LA CATEDRAL DE MURCIA
Francisco Javier
Valera Bernal
Catedrático de Geografía e Historia
Según cuenta el Fundamentum Ecclesiae Carthaginiensis, la primera piedra de la catedral de Murcia se colocó una mañana del mes de enero de 1394, justamente en la capilla central de la girola. Se iniciaba así una construcción que duraría varios siglos y aportaría a la misma diversos estilos que la han hecho una obra ecléctica.
Se inició en estilo gótico castellano pero con influencia del catalano-aragonés. Su planta es de tres naves, con girola y capillas.
Dice el profesor Cristóbal Belda que, "recorrer el exterior de la catedral es seguir un itinerario marcado por la sorpresa. La fachada principal es el rostro monumental de la ciudad, por la que desfilan todos los acontecimientos de su historia. Entrar por la Puerta de los Perdones, por la de la Ciudad o del Cabildo, es introducirse en otro mundo y comprender el lenguaje de una arquitectura sobrepuesta".Iniciamos nuestro RECORRIDO EXTERIOR por el sur, por la
Puerta de los Apóstoles, de un solo vano y estilo gótico florido. Destaca su arco conopial y su decoración escultórica con cuatro apóstoles en las jambas (San Andrés, San Pablo, San Pedro y Santiago) y ángeles músicos y reyes de Israel siguiendo las arquivoltas. En la clave del arco se añadió un escudo de la reina Isabel como agradecimiento por los donativos hechos a la Catedral.
Siguiendo el recorrido con rumbo este, nos encontramos con la Capilla del Adelantado Mayor del Reino, don Juan Chacón, marqués de los Vélez, distinguido militar de la guerra de Granada, que la levantó para ser lugar de enterramiento familiar. El año 1491 marcó un momento clave en la historia de la Catedral, conducente a su renovación interior y a la creación de una nueva imagen arquitectónica. Esta capilla es el mejor exponente del nuevo rumbo iniciado por la arquitectura murciana en los momentos inmediatamente anteriores a la citada guerra, pudiendo decirse que constituye un verdadero colofón del gótico final en España. Situada en el tramo sureste de la Catedral, interrumpe la girola, marcando claramente su presencia y sobresaliendo por el exterior. Su anónimo autor logró una perfecta armonización del diseño, basado en el juego geométrico de las bóvedas y en no romper la alternancia de espacios adyacentes. La capilla se subordina al plan geométrico que en planta le venía dado, siendo éste el único lazo que le une con la arquitectura circundante porque, en lo demás, se aleja notablemente de ella.
Concebida ésta como un espacio poligonal que había de romperel muro de cierre del deambulatorio o girola, su proyección exterior, marcada tanto en planta como en altura, le hacía sobrepasar -como hemos dicho- el límite impuesto por la Catedral y, por tanto, adentrarse en el ámbito ciudadano, con la consiguiente invasión del terreno público destinado al paso. Esto motivó una queja por parte de los ciudadanos y el envío de un escrito al Concejo para protestar, texto que ha sido estudiado por el pro
fesor Torres Fontes.
La capilla es de planta poligonal y sus muros están adornados con los escudos de los Chacones y los Fajardos, flanqueado el central por dos salvajes tenantes. Es de resaltar la cadena labrada en piedra que recorre su parte superior. La obra la finalizó D. Pedro Fajardo, marqués de los Vélez, en 1507.![]()
Hacia el norte llegamos a la Puerta de las Cadenas. Fue levantada sobre el solar de la antigua torre y se inició en 1512, aunque su segundo cuerpo pertenece al s. XVIII y en él se conjugan hábilmente el rococó y el neoclásico. La portada, de estilo renacentista, es desde el punto de vista iconográfico una exaltación de la Paz de Granada. Entre columnas aparecen tres relieves de los hermanos, Obispos y Santos, San Leandro, San Isidoro y San Fulgencio. Está rematada por un relieve de la Virgen entre nubes.
