DON PASCASIO ROMERO

 

Un don Pascasio Romero,

que gran caudal heredó,

a esta capital llegó,

a disfrutar su dinero.

Allá, en estilo ranchero

concibió el extraño plan

de buscar, con mucho afán,

una mujer que quería,

con reglas de albeitería

entre las hijas de Adán.

 

A todas cuantas miraba

les fijaba la atención,

les hacía su aplicación

y mil defectos hallaba.

Esa, muy triste exclamaba,

mirando una linda güera,

hará pedazos la anquera.

Es mal pelo ese dorado,

ninguna se me ha logrado

y menos siendo llanera.

 

Aquella otra azafranada,

por alazana es preciosa,

pero arisca y cosquillosa

y con siniestra mirada.

Anda tan encapotada,

todo el paso trastocando

que, falsamente pisando

y asentando la ranilla,

a cada tranco trastabilla

y ya se está enballestando.

 

La rubia sí que es hermosa,

parece de buena alzada;

pero anda muy despapada

y una mondinga horrorosa.

La otra sin duda es más briosa;

trota sobre la cadera.

¡Ah caramba! Es estrellera

y además gorbeteadora,

por fuerza tropezadora

y de pésima carrera.

De buena estampa es la blanca,

bien amarrada y de rollo,

pero tiene anca de pollo

media cazcorva y lunanca;

y aunque es todavía potranca

ya está con la cuenca hundida,

la crin y cola crecida,

siempre estará puerca y sucia;

no quiero tordilla rucia

que es de lejos conocida.

 

Me gusta la morenita

según y como orejea,

mas de todo pajarea,

se acochina y encabrita.

No importa que sea mansita

ni que esté bien arrerndada,

si a cada momento armada

se agarrota y amartilla;

no sirve para la silla,

es penca y no vale nada.

 

Me arrancho con la trigueña

tiene empaque de ligera,

mas dicen que es carretera

y sobre todo mesteña;

es de pezuña pequeña

por estar gafa y despeada,

de los encuentros venteada

por ser muy fogoza,

loca y de mal gobierno,

peor boca y además, encanijada.

 

¡Caramba!, exclamó enojado,

mirando tanta lacrada,

¿Qué no habrá una en la manada

según y como he pensado?

en vano tanto ganado

que consume las pasturas.

¡Lástima de composturas

para aparecer graciosas,

si son charchinas roñosas

y de tan mala andadura!

En fin, tanto me empeñaba

en buscar y rebuscar,

que al cabo llegué a encontrar

lo que yo tanto deseaba.

En el zócalo me hallaba

distraído y aburrido,

cuando el crujir de un vestido

me causó tal atención,

que me brincó el corazón

y hasta solté un relinchido.

 

Pues pasó muy majestuosa

por enfrente de mi banca,

una muy linda potranca

con una cara de rosa;

chulísima, muy garbosa,

me echó un vistazo al soslayo

y yo cual baboso payo

allí me quedé estancado,

sorprendido, aparejado,

cual si me cayera un rayo.

 

Al punto, sin dilación,

me la seguí pastoreando

y a la vez que iba pensando

miré con satisfacción:

lindos ojos de venado,

color limpio, apiñonado,

con siete cuartas de alzada,

boca y rienda delicada

y un camperito asentado.

 

Cabeza bien presentada,

chica oreja y ancha frente,

modo de ver, ¡imponente!,

testera enjuta y labrada,

con cuello torcaz y espada,

encuentro preponderante,

corta carona y cenceña,

anca ancha, casquimuleña,

y crin y cola abundante.

Antes que se escabullera

a la cola me pegué,

mi pasión le declaré

para que al tanto estuviera:

le ofrecí cuanto quisiera,

buen pesebre, harta cebada,

mucho mejor ensillada,

cuidada de caballeriza;

y con amable sonrisa

me dirigió una mirada.

 

Ella sin hacerme caso,

el trotecito apuraba,

de vez en cuando orejeaba

y más apretaba el paso.

Se metió de chiflonazo

en un grande abrevadero;

sabiendo su comedero

siempre le seguí la pista

y no la perdí de vista

porque soy muy tesonero.

 

Después de andar de estrellero

sufriendo y dando de vueltas,

con recados, cartas sueltas,

logré entrar a su potrero.

Me costó mucho dinero

el verme correspondido.

Ella sólo había admitido

si el cura en formal contrato,

nos echaba el garabato

y con la coyunda uncido.

 

No hice más que apechugar

y entré al yugo resignado,

mi fierro le fue plantado

y ya no hubo que esperar.

Mas ¡cuál sería mi pesar

al verla desensillada!

Toda estaba embadurnada

con muchísima maestría:

el pecho y anca tenía

con mil trapos figurada.

 

Tres dientes tenía postizos

y la que pensé potrilla,

era una yegua de trilla

y de colmillos macizos.

