Recibido el 23 de febrero de 2006

En tren a Shimla
Por Pepe Domenech

Tuvimos el honor de ser visitados por tres macizas amigas de Begoña, en un viaje que duro tres semanas (eso es viajar y lo demás pijadas). Begoña les acompaño en todo su periplo Indio. Yo tuve que quedarme a ganar algunas rúpias con que mantener el hogar familiar. Pero pudimos compartir un fin de semana para viajar a Shimla.

Shimla se encuentra justo al norte de Delhi, a unos 400 Km. y es una de las más conocidas ciudades de los Pre-Himalayas. El viaje en coche dura unas diez horas, por lo que decidimos ir en tren, aumentando su duración a doce, pero permitiendote viajar por la noche en coche-cama. Las cuatro macizas se encargaron de la logística y adquirieron los billetes de literas 2ª clase ya que, les dijeron, apenas hay diferencia con primera.

El viernes noche nos dirigimos a la estación de Old Delhi, desde donde salía nuestro tren. La primera sorpresa para las macizas es que cuando cruzas la Puerta de Delhi, que separa la antigua ciudad de la vieja, lo que parecía caos ahora es orden germánico si lo comparas con lo que te encuentras; el desconcierto es tal que no puedes creer que la gente no muera atropellada a miles en cada momento. Las bicis rick-shaw se entrecruzan con los autobuses abarrotados de los que salta gente en marcha justo al lado de una moto que los esquiva con habilidad...¡una locura!.

Por fin llegamos a la estación y por un circense “más difícil todavía” el caos se multiplica. Miles de personas se concentran ocupando cada centímetro del edificio y de la calle, durmiendo, comiendo, mendigando... y todo ello con la música cuadrofónica de acompañamiento de “esto es increíble”, “están todos locos”. Como ya os he hablado de los olores de este país no voy a extenderme pero, os lo podéis imaginar.
No sin dificultades, llegamos al anden desde el que saldría nuestro tren. Mientras ves a la gente cruzando entre andenes, sin el menor respeto por el tren que se acerca, espantando las numerosísimas ratas que pululan libremente por la vías, abarrotadas de buen alimento.

Por fin, tras una hora en el andén, llegó nuestro tren. En los billetes figuraba el número de tren, vagón, compartimiento y asiento...y el precio. El billete para cinco pasajeros costaba 800 Rs ida y vuelta. Y me temí lo peor. Cuando encontramos el vagón Paqui grito ¡Imposible!, ¡este no puede ser!. Pero era.

El compartimiento, de 6 literas tenia una alfombra de deshechos que no permitía ver el color del pavimento. No tenía ninguna separación con el pasillo en donde, en otras literas, dormían unos tíos con más mierda que el bar Alegría en San Antolín.

Pero al rato se te olvida lo que te rodea (instinto que se desarrolla en este país a gran velocidad) y te pones a lo tuyo. En este caso la elaboración de unos bocadillos con jamoncito de Guijuelo y tomate, acompañados de una botella de Viña Cobranza que, aquí, sabe a Vega Sicilia. Tras el festín a dormir hasta llegar a Kalka donde hay que hacer trasbordo. El tren de Kalka a Shimla recorre los 90 Km. en ¡5 horas!. Pero la experiencia merece la pena. El tren es precioso con unos asientos tapizados de flores, como el tresillo de la abuela de Paco Porras, pero muy limpio y con vagones de 14 pasajeros en los que te dan de desayunar y comer. Discurre por una preciosa ruta montañosa, llena de túneles, que te hace el viaje de lo más ameno. Una vez en Shimla, lo primero fue cambiar los billetes por otros de primera. ¿Por qué primera? me dijo el taquillero. Puede cambiarlos por 3ª con Aire, o segunda con Aire...lo que significaba que nuestros compartimiento de 2ª SIN AIRE era la cuarta categoría del tren. Para asegurar cogí primera (1000 Rs por cabeza, solo ida).Luego a buscar hotel y paseíto por la villa. El lugar es muy bonito, lleno de casas colgantes, como las de Cuenca, pero en cantidad muy superior. Después excursiones por la zona, comidita picante, más excursiones, compras... ya sabéis: Turismo.

El lugar es tan bello que solo rezas para que los turistas no lo arrasen. Y ellos tampoco parecen hacerles demasiado caso, lo que te permite moverte libremente sin agobios. No voy a hacer una lista de monumentos o miradores, ya que Shimla merece la pena como conjunto, como lugar de paz y sosiego tras la ajetreada vida de Delhi.

En uno de estos parajes, nos encontramos con el equipo de realización de un video musical, con un artista hipermacarra bailando con dos macizas en un decorado que te pones a llorar. Para remate, Begoña y Virginia, se aprendieron el baile y se meneaban a la vez que las artistas. Luego el gilipollas, tras maquearse con un kilo de laca, y colocarse el paquete de manera más visible, se hizo unas fotos con las macizas españolas, con una pose que ni Ramoncín de chaval.

El domingo por la tarde, viaje de vuelta: Mismo tren hasta Kalka pero, esta vez, con un grupo de chicos y chicas jóvenes que se pegaron todo el viaje bailando y cantando. Yo les enseñé el porompompero y, el borriquito como tú. No conseguí que cantasen “Los Novillos vienen” pero algo es algo.

Luego en Kalca nos montamos en nuestro compartimiento de primera que, esta vez si, estaba de cine. Con limpias sábanas, lavabo, y amplias camas. Dormí de un tirón hasta las 6:30 en que llegamos a Delhi y... a currar...

Jaipur - Shimla - Kalka - Salt Lake City - Travesía EE.UU. - San Francisco - Oeste EE.UU. - Los Ángeles y Hollywood - Fitji - Christchcurch a Westport - Glaciares y Queenstown - La Isla Norte - Melbourne - Withsunday a Brisbane - Sydney - Singapur - Vietnam - Saigon - Tailandia - Regreso a Delhi - Más sencillo de lo que parece -

 

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