| Diálogo estratégico con el futuro | |||||||
|
| ESTRATEGAS BIOGRAFÍAS DE ESTRATEGAS (IV) Velázquez, Diego Rodríguez de Silva
Efectivamente, se trata de famoso pintor sevillano que todos conocemos y al que ahora tendremos que añadir otra profesión, ejercida con no menos talento que la otra de pintor que le dio tanta fama: logístico. Incorporar a Velázquez, conocido como uno de los grandes pintores consagrados, en un Diccionario de estrategia empresarial constituye una verdadera novedad. Recientemente ha aparecido un libro que nos descubre un Velázquez inédito, gracias al importante trabajo de investigación llevado a cabo por Javier Cordero y Ricardo J. Hernández. La sorpresa comienza con el título del libro: Velázquez un logístico en la corte de Felipe IV, (editorial Díaz de Santos, Madrid 2000). Evidentemente, presentar al pintor Velázquez como logístico resulta cuando menos chocante, especialmente sí, como corresponde, situamos al personaje en pleno siglo XVII. La conclusión a la que llegan los citados autores de esta interesante obra es que la logística tiene una importante deuda con Velázquez aposentador (logístico), profesión que desarrolló con tanto empeño y maestría. Dice Antonio Ballesteros, presidente del Centro Español de Logística, en la presentación del citado libro: “Tras el bordado telón de sus afamadas pinturas, [Velázquez] aparece un esforzado profesional, un directivo con un fascinante curriculum, en el que se hallan suficiente número de elementos o facetas –a modo de organización matricial-- para que muchos nos sintamos identificados con él” Sevilla, donde nace Velázquez en el año 1599, fue durante algún tiempo, además de capital del imperio español, su centro logístico. En ese entorno, Velázquez debió heredar muchas de las habilidades que luego le fueron tan útiles en la corte de Madrid. Durante ese periodo, Sevilla fue un gigantesco parque logístico receptor-distribuidor de todo tipo de productos: azucar, perlas, tabaco, plata, oro. El joven Diego tuvo ocasión de ver y vivir el trasiego y organización de los muelles fluviales del Guadalquivir. Velázquez se traslada a Madrid en 1622 cuando aún no había cumplido los veintitrés años, con la ayuda de su suegro Pacheco y del conde-duque de Olivares. Repercusión de la profesión de aposentador (logístico) en la vida de Velázquez Velázquez, de origen humilde, alcanzó la hidalguía y el título de Caballero de la Orden de Santiago, no tanto por su actividad como pintor de la corte, como por esta otra profesión que tanto nos sorprende de aposentador o logístico de palacio. Esta desconocida faceta de Velázquez esta corroborada por centenares de documentos, que figuran recogidos en el libro que venimos comentando, especialmente correspondientes al periodo de tiempo que va desde 1652 a 1660. Documentos que reflejan aspectos contables, presupuestarios y de pagaduría. Estos documentos demuestran que sus ocupaciones diarias en la corte sólo le permitían dedicarse a los pinceles en momentos muy determinados de horas libres. Resulta sorprendente que después de más de cuatro siglos transcurridos desde el nacimiento del pintor de cámara del penúltimo de los Austrias, descubramos unas capacidades extraordinarias e inesperadas en Velázquez. Pero el hecho es que el cargo de aposentador o logístico fue el que, en realidad, determinó su brillante carrera en la Corte, propiciando que Don Diego se dedicara a la pintura por puro placer, especialmente en la última etapa de su vida, que es cuando se producen sus mejores obras pictóricas. Precisamente, su profesión de aposentador le proporcionaba unos ingresos muy superiores a los que le asignaban como pintor de la corte, que según se desprende de la investigación, no eran superiores a las de un barbero de la Corte. En definitiva, el importante estatus que llegó alcanzar Velázquez en la corte de Felipe IV se debió a desempeños profesionales al margen de la pintura, como reconocimiento a su talento y creatividad en el desempeño de sus tareas palaciegas de aposentador durante más de treinta años que pasó en la corte de Madrid, desde que llegó en 1623.
