Recibido el 18 de marzo de 2006

En América no hay nada.
Por Pepe Domenech

Despedimos al equipo Ponferrada Extreme y alquilamos un mastodóntico Chevrolette Monte Carlo, un dos puertas de cinco metros, y nos encaminamos a San Francisco. La carretera recorre el estado de Utah, junto al tremendo lago Salado que da nombre a la capital del estado y que tiene una concentración salina tan alta, que llegamos a pensar que estaba nevado, hasta que paramos para comprobar que se trataba de sal. Los de Utah, más amables que en otros estados, te permiten circular por la autopista a 75 millas por hora (120 km/h). En otros solo 65 ó 55. A esas velocidades, con un tráfico nulo y cuatro carriles, te dedicas a hacer juegos malabares con la nariz y planchar una camisa en el salpicadero. Luego entras en Nevada. Te enteras, porque hay un gran cartel en el que pone “Casino”. Ya que los mormones tienen jodidos a los de Utah, sus vecinos se aprovechan para ponerles el vicio en la misma frontera. Luego más nada. Nada y nadie. En América no hay nada ni nadie, o eso parece, al menos, cuando circulas mil Km. por esas carreteras desiertas.

Por fin llegamos a Reno, una especie de Las Vegas en pequeño, pero con las mismas horteradas: Neones de colores y carteles macarras. Tras alojarnos en un Motel bien situado, nos montamos en nuestro Monte Carlo y nos dimos un garbeo por la city. Paramos en un bar, que parecía normal, a tomar una Bud, pero la barra tenia empotradas máquinas tragaperras. La camarera sebosa nos trajo las birras mientras nos deleitaba con un escote en el que cabría Albarito Garrido con los brazos abiertos. Luego cena mejicana y a sobar.Al otro día, como dirían los hispanos que invaden estas tierras, nos encaminamos hacia Sacramento. Empezó a nevar en cuanto salimos de Reno. Cuando entras en California la cosa cambia. Viajamos por un inmenso bosque de abetos que es parte del parque natural de Tahoe, que tiene un lago del copón en todo el medio (porque será que estos tíos tienen más lagos que bares Medina), Pero el paisaje quedaba eclipsado por la nevada que nos caía. Hasta que nos pararon para obligarnos a poner cadenas. Pero esto es América. Nada de gasolinera cutre en la que te sablean por unas cadenas de mierda que tienes que buscar en el expositor. Llegó un tío al coche, perfectamente uniformado, miro las ruedas, nos trajo las cadenas, y nos las coloco en dos minutos. Todo ello por 70 dólares. Luego, tras 50 millas de sufrimiento, otro tío nos esperaba para quitarlas, colocarlas en una bolsita y metérnoslas en el maletero. Y todo sin bajarme del coche (no seáis cabrones que Begoña tampoco se bajó). En Sacramento hacía frío pero no nevaba. La ciudad vieja es como Port Aventura, lleno de tiendas y bares al más puro estilo del Oeste. No falta su barco de vapor convertido en Hotel. Fotos de rigor y caminito a San Francisco, pero eso bien se merece un capítulo…

Jaipur - Shimla - Kalka - Salt Lake City - Travesía EE.UU. - San Francisco - Oeste EE.UU. - Los Ángeles y Hollywood - Fitji - Christchcurch a Westport - Glaciares y Queenstown - La Isla Norte - Melbourne - Withsunday a Brisbane - Sydney - Singapur - Vietnam - Saigon - Tailandia - Regreso a Delhi - Más sencillo de lo que parece -

 

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