Diálogo estratégico con el futuro
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OPINIONES

MACROFUERZAS DEL SIGLO XXI
OPINIONES (III)


Sobre imprevistos, contingencias y catástrofes ©(III.7)

Dice Edgar Morin que los grandes acontecimientos han sido siempre inesperados, imprevistos. Para los hombres de acción --¿los políticos?-- lo imprevisto es sobre todo un problema de insuficiencia de tiempo de respuesta para pensar, planificar o actuar. Por otra parte, lo contingente es la posibilidad (no la probabilidad) del sí o el no. Es decir, es el carácter de toda realidad no necesaria, que es pero que puede o podría no ser. Por último, una catástrofe es un suceso infausto que altera gravemente el orden regular de las cosas, amén de la destrucción y las desgracias personales. En resumen, imprevistos, contingencias y catástrofes, curiosa combinación sobre la que los acontecimientos de estos días del infausto “Prestige” nos invitan a reflexionar.

Sólo en el futuro hay contingencias. El pasado es algo ya dado que no deja margen a la posibilidad. Por eso, todos miramos hacia el futuro –o debemos—haciendo lo posible por tomar decisiones sabias, con la mirada atenta hacia las amenazantes incertidumbres. Como si todo no dependiera, por supuesto, de todo lo demás ¿Cómo elegir el camino a seguir?

En el momento de la preparación estratégica del futuro –la estrategia hay que tenerla lista antes y fuera del campo de batalla-- es necesario introducir elementos de flexibilidad. Pero ¿cuánta flexibilidad? ¿Todas las contingencias posibles? No podemos olvidar que cuando empleamos flexibilidad lo hacemos a expensas de la optimización del empleo de los recursos. Y sabemos muy bien que los recursos son limitados y susceptibles de uso alternativo. Es decir, mientras más recursos se asignan a la flexibilidad más perjudicado queda el viejo principio esencial de la concentración de fuerzas. Todo el mundo entiende aquello de “el que mucho abarca poco aprieta”. En resumen, nadie puede pagarse la flexibilidad total. Por eso triunfan algunos estrategas en determinados momentos –no siempre--. Frente a la flexibilidad total, la estrategia.

Por otra parte es muy frecuente apreciar como se confunden los términos previsión y pronóstico. Mientras el primero tiene que ver con la acción de preparar, aparejar con anticipación, cosas, medios o recursos necesarios para un fin apropiado; el segundo término hace referencia a la acción de conjeturar, enjuiciar o interpretar datos, señales o indicios. Es decir, el pronóstico marcaría el fin, frente al que habría que tomar medidas previsoras –asignar recursos--. Lo que nos lleva a la presupuestación para contingencias. Pero ¿dónde están los recursos movilizables? Miramos a nuestro alrededor y vemos recursos con condicionantes temporales, recursos no disponibles porque ya están asignados y, finalmente, recursos disponibles sin condicionantes –los menos--. Claro que también podemos “desvestir a un santo para vestir a otro”, dejando al descubierto otras vulnerabilidades....—típico comportamiento de los tácticos--.

En cuanto a la anticipación de acontecimientos futuros –lo inexistente-- no podría ser de otra manera que a base de conjeturar. Es decir, formándonos una opinión o juicio basándonos en indicios o datos incompletos. Rousseau decía que “es una previsión muy necesaria comprender que no es posible prevenirlo todo". Y Dwight W. Morrow: “si un partido político se atribuye el mérito de la lluvia, no es de extrañarse de que sus adversarios le hagan culpable de la sequía”.

La cultura estratégica nos enseña el modo de pensar el futuro que nos conviene. Pero como método resulta una dialéctica con el futuro, extremadamente sutil. Es una montaña de valoraciones conjeturales, de hipótesis y de apreciaciones basadas en intuiciones complejas, entre las que destaca un factor importantísimo: la incertidumbre.

Al final se llega a la conclusión de que no se trata tanto de disponer de profecías, como de atención y agilidad. Prigogine dice: “La ignorancia no es la única fuente de sorpresas. Existen sistemas dinámicos tales que ningún conocimiento finito de las condiciones iniciales permite prever el resultado del juego”. Por eso, no parece razonable pretender la profetización de simples sucesos. Estos son a menudo contingentes, e incluso irracionales. Como tampoco pueden predecirse lo que los historiadores llaman puntos de inflexión en las vidas de hombres y naciones. Todo depende de todo lo demás. La pretensión de predecir no es, por consiguiente, un ejercicio sobre profetización. Constituye, por el contrario, un intento de determinar las condiciones de elección. Como han demostrado los proponentes de la teoría del caos, el mundo natural es ya lo bastante imprevisible, incluso sin caídas de meteoros, para que la labor de predicción exacta sea claramente imposible. Hace mucho tiempo que C.S. Peirce dijo que “El azar se derrama sobre todos los ámbitos de sentido: es de todas las cosas la más prominente”.

¿Hasta qué punto nos sirve la experiencia del pasado? Lo factual, lo fáctico es lo relativo a lo hechos. Nos remite a un dato o hecho de la experiencia o a un enunciado del que se conocen condiciones de verdad. De aquí que los contrafactuales sean la consideración de hechos, circunstancias o causas también plausibles del tipo: “qué pasaría si...”, a partir de cualquiera de las cuales se crea un camino de futuro alternativo o se construye un pasado distinto del ocurrido (factual), con el propósito de apreder a crear pensamiento alternativo de futuros posibles. El término contrafactual fue divulgado por Niall Ferguson en la introducción de su libro “Hacia una teoría caótica del pasado”. Según este autor los contrafactuales son elementos utilizados para la reconstrucción del pasado. En la literatura podemos encontrar muchos libros que ensayan contrafactuales. Por ejemplo, “Si Napoleón hubiera ganado la batalla de Waterloo” (J.M. Trevelyan); “Si hubieran vencido los moros en España” (Philips Guadalla); “Si Booth hubiera fallado el disparo a Lincoln” (Milton Waldman); si el Prestige hubiese entrado en el puerto de La Coruña –en estos días se han escrito varias versiones sobre este posible hecho--.En realidad son “clarividencias” a toro pasado, donde en cada caso el argumento se basa en lo que sabemos –en este caso todavía sabemos muy poco-- sobre las consecuencias de lo ocurrido, más que sobre opciones y datos realmente al alcance de los protagonistas en su momento.

Una experiencia muy interesante, anterior a los contrafactuales de Ferguson fue la dirigida por Uriel Rosenthal (University of Leyden) y Bert Pijnenburg (Erasmus University, Rotterdam), editado en 1991 por Kluwer Academic Publishers, Dordrecht (The Netherlands), bajo el título Crisis Decision Making: Simulation Oriented Scenarios. Con la técnica de los escenarios reconstructivos analizan los "contrafactuales" de diferentes crisis: el desastre de Chernobyl en 1986; el hundimiento del ferry Zeebrugge en 1987; las riadas sucesivas durante cinco años en Amsterdam (1980-1985); los desordenes callejeros del distrito de Brixton en Londres en 1981 y finalmente la destrucción del Challenger, que significó un desastre para la NASA en 1986. Estos estudios han representado una importante contribución a la búsqueda de nuevos métodos para la creación de pensamiento alternativo plausible, de gran utilidad para las autoridades de protección civil, que aprovechan dicho aprendizaje para dictar medidas preventivas de futuras calamidades públicas. “¿Nunca mais?”
Diciembre de 2002
Francisco J. Manso Coronado. Carta al director de ABC no publicada - 14/12/02

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