Recibido el 2 de junio de 2007
Tánger.
Por Pepe Domenech
-Néstor, soy Begoña, la que trabajaba en la cámara con Carolina…
-¡Ah! Te acuerdas. Mira estoy llegando a Tánger y, como se que tu has vivido muchos años allí, pues me gustaría saber donde ir a comer.
-¡Vale! El Miami en la playa, cerca del puerto, para pescado, Le Relais de Paris, en el hotel Dawliz, para cenar.
-Gracias Néstor, si tengo alguna otra pregunta te vuelvo a jorobar llamándote. Un beso.
Llegamos a Tánger con una hora de retraso; entre cruzar Rabat, que se ha convertido en un martirio con un radar cada 100 metros; que casi nos quedamos sin gasolina y tuve que coger la salida de Ceuta y que, para rematar la faena, me paró la poli…
Luis estaba esperándonos en el Minza, el hotel más famoso y encantador de Tánger.
-Joder chico, siento el retraso. ¿Qué tal por Tetuán?
Luis vivió unos años en Casablanca, en la misma época que nosotros. Actualmente está recogiendo su casa de Las Palmas, para irse a Estados Unidos con toda la familia, a hacer el curso de Estado mayor del ejército. Ahora, le ha dado una venada y se ha ido a Tetuán a hacer un cursillo de árabe. Es que hay gente que se divierte de unas maneras…
Nos fuimos directamente a jalar al Miami, que estaba hasta la bola pero donde comimos divinamente.
A mucha gente Tánger no le gusta. A otros, como a Ignacio y Carlitos, les encanta. A mi me fascina. Creo que es la sensación de estar en África viendo Europa a esos pocos kilómetros que separan la mayor diferencia cultural y económica del mundo entre países fronterizos. Tánger es 100% marroquí y 100% diferente al resto de Marruecos. Es como un viejo puente que une dos mundos y que ahora, unos y otros se apresuran en arreglar, para que recupere su antiguo valor estratégico. Quizás por eso son candidatos para la expo de 2012 y España le presta todo su apoyo, mientras el gobierno marroquí construye un macro-puerto que pretende competir con el de Algeciras y reventar la economía ceutí.
No fue fácil encontrar hotel. La semana de Jazz (esa música que es más aburrida cuanto mejor es el grupo) había llenado de “intelectuales” la ciudad.
La maciza encontró habitación en el Chella, un viejo hotel, muy céntrico y correcto, con estancias limpias pero con uno de esos baños de pequeños azulejos verde piscina…
Cenamos en el maravilloso Le Marquis, un pequeño restaurante francés con decoración de hace 50 años y con una comida tan exquisita como poco moderna.
No acertamos con las copas. El Pasarela, uno de los garitos más famosas de la playa, estaba vacío y , ya cansados, nos fuimos al hotel, donde bandadas de pindinguis revoloteaban arriba y abajo, recién maqueadas y preparadas para llenar los garitos de lío, que en Tánger son muy numerosos.
Teresa, tranquila, en la planta de Luis no había ninguna…