FRASES HECHAS
Pasar la noche en blanco - Tirar la casa por la ventana - Echarle a uno el muerto -
Las cuentas del Gran Capitán - Pasar una noche toledana - Estar en Babia -
A la tercera va la vencida - ¡Viva la Pepa! - Dársela a uno con queso -
Las paredes oyen - Ser más feo que Picio - La ocasión la pintan calva - Sambenito -
Esto parece el corral de la Pacheca - Poner la mano en el fuego -
A buenas horas, mangas verdes - ¡Vete a la porra! - Poner pies en polvorosa -
La casa de Tócame Roque - El diablo está en Cantillana -
Tonto de capirote - Tener muchos humos -
Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada -
Historias rocambolescas - Echarle a uno los perros -
Quien se fue a Sevilla, perdió su silla - Vérsele el plumero - ¡Apaga y vámonos! -
Mari-Sarmiento, que fue a cagar y se la llevó el viento -
Poner los puntos sobre las íes - No hay tu tía - Morder el polvo - Hacer el primo -
Tomar las de Villadiego - Armarse la Marimorena - Picar muy alto -
Discusión bizantina - Esto es Jauja - En un santiamén - Dejar a uno en la estacada -
Prometer el oro y el moro - Habas contadas - No se ganó Zamora en una hora -
Música celestial - Me lo dijo un pajarito - Salga el sol por Antequera -
Poner en tela de juicio
- Brillar por su ausencia
- Tratar a banquetazos
Cambiar
de chaqueta - Ser un cafre - Tener más cuento que Calleja
-
Caro
como aceite de Aparicio - Armarse la de Dios es Cristo - El
capitán Araña -
El
movimiento se demuestra andando - Descubrir el pastel
- Ver
el cielo abierto -
Irse
de picos pardos - Ser
culo de mal asiento - Ahí le aprieta el zapato -
Pelillos
a la mar - Andar más que la perra de Calahorra - Victoria pírrica
-
Vale
lo que pesa - Tener vista de lince - Mear fuera del
tiesto - Estar a dos velas -
A ojo de buen cubero - Salir a la palestra
Cuando una persona es incapaz de
conciliar el sueño por un dolor, una preocupación u otro motivo, se dice que
ha pasado la noche en blanco. El origen de este modismo está relacionado con la
noche que ritualmente solían pasar sin pegar ojo aquellos que durante el
medievo, querían formar parte de ciertas órdenes de caballería.
Se dice que alguien tira la casa por la
ventana cuando de repente comienza a efectuar gastos superiores a los que
acostumbraba.
La expresión echar el muerto y sus
variantes echar el muerto a casa, a puerta ajena o al vecino, se utilizan comúnmente
para imputar a un tercero la culpa de lo que no ha hecho.
Se trata de una expresión irónica que
se dice de las cuentas donde figuran partidas exorbitantes, o de aquellas que
están hechas de modo arbitrario y sin la debida justificación.
Se dice de la persona que ha pasado la
noche sin poder dormir, a causa de disgustos o molestias. Este modismo proviene,
según el maestro Gonzalo Correas, de que las mozas toledanas del primer tercio
del siglo XVII creían que el primer hombre varón que oyesen a partir de las 12
de la noche del día de San Juan se convertiría en su marido.
Con esta locución proverbial se quiere
dar a entender que a la tercera tentativa se suele alcanzar el fin deseado.
Babia es una apartada comarca leonesa
que linda con Asturias. Regada por un afluente del río Luna, Babia era un lugar
de descanso preferido por los Reyes de León, en la baja Edad Media. Con cierta
frecuencia, el monarca, harto de los asuntos de palacio y las intrigas de los
nobles, empeñados en instaurar un régimen feudal semejante al de Europa
septentrional, se apartaba a este lugar paradisíaco y alejado de los campos de
batalla. Estas ausencias reales motivaban a menudo la inquietud de los vasallos,
a quienes, cuando preguntaban por su señor, se les respondía evasivamente que
el rey estaba en Babia. La expresión se hizo proverbial y pasó a la lengua común
para describir a quien está distraído y ajeno a la realidad.
Con el paso del tiempo, esta expresión
popular ha cambiado de significado. Actualmente se le ha dado un sentido de
desenfado y jolgorio, y se aplica a quienes tienen un carácter despreocupado.