LaTorre fue mandada edificar en 1519. Mide, hasta la veleta, unos 95 metros, siendo su anchura distinta en cada uno de sus cuerpos. Los dos primeros constituyen dos fases de un mismo estilo: uno, muy decorado, rico y fastuoso, con grutescos y candelieri, obra de Francisco y Jacobo Florentino, y el otro, más purista, de Jerónimo Quijano. Una vez concluido dicho cuerpo en 1555, se interrumpió la edificación de la torre hasta dos siglos después. En 1765, ya terminadas las obras de la fachada, se reanudan las del tercer cuerpo de la torre, bajo la dirección del
maestro José López. El cuarto cuerpo está formado por cuatro llamados en Murcia "conjuratorios", porque desde ellos se conjuraban las tormentas con el Lignum Crucis. Asimismo aparecen las estatuas de los cuatro santos cartageneros: San Fulgencio, San Isidoro, San
Leandro y Santa Florentina. El quinto cuerpo está perforado por cinco vanos de medio punto en sus frentes. El rococó aparece en la colocación de las campanas, las cuales a excepción de la llamada "Mora", son del s. XVII y XVIII, hasta de llegar a un total de veinticinco. En 1782, al llegar al remate, se suscitaron discusiones, optando el cabildo por remitir el problema a la Academia de San Fernando, la cual encargó la terminación a Ventura Rodríguez, a quien se debe el cuerpo octogonal superior sobre el que se alza la linterna. La torre fue terminada por completo en 1793.
La Fachada principal se levantó entre 1736 y 1754, a iniciativa del Cabildo, con la ayuda del cardenal Belluga y la intervención de la Corona. El imafronte de la Catedral se proyecta como una fachada-retablo a la manera del teatro rococó alemán,Su autor, Jaime Bort, hizo una exaltación de la Virgen y la glorificación de la Iglesia de Cartagena y de la Iglesia Universal. Se compone de dos cuerpos, divididos por grandes columnas sobre pedestales y un eje central en el que destaca la hornacina, sobre la puerta principal, de la Coronación de la Virgen y el altorrelieve de la Asunción. Está coronada la fachada por un ático curvo que tuvo como remate la figura de Santiago. Dividida en tres partes, está flanqueada por dos cuerpecillos laterales con ventanas. Un juego de columnas corintias, grupos escultóricos y un gran ventanal en el segundo cuerpo enriquecen este espectacular imafronte.
En las calles que componen la fachada se abren las tres puertas, que corresponden a las naves del interior del templo. La Puerta del Perdón o central era la reservada para el acceso de los personajes reales, la del lado norte para el Obispo y la del lado opuesto para el Cabildo Municipal.
El resto de los elementos que componen el imafronte son: símbolos y alegorías de las letanías, figuras de los santos más característicos del Obispado, como los cuatro santos de Cartagena antes citados, la estatua de Fernando III el Santo, que porta la ciudad de Murcia, simbolizando la incorporación del Reino a la Corona de Castilla, así como figuras de santos universales.
Puede considerarse esta fachada como la primera en su género del siglo XVIII español. El buen número de estatuas que se prepararon con este propósito dio lugar a la formación de una escuela escultórica paralela al taller de Salzillo.
Volviendo a las palabras del profesor Belda con las que abríamos este recorrido, vamos a "entrar en otro mundo", el mundo INTERIOR de esta Catedral. Y para empezar nos desplazaremos hacia la joya del templo: la Capilla de los Vélez. En este bello interior queda plasmado un evidente sentimiento funerario de lucha contra la muerte. Las perspectivas que desde cualquier ángulo pueda ofrecer la capilla la sitúan dentro de su verdadero carácter de obra única y excepcional, fuera de la modesta arquitectura que se levantó en su entorno. Recorriendo este interior, pronto se percibe el sentido originario para el que fue creada. Desde el punto de vista iconográfico difícilmente se podrá separar el hecho arquitectónico del ornamental. Su interior es organizado y el plano de la capilla no guarda una estricta simetría en la organización de los efectos decorativos de forma que, a excepción del vano central donde iba el altar, sólo tres más guardan una clara correspondencia. Los tramos unidos a la puerta difieren entre sí, destacando en ellos una moldura muy acusada bajo la cual aparece una decoración de cardinas trepanadas, hojas enroscadas y putti, recorridos por un tronco arbóreo de trazado ondulante en el que se advierten piñas y granadas. Podría decirse que hay un intento de separar cada zona de la capilla. De tal forma es esto visible que los tramos antes reseñados se presentan cortados por molduras en su nivel bajo por un friso saliente de cardinas en el nivel medio, y por un tercero donde se coloca un triforio cegado de pequeños arcos muy apuntados en la derecha y más anchos y con posibilidad de ser recorridos por dentro en la zona de la izquierda. Los doseletes son altísimos, no guardando proporción con los nichos bajos.