No es necesario insistir sobre la importancia de la logística en esta entrada dedicada a Velázquez. El Diccionario enciclopédico de estrategia empresarial así lo reconoce dedicándole una entrada específica, a la que dirigimos al lector para una mejor comprensión de lo que significa la desconocida, hasta ahora, profesión de Velázquez como aposentador mayor de la Corte. La aportación del libro citado más arriba, nos describe, con minuciosidad, entre otras cosas, los quehaceres del Velázquez aposentador, que hace clara la definición de la logística como el arte de abaratar los costes. Para ello Velázquez reunía unas cualidades innatas para el puesto: una preparación multidisciplinar, como diriamos ahora. La logística en manos de Velázquez se manifiesta como una herramienta que utiliza con mano hábil y trabajo concienzudo, que conseguía que cada cosa estuviera en el lugar oportuno y en el momento oportuno. Según se demuestra en la investigación citada, Velázquez, para poder ejercer en este puesto tenía que llevar a cabo las funciones directivas que ahora reconoceríamos como de una auténtica dirección general en una empresa. Los documentos utilizados para la investigación por Javier Cordero y Ricardo J. Hernández presentan una catarata de datos que para Velázquez resultaban esenciales. Entre estos documentos figuraban las cédulas de aranceles de precios. Estos documentos fijaban un precio máximo para cada mercadería, materia prima, producto elaborado o servicio, salarios, jornales o alquileres de medios de transporte de personal o mercancías alrededor de la corte española. El Velázquez aposentador o logístico que nos interesa, debió realizar muy frecuentes presupuestos antes de ordenar los correspondientes acopios de personal, materiales, transportes en los desplazamientos de los reyes o en la organización de actos públicos presididos por éllos, desde las corridas de toros en la Plaza Mayor de Madrid hasta ceremonias pseudo-inquisitoriales como los autos de fe. La compleja administración de la corte española del siglo XVII, necesitó de un buen número de auténticos profesionales que llevaran la organización burocrática estatal, iniciada por el Emperador Carlos V y luego impulsara, de manera importante, el conde-duque de Olivares, con quien colaboró Velázquez. Resulta sorprendente la pulcritud con que trataban los asuntos de gestión en la corte de los Austrias: control presupuestario, auditoría contable, aprobación de gastos y proyectos, planificación de frecuentes operaciones logísticas, para satisfacer las cada vez más exigentes necesidades de los servicios públicos. El cargo de aposentador se define como el que prepara las posadas a la compañía del Rey. Se encargaba de buscar alojamiento al séquito de los soberanos o a los funcionarios públicos durante sus traslados. La calidad del puesto se pone de manifiesto no sólo por las responsabilidades que le corresponden, sino por el sueldo y las ventajas recibidas en especie. Un órgano importante de la responsabilidad de Velázquez lo constituía la llamada Junta de Aposento. Este órgano era una especie de tribunal formado por otros aposentadores, un fiscal, un secretario, dos contadores con asiento en el tribunal, un agente fiscal, un oficial de secretaría, un procurador, un portero, un alguacil y un escribano. La Junta se reunía en la casa del aposentador mayor tres días a la semana, los lunes miércoles y viernes por la tarde, durante dos horas, y su función consistía en conservar, administrar y distribuir la Regalía de Aposento, es decir las múltiples propiedades inmobiliarias de la Corona. La renta de todo este patrimonio alcanzaba importantes cantidades cada año. Sería como administrar una importante organización financiera de nuestros días. Sus tareas incluían, asimismo, la supervisión de la limpieza llevada a cabo por los barrenderos en todo el palacio, sus patios y escaleras; la responsabilidad sobre el estado y cantidad de todo el mobiliario de madera de los aposentos reales; la logística protocolaria del trono o silla en la que había de sentarse el Rey; la organización formal de la audiencia cotidiana del mayordomo mayor; tener a su cargo la bujería de cámara, su cuidado y reparación; comprar, hacer acopio, almacenar, controlar el gasto y la oportuna reposición de leña y carbón, etc. Por ejemplo, en le caso de un desplazamiento real, Velázquez tendría que ocuparse de planificar: la ruta a seguir, las etapas a cubrir en cada jornada, los medios de transporte necesarios para mover los enseres que precisaba la más alta dignidad del reino en cualquier lugar al que acudiese, los enseres y mobiliario para comidas o cenas, vajillas, cuberterías, ropa de cama y mesa, adornos, tapices y objetos de decoración, contenedores para transportar alimentos, agua o vino, transporte de leña, retretes y la supervisión previa de los alojamientos reales y su aislamiento. Una de las últimas actividades profesionales como aposentador, seguramente la más importante desde el punto de vista histórico y profesional, fue la organización del encuentro de los reyes de España y Francia para la firma de La Paz de los Pirineos. Este acto se llevó a cabo en julio de 1660 en la Isla de Los Faisanes, en el río Bidasoa, cerca de Fuenterrabía. Uno de los contenidos de este acuerdo fue el tratado de capitulación matrimonial de la hija de Felipe IV, María Teresa, con Luis XIV de Francia. La preparación logística de este encuentro significaba conducir, desde Madrid hasta Fuenterrabía, a un séquito constituido por la totalidad de los altos dignatarios de la corte del rey de España. A grandes rasgos, Velázquez debió ocuparse de la planificación, organización y control de los aposentos reales en cada plaza del recorrido que hiciera la corte, la selección del personal que debía viajar hasta Fuenterrabía, equipamiento, transporte de personas y materiales, acopio de enseres y mobiliario, muchos de éllos fabricados especialmente para esta ocasión, trazado de rutas de ida y retorno desde Madrid a Fuenterrabía, elección de las localidades por las que debía pasar el monarca, en qué ciudades almorzaría y en cuáles pernoctaría, preparación de los agasajos protocolarios en cada una de ellas y la construcción y decoración de la parte española del edificio sede de la cumbre hispano francesa en la isla de Los Faisanes, levantada expresamente a tal efecto. Según testimonia la documentación manejada
por Cordero y Hernández, el último cometido
de Velázquez como aposentador resultó de total satisfacción
de Felipe IV, aunque la gran responsabilidad y esfuerzo
que le exigió este importante acto, acabo por empeorar, aún
más, su ya quebrantada salud. Falleció aquel mismo año
de 1660. Tomado del Diccionario Enciclopédico
de estrategia empresarial. Francisco J. Manso. Edit Díaz
de Santos, Madrid. |