Ya en la Edad Media, La Mancha era
famosa por sus vinos de calidad, y taberneros de toda España se desplazaban
hasta las bodegas manchegas para comprar los barriles de vino. Antes de pagar,
los taberneros tenían la buena costumbre de probar la mercancía.
Esta expresión proverbial nació en
Francia y procede de la persecución contra los hugonotes que culminó con la
matanza de la noche de San Bartolomé, el 24 de agosto de 1572.
Para ponderar la fealdad de alguien se
dice que es más feo que Picio, supuesto personaje a quien de feo que era, le
dieron la unción con caña, por lo asustado que estaba el párroco.
Los romanos adoraban a una diosa
llamada Ocasión, a la que representaban como una mujer bellísima puesta de
puntillas sobre una rueda y con alas en los pies o en la espalda, para indicar
que las cosas buenas pasan rápidamente. Ocasión llevaba la parte delantera de
la cabeza cubierta por una hermosa cabellera, pero estaba totalmente calva por
detrás. De este modo, se daba a entender que una vez que ha pasado la ocasión
es del todo imposible recuperarla o asirla, y que, por consiguiente, no se debe
dudar un instante en aprovechar una oportunidad o coyuntura.
Popularmente, este vocablo se asocia a
la frase proverbial "echarle a uno el sambenito", que se emplea cuando
queremos difamar o desacreditar a alguien.
Esto parece el corral de la Pacheca
La frase, que suele decirse para
indicar un lugar donde reina el barullo y la confusión, alude a uno de los
antiguos teatros de Madrid.
La procedencia de este dicho, que se
utiliza para manifestar el respaldo total a alguien o algo, se remonta a la época
en la que se practicaba el llamado juicio de Dios. También conocida como Ordalía,
ésta era una institución jurídica que dictaminaba, atendiendo a supuestos
mandatos divinos, la inocencia o culpabilidad de una persona o una cosa -un
libro, una obra de arte- acusadas de quebrantar las normas establecidas o
cometer un pecado. Esta costumbre pagana, que fue común entre los germanos y
otros pueblos antiguos, se ejecutaba de formas muy diversas. No obstante, casi
todas consistían en pruebas de fuego.
Durante el mandato de los Reyes Católicos
se crearon los Cuerpos de la Santa Hermandad, tras su aprobación en las Cortes
de Madrigal, en 1476. El cuerpo fue constituido para prestar auxilio en
cualquier tipo de emergencias. Sus miembros vestían un uniforme con coleto
-vestidura de piel que cubre el cuerpo hasta la cintura- y bocamangas de color
verde.
El modismo tiene su origen en el enorme
bastón o porra que llevaba el tambor mayor de los antiguos regimientos. Aún
hoy es posible verla en los desfiles militares en los que participa una banda de
música. Antes, cuando ésta no desfilaba, la porra se dejaba a la puerta de las
dependencias principales, que estaban cercanas a la prevención, el lugar donde
los soldados pasaban el arresto por causas leves. El oficial ordenaba al
castigado lo siguiente: "¡Vaya usarced a la porra, seor soldado!". La
expresión era del todo correcta y usual, pero en la actualidad se emplea para
echar de forma despectiva a alguien de nuestra compañía.
Existen diferentes versiones que
explican el origen de este dicho, que significa huir o escapar con precipitación.
Tócame Roque no fue el nombre de ningún
personaje, como algunos piensan, sino que así se llamaba una casa de vecindad
ubicada en la calle del Barquillo, en Madrid. La vivienda, fea e insalubre, fue
demolida en el año 1850. Este inmueble castizo estaba en boca de todo el mundo
por los mil zipizapes que en él se armaron, pero pasó a la literatura tras ser
inmortalizado por don Ramón de la Cruz (1731-1794) en su sainete La
Petra y la Juana o el buen casero.
La expresión se usa cuando una cosa
sale mal. Su origen es muy controvertido. Algunos autores piensan que nació de
la calificación de diablo que se hubo de dar a alguna persona indeseable que
vivió o estuvo en Cantillana (Sevilla). Para Gonzalo Fernández, autor de Quincuagenas
de la Nobleza, el dicho hace referencia a un capitán bajo las órdenes
de Jofre Tenorio, almirante de Castilla que durante las turbulencias de la minoría
de Alfonso XI recorría las cercanías de Sevilla sembrando el pánico. El capitán
ejercía especialmente sus desafueros en Cantillana, por lo que los arrieros y
caminantes se alejaban del lugar y acostumbraban a decir: "Vámonos por
otra parte, porque el diablo está en Cantillana".
