| DON
PASCASIO ROMERO
Un don Pascasio Romero, que gran caudal heredó, a esta capital llegó, a disfrutar su dinero. Allá, en estilo ranchero concibió el extraño plan de buscar, con mucho afán, una mujer que quería, con reglas de albeitería entre las hijas de Adán.
A todas cuantas miraba les fijaba la atención, les hacía su aplicación y mil defectos hallaba. Esa, muy triste exclamaba, mirando una linda güera, hará pedazos la anquera. Es mal pelo ese dorado, ninguna se me ha logrado y menos siendo llanera.
Aquella otra azafranada, por alazana es preciosa, pero arisca y cosquillosa y con siniestra mirada. Anda tan encapotada, todo el paso trastocando que, falsamente pisando y asentando la ranilla, a cada tranco trastabilla y ya se está enballestando.
La rubia sí que es hermosa, parece de buena alzada; pero anda muy despapada y una mondinga horrorosa. La otra sin duda es más briosa; trota sobre la cadera. ¡Ah caramba! Es estrellera y además gorbeteadora, por fuerza tropezadora y de pésima carrera. De buena estampa es la blanca, bien amarrada y de rollo, pero tiene anca de pollo media cazcorva y lunanca; y aunque es todavía potranca ya está con la cuenca hundida, la crin y cola crecida, siempre estará puerca y sucia; no quiero tordilla rucia que es de lejos conocida.
Me gusta la morenita según y como orejea, mas de todo pajarea, se acochina y encabrita. No importa que sea mansita ni que esté bien arrerndada, si a cada momento armada se agarrota y amartilla; no sirve para la silla, es penca y no vale nada.
Me arrancho con la trigueña tiene empaque de ligera, mas dicen que es carretera y sobre todo mesteña; es de pezuña pequeña por estar gafa y despeada, de los encuentros venteada por ser muy fogoza, loca y de mal gobierno, peor boca y además, encanijada.
¡Caramba!, exclamó enojado, mirando tanta lacrada, ¿Qué no habrá una en la manada según y como he pensado? en vano tanto ganado que consume las pasturas. ¡Lástima de composturas para aparecer graciosas, si son charchinas roñosas y de tan mala andadura! En fin, tanto me empeñaba en buscar y rebuscar, que al cabo llegué a encontrar lo que yo tanto deseaba. En el zócalo me hallaba distraído y aburrido, cuando el crujir de un vestido me causó tal atención, que me brincó el corazón y hasta solté un relinchido.
Pues pasó muy majestuosa por enfrente de mi banca, una muy linda potranca con una cara de rosa; chulísima, muy garbosa, me echó un vistazo al soslayo y yo cual baboso payo allí me quedé estancado, sorprendido, aparejado, cual si me cayera un rayo.
Al punto, sin dilación, me la seguí pastoreando y a la vez que iba pensando miré con satisfacción: lindos ojos de venado, color limpio, apiñonado, con siete cuartas de alzada, boca y rienda delicada y un camperito asentado.
Cabeza bien presentada, chica oreja y ancha frente, modo de ver, ¡imponente!, testera enjuta y labrada, con cuello torcaz y espada, encuentro preponderante, corta carona y cenceña, anca ancha, casquimuleña, y crin y cola abundante. Antes que se escabullera a la cola me pegué, mi pasión le declaré para que al tanto estuviera: le ofrecí cuanto quisiera, buen pesebre, harta cebada, mucho mejor ensillada, cuidada de caballeriza; y con amable sonrisa me dirigió una mirada.
Ella sin hacerme caso, el trotecito apuraba, de vez en cuando orejeaba y más apretaba el paso. Se metió de chiflonazo en un grande abrevadero; sabiendo su comedero siempre le seguí la pista y no la perdí de vista porque soy muy tesonero.
Después de andar de estrellero sufriendo y dando de vueltas, con recados, cartas sueltas, logré entrar a su potrero. Me costó mucho dinero el verme correspondido. Ella sólo había admitido si el cura en formal contrato, nos echaba el garabato y con la coyunda uncido.
No hice más que apechugar y entré al yugo resignado, mi fierro le fue plantado y ya no hubo que esperar. Mas ¡cuál sería mi pesar al verla desensillada! Toda estaba embadurnada con muchísima maestría: el pecho y anca tenía con mil trapos figurada.
Tres dientes tenía postizos y la que pensé potrilla, era una yegua de trilla y de colmillos macizos. Por supuesto sus hechizos, con un desengaño tal, fueron a dar al corral y yo me quedé abismado por guaje y por animal.
