¿Para que sirven las encuestas? Una encuesta
es una pesquisa, un acopio de datos obtenidos mediante consulta, referente
a estados de opinión. Sin embargo, da la impresión de
que se han transformado --¿o deformado?-- hasta el punto de convertirse
en superstición.
Los movimientos electorales o los estados de opinión
hoy son más dinámicos. Contando con la influencia que
de hecho hoy tienen los medios de comunicación como fuerzas conductoras,
palían, cuando no anulan, la formación política,
especialmente en aquellos casos en los que las ideologías pierden
entidad. Por esta razón, algunos expertos proponen una revisión
de los modelos al uso, ya que el voto de los ciudadanos, en las democracias
occidentales, antes muy determinado por el pasado, su profesión,
residencia o clase social, hacía posible “controlar”
la profecía. Ahora, el voto es más libre, más móvil
y más impredecible, viendo en ello, según algunos, el
desmantelamiento de los viejos instrumentos de la política de
masas. Lo que hace pensar que es un error no darse cuenta que
las encuestas son un género muy expuesto a factores de indeterminación
distintos de los técnico-estadísticos dominantes,
al parecer, en las instituciones dedicadas a este menester.
PREGUNTAS A PROPÓSITO
Ante esta situación surgen una serie de preguntas
a propósito del papel que cabe asignarle a las encuestas: ¿Acaso
su función es la de hacer vaticinios? ¿Están en
condiciones de acertar? ¿Es correcto esperar que las encuestas
sean precisas y fiables? ¿Son las encuestas electorales
un subgénero con intenciones descriptivas y predictivas?
El caso es que los explicaciones o justificaciones manifestadas por
los involucrados en el fracaso de las encuestas reflejan, con sorpresa,
una cierta involución frente a la cultura hoy asumida en amplios
sectores de las ciencias sociales, incluso en el campo de la dirección
de empresas o management, ámbito desde el que me manifiesto como
observador.
Los problemas que hoy plantea nuestro mundo no admiten
el análisis tradicional. Resulta imposible descubrir el camino
que nos lleve a encontrar la certeza frente a una decisión con
incertidumbres. Estamos ante un profundo dilema. ¿Como podemos
establecer un equilibrio entre predicción y la parálisis
que nos producen las incertidumbres ante la decisión? No sirve
jugar de adivinos en un entorno que cada vez es más turbulento.
Por eso, en estos tiempos, predecir con los esquemas tradicionales,
es un ejercicio cada vez más frustrante. Porque las posibilidades
de no acertar son mayores que las contrarias.
ESCENARIOS MÚLTIPLES
Desde los años 70 y definitivamente desde los
80, en lo referente a predicción, hablamos más de escenarios
múltiples, del cross impact, de la teoría de la catástrofe,
del system dynamic, del análisis del proceso jerárquico,
etc. Asumiendo esta realidad, los sistemas de dirección están
evolucionando hacia la comprensión de que el progreso depende
de saber crear y desarrollar procesos que protejan contra las contingencias.
No se trata de aplicar simplemente la regla de tres, como un reflejo
mecánico de fórmulas o procedimientos matemáticos
aprendidos. Se trata de buscar puntos intermedios entre el conductivismo
de algunas técnicas y otros recursos más de acuerdo con
la realidad presente. Los sujetos de hoy, sometidos a un bombardeo
contínuo de información, bajo muy diferentes formas --entre
otras las encuestas-- se convierten en sujetos complejos. Es decir,
piensan, perciben y actúan desde su memoria “on line”,
lo que significa un conjunto de posibilidades. Esto es debido a que
hoy la psicología considera a la memoria como un estado del sujeto
y no como un almacén cerrado y pasivo.
Las encuestas, cuando se llevan a cabo con
la frecuencia y la difusión con que últimamente se producen,
habría que considerarlas como variables que afectan y son afectadas
directamente a corto plazo, interactuando en sucesivas retroalimentaciones.
Removiliza a los movilizados y provoca nuevas movilizaciones.
Una encuesta puede que sea una verdad en un
momento dado, pero deja de serlo mientras se difunde. Es decir, nos
encontramos ante la ciencia de las fuerzas en interacción,
siendo completamente indiferente que la naturaleza de dichas fuerzas
sea psíquica, biológica o física. La densa red
de medios de comunicación está produciendo no solo el
anunciado fenómeno de la aldea global, sino que al integrar a
los individuos en torno a colectivos concernidos, los transforma en
seres humanos complejos. La psicología de los colectivos concernidos
está reconocida, hace años, como la propia de sistemas
sociales complejos y dinámicos.
EVOLUCIÓN DEL CONOCIMIENTO
Todo esto es el reflejo de la evolución
del conocimiento desde una psicología del individuo, hasta una
psicología orientada a los sistemas complejos. El error ha estado
en no medir las posibles consecuencias de cada nuevo estado de opinión.
Quizá ha habido demasiado cálculo de probabilidades y
poco enfoque de elaboración de escenarios de futuros posibles.
Probablemente tengan razón los que dicen que este tipo de trabajos
son frívolos, en la medida que no dejan abierta ninguna puerta
a la duda. Como sabemos por la mitología, además del santuario
de Delfos existían, en Grecia,
otros oráculos a los que se podía también consultar.
El sofista Luciano se burló de está multiplicidad
de oráculos: “Apolo, gracias a la profesión
complicada que ha escogido, tiene casi rasgados los oídos por
la multitud de importunos que acuden a pedirle oráculos”.
¿Acaso se avecina la sustitución de los institutos de
sondeo de opinión por brujos y visionarios? O acaso sea, como
siempre, el reflejo del miedo a lo desconocido o a la libertad Me gustaría
pensar que cuando los individuos desmienten las predicciones basadas
en encuestas, en aprecio de su libertad, están dando pruebas
de su soberanía.
Francisco J. Manso Coronado,
abril 2003
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