Expresión burlesca que se aplica a la
persona muy necia e incapaz.
Hoy en día, este modismo se utiliza
para designar a las personas que se comportan con altivez, vanidad, presunción
o engreimiento desmesurados. También se emplea como reproche hacia quienes
aparentan un nivel social o económico que en realidad no les corresponde. En
tales casos se suele recurrir a algunas de estas frases: ¡Vaya humos que se
gasta! Y ¡Se le han subido los humos a la cabeza!
Santo Domingo de la Calzada,
El origen de la frase se remonta a la
época de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, hacia el año
1080.
Viene a cuento hablar de este tipo de
historias para catalogar una serie de hechos o circunstancias que resultan
extraordinarios, exagerados o inverosímiles.
El origen de esta expresión es
taurino. Antiguamente, cuando un toro de lidia se mostraba remiso en embestir o
rehuía el capote, se sacaba al ruedo una jauría de perros que estaban
adiestrados para hostigar al animal con ladridos y mordiscos. Si la res acosada
no reaccionaba, finalmente era condenada a la puntilla. De este lance, que el público
solía pedir al grito de "¡perros! ¡perros!", proviene la expresión
"echar los perros". Ésta se emplea como sinónimo del acto de acosar
y hostigar a alguien para sacarle de su pasividad u omisión culpable.
Quien se fue a Sevilla, perdió
Durante el reinado de Enrique IV
(1425-1474), le fue concedido el arzobispado de Santiago de Compostela a un
sobrino del arzobispo de Sevilla, don Alonso de Fonseca. Dado que el reino de
Galicia andaba revuelto, el arzobispo electo pensó que la toma de posesión del
cargo no iba a ser cosa sencilla, por lo que pidió ayuda a su tío. Don Alonso
se desplazó al reino gallego, pero pidió a su sobrino que se ocupara del
arzobispado sevillano durante su ausencia.
Este dicho tan recurrente se usa para
indicar que una persona deja traslucir de forma involuntaria sus verdaderas
intenciones o pensamientos en un asunto.
Mari-Sarmiento,
Nadie sabe quién fue la Mari-Sarmiento
a la que hace referencia este refrán. Hay quien supone que este nombre propio
es un apelativo genérico, como muchos otros: Marimacho, Marisabidilla, Marizápalos...
Para algunos lingüistas, como Julio Cejador, Marisarmiento significó en otros
tiempos mujer delgada, flaca como un sarmiento. Y de ahí procede el refrán
"El
viento de Mari-Sarmiento, que fue a cagar y se la llevó el viento".
Esta exclamación, que se utiliza para
dar por terminada una cosa, tiene su origen en una conseja situada en el pueblo
de Pitres. Hace siglos, dos clérigos de este municipio granadino, aspirantes a
una plaza de capellán, hicieron una apuesta a ver cuál de ellos celebraba la
Santa Misa en el menor tiempo posible.
Poner los puntos sobre las íes
Según el Diccionario
de modismos, de Ramón Caballero, esta expresión significa
"concretar, determinar, acertar, sintetizar, por lo común con daño o
contrariedad para alguno".
Expresión que se emplea para recalcar
que algo carece de solución. Tiene su origen en un ungüento medicinal que en
épocas pasadas se aplicaba como remedio para todos los males, la atutía o tuthía,
vocablos que derivan del árabe altutiyà.
Los caballeros de la Edad Media, cuando
se sentían mortalmente heridos, tomaban un puñado de tierra y lo mordían,
como beso postrero de respeto y despedida a la madre Tierra, que los había
sustentado y que ahora iba a recibirles en su seno. Este ritual dio lugar a la
expresión morder el polvo, que equivale a humillarse, a darse por vencido.
La palabra primo con el significado de
hombre simplón y poco cauto fue recogida por el Diccionario
de la Real Academia en 1852.
Cuando alguien se ausenta de forma
precipitada, generalmente para huir de algún contratiempo o peligro, o abandona
su hogar para no sufrir un daño, se dice que esa persona ha tomado las de
Villadiego.
