EL SEGUIMIENTO DE JESÚS

Iniciativa: "Yo os he elegido" (Jn 15, 16).


Lo primero lo hemos leído y escuchado en los evangelios: Jesús es quien llama.
Es su novedad, pero también la radicalidad de su invitación.

 

Centralidad de Jesús: "Aprended de mí" (Mt 11, 29).


Jesús se convierte no sólo en el que invita a seguirle sino en modelo del seguidor.
El consagrad@ no sólo seguirá a Jesús sino que, podemos decir, lo imita en su estilo de vida casto, obediente y solidario.

Respuesta en libertad: Zaqueo (Lc 19, 1-10) y el joven rico (Mc 10, 17-22).


El tema no termina con la invitación de Jesús.
Él deja un margen de libertad, como vemos en los evangelios.
Jesús no impone, sino que entra en diálogo con la llamad@ a su seguimiento.
Podemos acogerlo, como Zaqueo, y entonces expresaremos externamente ese quedar cautiv@s por su personalidad; o podemos, aun con tristeza, resistirnos y renunciar, tirar la toalla ante las exigencias que se derivan.


En busca de la felicidad en medio de la dificultad: María (Lc 1, 46-55) y Pablo (Rom 8, 35ss).


Todo puede parecer fácil y muy "romántico", pero no nos podemos engañar.
El seguimiento, cuando se toma con seriedad, en cualquier forma o estilo de vida, es un camino complicado.
Jesús nos llama a estar con Él, a gozar de su compañía (aquí es donde hemos de poner el acento de la vocación a la vida religiosa), pero esto no significa que no vaya acompañado de renuncias, algunas veces dolorosas.
Pero siempre tendremos esa frase tan repetida en los evangelios cuando los discípulos no comprenden o se asustan: "No temáis, soy yo" (= "No temáis, yo estoy", "Yo estaré con vosotros …" siempre).