Era baya deslavada, tenía el lomo con uñeras, empinadas las caderas y con la anca derribada; lupia, esparaván, tusada y por no alargarles el cuento, un pellejo ceniciento picado de garrapata; un gabarro en cada pata y apestando toda a ungüento.
No he visto otra más mañosa entre todas las manadas: rompía el estribo a patadas y era de hocico asquerosa; respingona, melindrosa, con los asientos quebrados, los ijares barbechados, de muermo siempre amagada, matalota rematada, penquísima en todos grados.
Ensillada y enfrenada en vano la proponía, por otra al pelo no había quien me hiciera la cambiada. ¡Qué más, que ni regalada me la quiso un alfarero! Menos un carretonero y costándome tanto oro, se la dejé a mi vaquero por ver si la mata un toro.
Al verla las forliponas tan anchas y encopetadas todas con caras pintadas y las gualdrapas amponas, rabiosas y respingonas y falsedad presumiendo, de miedo me estoy muriendo por el chasco que he llevado. Me tiene huído, azorado y sus daños resintiendo.
Por casa las rancheritas lucen lo que Dios ha dado; no hay género almidonado, cojines ni pinturitas, mas yo tonto presumí mejores a las de aquí porque las miré catrinas, ya he visto que son charchinas y sus mañas conocí.
Reniego de mi torpeza y juro a Dios por mi vida, que la yegua más lucida es manca de la cabeza, tanta melena le pesa y estando siempre de anquera, le resulta una cojera, resbalan las herraduras, se lastiman las cinturas y siempre andan mondalera.
Por fin he quedado hoy día ya casado y sin mujer, porque quise obedecer las reglas de albeitería, ¡Maldita la suerte mía! ¡Maldita mi vanidad! ¡Maldita mi ceguedad! Abran los ojos muchachos: Miren bien, no sean tan machos como yo lo fui, la verdad.
Luis G. Inclán
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REGLAS DE ALBEITERIA.- Don Luis emplea esta expresión para indicar que don Pascasio Romero aplicó los criterios veterinarios que se mencionan en sus versos, para definir la mujer que buscaba.
GÜERA.- Rubia
ANQUERA.- Cubierta de cuero o lona a modo de enagüilla que cubre el anca. sirve para amansar, quitar las cosquillas, asentar el paso, etc.
ARISCO.- Dicho de una persona o de un animal: Áspero, intratable.
ENCAPOTADO.- Dicho de un caballo: Bajar la cabeza demasiado, arrimando la boca al pecho.
TRASTOCANDO.- Trastornar, revolver
ASENTAR LA RANILLA: La ranilla está tan baja por desgaste de la muralla que pega en el piso.
TRASTABILLAR.- Dar traspiés o tropezones.
ENBALLESTADO.- caballo vencido de las manos
DESPAPAR.- colocar el caballo la cabeza muy levantada, es decir, elevar el pico
MONDINGA.- aire indeseable parecido al sobrepaso
ESTRELLAR.- caballo que despapa mucho, llevando la cabeza como si fuera viendo las estrellas
GORBETEAR.- defecto que consiste en movimiento repetido de cabeza hacia arriba y hacia abajo con el pico recogido. AMARRADA Y DE ROLLO.- Fuerte y musculosa
ANCA DE POLLO.- con el anca delgada y caída
CASCORVO.- Dicho de una caballería: Que tiene las patas corvas.
LUNANCO.- caballo que tiene una cadera más baja que la otra.
CUENCA HUNDIDA. Cuenca de los ojos hundida por deshidratación o vejez.
QUE ES DE LEJOS CONOCIDA.- Don Luis hace evidente alusión al dicho charro: los tordillos y los pen tontos de lejos se conocen".
PAJARERO.- Caballo espantadizo.
ACOCHINARSE.- Se dice cuando un caballo, agotado por la fatiga, no atiende al castigo que el jinete le aplica.
ARMARSE.- Caballo que tiene la costumbre de negarse al trabajo no obedeciendo la rienda ni las indicaciones del jinete, y que, a pesar de ser fustigado, permanece en el mismo sitio el tiempo que buenamente le viene en gana.
AGARROTARSE.- ponerse tieso, como un garrote.
AMARTILLARSE.- Prepararse para una mala acción.
PENCO.- caballo flojo y poco sentido.
ARRANCHARSE.- Hacer rancho, asentar cabeza.