Frase que se utiliza para comunicar que
se ha organizado una gran pelea o bronca entre varias personas.
Cuenta la rumorología que Juan de
Tasis y Peralta, conde de Villamedina, estaba profundamente enamorado de doña
Isabel de Borbón, esposa del rey Felipe IV.
Este dicho tiene su origen en los
interminables debates que mantenían los griegos del Bajo Imperio sobre el sexo
de los ángeles. La cosa no hubiese trascendido, de no ser porque el debate se
produjo en un momento políticamente delicado. Así es, los turcos estaban a
punto de conquistar Constantinopla y los eruditos de Bizancio, en lugar de dar
prioridad a pensar en cómo defenderse de los enemigos, perdían el tiempo en
discusiones angelicales. Es por ello por lo que la expresión discusión
bizantina se utiliza hoy para ridiculizar las discusiones intrascendentales y
ociosas de las personas que no tienen en cuenta los problemas reales y
acuciantes.
Este dicho se emplea para designar todo
lo que parece o quiere presentarse como modelo de fácil prosperidad y
abundancia.
Equivale a decir en un instante. La
expresión nace de la fusión de las dos últimas palabras latinas que se dicen
al santiguarse: In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.
La estacada era el palenque, liza o
campo de batalla, construido ordinariamente con estacas -de donde viene su
nombre- en que se celebraban los desfiles solemnes, los torneos, justas y demás
competiciones entre caballeros. "De aquí se llamó figuradamente quedar o
quedarse en la estacada a ser vencido en una disputa, o perder en una empresa, y
poner o dejar a uno en la estacada, a matarlo o abandonarlo en un grave peligro
o asunto peligroso", explica Rodríguez Marín en su edición
crítica del Quijote.
Frase irónica que se emplea cuando
alguien ofrece cantidades o ganancias considerables y, por lo común, más
exageradas que positivas.
Cuando algo nos parece tan claro y
evidente que no puede ser de otro modo, se dice que son habas contadas.
La hija de Fernando I, Doña Urraca,
recibió a la muerte de su padre el señorío de Zamora. Su hermano, el rey don
Sancho II de Castilla, llamado el Bravo, deseoso de arrebatarle tan preciada
herencia, sitió la ciudad zamorana. Pero ésta fue bravamente defendida por Doña
Urraca durante 6 meses, hasta que el traidor Vellido Dolfos asesinó por la
espalda a don Sancho, el 6 de octubre de 1072. De esta forma trágica concluyó
el cerco y nació la frase no se ganó Zamora en una hora, que se utiliza para
recomendar paciencia, ya que las empresas grandes y difíciles requieren largo
tiempo.
Antiguamente fue un tema muy debatido
el de la existencia o no de dos clases de música: la instrumental, que todos
conocemos y escuchamos, y la celestial o música de las esferas, inaudible para
los sentidos. Ésta última venía determinada por la velocidad y la distancia
de los astros. Se llegó a afirmar que las 7 notas de la escala musical se
correspondían con 7 planetas del sistema solar, y que la docena de consonancias
o series de acordes tenían su equivalente en los 12 signos del zodíaco.
Las aves siempre han tenido fama de ser
portadoras de malas o buenas noticias. Tanto en la Biblia como en la literatura
clásica abundan alusiones que así lo certifican. Es más, el arte de predecir
el futuro por el vuelo y el canto de las aves por parte de los chamanes es la
muestra antiquísima de una conexión espiritual entre los pájaros y el hombre.
Otro ejemplo más próximo a nosotros está representado por las palomas
mensajeras, que tan valiosos servicios han prestado en las tareas de información.
Todo ello explica la antigüedad de la frase me lo dijo un pajarito, que es
utilizada para encubrir jocosamente el conocimiento de una noticia llegada por vía
confidencial.
Esta frase equivale a decir que uno
muestra una total y absoluta despreocupación por las consecuencias o el
resultado de algo. La expresión completa es: Salga el sol por Antequera y póngase
por donde quiera. Dicen que esta alocución tuvo su origen durante la
reconquista de Granada por los Reyes Católicos. Curiosamente, Antequera está
al oeste de Granada, o sea, al poniente, no al levante, por lo que el sol nunca
podía salir por Antequera. De ahí el sentido irónico de la frase.
