El arte prerrománico se enmarca entre los años 718 y 910, que son los del nacimiento, extensión y desaparición del reino de Asturias.
El imperio romano da paso en el siglo VIII a los godos, que son cristianos y centroeuropeos. A la muerte del rey godo Witiza se producen luchas y alianzas con el fin de aspirar al trono: el hijo mayor, Agila, que pierde la corona en favor de Rodrigo, duque de Bética, acude al gobernador musulmán de Tánger. En la batalla de Guadalete, en el 711, el ejército godo y su rey Rodrigo sucumben frente a los aliados de Agila y los norteafricanos.
Los vencedores marcharán ahora sobre la península y acabarán por conquistar fácilmente Toledo, capital del reino. Los vencidos se refugian en las montañas de Asturias y con ellos van preciadas reliquias de Toledo, como el Arca Santa, con objetos de Jerusalén.
El nuevo estado impuesto por la minoría musulmana dominará plenamente todo el territorio aunque aparecerá una pequeña resistencia tras la cordillera Cantábrica. El reino de Asturias nace en el 718 en el que las tribus astures nombran caudillo a Pelayo y en el 822 se produce el hecho de Covadonga. Este suceso y el posterior alzamiento han dado origen a numerosas teorías, aunque lo cierto es que el gobernador musulmán de Gijón, Munuza, es derrotado y Pelayo se establece en Cangas de Onís, primera capital astur.
Por diversos motivos el incipiente reino consigue fortalecerse, contando además con la iglesia como institución básica. Inicia la expansión territorial hacia la meseta y con ésta la reconstrucción de antiguos templos visigodos.
El reino de Asturias desaparecerá con Alfonso III, en el 910. La recuperación de territorios a los musulmanes culminará tras ocho siglos de luchas, con la toma de Granada y la expulsión del último rey árabe de la península ibérica.

© 2006 Francisco Javier Chavarría Aguilar. Todos los derechos reservados.