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A finales
del siglo XIX la pérdida de las colonias ultramarinas trae como
consecuencia el hundimiento general de las exportaciones y numerosas
quiebras comerciales, fundamentalmente en Cádiz y Sevilla. Los amplios
mercados sudamericanos, antes controlados y ahora hostiles, tuvieron que
ser sustituidos por otros en la muy competitiva Europa.
Paralelamente irrumpirán
las llamadas industrias-punta (siderurgia, textil del algodón, química),
comenzarán a tenderse las primeras líneas de ferrocarriles y se produjo
un esbozo, elemental y deficiente, de organización financiera. Tras unas
excelentes perspectivas iniciales, todas estas iniciativas acabaran frustrándose.
Hay que señalar el negativo papel que
para los intereses regionales ha tenido hasta épocas recientes la banca
nacional, impulsando la salida de capitales hacia zonas más
rentables. Con su contribución y como resultado del desigual desarrollo
que en este periodo iniciaron las regiones españolas, Andalucía asumió
un papel subordinado y periférico, al depender de intereses económicos
foráneos y verse abocada a la especialización en actividades menos
productivas, como la agricultura extensiva.
Hasta
finales del siglo XIX no existe una articulación interior de Andalucía
mediante el ferrocarril. Al carecer igualmente de una adecuada red de
carreteras, es imposible hablar con propiedad de un mercado andaluz
coordinado e integrado. Por su parte, los puertos de Cádiz, Málaga y
Almería mantendrían una notable actividad comercial hasta la finalización
de la Primera Guerra Mundial. La recuperación de las potencias
beligerantes, significaría el comienzo de su decadencia y con ella las de
las exportaciones que canalizaban.
Desmontados tras la Guerra
Civil los planes de modernización económica de la Segunda República, en
la posguerra se consolidó la situación tradicional en la sociedad
andaluza. La región tardaría varios lustros en recuperar el limitado
bienestar previo a la contienda.
En los
años 60 y,
gracias a su modesto nivel de partida, Andalucía inicia un periodo de
intenso y continuado crecimiento económico que se paraliza en 1973, con
la crisis internacional del petróleo. La destrucción consiguiente
de empleo, unido al cierre del recurso a la emigración (muy utilizado en
décadas anteriores) hará que las cifras de paro alcancen valores
desconocidos hasta entonces, pasándose de una tasa del 10 % en 1975 al 30
% diez años después.
Es en esta situación, con
la consolidación del turismo como principal recurso económico, cuando se
incrementa el proceso de terciarización de la economía . Desde
1985 más de la mitad de la población se empleará en el sector
servicios, a costa de la industria que pierde peso relativo. Serán el
comercio y sobre todo, la hostelería, los subsectores más frágiles a
las crisis económicas y a los cambios de orientación de la demanda, los
que alcancen mayor desarrollo en la región.
En 1986, con la recuperación
económica y con la incorporación de España a la Comunidad Económica
Europea (hoy Unión Europea), nuestra región se introduce en un
nuevo modelo de relaciones con el exterior, la denominada globalización.
Ahora, al perder
relevancia las barreras políticas y las dificultades topográficas, los
flujos de personas, capitales y mercancías superan los limites regionales
y nacionales y tienen referencia mundial. El creciente desarrollo de
las telecomunicaciones y los transportes, junto a una competencia más
abierta, posibilita para Andalucía una mayor integración económica y
social que en el pasado, si sabe aprovechar sus potencialidades y
recursos y significa una mejora del bienestar para la generalidad
de la población.
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