En el antiguo Derecho Procesal, poner
en tela de juicios significaba que un caso estaba pendiente de averiguaciones
previas para formar un asunto o resolverlo. En la expresión, la voz latina tela
(plural de telum, que significa empalizada) se usa con el significado de
palestra, lugar cerrado para celebrar en él debates o discusiones. Dicho esto,
la expresión poner en tela de juicio se dice cuando tenemos dudas acerca de la
certeza, legalidad o éxito de una cosa.
El origen de esta expresión irónica,
que se emplea para poner de manifiesto la ausencia de una persona que en
circunstancias lógicas debería estar presente, procede nada menos que de Tácito.
Un cruel castigo militar, que fue
abolido en 1821, consistía en obligar al soldado que había cometido una falta
a que corriese una o más veces, desnudo de cintura para abajo, entre dos filas
de soldados que, al pasar, le golpeaban con las banquetas. Éstas no eran otra
cosa que las varillas de acero o madera con un casquillo de cuero o metal en su
punta que se usaban para cargar los fusiles. En la actualidad, la banqueta se
emplea para limpiar el ánima de las armas de fuego. Además de apalear al
soldado inculpado con este objeto, estaba permitido hacerlo con el portafusil y
las correas de la grupa.
El
origen de este dicho, que significa cambiar de opinión o de partido político,
lo explica el folclorista Luís Montoto en la página 141 de su libro Un
paquete de cartas: "Dice un escritor que el modismo viene de que cada
partido o fracción de guerra, política o religiosa, solía distinguirse por la
casaca, túnica o sobrevesta que llevaban sobre la armadura de malla o hierro.
En las guerras de religión, en Francia, los católicos solían llevar las túnicas
o sobrevestas sembradas de cruces de color rojo, mientras que los calvinistas,
para distinguirse de aquéllos, las usaban blancas y sin cruces. Y como, además,
las túnicas por lo común, estaban forradas de tela de otro color, se valían
de esta circunstancia en ciertos lances y accidentes de guerra, volviendo la
sobrevesta o casaca del revés, según mejor les convenía, hasta salir del
apuro o compromiso en el que se encontraban."
Hay
otra versión que sitúa el origen de este dicho chaquetero en la versátil
conducta del duque de Saboya, Carlos Manuel I (1562-1630). Éste tan pronto se
aliaba con Francia como con España. Y en este ir y venir se ponía su jubón,
blanco de un lado y rojo del otro, cuando abandonaba la causa del primer país
por la del otro.
El
apelativo cafre se aplica a toda persona o situación que encarna lo opuesto a
la civilización y la cultura. En realidad, se llaman cafres a los habitantes de
Cafrería o País de los cafres, grupo de pueblos bantúes que habitaba la región
oriental de África del Sur, en El Cabo y Natal.
La
Cafrería es un nombre de origen árabe con el que los geógrafos de los siglos
XVII y XVIII denominaban a la parte de África situada al sur del ecuador
poblada por infieles (kafir, en árabe), es decir, no musulmanes. La acepción
de la palabra Cafrería se redujo gradualmente, primero a las regiones de lengua
bantú, después a la zona marítima que se extiende a lo largo del océano Índico,
desde la colonia de El Cabo hasta las regiones del Zambeze y, finalmente, a
zonas reducidas de esta región costera. Éstas son la antigua Cafrería británica
o British Kaffaria, anexionada a la colonia de El Cabo en 1863, y la Cafrería
propiamente dicha, que hoy coincide con Transkei.
De
las personas cuya fantasía les lleva a falsear la realidad de forma
intencionada o no, se dice que tienen más cuento que Calleja.
El
origen de esta expresión está en la figura del editor Saturnino Calleja y Fernández
(1855-1915). A la temprana edad de 20 años, este burgalés fundó en Madrid su
editorial, casa que ha publicado gran cantidad de libros de carácter pedagógico
y recreativo. Calleja y Fernández fue conocido sobre todo por su ingente
producción de cuentos. Entre los más conocidos figuran:
Las
tres preguntas, Testigos
con alas,
El
tesoro del Rey de Egipto, El
anillo de Ginés
y Chin-Pirri-Pi-Chin.