La decoración figurativa es muy variada: elementos animalísticos (grifos, leones, perros, ciervos, animales devorando seres humanos, representación del demonio), ángeles tenantes, Cristo, Virgen y la Magdalena y, por último, decoración vegetal de cardinas, piñas y granadas, algunas con talla a trépano. La zona de los arcosolios (dos a cada lado del altar) rompe con su altura la uniformidad de los tramos anteriores, dando una sucesión en altura que ocasiona distintos niveles. La decoración se sintetiza en tubos de órgano que delimitan un espacio cuadrado por pináculos de cardinas enroscadas, dando la impresión de bolas y un nivel de almenas al que sigue el triforio. Por último, en un intento de salvar la uniformidad, se colocan los escudos de la familia. El friso epigráfico es una forma más de insistir en la propiedad de la capilla que, como se sabe, concluye D. Pedro Fajardo. Corona toda la obra una gran bóveda estrellada y cierra el conjunto una reja que insiste cada vez más en el carácter privado del mismo. La obra fue concluida en 1507.Salimos de esta capilla para dirigirnos a la Sacristía. Su rica portada plateresca es una de las mejores creaciones de Jerónimo Quijano. Aparece concebida como arco de triunfo ornamentado, rematado por las figuras de las Virtudes Teologales. Es de planta cuadrada, cubierta de una bóveda orlada de frutas, flores y hojas, de claro origen italiano. La cajonería de madera es de gran belleza, destacando el panel central que representa el Descendimiento. A continuación de la Sacristía se encuentra la capilla de San Andrés, que contiene un busto de la Virgen de las Lágrimas.
La capi
lla de Junterones es una de las mejores obras de la Catedral, y sin duda la mejor capilla de enterramiento del Renacimiento murciano. Fue promovida por D. Gil Rodríguez de Junterón, personaje destacado en la corte de Julio II. Es de planta oblonga y constituye un conjunto de singular novedad así como de excepcional calidad donde se funden arquitectura y escultura. Cabe destacar el magnífico altorrelieve que, representando la Gloria, se alza por encima del retablo de la Adoración de los Magos, así como las figuras de Isaías, San Juan Bautista y las doce Sibilas, en una mezcla de lo religioso y lo pagano, tan característico del Renacimiento.
Una rápida visita a la capilla de San Antonio o del Corpus, lugar de enterramiento del maestro Jacobo de las Leyes (colaborador de Alfonso X en las Partidas), muestra su estilo plateresco. El autor es Jerónimo Quijano y suyas son las dos imágenes de la Virgen y del Ángel, de orientación italiana.
Nos desplazamos ahora hacia el trascoro para encontrarnos la capilla de la Inmaculada, frente a la Puerta del Perdón. Es una de las primeras capillas del mundo dedicada a la Inmaculada y está formada por una combinación de mármoles en blanco y negro, destacando su riqueza y vistosidad.
Para terminar este recorrido interior, visitamos la capilla Mayor. El altar mayor, obra de Mariano Pescador, vino a sustituir al retablo quemado en el incendio de 1854. Presidido por la imagen de Santa María de la Paz, la mayor parte de las esculturas del retablo son obra de Palao, artista yeclano.
Frente a la capilla Mayor se encuentra el Coro, cuya reja al igual que la del presbiterio es obra de Antón de Viveros, de finales del s. XV. La antigua sillería fue destruida en el incendio de 1854 y reemplazada por la donada por la reina Isabel II, procedente del Monasterio de San Martín de Valdeiglesias. Es de estilo plateresco y extraordinariamente rica de talla. El órgano es una obra maestra de la ingeniería belga, realizado por Joseph Merklin, el mejor maestro organero de su tiempo.