Por supuesto sus hechizos,

con un desengaño tal,

fueron a dar al corral

y yo me quedé abismado

por guaje y por animal.

 

Era baya deslavada, 

tenía el lomo con uñeras,

empinadas las caderas

y con la anca derribada;

lupia, esparaván, tusada

y por no alargarles el cuento,

un pellejo ceniciento

picado de garrapata;

un gabarro en cada pata

y apestando toda a ungüento.

 

 

No he visto otra más mañosa

entre todas las manadas:

rompía el estribo a patadas

y era de hocico asquerosa;

respingona, melindrosa,

con los asientos quebrados,

los ijares barbechados,

de muermo siempre amagada,

matalota rematada,

penquísima en todos grados.

 

Ensillada y enfrenada

en vano la proponía,

por otra al pelo no había

quien me hiciera la cambiada.

¡Qué más, que ni regalada

me la quiso un alfarero!

Menos un carretonero

y costándome tanto oro,

se la dejé a mi vaquero

por ver si la mata un toro.

 

Al verla las forliponas

tan anchas y encopetadas

todas con caras pintadas

y las gualdrapas amponas,

rabiosas y respingonas

y falsedad presumiendo,

de miedo me estoy muriendo

por el chasco que he llevado.

Me tiene huído, azorado

y sus daños resintiendo.

 

Por casa las rancheritas 

lucen lo que Dios ha dado;

no hay género almidonado,

cojines ni pinturitas,

mas yo tonto presumí

mejores a las de aquí

porque las miré catrinas,

ya he visto que son charchinas

y sus mañas conocí.

 

Reniego de mi torpeza

y juro a Dios por mi vida,

que la yegua más lucida

es manca de la cabeza,

tanta melena le pesa

y estando siempre de anquera,

le resulta una cojera,

resbalan las herraduras,

se lastiman las cinturas

y siempre andan mondalera.

 

Por fin he quedado hoy día

ya casado y sin mujer,

porque quise obedecer

las reglas de albeitería,

¡Maldita la suerte mía!

¡Maldita mi vanidad!

¡Maldita mi ceguedad!

Abran los ojos muchachos:

Miren bien, no sean tan machos

como yo lo fui, la verdad.

 

Luis G. Inclán

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REGLAS DE ALBEITERIA.- Don Luis emplea esta expresión para indicar que don Pascasio Romero aplicó los criterios veterinarios que se mencionan en sus versos, para definir la mujer que buscaba.

 

 

 

 

 

GÜERA.- Rubia

 

ANQUERA.- Cubierta de cuero o lona a modo de enagüilla que cubre el anca. sirve para amansar, quitar las cosquillas, asentar el paso, etc.

 

ARISCO.- Dicho de una persona o de un animal: Áspero, intratable.

 

ENCAPOTADO.- Dicho de un caballo: Bajar la cabeza demasiado, arrimando la boca al pecho.

 

TRASTOCANDO.- Trastornar, revolver

 

ASENTAR LA RANILLA: La ranilla está tan baja por desgaste de la muralla que pega en el piso.

 

TRASTABILLAR.- Dar traspiés o tropezones.

 

ENBALLESTADO.- caballo vencido de las manos

 

DESPAPAR.- colocar el caballo la cabeza muy levantada, es decir, elevar el pico

 

MONDINGA.- aire indeseable parecido al sobrepaso

 

ESTRELLAR.- caballo que despapa mucho, llevando la cabeza como si fuera viendo las estrellas

 

GORBETEAR.- defecto que consiste en movimiento repetido de cabeza hacia arriba y hacia abajo con el pico recogido.

AMARRADA Y DE ROLLO.- Fuerte y musculosa

 

ANCA DE POLLO.- con el anca delgada y caída

 

CASCORVO.-  Dicho de una caballería: Que tiene las patas corvas.

 

LUNANCO.- caballo que tiene una cadera más baja que la otra.

 

CUENCA HUNDIDA. Cuenca de los ojos hundida por deshidratación o vejez.

 

…QUE ES DE LEJOS CONOCIDA.- Don Luis hace evidente alusión al dicho charro: “los tordillos y los pen… tontos de lejos se conocen".

 

 

 

PAJARERO.- Caballo espantadizo.

 

ACOCHINARSE.- Se dice cuando un caballo, agotado por la fatiga, no atiende al castigo que el jinete le aplica.

 

ARMARSE.- Caballo que tiene la costumbre de negarse al trabajo no obedeciendo la rienda ni las indicaciones del jinete, y que, a pesar de ser fustigado, permanece en el mismo sitio el tiempo que buenamente le viene en gana.

 

AGARROTARSE.- ponerse tieso, como un garrote.

 

AMARTILLARSE.- Prepararse para una mala acción.

 

PENCO.- caballo flojo y poco sentido.