Todo
aquello cuyo coste es muy subido de precio o abusivo se dice que es caro como
aceite de Aparicio. El aceite de Aparicio es una preparación medicinal para curar
las llagas y heridas inventada en el siglo XVI por Aparicio de Zubia. El alto
precio de esta pócima no se correlacionaba con el coste real ni la dificultad
para hallar sus ingredientes: aceite de oliva, hipérico, romero, lombrices de
tierra, trementina y resina de enebro, incienso y almáciga en polvo. Quizás la
fórmula permaneció en secreto y fue explotada en exclusiva por el inventor de
este aceite curativo.
De
este modo se expresa el desencadenamiento de un gran escándalo donde todos los
participantes gritan y ninguno se entiende.
La
mayoría de los autores coincide en afirmar que la frase proviene de las
controversias y violentos enfrentamientos surgidos en el transcurso del primer
concilio ecuménico de Nicea, al discutirse la doble naturaleza, humana y
divina, de Jesucristo. Iniciado en el año 325 bajo el pontificado de Silvestre I, el
concilio fue presidido por el obispo de Córdoba, con la presencia del emperador
Constantino. Éste había promovido su celebración para resolver la crisis
desatada dentro de la Iglesia por los defensores del arrianismo. Mientras que
para los católicos el Verbo, Hijo de Dios, es verdaderamente Dios, lo mismo que
el Padre, para el heresiarca griego Arrio el Verbo sólo posee una divinidad
secundaria. Dicho de otro modo, que el Verbo no es realmente Dios eterno,
infinito y todopoderoso.
El
dicho completo dice así: Ser como el capitán Araña, que embarca a la gente y
se queda en tierra. Se utiliza para calificar a la persona que implica a los demás
en un asunto en el que no está dispuesta a participar. El origen de esta frase
hay que buscarlo en la figura del capitán Arana o Aranha, un personaje del
siglo XVIII que recorría el litoral de la península Ibérica con la intención
de reclutar gente con destino a las colonias de América para luchar contra los
insurrectos, sin que él emprendiera viaje alguno hacia el Nuevo Continente.
El movimiento se demuestra
andando
La
mejor manera de demostrar una cosa es hacerla prácticamente, no limitándose a
decirla. La expresión proviene de la obra Vida
de los filósofos ilustres, escrita por el griego Diógenes
Laercio en la primera mitad del siglo III.
Cuenta
este autor, al referirse a la vida del filósofo heleno Diógenes el Cínico,
que como cierto erudito pretendía probarle con silogismos que el movimiento no
existía, Diógenes se levantó y se puso a pasear.
Se
utiliza para expresar que una cosa que se procuraba mantener oculta salía a la
luz. Para
averiguar el origen del dicho, hay que tener en cuenta la definición de pastel:
"masa de harina y manteca en que ordinariamente se envuelve crema o
dulce". Antiguamente, también se llamaba pastel a una empanadilla cuadrada
rellena de carne picada o pistada. Pero no siempre éste era su contenido, ya
que los pasteleros llevaban fama de adulterarlo, según constata Sebastián de
Covarrubias en su obra Tesoro
(1611).
De este modo, descubrir el pastel podía aludir a verificar si éste tenía o no
el relleno esperado. El origen de la expresión también podría ser otro relacionado
con los naipes, ya que el vocablo pastel define "una fullería en el juego
que consiste en barajar y disponer los naipes de modo que se tome el que los
reparte lo principal del juego o se le dé a otro su parcial".
Cuando
se presenta una ocasión propicia para salir de un apuro o alcanzar lo que se
desea, se dice que la persona ha visto el cielo abierto. La expresión, que
también se utiliza en plural -ver los cielos abiertos- proviene del martirio de
san Esteban, que se describe en los Hechos de los Apóstoles. Mientras los
agresores del mártir se empeñaban en imponerle el castigo corporal, san
Esteban, elevando los ojos a las alturas, exclamó: "Veo los cielos
abiertos, y al Hijo del Hombre que está en pie a la diestra de Dios".
En
la Edad Media, la ley obligaba a las mujeres de vida alegre a usar, como
distintivo de su profesión, un jubón -vestidura que cubre hasta la cintura- de
picos pardos. De ahí que originalmente la expresión irse de picos pardos
significara irse con una mujer de la vida. Hoy, sin embargo, el modismo se usa
como sinónimo de diversión y juerga, pero no necesariamente con mujeres de
mala fama.
