Recibido el 27 de marzo de 2006

Welcome home.
Por Pepe Domenech

San Francisco es como volver a casa. Has visto, todo, tantas veces en la pantalla que, cuando los ves en vivo, te parece conocerlo de siempre.

Todo el mundo habla bien de San Francisco y cuando te creas demasiadas expectativas los sitios suelen defraudar. No fue así. San Francisco es una pasada, nos lo hemos recorrido de cabo a rabo. Lo más sorprendente es que es una ciudad tranquila. Circ ular por ella está chupado y los recorridos no pasan de 15 minutos. Nuestro hotel estaba en South San Francisco, cerca del aeropuerto y nos plantábamos en el centro en un plis-plas.

La primera imagen emocionante es la del Golden Gate cerrando la gran bahía. Cuando lo atravesábamos, recordaba al navío pintado de rosa por Tony Curtis entrando en la bahía bajo el emblemático puente. Y es que el cine y San Francisco tienen una relación de amor. Quien no recuerda las persecuciones por sus empinadísimas calles, o las fugas de su legendaria Alcatraz. Pues todo es así, como en las pelis. Sin trampa ni cartón, pero más pequeño de lo que imaginaba, lo que aumenta el encanto. Sus barrios se entremezclan, del Down Town entras en China Town y luego en North Beach, el barrio italiano, sin darte cuenta, porque comienzas a ver restaurantes chinos antes de llegar a China town e Italianos junto a Japoneses en el barrio chino. Eso si, para que no haya dudas, los italianos han plagado de banderas su barrio, al igual que los mejicanos en Mision, y los gays en Castro donde una gigantesca bandera arco iris preside el barrio. Por cierto, es el único sitio donde vimos restaurantes españoles. Y nos la damos de machotes… Los japoneses también tienen su barrio, el Japan Center, al lado del centro financiero.

También visitamos el Muelle 31, otro Port Aventura desde el que se ve Alcatraz, el Golden Gate y un montón de focas de mar…y de las otras. Esta muy cerca de Levi’s Plaza, lugar que no pude dejar de visitar. Y también entramos en el Levi’s Store del Down town, el mayor del mundo según reza la publicidad, y donde adquirí por su precio íntegro, por primera vez y sin que sirva de precedente, unos Levi’s; para que luego digáis que no soy un romántico.

Cruzando el Golden Gate, se llega a Sausalito, una villa mediterránea en la bahía de San Francisco. El lugar no puede ser más bonito, ni tener más veleros aparcados, perdón Luis, amarrados. Entramos en un bar a tomar una caña y, un tío que estaba en la barra, nos dijo que estábamos en el Bar without no name, uno de los garitos de Jazz más mítico de California, a la vez que nos pago las cañas. Y es que los americanos son así: lo mismo se ponen como fieras por parar tres segundos en cualquier sitio, que se deshacen en explicaciones ante cualquier pregunta. Bueno Bush solo lo primero. Se me olvidaba decir que el tío dejo 20$ en la barra, antes de irse, por si queríamos tomar otra.

Lo que he echado de menos es la gente guapa. Porque en las pelis está todo el mundo cañón. ¿Y los maricones supermaqueados y requetecachas? Ni uno. Aunque los gimnasios del centro, en el último piso y con cristaleras para que los sufridores puedan ver a la gente de paseo, estaban siempre hasta la bola.

El papeo no ha estado mal. Un poco de chino (me refiero al estilo, no a lo que había dentro del rollito), un poco de italiano, Fish & Chips, alguna hamburguesa y mucha ensalada, que hay que mantener el tipo sin sudar la camiseta.

No debo olvidar contaros, la espectacular vista de toda la ciudad desde Twin Peaks, conocido como El pecho de la Chola (las tetas de la india, para que nos entendamos)

Dedicamos una mañana a visitar unas conocidas playas que hay al norte de la ciudad: Muir Beach y … hostias no me acuerdo del nombre. Se llega a ellas por una bonita y serpenteante carretera, preciosa para hacer en moto (se puede alquilar una Harley en cualquier sitio, la pena es que el tiempo no acompañaba pero habría sido chulo) Bueno, pues las playas no están mal, con una arena un poco renegrida y poco más. Lo curioso es que, a pesar de lo inhóspitas, tienen unos retretes perfectos, limpios, con papel… La verdad es que en América no hace falta andar escondido detrás de una mata y buscando una piedra bien pulida.

Ya, ya, todo muy bonito pero este tío no dice por qué. Tras leer esto, esa es la impresión que me queda. Pero ¿como voy a explicar por qué algo te conmueve, te emociona?. ¿A caso les habéis preguntado a vuestras señoras que vieron en vosotros para elegiros hasta que la muerte os separe? (a los de Medina no se lo pregunto que ya lo sé).

En fin, a pesar de mis pobres descripciones tenéis que creerme, San Francisco es una de las mejores ciudades que este espécimen, de la cuenca del Zapardiel, ha visitado.

Amigos de la Alubia

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