EMPAQUE.- Aparentar
CARRETERO.- Caballo que tiene la maña de huir arrastrando al que lo tiene del ronzal.
MESTEÑO.- Animal que se ha criado en el monte y que conserva sus características, siendo desconfiado y agreste.
GAFA.- Dicho de una caballería o de un animal vacuno: Despeado por haber andado mucho sin herraduras.
DESPEADO.- Caballo al que se le han estropeado grandemente los cascos por haber caminado mucho sin herraje, sobre piso demasiado duro y pedregoso.
VENTEADO.- Acalambrada, engarrotado, que ha cogido viento fresco después de estar acalorada sudada.
ENCANIJADO.- Enfermo, débil. También se dice como sinónimo de enojado, enfadado.
TANTA LACRADA.- Con muchas lacras, es decir, secuelas de enfermedad, achaques o vicios físicos o morales que marcan a quien los tiene.
CHARCHINA.- Caballería que no vale nada.
PAYO.- Aldeano, campesino ignorante y rudo.
CAMPERITO.- Diminutivo de paso campero.
CUELLO TORCAZ.- Cuello de paloma, arqueado.
ESPADA.- nombre de uno de los remolinos del cuello, considerado de buen agüero.
CORTA CARONA: Corta de lomo (raza árabe) para unos defecto y para otros virtud.
CENCEÑO.- Caballo que por su configuración natural es delgado y enjuto.
CASQUIMULEÑO.- con pezuñas angostas y relativamente largas, como las de las mulas. Esta encascadura es muy buena por su resistencia.
CHIFLONAZO.- Como corriente violenta de viento.
ESTRELLERO.- Andar con la cabeza levantada (viendo las estrellas)
GARABATO.- Rasgo irregular hecho con la pluma, el lápiz, etc. Se refiere a la firma.
COYUNDA.- Rasgo irregular hecho con la pluma, el lápiz, etc. Unión conyugal.
MI FIERRO.- Se refiere a su marca, que en el ganado se hace con hierro al rojo.
YEGUA DE TRILLA.- Yegua vieja e inútil para ser montada. Se usaba para que caminara sobre los cereales y de esta manera extraer la semilla.
GUAJE.- Tonto.
UÑERA.- Término Que se aplica al caballo que presenta sobre la cruz o lomo señales de mataduras que ya han sido curadas. En estas yagas curadas el pelo pierde el pigmento y sale blanco.
ANCA DERRIBADA.- Anca de pollo.
LUPIA.- Pequeño tumor que se forma en las articulaciones de las patas de las caballerías.
ESPARAVÁN.- Tumor en la parte interna e inferior del corvejón de los solípedos, que si llega a endurecerse produce una cojera incurable.
TUSAR.- Cortar el pelo sin estética.
GABARRO.- Enfermedad de las caballerías en la parte lateral y superior del casco, la cual consiste en un tumor inflamatorio, ordinariamente con supuración y abertura fistulosa.
PATEAR EL ESTRIBO.- Maña de algunos caballos que despedazan los estribos a patadas.
ASQUEROSO DE HOCICO.- Que tiene muy mala educación a la rienda.
RESPINGAR.- Dicho de una bestia: Sacudirse y gruñir porque le lastima o molesta algo o le hace cosquillas.
MELINDROSO.- Delicado de gusto, escrupuloso al comer.
TENER ASIENTOS QUEBRADOS.- Lastimado de los asientos (encías).
IJARES BARBECHADOS.- Caballo con los ijares marcados por las espuelas.
MUERMO.- Enfermedad virulenta y contagiosa de las caballerías, caracterizada principalmente por ulceración y flujo de la mucosa nasal e infarto de los ganglios linfáticos próximos. Es transmisible al hombre.
MATALOTE.- Caballo flaco, pesado, sin brío e inservible para los trabajos activos.
A PELO CAMBIAR ALGO.- Cambiar algo sin dar coleada, es decir sin pedir ni dar compensación.
CATRÍN.- Se le decía despectivamente antiguamente en México a los que no eran charros porque bien vestidos y engalanados.
CHARCHINA.- Caballería que no vale nada.
ANQUERA.- Cubierta de cuero o lona a modo de enagüilla que cubre el anca. sirve para amansar, quitar las cosquillas, asentar el paso, etc.
MONDALERA.- Que mondinguéa al andar, que tiene el aire conocido como mondinga.
MONDINGA.- aire indeseable parecido al sobrepaso |