Cuando
una persona actúa de forma inconsciente, no se sujeta a un trabajo u ocupación
por mucho tiempo, o va de aquí para allá sin rumbo fijo, se dice que tiene un
culo de mal asiento. La expresión alude, no a las posaderas del hombre, sino al culo
de las vasijas, que cuando no es totalmente plano hace que aquéllas bailen.
La
expresión ha sido sacada de un simpático cuento castellano protagonizado por
un cura y un zapatero. Este último, muy apesadumbrado, fue a visitar al párroco
para contarle que quería separarse de su mujer. En un intento de disuadirlo, el
cura comenzó a relatarle las cualidades de su esposa: "Es bella, es buena
cocinera, es una cristiana modelo... " Entonces, el zapatero mostró sus
zapatos al cura, y le dijo: ¿Qué le parece este par? El párroco respondió:
"Me parecen unos hermosos zapatos, hechos con una piel muy buena y parecen
cómodos". Y el artesano replicó: "Así es, padre, pero usted no
puede saber dónde me aprietan". La frase ha quedado para ser utilizada
cuando se descubre el punto débil de una persona, o algo que le molesta o duele
sobremanera. Un dicho muy parecido a éste es yo sé dónde me aprieta el
zapato y proviene de una anécdota que cuenta Plutarco en sus Vidas
Paralelas. El filósofo griego cuenta que un patriarca romano tenía
por esposa a una hermosa y fiel dama, y, sin embargo, la repudio. Los amigos,
que no daban crédito a la decisión del patriarca, reprobaron su postura, pero
él les contestó lo siguiente: "¿Veis mi calzado? ¿Habéis visto otro
mejor trabajo, ni más elegante? Sin embargo, yo sé en dónde me lastima el
pie".
Se
refiere a la reconciliación de dos personas que previamente han dejado de
hablarse por alguna discordia. La expresión aparece en La Iliada a propósito
de la disputa que mantuvieron París y Menelao por la posesión de Helena de
Troya, esposa de este último. Mientras éstos reñían, los griegos y troyanos
se reunieron para hacer las paces. Como señal de amistad, trajeron unos
corderos para ser ofrecidos en sacrificio a los dioses y, como primera
ceremonia, les cortaron unos pelillos que se repartieron entre los príncipes
troyanos y aqueos.
Resulta curioso resaltar que el dicho pelillos a la mar era muy
utilizado por los niños para sellar un pacto o confirmar un trueque. En este
sentido, Rodríguez Marín, en su obra Cantos
populares españoles, cuenta que en Andalucía, los niños,
para sellar las paces, se arrancaban un pelo y, sujetándolo entre los dedos,
decían lo que sigue:
--¿Aónde
ba ese pelo?
--Ar
biento.
--¿Y
er biento?
--A
la má.
--Pos
ya la guerra está acabá.
Andar más que la perra
de Calahorra
Esta
comparanza popular, que se emplea para decir que alguien ha tenido que caminar
durante mucho tiempo para conseguir algo, proviene de un suceso que aconteció
en la capital riojana de Calahorra. Parece ser que hace mucho tiempo cierta
familia calagurritana se trasladó a Logroño dejando abandonada una perra preñada.
El animal parió 7 cachorritos y dicen que tuvo el heroísmo de ir trasladando a
Logroño uno por uno, asidos por la boca. De Calahorra a Logroño hay unos 45
kilómetros en línea recta, lo que quiere decir que la perrita completó unos
585 kilómetros para trasladar las crías hasta el nuevo hogar.
El
éxito que ha supuesto grandes esfuerzos y sacrificios se conoce como victoria pírrica.
La expresión tiene su origen en Pirro II, rey de Epiro (319-273 a. de C.) que
luchó y derrotó a los romanos en diferentes batallas.
