerreros:
-Voy a recogerme y a pedir la ayuda de los kamis.
Después lanzaré una moneda. Si sale cara venceremos, si
sale cruz perderemos. Estamos en las manos del destino.
Después de haberse recogido unos instantes, Nobunaga, salió
del templo y arrojó la moneda. Salió cara. La moral de las tropas se inflamó
de golpe. Los guerreros creyeron firmemente que saldrían victoriosos, combatieron
con una intrepidez tan extraordinaria que ganaron la batalla rápidamente.
Después de la victoria, el ayudante del general le dijo:
-Nadie puede cambiar el destino. Esta victoria inesperada
es una prueba.
-¿Quién sabe? - respondió el general, al mismo tiempo que
le enseñaba una moneda... trucada, que tenía cara en ambos lados.
Las puertas del paraíso
Un samurai se presentó delante del Maestro Zen Hakuin y
le preguntó:
-¿Existen realmente el infierno y el paraíso?
-¿Quién eres tú? - Preguntó el Maestro.
-Soy el samurai...
-¡Tú, un guerrero! - Exclamó Hakuin. Pero mírate bien
¿qué señor va a querer tenerte a su servicio. Pareces un
mendigo.
La cólera se apoderó del samurai. Aferró su sable y lo desenvainó.
Hakuin continuó:
-¡Ha, incluso tienes un sable! - Pero seguramente eres muy
torpe para cortarme la cabeza.
Fuera de sí, el samurai levantó su sable dispuesto a golpear
al maestro. En ese momento éste dijo:
-Aquí se abren las puertas del infierno.
Sorprendido por la seguridad tranquila del Monje, el samurai
envainó el sable y se inclinó respetuosamente.
-¡Aquí se abren las puertas del paraíso!
Ansioso por conocer la madera de sándalo
Muchas veces el aspirante procede respecto a la verdad tan
ignorantemente como el hombre de esta historia.
No conocía la madera de sándalo, pero había escuchado mucho
sobre sus excelencias. Nació así en él un fuerte deseo por conocer esa clase
de madera tan ponderada y entonces decidió escribir a sus mejores amigos para
pedirles un pedazo de esa clase de madera.
De ese modo, escribió numerosas cartas a sus amigos y en
todas ellas hacia la misma petición: <Por favor, enviadme madera de sándalo>
Y un día, de repente, descubrió que el lápiz con el que
llevaba meses escribiendo aquellas cartas eran precisamente de la olorosa
madera de sándalo.
El ser humano busca la felicidad fuera de él, cuando la
verdadera y estable felicidad se halla en su interior.
Pide lo que ya tiene, busca lo que nunca perdió.