 

ARRANCHARSE.- Hacer rancho, asentar cabeza.

 

EMPAQUE.- Aparentar

 

CARRETERO.- Caballo que tiene la maña de huir arrastrando al que lo tiene del ronzal. 

 

MESTEÑO.- Animal que se ha criado en el monte y que conserva sus características, siendo desconfiado y agreste.

 

GAFA.- Dicho de una caballería o de un animal vacuno: Despeado por haber andado mucho sin herraduras.

 

DESPEADO.- Caballo al que se le han estropeado grandemente los cascos por haber caminado mucho sin herraje, sobre piso demasiado duro y pedregoso.

 

VENTEADO.- Acalambrada, engarrotado, que ha cogido “viento” fresco después de estar acalorada sudada.

 

ENCANIJADO.- Enfermo, débil. También se dice como sinónimo de enojado, enfadado.

 

TANTA LACRADA.- Con muchas lacras, es decir, secuelas de enfermedad, achaques o vicios físicos o morales que marcan a quien los tiene.  

 

CHARCHINA.- Caballería que no vale nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PAYO.- Aldeano, campesino ignorante y rudo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAMPERITO.- Diminutivo de paso campero.

 

 

 

 

 

CUELLO TORCAZ.- Cuello de paloma, arqueado.

 

ESPADA.- nombre de uno de los remolinos del cuello, considerado de buen agüero.

 

CORTA CARONA: Corta de lomo (raza árabe) para unos defecto y para otros virtud.

 

CENCEÑO.- Caballo que por su configuración natural es delgado y enjuto.

 

CASQUIMULEÑO.- con pezuñas angostas y relativamente largas, como las de las mulas. Esta encascadura es muy buena por su resistencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CHIFLONAZO.- Como corriente violenta de viento.

 

 

 

 

 

 

 

 

ESTRELLERO.- Andar con la cabeza levantada (viendo las estrellas)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GARABATO.-   Rasgo irregular hecho con la pluma, el lápiz, etc. Se refiere a la firma.

 

COYUNDA.- Rasgo irregular hecho con la pluma, el lápiz, etc. Unión conyugal.

 

 

 

MI FIERRO.- Se refiere a su marca, que en el ganado se hace con hierro al rojo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

YEGUA DE TRILLA.- Yegua vieja e inútil para ser montada. Se usaba para que caminara sobre los cereales y de esta manera extraer la semilla.

 

 

 

 

 

 

GUAJE.- Tonto.

 

 

UÑERA.- Término Que se aplica al caballo que presenta sobre la cruz o lomo señales de mataduras que ya han sido curadas. En estas yagas curadas el pelo pierde el pigmento y sale blanco.

 

ANCA DERRIBADA.- Anca de pollo.

 

LUPIA.- Pequeño tumor que se forma en las articulaciones de las patas de las caballerías.

 

ESPARAVÁN.- Tumor en la parte interna e inferior del corvejón de los solípedos, que si llega a endurecerse produce una cojera incurable.

 

TUSAR.- Cortar el pelo sin estética.

 

GABARRO.- Enfermedad de las caballerías en la parte lateral y superior del casco, la cual consiste en un tumor inflamatorio, ordinariamente con supuración y abertura fistulosa.

 

PATEAR EL ESTRIBO.- Maña de algunos caballos que despedazan los estribos a patadas.

 

ASQUEROSO DE HOCICO.- Que tiene muy mala educación a la rienda.

 

RESPINGAR.- Dicho de una bestia: Sacudirse y gruñir porque le lastima o molesta algo o le hace cosquillas.

 

MELINDROSO.- Delicado de gusto, escrupuloso al comer.

 

TENER ASIENTOS QUEBRADOS.- Lastimado de los asientos (encías).

 

IJARES BARBECHADOS.- Caballo con los ijares marcados por las espuelas.

 

MUERMO.- Enfermedad virulenta y contagiosa de las caballerías, caracterizada principalmente por ulceración y flujo de la mucosa nasal e infarto de los ganglios linfáticos próximos. Es transmisible al hombre.

 

MATALOTE.- Caballo flaco, pesado, sin brío e inservible para los trabajos activos.

 

A PELO CAMBIAR ALGO.- Cambiar algo sin dar “coleada”, es decir sin pedir ni dar compensación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CATRÍN.- Se le decía despectivamente antiguamente en México a los que no eran charros porque bien vestidos y engalanados.

 

CHARCHINA.- Caballería que no vale nada.

 

 

 

 

 

 

ANQUERA.- Cubierta de cuero o lona a modo de enagüilla que cubre el anca. sirve para amansar, quitar las cosquillas, asentar el paso, etc.

 

 

 

MONDALERA.- Que “mondinguéa” al andar, que tiene el aire conocido como mondinga.

 

MONDINGA.- aire indeseable parecido al sobrepaso