La
victoria que dio origen al dicho aconteció en la primavera del año 281, cuando
su general Milo desembarcó en Tarento, ciudad griega al sur de Italia, para
intentar ampliar el reino hacia Macedonia. Le siguió Pirro con un ejército
formado por 25.000 hombres y unos cuantos elefantes. El cónsul romano Valerio
Levino avanzó hacia las ciudades de Heraclea y Pandosia, pero al cruzar el río
Siris se topó con el ejército de Pirro. Gracias a la sorpresa que causaron los
elefantes entre los romanos, el rey de Epiro obtuvo la victoria en Heraclea. En
la contienda perecieron 7.000 soldados romanos y Pirro perdió 4.000 hombres,
entre ellos algunos de sus mejores oficiales. Al recibir la enhorabuena por esta
victoria, el rey contestó: "Estoy perdido si consigo otra victoria como ésta".
Con
esta expresión se pondera la valía de un individuo y hace alusión al peso en
oro o plata del aludido. Parece ser que el dicho procede de
ciertas leyes antiguas que se aplicaban en los pueblos bárbaros del Norte. Una
de ellas castiga al asesino de una persona a pagar a sus parientes o herederos
tanto oro o plata como pesaba el cadáver. A veces, esta cantidad no era
suficiente para apaciguar el dolor de los parientes de la víctima, por lo que
el reo tenía que añadir unos cuantos kilos más de los preciados metales si no
quería morir. Este uso no tardó en ser copiado en otras regiones del Viejo
Continente para castigar a los condenados, pero también se propagó entre la
gente piadosa y devota, con el fin de librarse uno o librar a otro de una
enfermedad o una situación indeseable. De esta forma, se puso de moda ofrecer a
un santo el peso del afectado en oro, plata, trigo... Así, por ejemplo,
Chacarico, rey de los suevos, hizo pesar en oro y plata el cuerpo de su hijo
enfermo y que se enviara la suma a la tumba de san Martín, con la esperanza de
que este santo le curara.
Aunque
bien es cierto que el lince posee una magnífica agudeza visual, el origen de
este dicho nada tiene que ver con este felino. Según el erudito padre Feijoo
(1676-1764), la expresión alude a un tal Linceo, hijo de Alfareo, rey de los
mesenios, de quien se decía que era capaz de ver y contar a simple vista, desde
su atalaya de Libia, los barcos de una flota de guerra que saliese de Cartago.
La distancia entre los dos puntos era de unos 240 kilómetros.
En
la mayoría de las regiones españolas, un tiesto es un vaso de barro cocido que
sirve para criar plantas. Pero en Castilla también equivale a orinal. Así
pues, mearse fuera del tiesto significa orinarse fuera del orinal y, en sentido
figurado, salirse de la discusión, y hacer o decir un despropósito.
Es
lo mismo que estar sin parné, sin dinero. La procedencia de esta frase es
incierta. El folclorista José María Sbarbi en su obra Gran
diccionario de refranes, comenta acerca de esta expresión:
"Como en las iglesias, después de terminadas las funciones religiosas, se
apagaban todas las luces menos 2 que quedaban delante del sagrario, y como éstas
alumbran poco para el espacio tan grande de aquéllas (las iglesias), puede
decirse que quedan tristes y medrosas y, por lo tanto, se compara con el ánimo
del individuo que no tiene dinero".
Al
experto José María Iribarren esta explicación no le convence y sitúa el
origen del dicho en las timbas y partidas de naipes antiguas, donde el banquero
solía colocarse entre un par de velas. En este supuesto, dejar al banquero a
dos velas o quedarse a dos velas equivaldría a dejarle sin un céntimo.
Esta
expresión se emplea normalmente para decir que una cosa está hecha sin medida,
sin peso o a bulto. Antiguamente, en los diferentes reinos existía una total falta
de reglamentación a propósito de los sistemas y métodos de medidas. La frase
a ojo de buen cubero hace referencia a las medidas de capacidad de las cubas
destinadas a contener agua, vino, aceite u otro líquido. Las cubas eran
fabricadas una a una por el cubero, y su capacidad venía determinada por el
reino en el que tuviera montado el negocio e incluso por las diferentes
normativas de medidas dictadas por los señores feudales.
Antiguamente,
la palestra era un lugar donde se practicaban por lo general deportes y
combates. Pero también tenía otros usos. La palestra, que normalmente era un
patio porticado, servía de lugar de encuentro para discutir acerca de asuntos
de interés y para celebrar competiciones literarias públicas. Los
participantes tenían que salir a la palestra para exponer oralmente sus obras.
Es por ello por lo que la frase salir a la palestra se utiliza cuando una
persona tiene que actuar en público en cualquier terreno.