Recibido el 11 de mayo de 2006
Good morning VietNam.
Por Pepe Domenech
Un poco de geografía: Vietnam es un país de 320.000 Km2 con forma
de “S” cabezuda.
Al este tiene el mar del Sur de China (Pacífico), al norte China, y al
oeste Laos y Camboya. Hanoi, que es la capital, está al norte y Ho Chi
Ming (antigua Saigón) al sur. El centro es tan estrecho que hay que hacer
equilibrios para no meter el pie en Laos. Tiene una pobl ación de 80
millones de almas, 80% budistas y 10 % cristianos.
Pero esto si que os va a sorprender, tuvieron una guerra contra los americanos desde el 63 hasta el 75 ¡y les ganaron! No se como a los yanquis no se les ha ocurrido hacer alguna película sobre el tema.
El aeropuerto de Hanoi está mejor de lo que esperaba, sobretodo después de haber sufrido el de Delhi. En cuanto nos vieron nos pasaron a la cola de diplomáticos (está claro que lo de embajadores de Medina se nos ve en la cara…de pueblo).
Nos alojamos en el hotel Pacific, un tres estrellas muy correcto, por el que pagamos 21 Euros diarios. Eso si, con desayuno incluido e Internet gratis. (O se es rico o no se es).
La capital de Vietnam, tiene cuatro millones de habitantes con una moto pegada al culo. No exagero, nos dijeron que hay unos tres millones matriculadas. El gobierno comunista, en lugar de promover el transporte público, como sería de esperar, ha decidido fomentar la libertad capitalista con el más libre de los transportes. Y esa libertad se hace notar. Los que hemos conducido motocicletas, sabemos que las señales de prohibición, los semáforos y los pasos de peatones, no son más que adornos urbanos. Y así lo entiende la marabunta de motoristas vietnamita. Cruzar la calle se convierte en una cuestión de fe. Pones tu vida en sus manos y vas cruzando, sin mirar, muy despacio, hasta que tocas acera de nuevo, como si hubieses cruzado, a nado, en un rió infestado de cocodrilos.
La ciudad está menos sucia que otras del entorno y se puede pasear por sus aceras, con el único problema, ya mencionado, de cruzar la calle. Hay bares en plan occidental, y otros con pequeñas terrazas con sillas de plástico liliputienses, en los que sirven Pho Bo, que es una sopa de ternera, noodles y hierbas frescas, muy rica, y Bia Hoi, una cerveza fresca que sirven desde unos depósitos de acero inoxidable en unos vasos de vidrio reciclado muy curiosos. La cerveza esta buenísima, es muy refrescante y se bebe como agua. El precio es de 2000 VND para los locales y 4000 para los guiris. Fucking VietCom! (1 euro = 20000 VND, es decir, 5 birras = un euro).
Vimos todo lo que dicen que hay que ver, incluido el mausoleo de Ho Chi Minh, en el que tras una cola de miedo, pudimos ver, durante tres segundos, al elemento disecado, con una cara más amarilla que el sobaco de un canario. Pero lo bueno de Hanoi es pasear por la ciudad antigua, ver el tráfico desde una terraza chupando Bia Hoi, y a los locales fumando opio en el descansillo de la puerta o comiendo en cuclillas delante de uno de los miles de puestos que sirven comida. Porque comer aquí es muy fácil y barato. Y la comida vietnamita está muy buena. Pero los remilgados pueden encontrar pizzas, hamburguesas, bocadillos de pan francés, quiches, y comida francesa más refinada. Porque en algo se tiene que notar que fueron colonia francesa, bueno, y en el numero de turistas franceses que vagan por sus calles.
El tema de la comunicación no está tan mal como dicen las guías. Te puedes entender en inglés con bastante gente. No tanto en francés, aunque también encuentras alguno que lo chapurrea. Además, utilizan alfabeto latino, por lo que puedes leer el nombre de las cosas, y eso es una diferencia del copón para moverte por ahí.
Tras dos días en la capi, nos apuntamos a una excursión a Halong Bay. A 160 km de Hanoi, la bahía es un sitio alucinante. Se trata de unos fiordos en un mar de un verde intenso, surcado por barcos de madera y pequeñas barcas de bambú de pescadores. Nuestro barco no estaba mal, nos embarcaron con otros 16 turistas y disfrutamos de una comida navegando entre los verdes islotes que invaden la bahía. La niebla creaba una visión fantasmagórica increíble. Solo esta excursión justificaría, por si sola, el viaje a Vietnam. Pudimos pasear por la playa de una de las islas, remar un kayak entre los penachos, pasando bajo los túneles que te permitían entrar en lagunas interiores… Y descansar durante algo más de un día disfrutando la calma de un lugar idílico. (los dos días de excursión, todo incluido 39$)
Queríamos haber ido hacia el sur en tren, en unos coches-cama que dicen que están muy bien. Pero el día 30 resultó ser el día de la victoria y el 1 el del trabajo. Total, un puente de 4 días que moviliza a medio país. Así que de billetes nada. Al final pillamos unos de avión para Da Nang y desde allí, en taxi, nos acercamos a Hoi An, un bonito pueblo, lleno de turistas, junto un río que crece todos los años un metro y a 4 km del mar. Con una playa interminable llena de resorts para guiris. Nosotros que no somos guiris (aquí nadie se ha dado cuenta que somos extranjeros) dormimos en un 3 estrellas de mucho lujo por 25$ (unos 20 euros). Alquilamos unas bicis y nos arreamos día y medio de pedalear, beber cerveza y llenar la panza. Incluso fuimos a la playa en bici (para que luego digáis que no somos deportistas). Después del ajetreo de Hanoi, Hoi An fue un verdadero descanso, antes de entrar en el ajetreo de Saigon.
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