El
pasado es efímero y la historia se repite varias veces.
Me gustaría hablarles de la relación que “un
hombre solo” tiene con la empresa que le ofrece (agradecidos
todos) una beca.
Lo
idílico de la relación comienza cuando una persona
es llamada por una empresa para que realice unas prácticas.
Cansado y aburrido de esperar (ahora solemos hablar de buscar activamente
y gestionar el propio proceso de selección) el puesto de
su vida no tiene más remedio que aceptar cuantas becas les
puedan ofrecer. Un ofrecimiento que es de agradecer, ya que pensar
en contrato es misión imposible.
Beca
becae, pero qué es seto?: La beca, muy puesta de
moda, es la relación no contractual de naturaleza formativa
que se establece entre una persona (no trabajadora) y la empresa.
En la raíz de la beca subyace la palabra formación.
Quiere decir que la naturaleza de la beca no es laboral, sino formativa.
¿Qué significa esto?. Una relación laboral
es la que se establece a través de contrato de trabajo entre
un trabajador que ofrece sus servicios de forma voluntaria y un
empresario o empleador que le retribuye por esos servicios. El trabajador
queda encuadrado dentro del organigrama de la empresa y goza y se
resiente de determinados derechos y deberes.
Sin
embargo, en la relación entre el becario y el empresario
no existe el término “trabajador”, sino alumno
becado, la retribución se ha sustituído por la beca
(especie de piadosa donación) y, el alumno (becario) goza
del asesoramiento de un tutor en la empresa y otro en la Institución
que gestione su beca. A su vez, es imprescindible que haya un plan
de formación específico para el becario previamente
definido por la empresa. Con todos estos new elements se podrá
ofrecer una beca. Al finalizar dicha “formación en
la empresa”, la empresa realizará un informe con las
funciones/tareas que ha realizado con gran éxito el becario.
¡Es
genial este planteamiento!, donde el becario continúa su
formación dentro de una empresa, goza del asesoramiento de
un profesional y recibe una donación por ello. A su vez,
el alumno no se encuadra en el organigrama de la empresa y no tiene
“jefe”, sino tutor (alguien sabe qué es un tutor?).
Sin embargo, como es habitual separar teoría y práctica;
papel y realidad vuelven a contraponerse.
La
beca; chollo para empresas: Lo habitual en estas prácticas
es que las empresas utilicen esta herramienta (la concesión
de una beca no deja de ser una herramienta en beneficio de la persecución
de los objetivos generales y específicos de una organización)
para introducir personal en la empresa, persiguiendo reducir el
coste de selección (el cual redunda en el famoso coste de
rotación); a su vez, recarga al becario con responsabilidades
laborales a un precio de ganga, sin cotizar por ellas a la Seguridad
Social, por lo que reduce igualmente el coste de la masa salarial.
Las empresas caen en numerosas “relaciones laborales encubiertas”.
Ello significa que cubren puestos laborales con becarios.
Entrando
brevemente en aspectos puramente económicos, en un contrato
de trabajo (cada vez más temporales y no indefinidos), el
trabajador es contratado a cambio de un salario o retribución,
en el que se ha de incluir las tasas a la Seguridad Social y el
Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). Gran
parte de la cuota a la Seguridad Social es asumida por la empresa.
Concretamente, en un contrato indefinido, esta cuota de empresa
asciende al 24,6 % sobre la base de cotización del salario
del empleado. La tasa es algo menor para los contratos temporales.
Con ello se pretende cubrir las contingencias comunes (enfermedades,...),
las tasas del FOGASA y Formación Profesional. Sin embargo,
en la donación de una beca, la empresa ofrece una cantidad
fija al mes –no establecida legalmente- sin costes salariales.
El becario es asegurado con un seguro de responsabilidad civil similar
al de los estudiantes universitarios y no cotiza por ello a la Seguridad
Social.
Debo
tener en cuenta que muchas de las becas que ofrecen las empresas
están subvencionadas por fondos públicos y que se
reduce el coste de selección de personal.
El
arte moral: es práctica común olvidarse de
la relación contractual que se establece en el papel. De
hecho, si una relación personal o social, cualquiera que
fuese su índole, se pudiera resumir en un papel tomando formas
de cláusulas, se estaría reduciendo la persona a mero
trabajo. No obstante, el no poder separar las relaciones personales
de las contractuales, sirve de justificación a las empresas
para poder explotar (no he querido utilizar esta palabra hasta ahora)
a sus empleados. Es lo que puede considerarse como un arte moral.
Este arte no sólo es exclusivo de las relaciones entre empresario
y becario, sino que lo es también en las laborales.
En
un principio, mientras la empresa tienta la “compra”
que ha adquirido, se va cargando al becario con tareas simples y
sencillas, una especie de collage. Vale cualquier tipo de informe,
evaluación sencilla, análisis,... Más adelante,
si la compra ha sido buena (quiere decir que el becario responde),
el becario pasa a tomar una serie de responsabilidades. Éstas
se suelen dar de puertas hacia fuera, pues nadie presenta a un compañero
como el becario, sino como el compañero, el responsable del
proyecto, el coordinador del curso,... Tales responsabilidades responden
a una manera de trabajar por objetivos, no reduciéndose su
labor a la mera ejecución de tareas. Una vez tomadas estas
responsabilidades, el vínculo que se va formando poco tiene
que ver con aquel papel que nadie se acuerda si firmó en
su día. La beca sigue siendo la misma, pero la relación
existente no. El becario cobra lo mismo, pero la empresa cubre una
plaza.