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Brisas y brasas de La Habana

Juan O
¿Que les cuente algo, así rapidito, de la ciudad en ruinas? ¿Qué efecto produce escapar de París, navidades, nieve y luz, y aterrizar de buenas a primeras en la pista del José Martí, en el aire el pasmo del eterno verano? ¿Se asustan las neuronas? ¿Se llora? ¿Hay magia en todo esto? ¿Reencuentro con las raíces? ¿Euforia o pataleta?

Pues no sé. Y cuento en torbellino y sin frenos…

Que ya ni dolor me causa el desastre de los barrios muertos y esa proliferación mezquina de plástico, plagado de la mulatería vernácula teñida de rubio pajizo, gritos, Ricky Martin, vulgaridad ad libitum. Por lo menos, frente a tanta bobería... el mar.

No oso decir toujours recommencée porque imagino que el nuestro está feneciendo más bien, agotado por la mucha banalidad que se ve forzado a lavar, día tras día, ola tras ola, desde siempre.

Ciudad igual de intolerante a pesar de las modas pretendiendo hacer creer que los cubanos, como por arte de magia, ya perdieron esa ancestral fobia al negro, a la loca -de carroza, de argolla o de lo que sea-, a la lesbiana, a los bobos, epilépticos y seropositivos, en fin, a cuanto bicho humano no se exhiba en buen macho cubanote ricote gozador y, como diría un gracioso majá en algún dibujo animado de la niñez, arrebatadorrrrrr.

Ahora la gran moda, estoy segura que lo saben, es la campaña contra el mosquito. Sí, de nuevo el Aedes. Fumigaciones cada semana por los dignos representantes del Blas Roca (pullovitos rojos) seguidos de los trabajadores sociales (pullovitos negros), y por los estudiantes de enfermería (pullovitos verdes), muchos importados de las provincias centrales, aún no orientales.

Inquietante -ven como, cubana al fin, me muerde la intolerancia- verlos al mediodía desbordando las calles del Vedado, ay Vedado cómo te desgracian, vacilando las pepillas y comiendo en los jardines mortecinos del Cochinito. ¿Regresarán a su lugar de origen?

Tuve que imponer un día mi derecho de habanidad y colarme en la fila de un teléfono público porque unos pullovitos amarillos (no sé de dónde provienen estos) querían hablar todos con sus familiares en la provincia.

Caso interesante el de los trabajadores sociales. En realidad estos últimos son los personajillos a quienes la augusta mulatona en la cima de la escalinata les negó tajantemente la entrada en la Colina, no, no, no, porque no aprobaron las pruebas de ingreso a la universidad.

Pues a estos muchachones se les tiende ahora alfombra púrpura y se les ofrece la posibilidad de estudiar nada más y nada menos que Comunicación Social, dentro del proyecto del momento, Universidad para todos, a cambio de convertirse en trabajadores sociales. Aunque más bien parecen ser ellos quienes están más necesitados de ser "trabajados socialmente".

¿Qué es Universidad para todos? Pregúntenle a la orquesta nacional y de todos los momentos, los Van Van, que despidieron el 2001 y ya están matraqueando este nuevo año con una cancioncilla que nos alienta, como cubanos, a decir yes, para que los yumas vean que los cubanos sabemos decir yes (sic), y universidad para todos, yes, dice Mayito, cantor ya un poco ronco y debilitado, uno de los pocos resistiendo a pie juntillas la desbandada que sufre la orquesta en estos últimos tiempos.

Nuestro balletómano impenitente se ha perdido una de las más impresionantes emisiones televisivas de su vida: La de la prima ballerina assoluta impartiendo -o tratando, porque sólo lograba gesticular y repetir la palabra romanticismo- clases de apreciación de la danza los sábados por la mañana por la televisión. También dan clases de francés, inglés y geografía, en las noches tropicales. Patético mas instructivo.

 

El Recodo de Fy3ra ha sido creado por ex alumnos y profesores de la Facultad de Periodismo
de la Universidad de La Habana (Cuba). Las opiniones vertidas en cada artículo corresponden a sus autores.
© El Recodo de Fy3ra. 2002
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