Recibido el 25 de mayo de 2005
Regreso al infierno.
Por Pepe Domenech
La capacidad de adaptación humana es increíble. Cuando salí
de Delhi, a mediados de febrero, me dio pena. Ya me había acostumbrad
o a sus defectos y le veía, incluso, virtudes. Pero al volver, tras visitar
tantos lugares de toda condición, te das cuenta que Delhi es la frontera
del infierno. Por primera vez en todo el viaje, tuvimos que estar una hora volando
sobre la ciudad porque había “animales en la pista”. Hasta
el piloto se descojonaba cuando lo decía por el micrófono. Lugo
el aeropuerto, sigue siendo el más mugriento que he visto. Para completar
la cosa, justo cuando íbamos en el taxi, una furgoneta guarra, sin aire,
con mas mugre que la Rambla de las Flores tras “la victoria” del
Barca; se levanto una tormenta de polvo, con posterior aguacero que yo no había
visto nunca. Cuando llegamos a casa de Andrea y Jose, la hospitalaria pareja
que nos ha acogido esta semana, el portal estaba inundado y ni nosotros ni el
conductor nos atrevíamos a bajar del vehículo ante el diluvio
que se nos presentaba.
Pero la tormenta refrescó el ambiente y pasamos de los cuarentaymuchos grados que habían sufrido la semana anterior, a unos tímidos 37, que en este lugar y en estas fechas podríamos considerar “ola de frío”.
Pero si bien es cierto que Delhi es uno de los peores destinos del mundo para vivir (y creo que todos los que allí viven o hemos vivido estamos de acuerdo en ello), la India es uno de los mejores para viajar, si eliges bien las fechas. No se puede comparar el exotismo de Tailandia, Malasia o Vietnam (y desde Europa cualquiera de ellos suena a superexótico) con el de India. Empezando por el atuendo, que en el sureste asiático es como el occidental y en India es supervistoso, con los preciosos saris que visten con gracia las indias, inundando de color las calles, a la abundancia de animales que ves en ciudades y carreteras (elefantes, camellos, monos, cerdos salvajes…) y, en general, la impresión de estar en un lugar realmente diferente que es, en definitiva, la característica fundamental del exotismo.
Teníamos la intención de viajar a Nepal desde Delhi, pero como ya no tenemos permiso de residencia y el precio de los billetes se duplica para los guiris, el viaje, de a penas hora y media, se ponía en el precio de un billete a Londres. Así que me dio una pataleta y nos hemos quedado toda la semana en Delhi, jorobando a nuestros pacientes anfitriones y descansando, por fin, en una casa.
Cuando me senté frente al Vaio de Andrea sentí que todo acababa donde había empezado. Hace algo más de tres meses ese ordenador me permitió comprar lo billetes de vuelta al mundo, los de Valladolid-Londres y reservar el primer hotel del viaje. Y ahora ha sido la herramienta con la que he comprado los billetes de vuelta a Pucela desde la capital inglesa.
Aunque queríamos volar de Delhi a El Cairo antes de regresar a España, no ha sido posible. Pero, si no pasa nada, no daremos por concluido el viaje antes de pisar territorio africano. El plan es salir el día 29 desde Madrid, a la capital egipcia y visitar a nuestro amigo Luis Fernando y, de paso, las famosas pirámides durante una semana y volver a Europa antes de que empiece el mundial.
Sobre Londres un precioso cielo azul nos daba la bienvenida. Lastima que entre el y la ciudad, se hubieran colocado las típicas nubes negras, que dan ese aspecto tan triste a la capital británica. Como Nemesio, nuestro taxista de cabecera, se había ido a España de vacaciones, nos tocó buscar una alternativa para ir al hotel que teníamos cerca de Stansted, desde donde cogeríamos el avión que nos llevara a Villanubla. Y se nos ocurrió la peor: un taxi a pie de calle. La bromita nos costo 170 libras (240 euros). Yo que había sacado en un cajero 100, para asegurar, me vi obligado a pagar otros 70 con visa, con ¡una penalización del 10%!. Pido perdón a todos los Tailandeses por haberles llamado timadores. No creo que en ningún país del mundo sean tan hijoputas como para semejante sablazo. Y yo discutiendo en Tailandia por un 3% de recargo…
El hotel, que la página del aeropuerto anuncia como junto al aeropuerto,
se encuentra a otras 16 libras (23 euros) de Stansted. Es decir, los taxis en
Londres nos han costado el doble que los dos billetes de avión hasta
Valladolid.
Y el hotel, peor que los de backpackers, otras 70 libras (100 euros) sin desayuno.
Y encima me habían puesto en la cuenta dos veces la cena del día
anterior. Ya me lo decía Begoña, que había que reconsiderar
lo de las olimpiadas y dárselo a Casablanca, que al menos en Marruecos
te cogen los euros de mil amores.
Cuando vi el letrero de Medina del Campo y la silueta del Castillo de los castillos,
se me cayeron las lágrimas…
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